domingo, 30 de marzo de 2008

Ayer estuve a punto



Ayer estuve a punto.

Es duro reconocerlo pero estuve a punto de caer en la tentación de volver a fumar. Me faltó el canto de un duro ¡Que antigua soy!, sigo con el duro a vueltas cuando el euro ya pasó a formar parte de nuestra vida desde… ¿Desde cuando lleva el euro en circulación? ¡Que pena! Aún encima de antigua, oséase, mayor, también se me va la olla. Bueno, ahora más que lo de la olla se lleva decir que “te surfean las neuronas”. Me gusta esa expresión.

Pero a lo que iba.

Ayer estuve a punto de encender uno de los pitillos que todavía tengo escondidos en casa. Después de seis meses y 20 días ¡Qué lástima! Tantos esfuerzos tirados por la borda. ¡No! Al final me resití. No me pareció responsable, ni educativo para mi hija, ni maduro, ni nada de nada… Así que lo que hice fue comer gominolas. Sí, las gominolas siempre son un buen sustituto para el tabaco. Al menos en mi caso. No sé si en otras personas ejerce el mismo efecto atenuante pero a mí me funcionan. Comí dos toneladas y media de gominolas de todos los sabores posibles, incluído el de regalíz (es que inventan de todo). Acabé con mis provisiones caseras y también con las de mi madre. Que por cierto tenía botellitas de sabor coca-cola ¡El delirio, vamos! Y lo mejor de todo es que me comí dos toneladas y media sin gota de culpa o arrepentimiento. Bueno, eso es lo que digo de boquilla para fuera porque la verdad de la verdad es que… eso. Ante todo me gusta ser sincera.

Es que yo tengo un problema. No soy ni delgada ni rellenita (que no gorda). Estoy en ese término medio que no se sabe muy bien qué se es. Unos dicen que soy menuda. Y yo me pregunto que querrán decir: ¡menuda mujer! (asombro), ¡qué mujer más menuda! ¡mujer, que menuda eres! (despectivo)… Otros, en cambio, dicen que estoy bien ¿Estoy bien porque no puedo aspirar a otra cosa? ¿Estoy bien porque estoy estupenda?... No me gusta nada que la gente sea ambigua. Prefiero las cosas claras y el chocolate espeso.

A lo que iba. Si fuera gordita (que no gorda), por ejemplo, pues ya no tendría que preocuparme de si me he comido dos toneladas y media de gominolas o me las he dejado de comer. Pero no. Estoy en ese término medio de todo. Mediana edad. Estatura media. Complexión mediana. Media melena (no medio pelo).

También pensé en darme a la bebida. Pero es que una mujer borracha es bastante poco fashion. Y yo seré la medianidad personificada pero soy fashion y glamurosa por los cuatro costados. O de los piés a la cabeza. Es que a las mujeres si nos sacan eso no somos nadie. Hay mujeres que no son así y yo las respeto. Hasta las envidio en lo más profundo de mi ser. Pero es que no es lo mismo decir que te comiste dos toneladas y media de gominolas con culpa y arrepentimiento que sin importarte nada. No es lo mismo, como dice Alejandro Sanz.

Da igual. El caso es que no caí. Que resistí. Y me siento orgullosa por ello. Muy orgullosa.


sábado, 29 de marzo de 2008

I. Clavado en un bar (Por Amaro)



Estoy sentado en un bar, tomando café y escuchando música y………

Enfrente a la mesa donde estoy sentado, un poco alejada hay una señora que me da la espalda, con ella se supone que están sus hijos.

Un niño pequeño está disfrazado de pirata (aunque a él la verdad le importa un carajo el disfraz, podría llevar perfectamente uno de vampiro que su gesto no cambiaria ni un poquito). No es carnaval, aún, pero que más da, el carnaval se anticipa cada vez más. Llegara un día ¿o ya lo es? en que todo el año será carnaval.

Una niña casi de su misma edad, una princesita preciosa, está disfrazada de princesita horrorosa. La niña empieza a llorar, bueno no es llorar exactamente, solo es una rabieta de niños, de esas donde lloran como chantaje, luego callan un poco a ver si han conseguido el efecto que desean, luego gritan, chillan… Yo solo oigo: ¡QUIERO SER MAYOR! Sonrío, es encantador ver a esa princesita gritar seriamente y reivindicar su sueño. Soy consciente de que es encantador porque no es mi princesita, no la tengo que aguantar y cuando quiera recojo armas y me largo. Teniendo en cuenta eso, sí, es encantadora y me sonrío, disfruto mirando para ella ¡QUIERO SER MAYOR!

Me intriga. Pongo el oído atento, a ver si consigo saber cual es el motivo que la impulsa a desear comerse un montón de años de un solo bocado, pero no lo consigo. La princesita, hace que llora hundiendo su rostro en sus brazos que descansan en la mesa ¡QUIERO SER MAYOR! La madre intenta, no sé, lo que hay que intentar, pero la niña sigue gritando ¡QUIERO SER MAYOR! Afino el oído, pero en la última revisión médica me dijeron (aunque ni puta falta me hacía) que estoy perdiendo oído, ¡como si no me lo dijeran ya mis hijos cuando escucho la televisión, ¡y ellos ni son médicos, ni me han hecho un montón de pruebas, para hacer esa afirmación! ¿Serán mis hijos muy listos o los médicos idiotas?

En medio del fragor de la batalla verbal, entre la madre y la niña, me parece oír algo “… la escuela” ¡QUIERO SER MAYOR! La princesita debe tener sobre cinco años. Y yo pienso ¡Qué mundo nos espera si hasta los niños no saben ya lo que hay que querer!

viernes, 28 de marzo de 2008

¡¡ Vaya día que tengo !!





No recuerdo cuando me tiene que venir la regla. Tal vez esté llorando por eso. Pero ahora no tengo ganas de hacer cálculos y comprobar los días. Y además ya sé por qué lloro. No entiendo por qué busco excusas. La regla, vamos lo que me faltaba por oir. Igual que mi Manolo: “¿Qué te pasa, cariño?. ¿Estás en uno de esos días?. Sonriendo y sin decirle nada pienso: “Serás imbécil. Y a ti, ¿qué te pasa?, ¿necesitas echar un polvito para que se te pase esa mala leche o que gane el Celta?. No me extraña que estés de los nervios. Bajar a segunda división es duro. Lo comprendo”.

En realidad lo que me preocupa y por lo que de verdad lloro es porque no se ha acordado que ayer fue mi cumpleaños. Y no es por el regalo… porque tengo ya relojes hasta el día del juicio final. Es por la ilusión ¡hombre!. Siempre me imagino que un año se acordará de la fecha y me comprará una tarta y velas para soplar y apagaremos la luz… e incluso me sacará a bailar en la cocina y me llevará a la cama en brazos y me desnudará muy despacio y me besará saboreando mi cuerpo sin preocuparse de que nos va a coger el frío, de que no hemos bajado la persiana o de que se está cayendo de sueño. Tampoco es tan difícil. Es que ya estoy harta de tener que hacerlo todo: los besos, los mimos, los preliminares… Claro, él se pone enseguida y cuando quiere continuar yo sigo más fría que el hielo del Perito Moreno. Y así no son formas.

Bueno, y lo que me faltaba ya. Después de veinticinco años que llevamos juntos tiene la desfachatez de decirme que cuando hacemos el amor y él está encima (postura misionero para entendernos), no siente nada. Asustada le escupí: “¿Cómo dices?”. Lo arregló diciendo: “Mujer, no me expliqué bien. Quería decir que es la postura en la que menos siento. Me gusta más cuando te pones tú encima”. Si yo ya sé que le gusta que se lo den todo hecho. Y quise haberle respondido, aunque tampoco dije nada: “Mira, no te quejes que para no sentir ya estoy yo. Ah, qué no sabías que siempre finjo los orgasmos… es que no quería herir tu sensibilidad. Sé que los hombres sois muy sentidos para vuestras cosas. Además, tampoco importa, tonto, cuando te duermes me masturbo y todos tan contentos. No sabes cómo me pone tenerte cerca de mí y hacérmelo ahogando los sollozos para no despertarte. Ese si es placer y no tu cosita metida en mi cueva sagrada. Bueno, venga, perdón por lo de cosita… le llamaré cosa”.

