lunes 21 de julio de 2008

Palabra escondida

"Voices" - Dorianart



Despedida

Intento sumergirme en la historia del libro. Imagino el sabor del pudding de atún que hace la protagonista. Pero a nada que me descuide te cuelas entre las líneas. Me sorprendes apasionado.

Espera

Y te acercas a mi cuerpo por debajo de la manta de cuadros roja y negra. Reptas por el sofá hasta llegar a mi boca. Empiezo a sentir el olor de tu cuerpo.

Sorpresa

Ya nada entretiene mi mente. Ya no consigo imaginar otras cosas que no sean tu cuerpo desnudo. El tacto de tu piel en las yemas de mis dedos. Te acaricio en la imaginación.

Extravío

Dos palabras que no dejan de resonar en mi cabeza. Las digo en alto sin querer. Como si puedieras oírme. Y oigo las tuyas en la nuca. Por mi vientre. Hasta producir un espasmo.

Oración.

Llega la risa. Las luces apagadas. Las palabras escondidas. Un abrazo que lo envuelve todo. Y el sueño.



Tan sólo.
Una palabra.



Grís

"Sola" - Luís Lorenzo Leira

Esta mañana, al poco de despertarnos, Congo me preguntó:

- ¿Hoy tienes un día grís, verdad?

Quise sostener su mirada y mentirle pero me delataron dos lágrimas que se me cayeron sin consentimiento expreso.

- Sí, supongo que sí -respondí resignada.

Y Congo me abrazó.

Y me susurró al oído las palabras que siempre me salvan.





sábado 19 de julio de 2008

Hezabel



"Rocco" - Carlos Ottaviano Casana

Hezabel siempre había sabido que un día tendría que hacer el viaje. Y allí estaba. Por fin, al otro lado de la isla. En ese lugar del que tanto había oído hablar desde pequeña.

Las gentes decían que los días allí duraban 8 horas y el resto era noche, que los árboles eran tan altos que la vista no alcanzaba a ver el final, que las personas se respetaban y hablaban sin gritos y amenazas, que los coches no tenían bocinas, que podías andar kilómetros mar adentro sin que el agua te pasara de la cintura, que no había enfermedades, que había una fuente mágica que curaba el mal de amores bebiendo cuatro sorbos seguidos conteniendo la respiración, que el maíz era de color azul, que todos los pájaros tenían cuatro patas y una corona de plumas en la cabeza como los pavos reales…

Sí. Estaba allí, ella, Hezabel, la olvidada de los dioses. Allí, en aquel lugar de leyenda. Le parecía un sueño. Un milagro. Nunca pensó que tendría la fuerza suficiente para superar el viaje. Porque había sido duro. Sobre todo cuando tuvo que despedirse de Ruska, su perra fiel, aquella bola de pelo, feúcha y medio esquelética. ¡Cuánto la iba a echar de menos! Pero tomara la mejor decisión. No sabía lo que se encontraría de verdad en su nuevo mundo y Ruska tenía un hogar seguro. Hezabel había conseguido que su maestra se encargara de ella. Sabía que no le faltaría de nada.

El otro lado de la isla. Allí estaba ante sus ojos. Ahora tocaba volver a empezar de nuevo. Sin ataduras. Sin prejuicios. Sin temores. Cerró los ojos por un momento y se dejó acariciar por la tenue brisa que pasaba. Olía a hierbabuena. Y a cilantro. El vello de su cuerpo se erizó completamente cuando sintió algo húmedo en la pierna derecha. Parecía…

- Ruska, Ruska, Ruska, bonita ¿Cómo has llegado? –repetía contenta Hezabel mientras la acariciaba.

Y Ruska movía su cola feúcha y saltaba para que Hezabel la acogiera en su regazo.

- Ruska, Ruska, pequeña ¿Por qué no te has quedado? No debías haber venido, Ruska… pequeña. No debiste de haberme seguido.