Ay, el amor… con lo ideal que es follar con alguien sin explicaciones ni pretextos, sólo concentrándose en el placer mutuo… porque para eso es sexo… puro… y duro, como suele decirse. Recuerdo una vez… la verdad es que no hubo ninguna vez. Yo soy de las gilipollas que siempre me enamoré. Y lo que quería era hacer feliz a mi pareja de turno. Lo que me habré perdido…

Y ahora, ya con la menopausia pisándome los talones… cualquier día me despierto, como de una pesadilla, con los parches esos de estrógenos, o lo que sea, pegados en mi trasero. ¡Dios!, sin querer pronuncié la palabra fatídica: Menopausia. Ya no me acordaba de que ya no tengo la regla, de que ya no tengo que contar los días… No sé cómo voy a superarlo. Igual que en un anuncio: “Siempre seca, como las compresas”… ¡que ironía!.

Tengo todavía una posibilidad: echarme un amante, joven, por supuesto. Tal vez quede por ahí algún despistado suelto que se encandile con eso de la experiencia, la arruga es bella y todos esos tópicos que aplicamos para nuestro consuelo. Aunque tampoco estoy tan mal todavía: tengo los pechos bastante firmes (sin cirujía), no tengo barriga (voy al gimnasio 3 días por semana y me machaco con abdominales), tengo un culito respingón (bastante atractiva esta caracterísica para el sexo opuesto… no sé si para el mismo sexo también), procuro reirme con frecuencia para sentirme vital… y soy un poco extravagante. Esto último es un punto a mi favor porque siempre llama la atención y hace gracia.

(Mirando hacia su muñeca izquierda con inquietud). ¿Alguien podría decirme la hora que es?. Como este año se olvidó del cumpleaños y la pila de este reloj llegó a su fin estoy un poco perdida. ¿Las 12?. Gracias, caballero. ¡Qué tarde se me ha hecho divagando!. Y en casa todo manga por hombro. Perdónenme por dejarles tan repentinamente, es que Manolo sale de trabajar a las dos y media y llega siempre hambriento… no de mí, claro. ¡Qué más quisiera yo!

Un abrazo a todos y sean felices.

jueves, 27 de marzo de 2008

Río Douro

Íbamos las dos en un barco, por el río, haciendo la ruta de los puentes. Había muchos turistas. Caras extrañas. Un hombre mayor que estaba sentado en el mismo banco nos miraba de reojo. Parece que escuchaba nuestra conversación. Tenía un pelo muy bonito, totalmente blanco.

Te casabas dentro de tres semanas. Me contabas la ilusión que te hacía el viaje. Solas. Estabas tan enamorada… se te notaba en los ojos. Y yo me sentía dichosa con tu alegría, aunque estaba un poco nerviosa. Llegaba el momento de volar del nido. La casa se quedaría muy vacía sin tus risas, tus horarios locos, tu ropa por cualquier habitación. Pero no quería pensar en cuanto te iba a echar de menos.

Hablábamos de los preparativos: vestido, ramo, luna de miel, tu nueva vida, en resumen. El piso también estaba listo. Sabía que Juan te iba a hacer muy feliz. Era un buen chico, sensible, educado, cariñoso y sobre todo, te quería. Érais tan jóvenes… Con tus comentarios me hacías recordar cuando me había casado con tu padre. Y ahora él ya no estaba. También nos habíamos amado como vosotros.

Empecé a llorar sin saber muy bien por qué. Tú me abrazate y me dijiste: “Mamá, no llores, no seas tonta. Siempre vas a poder contar conmigo”. El señor mayor que estaba a nuestro lado me ofreció un pañuelo de papel y me dijo: “Sonría, por favor. Está usted mucho más guapa. Los sueños pasan como la corriente del río pero nacen otros nuevos. No lo olvide”.

Me desperté sudorosa.Y cuando te ví en la cuna, mirándome con tu carita achinada, no pude evitar emitir un suspiro de alivio.

Todavía nos quedaba mucho por andar.


miércoles, 26 de marzo de 2008

Y que cumplas muchos más, Congo








t.q.m.


Los demonios de la niebla

A veces me visitan los demonios de la niebla.

Aparecen al anochecer, en grandes bandadas, igual que si fueran buitres hambrientos, mientras Congo y yo dormimos abrazados. Se aposentan sobre el tejado de nuestra cabaña pintada de rojo, vigilando acechantes cada paso que doy. Se meten en mi cabeza a modo de pensamientos y se clavan en mi mirada, que se torna ausente y sin brillo.

Y empiezo a rogarle a Congo, como una letanía:

No me dejes sola, Congo.
No dejes que me caiga en el pozo del miedo.

Y Congo me abraza, después me coge de la mano y me acompaña por las escaleras que conducen al tejado. Voy derramando en cada peldaño las lágrimas que se escapan de mi cuerpo tembloroso.

Cuando llegamos Congo me suelta y me dice:

- Ve. Ve y mátalos a todos.

Y yo, obediente, los estrujo con mis uñas, los muerdo, los estrangulo, los golpeo, los apuñalo… hasta que no queda ni rastro de ellos.

Vencida por el titánico esfuerzo, regreso a Congo, que siempre me espera paciente sentado en la escalera, y le susurro:

- Sin ti no lo hubiera conseguido. Gracias

Y Congo me sonríe. Me sonríe.

martes, 25 de marzo de 2008

¿Circun... piral? (Por Guillermo el Travieso)



La circunferencia no se encontraba. Por más y más que lo intentaba, no lograba encontrarse a sí misma. Giraba y giraba sobre sí, pero cuanto más giraba, mayor era la pérdida de su identidad. Cada día enloquecía y se entristecía más.

Fue a visitar a su amigo don triángulo, casado con doña hipotenusa, y no pudieron ayudarla. También visitó a don círculo, un famoso y afamado psiquiatra. Éste, liado y empeñado en encontrar su cuadratura que, según él, tenía que tenerla extraviada por algún sitio, no le hizo mucho caso. Más bien, ni caso. Eso sí, le cobró 180º. Ella se dio media vuelta y salió de la consulta entristecida porque le falló la confianza puesta en él.

Caminó y caminó, preguntando a magos pentagonales, a cruces curanderos, sabios de postín agudos, feriantes trapezoidales, echadoras de cartas rectangulares, astrólogos estrellados... y hasta a la vecina del 2º izq., doña línea quebrada, que tenía fama de pitonisa en el barrio... pero nada, nada de nada.

Cansada y decepcionada por aquella búsqueda infructuosa de su identidad fue a sentarse sobre una raíz cuadrada que sobresalía del terreno.

--Hola!
--Sí? –y la circunferencia miró a su alrededor-
--Aquí, debajo de tu trasero!... Uhmmmmm! –dijo a malas penas sin poder casi hablar-
--Ah!, perdona. Lo siento mucho.
--No hija, no tiene importancia, si ya estoy acostumbrada. Precisamente ayer, una espiral como tú, se sentó justo encima de mi boca, y no me dejo siquiera, gritarle, para que se apartara. Así 3 horas, oyes. Por lo menos tú me has dejado media boca libre.
--Me has llamado espiral?
--Sí, claro, por qué lo preguntas?
--Es que acaso no te das cuenta de lo que soy?
--Toma! Anda ya! Pues claro: Una espiral!
--Tú no sabes lo que estás diciendo. Soy una circunferencia.
--Vale. Yo no sé lo que estoy diciendo, pero tú ni siquiera sabes quien eres.
--Eso es verdad, “ahí mas dao” –dijo apenada- Por más y más vueltas que me doy a mí misma... oyes!, nada!, que no me encuentro! Y eso que he ido a miles de sitios a ver si me resolvían el problema.
--Pues asunto resuelto, hija, que ya te has encontrado.
--Gracias!
--Ale! Nada, nada, hasta otra.

Y doña circunfff... perdón, doña espiral, se sintió bien. Porque, por primera vez en su vida, tomó conciencia de lo que era, a pesar de no poderse encontrar a sí misma. Y marchó muy contenta dando botes y mil giros de alegría. Y por allí por donde pasaba, era tal el ímpetu y la algarabía de sus vueltas y vueltas, ya digo, sin encontrarse a sí misma, que la gente quedaba hipnotizada al mirarla.

Y dicen que, desde que se “encontró” más abierta, era más feliz. Bueno, la verdad es que un poco liosa por dentro, pero abierta y feliz... por lo menos, a los ojos de los demás.
Eso dicen.

lunes, 24 de marzo de 2008

Orgasmo


Lloraba.

Lloraba siempre en el mismo instante en que llegaba el orgasmo,
violentamente.
Lloraba y no sabía explicar porqué.


Miedo.
Ella decía que sentía miedo.
Que todo se cubría de repente por un velo negro, a pesar de que él todavía estaba latiendo en su cuerpo y que sus brazos la sostenían con fuerza.


Lloraba.

Lloraba siempre en el mismo instante en que llegaba el orgasmo, rabiosamente,
hasta que agotada se iba adormeciendo,
con el cansancio rotundo de quien sabe que tiene que morir.





domingo, 23 de marzo de 2008

¡¡Basta ya!!


Si ayer me encontraba apagada, hoy no dejo de encontrarme estremecida, electrizada, espantada, emocionada, emponzoñada... y de mi garganta sólo brota un grito:

¡¡Basta ya!!

Hoy me siento afortunada de ser mujer y estar viva. Dos circunstancias que parecen fundamentales y básicas, pero que se están convirtiendo en nuestra querida España, en un bien muy preciado y dificil de conseguir para muchas mujeres.

Hoy escucho en las noticias que ha aparecido una nueva víctima de la barbarie humana y de género:

"En pleno Sábado Santo, el jefe de una finca agrícola de La Palma, en Cartagena, empezó ayer su jornada con la macabra sorpresa de hallar al amanecer, a orillas de un bancal de alcachofas y junto a un mar de margaritas amarillas, el cadaver de una mujer joven que había sido violada, degollada y carbonizada. Además a la víctima le habían seccionado los dedos de la mano derecha paa dificultar su identificación".

¡¡BASTA YA!!





sábado, 22 de marzo de 2008

eLe




Me siento apagada como estos días lluviosos, grises.
No puedo decir que no esté contenta, no eso.
No puedo decir que esté alegre, tampoco es eso.
Sólo dejo que el tiempo pase.
Para apurarlo un poco (el tiempo) lo mato con eles: limpio el polvo de los muebles, leo un libro, lamento la ausencia de Congo, lanzo globos por la ventana de la cocina, lavo las cortinas, libero palabras condenadas a cadena perpetua...

Pero mi estado de ánimo no cambia.
Será cosa de la primavera.


viernes, 21 de marzo de 2008

Hay días en los que dentro de mí hace frío.


Querida Elbereth, si no te pones buena pronto de esa recaída, que sepas que no me quedará más remedio que enviarte por correo urgente, mis alas de cartón... nunca fallan.

---oo000oo--- ---oo000oo--- ---oo000oo---

Hay días en los que dentro de mí hace frío. No se trata de alguna corriente externa ni nada de eso. No, es un frío interior. Un frío que no se me pasa por más mantas o abrigos que me ponga. Para que se me pase necesito pensar en cosas agradables, por ejemplo, en que estoy tumbada al sol sobre la arena o en que me tomo una coca-cola con muchos cubitos de hielo. También me sirve que voy en moto. O que me estoy comiendo galletas de esas que llevan mermelada de naranja y chocolate negro.

La primera vez que sentí este frío interior me pareció raro. No conseguía encontrarle explicación alguna. Porque a mí me gusta siempre cerrar todas las puertas y todas las ventanas. No obstante, siempre volvía a echar un vistazo por si acaso. Todo en orden. Lo que más me cuesta cerrar siempre es la puerta del desván donde guardo las cosas que quiero que se cumplan. Pues eso, que todo bien cerrado a cal y canto y el frío no se iba.

Las otras veces ya fue distinto. Como ya lo había sentido antes no me causó tanta extrañeza. Y además en seguida descubrí como echarlo de dentro de mí. Creo recordar que fue la cuarta vez. Estaba yo en la cama arrebujada y casi sin poder respirar por todo el peso que tenía encima. Hubo un momento en que pensé que iba a ahogarme así que me dije: “Esto no puede seguir así. Un día te vas a morir sin darte cuenta”. Me levanté de la cama y me fui a la cocina, descalza y sin ponerme la bata ni nada. Y decidí encender la tele y un cigarrillo. Primero la tele y luego el cigarrillo. No, creo que fue primero el cigarrillo y luego la tele. Bueno, da igual. El caso es que estaban echando un documental de osos polares. A mí los osos polares me gustan mucho. Y me gusta ver esos reportajes aunque sea verano. El caso es que había una mama oso jugando con su osezno. Era como un peluche móvil. Me emocioné tanto que me puse a llorar. Mis lágrimas salían calientes. Casi me queman la cara. Y al mismo tiempo que salían mis gotas de lluvia (a veces las llamo así) se me iba pasando el frío. Entonces me dije: “Ya está. Cuando tenga frío sólo tengo que pensar en cosas bonitas y se me pasará”.

Poco a poco, el frío, lejos de molestarme, se convirtió en un buen aliado. Porque quisiera o no me obligaba a pensar en cosas bonitas. Y eso se contagia. Ahora nos llevamos bien y ya no me incomodan esos días. Es más, los comparto con mis amigos y con algunos enemigos también. Porque es que hay gente a la que le gusta estar siempre de mal humor y todo eso, entonces yo, para chincharlos les contagio mi frío y el antídoto para combatirlo. Tienen tanto frío que no les queda más remedio que pensar cosas agradables porque tienen miedo a morirse. Porque la gente que es mala tiene más miedo que la otra. Bueno, eso es lo que creo yo.

En fin.

Hoy es uno de esos días que dentro de mí hace frío. Así que voy a hacer algo. Voy a abrir la ventana y volar. Voy a ponerme las alas de cartón que me hice, forradas de papel celofán azul y voy a llegar tan alto, tan alto, hasta que el mundo me parezca una canica o tan alto, tan alto que todos los cipreses me parezcan bonsais, o tan alto, tan alto que…


jueves, 20 de marzo de 2008

Desenlace


"Noche Estrellada" Vincent Van Gogh - 1889

Cuando no podía hablar, cuando se bloqueaba y las palabras se le atascaban en la garganta, siempre le escribía una nota.

Y hoy le había escrito: “Siento haberte dicho todo lo que te dije. Siento haberte oído decir todo lo que has dicho tú. Y lo que más siento es que me hayas gritado de ese modo”.

También quiso haberle escrito: “Hay veces que…”. Pero no, eso no se lo había escrito.

Le dio la nota y se fue a la ducha. Ya era de noche. Él no fue a verla como otras veces. Ella tampoco lo esperaba. Se enjabonó con calma, lavó la cabeza, incluso echó crema suavizante. Tenía una larga y hermosa melena que se enredaba demasiado. Le gustaba cuidarla. Con su cuerpo limpio y su mente más relajada aún cerró el grifo del agua y salió envuelta en la toalla para secarse. No escuchó la televisión. En realidad la casa tenía un silencio inusual. Ni siquiera se oían los vecinos del piso de arriba que estaban a menudo alborotando. Los niños pequeños ya se sabe…

Se puso el pijama y salió al pasillo. Nada. No se oía nada. Y recorrió la casa en penumbra.

Entró en la cocina sin encender la luz. Le pareció ver algo encima de la mesa que antes no estaba. Había un papel. Lo cogió, lo arrugó y lo tiró al cubo de la basura. Sabía de memoria todas sus disculpas.

Por último salió a la terraza. Hacía frío. Se estaba acercando el invierno.

Miró hacia abajo y no sintió miedo.

lunes, 17 de marzo de 2008

Y fuimos a Turumak...


y allí...

hicimos el amor recién despertados, con los recuerdos de los últimos sueños cosquilleando por las yemas de los dedos...

Congo me contó de sus monstruos nocturnos y yo le conté de mis viajes en el parapente de colores.


hicimos el amor viendo como la tarde iba llegando por el río manso, de aguas cálidas y transparentes...