Y empezó a llorar de emoción. Allí, al otro lado de la isla. En el lugar donde empezaría de nuevo. En ese lugar del que tanto había oído hablar desde pequeña. Donde todas las personas encontraban su sitio.



jueves 17 de julio de 2008

Mi cielo de cada día




Hoy tengo muchas ganas de salir de aquí, de escaparme a un lugar donde se pueda respirar aire puro, sin este ruido ensordecedor de fondo que me está anestesiando.

Hoy quiero alejarme de esta oficina tan poco acogedora, atiborrada de archivadores desparejados, destartalados y descoloridos, de mesas desvencijadas vencidas por el peso de los expedientes y de nuestras ilusiones deshilachadas.

Hoy…

Hoy quiero dejar que el verano me entre por la garganta y olvidar por un tiempo este paisaje de grúas grises que me persiguen y se mofan de mí cada vez que miro por la ventana, como si fueran gigantes de dibujos animados.


martes 15 de julio de 2008

El spinning y yo



Decididamente el spinning me gusta. Y me gusta por muchas razones.

En primer lugar, hacer ejercicio me resulta muy satisfactorio. Sesión a sesión mi cuerpo se va moldeando, endureciendo y noto que tengo fuerzas y energías renovadas.

En segundo lugar, durante la hora que estoy allí machacándome no pienso en nada. Consigo poner mi mente en blanco, concentrada solamente en mantener con mis piernas y brazos el ritmo de la música. Y en respirar lo más armoniosamente posible para no ahogarme.

En tercer lugar, lo que más me gratifica es comprobar como resisto al lado de los chicarrones del norte que pedalean y sufren como yo, única mujer de la clase. Sí, esto último hace que crezca mi ego más que ninguna otra cosa. Los veo por el espejo esforzándose mientras les resbala el sudor por cada poro de su piel. Entonces siento que ya no soy el sexo débil. Puedo ser como ellos si me lo propongo. Incluso alguno me mira a hurtadillas a ver como resisto, momento que aprovecho para redoblar mis esfuerzos y pedalear con más pasión y más entrega. Que no se diga.

Físicamente me encuentro genial pero psíquicamente no sé qué pensar. ¿Qué opinan ustedes? Esta noche pasada soñé que golpeaba como una posesa uno de los sacos que hay en el gimnasio para las clases de kick boxing. Lo hacía genial. Mis puños batían con una agilidad y con una certeza dignas de las mejores películas. Tal vez imaginaba que golpeaba a alguien de ese modo porque como toda hija de vecina también tengo una vena un poco animal y tuve ganas en alguna ocasión muy puntual de romperle la cara a alguien o cosérsela a bofetadas. Bravuconadas. Toda la fuerza se me va siempre por la boca y no paso de ahí. Sólo palabras. Pero ese deseo contenido sigue latiendo y manifestándose como puede. Esta vez lo hizo por medio del “inconsciente”. De todos modos quiero probar. Esta tarde preguntaré si puedo asistir a una de esas clases y ya les contaré. ¿Y si resulta que el Kick Boxing es el deporte que mejor liberará mi estrés? ¿Y si el sueño es la señal?

Porque…

¿Ustedes creen en las señales? Yo tengo una que no falla. En tres ocasiones en las que encontré una araña en mi casa me ha pasado algo malo. Pero no se trata de una araña cualquiera no. Ha de ser una de esas arañas enormes y negras. Ya se imaginarán. Lo que no se imaginan es que tengo fobia a las arañas lo cual hace todavía más desagradable todo este asunto. Sé que no se creen nada de lo que digo por eso voy a contarles brevemente lo que sucedió en cada una de las ocasiones.

La primera vez era verano, por la mañana y yo estaba vistiéndome para venir a la oficina. El que era por aquel entonces mi marido estaba en la cama. Todavía me veo de pié descalza en la alfombra de lana mientras descubro en la sábana una de esas arañas de las que le hablo. Al poco tiempo, muy poco, nos separamos.