Congo me amó con la furia de veinte tornados y yo le amé con el ímpetu de un pequeño saltamontes.


hicimos el amor cuando ya la noche nos dejó a oscuras y sólo se divisaban entre los árboles a lo lejos, las farolas de la carretera...

Congo, intrépido pirata, abordó mi isla desierta de besos y yo, complaciente anfitriona, le enseñé el camino que conducía a las montañas sagradas.


allí, en Turumak...

hicimos el amor hasta quedar exhaustos, en la suite de la cama azul, entre los vapores de las aguas termales...

Congo se durmió apoyado en mi pecho mientras yo, con los ojos cerrados, contaba para él todas las estrellas.


y después, volvimos...


viernes, 14 de marzo de 2008

Echando el ancla

Fotografía: asturpaco 07

Querido Congo:

Perdón por la tardanza al responderte pero es que ando bastante liada. Ayer llegué a casa y dibujé tu carta, inlcuso tomé unas notas pero me fue imposible sentarme ante el ordenador. Ahora que por fín he encontrado un hueco no lo voy a demorar más.

Estoy conmovida, Congo. Esa avalancha de sentimientos y de sueños de la que me haces partícipe me han dejado en un estado indescriptible. Es como si me encontrase volando por Bagdag sobre la alfombra mágica del califa Harún-al-Raschid.

Cuando era niña y era distinta, soñaba contigo aunque de aquella no lo sabía. Y nada ha cambiado desde entonces a pesar que la niñez ya queda tan lejana que apenas la recuerdo. Sigo soñando cada día, cada noche. Sigo soñando que vienes a buscarme para salir a ver el faro aprovechando las tardes soleadas del duro invierno. Sigo soñando cada noche esas caricias precisas y certeras. Las que me haces y las que te hago a ti. Porque yo también me demoro en tu cuerpo. Desde la cabeza a la punta de tus piés saboreo la piel que ha sido besada tantas otras veces por otras mujeres. Y siento celos. Unos celos terribles de que alguien más que yo poseyera tu cuerpo. Por eso cuando entras en mí imploro a mi dios particular que no te aleje de mi lado. Porque necesito tu calor para ahuyentar los sueños en blanco y negro y tus brazos para ayudarme a luchar con la ansiedad y ganarle la batalla y tus besos para secar las lágrimas que caen como plomos que se hunden en el agua del mar.

Sueños. Te tengo. No te tengo. Te sueño. Te construyo. Te invento. En sueños.

¿Por qué no dejas salir al niño que todavía está en ti? ¿Por qué no vuelves a escaparte por las noches como si fueras un adolescente para venir a esconderte en mi habitación? ¿Recuerdas? ¿Recuerdas la panadería? ¿Cómo se perdían tus manos en mis pechos? Congo, ven. Te quiero así: niño hombre libre encadenado tierno mordaz educado transgresor indeciso seguro misterioso sereno joven viejo arrugado pleno.

Soy una mujer, Congo. Y también una niña.

La mujer quiere que seas tú el que me ayude a deshacer la maleta del pasado que tanto me aprisiona. Y que me ayudes de una vez para siempre a creer en mí misma. La niña… la niña te esperará con los brazos abiertos dispuesta a correr siempre a tu encuentro para entrelazar las piernas en tu cintura y darte besos de sabor a gominolas.

Deja ya de vagar sin rumbo y echa el ancla en mi cuerpo desnudo. Deja también que varen tus besos blandos en los lugares más recónditos jamás imaginados. Y vivamos Congo. Vivamos.

Tres eran tres


Por Sísifo : "Silencio"

Abrí los ojos y me quede mirando el silencio de la habitación.

El silencio, a veces, es tan agobiante como la soledad que se siente en el metro en hora punta, rodeado de cuerpos que huelen a sudor. Es desagradable el olor a sudor -algunas veces- otras veces ese olor, cuando proviene de una determinada persona, nos sube la libido. Es raro el olor a sudor. Y el silencio es agobiante como la soledad.

El silencio, otras veces es liberador… como la soledad, esa soledad que una vez sentimos. Sí, recuerdas aquella vez que te conté?... sentado en el pretil del faro, anochecía, nadie alrededor, las gaviotas, las olas, la brisa y tú. Tu, que aunque no estabas, se sentía tu presencia, tan grande que lo ocupabas todo alrededor, tan pequeña que cabías en el hueco que hay en mi pecho.

El silencio de aquella madrugada era tierno, aún sentía en la piel el cosquilleo de aquellas caricias tan inexpertas, el suave roce de los dedos, los agasajos de los labios… la humedad del sudor que producen dos cuerpos al rozarse.

El silencio pude ser tierno y duro… como la soledad.

Hacia ya tanto tiempo, que se había olvidado de la incomodidad, del hastío, del tedio…. Su mente selectiva había guardado solamente la ternura. Y la había acomodado en el otro hueco, el que quedaba entre la soledad y el silencio.



Por Guillermo el Travieso: "Soy Guay"

--A ver, tú que eres tan listo, ¿qué cosas podríamos exigirnos a nosotros mismos para ser mejores personas; para cambiar el mundo a mejor?

--Tantas cosas…!

--Bueno, bueno, la verdad es, que yo, poco tengo que cambiar. Mejor que cambie el otro que es el que me hace la puñeta. Yo soy guay!, tremendamente simpático, agradable, cordial, seguro de mí mismo, educado, cortés… Vale, si, de vez en cuando digo alguna palabra mal sonante, soy impaciente, colérico, egoista… Pero, claro, de todas estas cosillas yo no tengo la culpa. La culpa es siempre del otro que me saca de mis casillas o, como he dicho antes, me hace la puñeta… o se empeña en llevar la razón, cuando no la lleva. Yo no soy así… Vamos, faltaría más.

--Ya!

Por Amaro: "La fortuna"

- ¿Qué es la fortuna?. ¿Qué te toque el euromillón?
- No. Eso solo es dinero
- Entonces. ¿Qué es la fortuna?
- ¿La fortuna? Ella te lo dice. La 1, fortuna 2. Son dos palabras, solo dos palabras
- Si ¿Quién las ha oído?
- …….Los amantes…….. solo los amantes

jueves, 13 de marzo de 2008

"Escenas de matrimonio" o Monólogo de una mujer insatisfecha.



Verán, voy a contarles.

Cuando hacemos el amor siempre me apetece hablar pero, claro, él se desconcentra. Y me digo yo: “¿Qué coño se va a desconcentrar si no da una?” Es que se cree que con entrar y moverse un poquito para aquí y otro poquito para allá… asunto concluído.

Pues no, señores. Es un error.

Porque a mí me gustan esos hombres de las películas que susurran palabras cariñosas al oído, que inventan historias exóticas, que llevan unos trajes que les quedan como guantes… Si es que Paco aún no se ha enterado que los orgasmos de las mujeres se fabrican en la cabeza. Es muy bueno, muy trabajador, muy honrado… una cosa no quita la otra pero es muy bruto…

Todas sus caricias se reducen a tocar un poco los pechos, acariciar un poco la espalda y ala, al asunto, directamente. Y cuando le pido algo en particular, expresamente, me dice todo lleno de razón: “Pero, Cari (abreviatura de cariño para que les quede claro) ¿es que no te gusta lo que estoy haciendo?” A lo que yo respondo con toda la paciencia de que soy capaz y así como para animarle: “Si que me gusta, Paco, pero también me gustan otras cosas”. Y como es tan bruto, va y dice algo sublevado: “¿Y tú por qué lo sabes?”.

Ahí ya me embalo, ya me pongo como una loca desaforada y le escupo: “Para el carro, para el carro, que el que tú no conozcas mi cuerpo no significa que yo no me lo conozca de pé a pá. Yo sé lo que me gusta Paco, cómo, dónde y cuándo. Así que ahora mismo ya te puedes ir a la otra esquina de la cama porque ya pasó tu momento Nescafé”. Me pongo la braga rápidamente, me bajo el camisón que a punto estaba de ahogarme y me acurruco en la esquina del colchón, herida y llena de rabia por dentro. Y él, como que no quiere la cosa, que se acerca cariñoso: “Anda, Churri, no seas boba. A ver, dime lo que le gusta a mi nena que se lo voy a hacer todo”.

Aprovechando la coyuntura y desafiando a la suerte le digo esperanzada: “Pues me encantaría que me dieses muchos besos pequeños y suaves por todo el cuerpo, despacio… y digo TODO el cuerpo, Paco”. Y responde él: “Joder, Ana, es que mira que me lo pones dificil ¿Tú has visto la hora que es? Son las 12 de la noche y llevo levantado desde las 6 y media de la mañana”.

Empiezo a irritarme de nuevo y digo para mis adentros: “Si es que la culpa es mía por pensar que voy a conseguir algo más … si es que de donde no hay no se puede sacar… si es que sabe dónde hay que meterla porque un día tuvo una iluminación y acertó a la primera… si es que es un pecado desperdiciar este cuerpo que Dios me dio….”. Y ya en alto le digo enrabietada: “Mira, vete a tu rincón de la cama y que tengas dulces sueños porque a mi no te vas a acercar en una buena temporada. Soy más feliz con mis fantasías sexuales”.

Él no puede reprimirse y herido contesta: “Pero Anita, ¿tú tienes fantasías de esas?”. Como no merece la pena le respondo: “Anda, Paco duérmete tranquilo. Te lo dije sólo para fastidiar”. Si le digo que hay veces que me estoy imaginando al nuevo vecino del 5º que está todo él totalmente aprovechable… pues acabo llamando al 061 del infarto que le pega.

Y lo más triste es que antes no era así. Antes todo era diferente. Yo también cambié algo, lo admito públicamente. La culpa la tiene el matrimonio que todo lo transforma. Cuando nos veíamos sólo el fin de semana follábamos como locos y por aquel entonces todo nos parecía bien. Procuraba esmerarse y yo estaba feliz y enamorada. La excitación de toda la semana y la fogosidad de la juventud eran los ingredientes perfectos para que nuestra relación fuese sobre ruedas. Y no como ahora, que tenemos todo el tiempo del mundo para querernos y nos aburrimos soberanamente. Aunque bien pensado, el tiempo no es tanto porque hay que descontar: las siestas, los partidos de tenis en el club, los días de pesca, los partidos de football en la tele, el viernes que quedamos con los amigos en el centro comercial a tomar unos cubatas y llegamos a casa tan rendidos que el cuerpo ya no está “pa ná”…

En fin…

Quizá debiéramos separarnos y vernos solamente los fines de semana, tal vez así recuperaríamos la ilusión, las ganas de estar juntos, los paseos por el puerto… en resumen, lo que nos llevó a casarnos, lo que nos hacía tan felices.

Porque ahora, ahora soy un ama de casa frustrada, depresiva e insatisfecha. Y todo junto es demasiado. Ya no puedo aguantar más. Mañana por la mañana, tan pronto me levante le diré: “Paco, quiero la separación. No te preocupes por las maletas que ya te las envío yo a casa de tu madre que todavía te está esperando con los brazos abiertos desde que te marchaste de casa para casarte conmigo. Ya verás que contenta se va a poner”.

No sé si tendré valor. De momento tengo que marcharme porque ya habrá vuelto de pescar y tengo que preparar la cena.

Gracias por escucharme y que sean felices.

miércoles, 12 de marzo de 2008

Amapola



Los primeros tiempos fueron los peores.

Aprender a vivir sola no había sido nada fácil. Las noches eran largas. Los ruidos que antes pasaban desapercibidos la asustaban, dejando paralizado, por unos instantes, su corazón. No podía desperezarse de la tristeza que la poseía hasta lo más recóndito de su persona, desesperadamente, igual que un náufrago se agarra a una simple tabla de madera que puede salvarle la vida o llevarla a lo más profundo del océano. La rutina de la semana era llevadera y los fines de semana un infierno. Superar cada domingo se había convertido en un reto. Después de comer montaba en el coche y acababa la ruta aparcando en algún lugar familiar, sin darse ni cuenta. No elegía su cerebro, su voluntad antigua lo hacía por ella. Y comenzaba a mirar todo a su alrededor como si lo estuviese descubriendo por primera vez. Se fijaba en las caras de la gente que caminaba por su lado tratando de adivinar, si como ella, escondían un sufrir. Y más de una vez se le habían escapado unas lágrimas furtivas cuando veía a alguna pareja abrazándose. A sus ojos ya todo era diferente. La felicidad que había sentido anteriormente se le había escurrido de las manos sin apenas enterarse.

Estaba sola. Y su corazón era un desierto.

Aprendió a vivir de nuevo, despacio, cogida de la mano de su familia, de sus amigos, como el niño que aprende a dar sus primeros pasos. Y un día su nueva vida empezó a resultarle familiar, aprendió a quererla y a disfrutarla. Caminaba por la casa a oscuras cuando el sueño no aparecía disfrutando de aquella penumbra, se asomaba a la ventana y hasta las farolas de la calle le parecían hermosas y amigas. Se dejaba llenar por todas las luces, tratando de rellenar la energía que había desprendido su cuerpo. En aquella época lo que sin duda más le gustaba era ir a la playa. Sí, algún día incluso hasta se aventuraba a ir en bicicleta. Llegaba muerta pero con un buen chapuzón quedaba lista para emprender más tarde el viaje de regreso, contenta de haberlo conseguido. Una de aquellas tardes llegando ya al arenal de la playa de Seselle sus ojos descubrieron una pequeña amapola al borde del camino, enraizada en la acera y bamboleándose por el viento que soplaba del norte. Sin pensarlo ni un segundo se bajó de la bicicleta, la apoyó en la acera y se agachó a recogerla. No pudo soportar la idea de que fuera a terminar su corta vida atropellada por la rueda de cualquier coche desaprensivo o en la mano de cualquier persona que no fuese capaz de admirar su belleza tan efímera. La arrancó con sumo cuidado y después de acariciarla la guardó como un tesoro entre las páginas del libro que llevaba para leer.

Habían pasado ya algunos años. Hoy, curioseando en la sala de estar, se acercó a la estantería y abrió “La mujer rota” de Simone de Beauvoir. Allí estaba su pequeña flor. La sostuvo de nuevo en la mano como aquella tarde y se le ocurrió enviársela a Enredada de regalo. La envolvió en papel de seda, la metió en un sobre y también le escribió una nota:

La magia de algunos instantes siempre permanecerá en nosotros.


martes, 11 de marzo de 2008

En Lira

En Lira me vestí de verde y estrené los zapatos de tacón. Los había comprado aquella misma tarde en las rebajas del centro comercial del pueblo.

Recostado en la cama, esperabas que el ritual diera comienzo. Envidiaba tu serenidad que jamás podría rozar ni de cerca.

La luz de la campanilla estaba encendida sobre el baúl de madera. Y la noche comenzó a alcanzarnos blandos, adormecidos sobre el edredón de flores azules.

Después de despojarme de las últimas lágrimas que trajo el mar hasta mi orilla, me refugié entre los almohadones, tus brazos desnudos y la quietud de la habitación.

Aquella noche en Lira, me vestí de verde y estrené los zapatos de tacón para escucharte decir:

“Me gusta estar dentro de ti. Y fuera de ti”

lunes, 10 de marzo de 2008

Turumak

Ilustración: Arthur Rackham (1867-1939) "Alicia en el País de las Maravillas"

Yolanda se despertó pensando en Turumak. Para su sorpresa, fue lo primero que se le pasó por la cabeza nada más abrir los ojos.

Si viésemos a Yolanda por el agujero de una cerradura podríamos decir que es una mujer feliz. Hoy es domingo, y Yolanda adora los domingos. Duerme hasta que se cae de culo de la cama y disfruta del silencio de la casa hasta que los demás se despiertan.

Se levanta despacio para no hacer ruido y alargar así, todo lo posible, el sentimiento de soledad compartida. Va al baño (porque las mujeres felices también van al baño), se mira en el espejo con su pijama nuevo, se medio peina un poco y deambula por la casa degustando todos los espacios abiertos como si paseara por un parque temático: la salita con todos los libros en las estanterías, el comedor un tanto desordenado, la terraza llena de macetas con plantas y flores, y ya por último entra en la cocina y da de comer a las tortugas, que aunque tienen nombre, ella simplemente les llama tortugas. Igual que hace con Perrito, el perro de la finca de en frente. Hoy todavía está enroscado en una bola durmiendo a pierna suelta. A vecesYolanda le tira galletas desde la ventana y lo llama: “Perrito”, y Perrito (que de seguro tendrá otro nombre) la reconoce y le da al rabo contento, sabedor del gesto que significa que le va a llegar algo rico por el aire.