La segunda vez era verano, por la noche y yo no podía dormir así que me levanté de la cama. Me dirigí al salón también descalza y nada más encender la luz descubrí en la mitad del farrapo de color crudo otro de esos bichos repugnantes. Supe que iba a pasarme algo, no tuve ninguna duda. Al poco tiempo la relación que mantenía se rompió sin explicaciones.

Y la tercera vez y última por el momento también era verano. Acababa de ducharme cuando ya de pié ante el lavabo me secaba el pelo. No sé por qué miré hacia la bañera. Algo negro me llamó la atención. Ya se imaginan lo que era ¿verdad? Sí, una araña que no sé de dónde demonios había salido. Esa misma noche tenía una cena. Llegamos al restaurante, nos instalamos y nos sirvieron el primer plato: langostinos. No bien comíamos el primero cuando alguien empezó a ver que salía humo de la cocina. Pronto empezó el revuelo de camareros y con discreción y serenidad nos dijeron que desalojáramos el local porque se había producido un incendio en una de las freidoras industriales. Cuando salimos del restaurante el humo ya lo había invadido todo. Hasta tuvieron que venir los bomberos.

Y digo yo ¡como para no creer en las señales!, ¿no les parece? Pero bueno, no sé porque me he puesto a contarles todo esto que no viene a cuento de nada. Me lanzo, unas cosas llevan a otras y acabo por peteneras. Tienen que perdonarme.

¡Que tarde es! Tengo que preparar ya la bolsa del gimnasio. Espero que no se me olvide nada como es habitual. Y ya saben, mi recomendación es que practiquen ejercicio físico. No tienen más que verme a mí para animarse. Este cuerpazo que tengo… de la cabeza no hablamos que eso es harina de otro costal. Tampoco hay que entrar en detalles.

Que sean felices.




lunes 14 de julio de 2008

Y llegó el momento...


"The kiss 2" - Floriana Barbu


- Estás durmiendo, Congo?
- Casi, ¿qué quieres?
- Tengoganas de hablar.
- Es muy tarde, cariño, mañana te va a costar mucho levantarte.
- Ya lo sé pero quiero decirte algo.
- ¿No puede esperar a mañana?
- No.
- Venga, dime entonces.
- Me gustaría que no tuvieras que irte.
- Tengo que irme. Ya sabíamos que tenía que llegar este momento.
- Si lo sé. Pero no me gusta.
- Vendré los fines de semana.
- Los fines de semana…
- Ni te enterarás.
- Te voy a echar mucho de menos.
- No pienses en ello, anda.
- Es que tengo miedo a...
- Lo sé, lo hemos hablado muchas veces. Saldrá todo bien. Nos llamaremos, nos escribiremos correos, nos veremos por la webcam.
- Bueno... así tendrá que ser. Me conformaré.
- Será más facil de lo que te imaginas, ya verás. No tengas miedo ¿vale?
- Yo...
- Lo sé. Yo también, cariño. Anda, ven. Abrázate a mí.
- Me gusta estar así.
- Shhhhh… Duerme. No digas nada más.
- Hasta mañana.
- Hasta mañana.




domingo 13 de julio de 2008

Senia cumple años






Te quiero mucho, cariño.

¡¡Ojalá que este año te traiga cosas muy buenas!!

¡¡Y que apruebes todas!!



sábado 12 de julio de 2008

Esta noche...







Vintage erotic 1 "Untitled Photo" - L Ena



Esta noche te deseo más que otras noches.
Y no estás a mi lado.

Recuerdo todas las cosas que me dices cuando te digo al oído, bajito: Te deseo.
Y me lleno de ansiedad,
de tu aliento, de tus manos,
de tus piernas enroscando las mías.

Y veo en el salón, como tus ojos fotografían mis pezones, la curva de mis caderas, el pubis.
Y no estás a mi lado.

Trato de concentrarme en los vídeoclips de la pantalla pero tu cuerpo desnudo aparece y desaparece entre las imágenes.
Y me llama. Me busca.

Te deseo.

Y no consigo levantarme del sofá y apagar la televisión.
Y la ansiedad de este deseo me consume.
Y no estás a mi lado.
Esta noche.