Hecho todo lo anterior se prepara el desayuno: que no le falte su taza de Colacao. Es que si Yolanda tuviera que irse a una isla desierta de seguro incluiría el Colacao en su lista de cosas que llevarse, aunque también adora las infusiones, la Cocacola… la cerveza… las galletas de mermelada de naranja… bueno, mejor que Yolanda no se vaya a una isla desierta porque tendría que irse muy cargada y a las islas desiertas no se pueden llevar muchas cosas.

Y además lo que Yolanda quiere hoy domigo es irse a Turumak. Yolanda sabe que ese lugar no existe, que sólo es una invención de alguien que se hace llamar Elbereth y que ha escrito un relato en internet donde aparece ese nombre. Pero, a pesar de eso, Turumak sigue martilleando en la cabeza de Yolanda.

Y es que Yolanda siempre fue muy fantasiosa y se imagina que Turumak es una Isla Pirata perdida en el Pacífico, donde habitan todos aquellos seres que no encuentran su lugar en el mundo en que vivimos, seres sensibles de los que todos piensan que son “raritos” porque leen poesía… chupan azucarillos para quedarse dormidos… guardan piedritas de río en cajas de cerillas… duermen agarrados a una mantita de bebé… coleccionan olas de mar en frascos de cristal… cuentan gaviotas para hacer regalos… etc.

Yolanda se imagina que en Turumak no existe el pasado porque una vez allí todos vuelven a nacer de nuevo y construyen un futuro mágico donde las cosas más descabelladas pueden ser posibles.

Y así, pensando en Turumak, decide volver a meterse en la cama con el sabor del Colacao en la boca y acurrucarse de nuevo a él. Tal vez lo pueda convencer para que la acompañe a Turumak. A él siempre le gustaron las historias de piratas. Y todavía es temprano.

domingo, 9 de marzo de 2008

Jugando


Cada día Congo me susurra al oído:

"Voy a decirte una cosa que nunca antes te he dicho"

Y yo, cada día, juego a que es verdad...
y me asombro como si fuese la primera vez que lo escucho.

Tiempos Modernos (Por Amaro)


Vivimos en el mundo de la super-información, de la super-comunicación… Pero paseo por las calles, entro en cafeterías… y solo veo Silencio.

La gente (¿está bien dicho gente?) no habla. No se habla.

Perdón, perdón. Sí hablan. Hablan sin parar…por el móvil. Y es que parece que sin el móvil no tienen móviles para hablar.

-Querida, soy tu marido. Te llamo para ver si puedes pasarme el salero…

-Por cierto, ahora que me llamas, tengo que decirte que a nuestra hija…

¡Tengo ganas de ahogarme en una playa… para ver si de una vez alguien me hace un boca a boca!

(Somos tan cabrones que seguro que usarán un aparato)

viernes, 7 de marzo de 2008

Una cuenta pendiente





Querido Joaquín:

No sé qué habrá sido de tu vida y tengo que decirte que tampoco me importa demasiado. Sinceramente, nunca supe muy bien qué pensar de ti. Por más que pensé en aquel entonces no tenía claro si eras gilipollas o te estabas quedando conmigo. Me inclino por lo primero; lo siento. Puede que a día de hoy hayas madurado, han pasado ya… dejémoslo en algunos años. ¿Qué mas da?.

Fui a por ti: directa, determinada, abiertamente. Y todavía puedo recordar con total claridad mental aquella primera vez en tu casa. Nunca me sentí mejor en una situación parecida. Para ser mi debut después de tanto tiempo de celibato voluntario y modestia aparte, creo que estuve soberbia.
¿Te acuerdas cuando te pregunté si tenías novia o estabas saliendo con alguna chica? Tú me contestaste que sí estabas con alguien. Y yo muy digna te respondí: “No me gusta compartir cama. Tres somos multitud. Me marcho”. Tú te quedaste estupefacto.
Me vestí sin mediar palabra y me dirigí a la puerta. Una vez allí, agarrada a la manilla, pensé: “O lo haces ahora o no te liberarás nunca. Vuelve”. Y así hice, volví. Entré de nuevo en tu habitación y me desnudé de nuevo para ti y te dije: “Quiero hacerte el amor”. Seguiste sin hablar pero no pusiste ningún reparo porque sabía cuánto me deseabas. Y, prácticamente, sin casi enterarme de nada, para tí la fiesta ya se había terminado. Abatido, dijiste: ”Lo siento, no sé qué me ha pasado”. Yo quería morirme de la risa. Pero ese era mi gran momento. Con ironía te respondí: “Pues sí que ha sido mala suerte. Esperar tanto para esto… Otra vez será. Ahora te dejo porque después de tanto esfuerzo debes estar terriblemente cansado”.
Me vestí y me marché. Esta vez sin vuelta atrás.

Volvimos a vernos en alguna otra ocasión. Y un día te envié aquel regalo por correo, un libro que para mí tenía un significado especial y unas ilustraciones preciosas. Siempre me gusta dar sorpresas y oportunidad a las personas para darse a conocer y cuando me llamaste para decirme que querías devolvérmelo… ¡No podía salir de mi asombro! ¿Nadie te enseñó que los regalos no se devuelven? ¿Qué pretendías? Nunca lo entendí. Cada vez que te encontraba por la calle, la misma cantinela… “Tengo que…” Y yo decía para mis adentros: “No lo digas, no seas imbécil”. Por supuesto, nunca volvió a mis manos. Era de esperar. Una pena porque aquella edición me gustaba mucho. Que sepas que me lo compré hace poco con las ilustraciones en blanco y negro, una edición de bolsillo… la que tú deberías de tener.

Y fíjate sentí pena por ti, por no saber comportarte como el adulto que eras. Creo que después recapacitaste y en un momento de lucidez pensaste que yo merecía otro trato. Y aunque ya habían pasado muchos meses, aprovechando las fechas dejaste un mensaje en mi contestador deseándome Feliz Navidad. Un gesto que te honraba.

He sentido la necesidad de escribirte estas letras para decirte que la conclusión que yo he sacado de esta historia es que yo te “molaba mucho”, como se dice hoy en día”, pero, simplemente, no era tu tipo. Y es que estar a la altura de alguien como tú es bastante difícil. Imagino que ahora ya habrás bajado el listón.

Deseándote, por supuesto, todo lo mejor. Recibe un fuerte abrazo de ésta que no te olvida.

Ana,

jueves, 6 de marzo de 2008

Tengo la regla...


I

Tengo la regla, el periodo, la menstruación…

Debería estar contenta. No lo estoy. Sé que es lo mejor para los dos. Bueno, eso es lo que dice él. Porque él no quiere saber nada de niños. Yo sí. Sí que quiero saber de niños. Pero ya no estoy en edad de complicarme la vida. Eso es lo que dicen también todas las personas sensatas que me quieren. Y a veces yo también lo veo así pero es que… Es que hay algo dentro de mí que me pide a gritos otra cosa. Algo dentro de mí dice que todavía hay tiempo. Algo dentro, en lo más profundo de mi vientre, siente que todavía hay un hueco para tener ese hijo tantas veces soñado. Tal vez es que no soy tan sensata como todas las personas sensatas que me quieren. Por eso quiero quedarme embarazada, estar encinta, ser madre.

Pero tengo la regla, el periodo, la menstruación… Esta vez tampoco será.

Él estará contento cuando se lo diga.


II

Aprovecho el momento de después de cenar para darle la noticia. Estamos sentados en el sofá del salón. A él le gusta enfrascarse en la tele sin pensar en nada más. Dice que así se relaja. A mí la tele no me gusta, es más, me aburre, así que leo algo por hacerle compañía. No le gusta que me vaya a la cama sin él. Aprovechando los anuncios para no interrumpirlo, le suelto: “Ya me bajó la regla”. A él, claro está, se le iluminó la cara. Y añadió: “¿Ves, tonta? ¿No ves cómo sólo era un retraso? Mira, yo creo que es mejor dejarnos de tonterías de niños y demás. ¿Que ganas tienes de complicarte la vida, mujer? Te pondrías gorda, tal vez se te destragase la piel con esas estrías que salen a las embarazadas… Y a mí me gustas así, tan estupenda para tu edad”. No supe que añadir. Simplemente se me ocurrió decirle: “Me voy a la cama, estoy cansada”. Él me respondió: “Anda, vete y no pienses. Es lo mejor que nos podía pasar. Un niño ahora… ¡que pereza!”.

Él todavía tardará en venir a la cama conmigo. En la tele quedaban echando una de esas películas de acción que tanto le gustan.

Apago la luz de la lámpara de la mesita de noche y me arropo con mi propio llanto hasta quedarme dormida.

miércoles, 5 de marzo de 2008

Yo soy una de esas.

Yo diría que soy una mujer algo estúpida, por no decir, bastante estúpida. Pero he leído un libro y dice que soy una mujer que amo demasiado. Ahora ya estoy mucho más tranquila. Es una enfermedad, una adicción como otra cualquiera. Sólo tendré que hacer terapia 400 años y un día y ya se me pasará todo. Volveré a ser una mujer normal.


El perfil de las mujeres que amamos demasiado, según el libro y a groso modo es:

- Somos mujeres que recibimos poco afecto de pequeñas y por eso somos inseguras en la niñez y en nuestra vida adulta.

- Acostumbradas a la falta de amor estamos dispuestas a esperar, conservando falsas esperanzas de que el hombre que está a nuestro lado va a cambiar.

- Tenemos el amor propio muy bajo.

- Siempre estamos más en contacto con nuestro sueño de cómo podría ser nuestra relación que con la realidad.

- Somos adictas a los hombres y al dolor emocional.

- No nos atraen los hombres amables, estables, confiables y cariñosos porque nos parecen aburridos. Buscamos los más imposibles.

- Etc., etc.

Por todo ello, siempre escogemos a los hombres equivocados, uno tras otro y nos enganchamos a ellos, ciegas. Convertimos a nuestro hombre del momento en nuestra razón de vivir, en una obsesión. Y soportamos que nos maltraten psicológicamente, que anulen nuestra personalidad (la poca que nos quede intacta), que nos sintamos culpables de todo lo que ellos hacen mal (también de nuestra imperfección, si no, no tiene gracia)… En fin, nos convertimos en zombis.

Y todo por miedo a la soledad. Según el libro, claro.

Es que siempre hay quien se empeña en estudiarlo todo.

La voz (Por Amaro)



Estaba solo y su único pasatiempo era él. Recordaba que sí, que había obtenido mucho placer, que había disfrutado con su cuerpo. O al menos con “aquello” que era él. No había manera de explicarlo. Todo su recuerdo era de si mismo, de cómo obtenía goce desgarrándose sus partes y luego volviendo a reconstruirse. Cortándose, y dejándose fluir por esas heridas. Había disfrutado deshaciéndose a golpes con aquellas paredes invisibles que lo contenían. Sí, recordaba que había gozado mucho. Claro que él, todavía no sabía que eso era el dolor

Pero estaba empezando a no recordar ya esos sentimientos en su cuerpo. Últimamente repetía todos aquellos juegos que tanto le habían gustado y ya no sentía nada. Acabó así, sin hacer nada.

Después de mucho aburrimiento escuchó una voz que decía: “Me aburro”, y experimentó algo que con el tiempo se llamó sorpresa. Se concentró con curiosidad en aquella voz y ésta fue creciendo cada vez más hasta fabricar discursos cada vez más elaborados

Pero también esto pasó, la sorpresa y la curiosidad. Y volvió el aburrimiento, allí parado, escuchando aquella voz ininterrumpidamente. Y solo existía aquella voz, el aburrimiento y la nostalgia permanente del placer vivido

Irguió su cuerpo, levantó su cabeza. Lo que podían ser sus ojos, se iluminaron. ¿Qué estaba diciendo aquella voz? Sí, Sí, Sí. Sonrió y dijo:

¡HÁGASE LA LUZ!

Y sí. El diablo sonrió.

martes, 4 de marzo de 2008

Sin título (Por Guillermo el Travieso)

"El beso" Robert Doisneau. 1950


Decimos que los muertos claman justicia, cuando, verdaderamente, es nuestra justicia la que clama venganza.

No quisiera, a mi memoria,
atraer los viejos fantasmas de la guerra.
Que la guerra,
su guerra haga y se entierre con ella.

Yo quisiera, en mi memoria,
tu historia.
Tu historia buena.
La que a mí me llena.
Tu historia que es mi historia.
Y no aquella.

No,
no quiero esa historia solapada,
que divide, mata y asesina.

Quiero mi historia,
que es tu historia.
Nuestra historia de amor
y besos tiernos...
que es la única
que a ti y a mí nos ata.

Te quiero a ti,
como persona.
Sin insignias.
Sin banderas.

Quiero tus mimos y tus abrazos.
No quiero llantos.
Quiero tus juegos y tus risas.
Mis mejillas
acariciadas por tus labios.
Quiero el calor de tus manos
sobre mis pechos.
Y quiero,
el dulce mirar de tus ojos,
a mis ojos cansados.

No quiero el polvo de tus huesos,
ni el vacío desorbitado de tu mirada.
Lo que quiero es tu silencio.
Tu cuerpo callado.

No grites
a los oídos de los mortales
tu insomnio eterno.

No grites.

No grites.

Que yo susurraré,
en tu oquedad obligada,
arrullos de paloma enamorada.

No grites.

No llores
a los ojos de las madres,
ni des lanzas a los hijos.

No llores.

No llores.

Que yo, en silencio,
lloraré a tus oídos
el gran amor que te he tenido
y aun te sigo teniendo.

Ya te lo he dicho:
Solo a ti te quiero
con la misma pasión
con la que, antaño,
ardían nuestros jóvenes besos.

Y es que,
¿podría amarte
de otra forma?
Quiero tu memoria
en mi memoria,
en lo íntimo;
en la soledad de mi habitación,
en lo más profundo de mi corazón;
para mí sola
y para nadie más...
y como siempre te he tenido y
como siempre te tendré.
Que no quiero compartir con nadie
mi derecho a tenerte.

Y si ahora no estás,
no quiere decir que no estés conmigo,
no.
Claro que estás.
Pero no me pidas,
amor mío,
que grite
o que llore.
No quieras querer,
que a tu manera te quiera.

No.

No alces,
de la oscura fosa
y siembres sobre la tierra,
los amargos recuerdos de la guerra.

¿Hasta cuando es necesario?

No me llames de esa forma,
ni me llores... de esa forma.
Ni me grites.
Que ya sabes que te quiero.
Que ya sabes que te amo.
Sin insignias.
Sin banderas.
En silencio.

La memoria del amor, supera a cualquier memoria, y ésta, es una memoria de amor.







Susana II (Por Sísifo)

Al principio la veía como una princesa medieval secuestrada por un malvado dragón y hubiese hecho cualquier cosa por convertirme en su caballero, en su Don Quijote. Solo hubiese bastado una palabra para que lo hubiese dejado todo para ir a su encuentro, pero nunca la hizo.

Después, el tiempo fue poniendo las cosas en su sitio y dibujando como somos en realidad las personas. Se perdió el halo de idealismo y fue surgiendo la luz.

Al final, de ser un ser idolatrable a la que solo se le veían virtudes, paso a ser una persona más, con sus defectos y sus virtudes.

En aras del recuerdo no puedo lamentar haberla conocido. Si alguien se confundió al juzgarla sólo fui yo. Ella siempre se mostró tal como era….. un quiero y un no quiero, un estoy aquí pero me voy, caprichosa, impaciente, exigente con ella misma, con los demás… ella era... Susana.

lunes, 3 de marzo de 2008

Instantáneas I



a veces ando por la casa de puntillas
para que no notes mi presencia
y aprendas a echarme de menos.

Autorretrato


Mi vida es muy jodida.

Y ahora muchos de ustedes van a pensar: “¿Qué miserias nos va a contar esta tía?”. No, no… se equivocan porque resulta divertido saber por qué mi vida es tan rematadamente jodida.

Para empezar voy a presentarme. Mi nombre es Paz… paz, que nos induce a pensar en algo dulce, palomas blancas y todas esas gilipolleces. A ver, ¿alguien de los que estamos aquí puede decir que la paz existe? Sí, que levante la mano el que lo sepa y que nos lo explique a todos. Yo me muero por saber dónde hay Paz y no vale lo de “paz interior” porque ese cuento si que ya no se lo traga nadie… paz interior, paz interior… pero, ¿quién se habrá inventado todas esas patrañas?, ¿los chinos?. Si alguien lo sabe, también que levante la mano. No veo ninguna, entonces deduzco que están de acuerdo conmigo ¿no?

Nací un 31 de diciembre. No les voy a decir el año porque eso sí que sería jodido. Claro, ustedes para animarme dirían: “Mujer si no se te echan”. Pero yo no soy tonta porque lo que tiene de bueno tener una vida jodida es que los sentidos se te agudizan. Siempre estás alerta y pensando: “A ver por dónde me cae algo ahora…”. Pues sí, un 31 de diciembre, yo ya como dudando… salgo hoy… salgo mañana… ¿cuándo coño salgo? Y salí un año antes, en vez de salir al año siguiente. Ustedes ya pensaban: “Ahora se le va a escapar el año”. Siento decepcionarles. Pero venga, hagamos una prueba: ¿hay alguien que se anime a echarme la edad que tengo? Al que acierte… bueno, a ese, le parto la cara por capullo. ¿Y saben cuánto pesé al nacer? Les daré una pista: era más pequeña que el muñeco “Pucheritos” de mi hija (1.800 gramos en canal). Vamos, que debía de dar pena. Mi bisabuela dijo al verme: “Esta pequena vai morrer”.

No le quise dar ese gusto a nadie, siempre fui muy cabezota. Empecé a crecer y a ser tan feliz que cuando tenía 16 años y como muchos adolescentes intenté suicidarme. Y no se me ocurrió nada mejor para tal fin que tomarme un buen puñado de optalidones ¿Se acuerdan de aquellas pastillitas pequeñas, rosa fucsia que hace años las retiraron del mercado porque se demostró que creaban adicción?. El 90% de las amas de casa españolas estaban dopadas y nadie se enteraba. Sin ir más lejos mi madre tomaba uno todos los días. Figúrense lo que me pasó a mí después de tomarme un montón… vamos, agarré un colocón de no te menees pero no me morí… bueno, un poco sí de la vergüenza cuando vomité delante de mi madre. Hoy me muero de la risa cuando recuerdo el episodio completo: mi madre barriendo las escaleras del portal y yo balbuciendo palabras sin sentido, subiendo las escaleras a rastras hasta conseguir llegar al baño… patético.

Algunos años después… Que bonito es el amor ¿verdad? El amor si que no es nada jodido… el amor es maravilloso. Me enamoré por primera vez muy joven, realmente perdí la cabeza por aquel cabrón… Tienen que perdonar que emplee esta palabra tan vulgar, en realidad yo no suelo decir tacos, soy una mujer muy educada y elegante pero es que hoy estoy jodidamente cabreada. Pues sí, sigo, el muy cabrón me llevaba 10 años y cuando lo conocí todavía no era mayor de edad… Que no, no les voy a dar ningún dato que les lleve a deducir la edad que tengo, estoy en todo. ¿Saben que día escogió el muy sinvergüenza para que perdiese la virginidad: el día 14 de febrero, llamado también de San Valentín o de los enamorados. Y digo que escogió porque no pintaba mucho en aquella historia. En realidad sólo me encargaba de poner el amor, mi amor adolescente, mi primer amor. Él se encargó del resto. Fue en su coche, un cuatro latas… un desastre se lo pueden imaginar. Ahora aunque me maten no recuerdo si fue en el asiento delantero o en el trasero… es que ya se me va la olla… tampoco tiene mucha importancia, ¿o si la tiene?… porque dicen que la primera vez nunca se olvida. Claro que la mía para qué leches voy a querer recordarla si fue muy jodida. Pero todo se supera en la vida: tuve varias depresiones, insomnio, principios de anorexia y no hay nada que un buen profesional no pueda arreglar. Hoy, sin ir más lejos y aunque tengo una vida muy jodida, me siento muy feliz. Vamos, que me dan ganas de bajar del escenario y abrazarlos a todos. Me sale el amor por los cuatro costados. También puedo abrazar a uno en representación… por ejemplo, a aquel chico del fondo de camisa de cuadros y jersey granate que está sentado en la penúltima fila… sí, sí, tú, el morenito de gafas y con barba de dos día… ah…. que dices que no tienes interés… lástima… otra vez será.

Pero luego tuve otro amor, otro gran amor con el que me casé y tuve una maravillosa hija. Y no me pregunten cómo pero el amor se nos rompió y tampoco creo yo que fuera de tanto usarlo, como dice la canción. De un día para otro me vi envuelta en un convenio de mutuo acuerdo y dos juicios, llamadas telefónicas de tono cariñoso, miradas románticas a la puerta de casa… buen rollito que se llama. Ahora también voy al psicólogo… quién mejor para compartir tanta felicidad. Ellos tanto arreglan un roto como un descosido… en el fondo, somos buenos amigos.

Y qué me dicen de los hijos… la maternidad… eso si que me ha llenado por completo… Sí, aquella maravillosa hija que un día tuvimos hoy ya es una adolescente… Y ay que ver lo que siente una madre cuando llega su hija a casa y le dice: “Mami, hoy soy muy feliz. He hecho el amor con mi novio. Y tú le contestas: “Hija, si sólo tienes 17 años”. A lo que ella responde: “Mamá tú me has contado que perdiste la virginidad antes de ser mayor de edad… y aunque no se me dan muy bien las matemáticas se hacer números. Pero no te preocupes, hemos tomado precauciones y ha sido muy romántico y especial. Lo hemos hecho en la cama de sus padres. Este fin de semana se han ido a la sierra. Por cierto, te he traído las sábanas a lavar, ¿crees que estarán listas para mañana?. No quiero que ellos se enteren”. Yo emocionada y al borde de las lágrimas le digo de nuevo: “Hija, anda, dame un abrazo”… Y me quedo rumiando: que felicidad tan grande… su primera vez y la comparte conmigo… que bien la he educado… para que diga su padre que está malcriada…

Sí, ya ven, aquí estoy contándoles mi vida…

Pero no, no se crean que todo en mi vida es jodido… no, no… Hay días que incluso hago el amor con mi pareja. Eso sí, casi nunca llego al orgasmo, de lo contrario el dicho popular: ”La felicidad completa no existe” debería ser cambiado. Aunque no es fácil, siempre hay un pero para que tal cosa suceda. Han de cumplirse en el mismo día los siguientes requisitos: que sea luna nueva, de número 25 y que coincida viernes, sábado o domingo y si además anunciaron en los telediarios que habrá eclipse solar, de luna… en fin, alguno de esos que se llaman “fenómenos naturales extraordinarios”, incluso… hay muchas posibilidades de conseguir ese orgasmo tan deseado. Y no quieran saber cuántas veces sucede todo esto junto en un año porque no tengo ni idea… en realidad, ya no me acuerdo ni por dónde hay que empezar…

(Mirando el reloj) Ay que ver, que tarde se me ha hecho, tengo que dejarles… voy a ir urgentemente a la biblioteca más cercana a buscar un manual porque han dicho en la radio que hoy probablemente caerá el meteorito que lleva años acercándose a la tierra. Puede que cambie mi suerte.

Que sean felices.

domingo, 2 de marzo de 2008

El beso


"Mujer desnuda tumbada" - Modigliani

Elena apagó el ordenador, la luz de la sala y se dirigió a su habitación, dispuesta a seguir, punto por punto, las instrucciones que le había remitido por correo. Cuanto más pensaba en ellas menos ganas tenía de llevarlas a cabo. No sentía el menor deseo de guardar, en aquella cajita de madera que ahora reposaba sobre la cómoda, el beso que Él le había enviado la noche pasada.

Su primer contacto con el beso, tal vez por recibirlo inesperadamente, le había provocado un deseo súbito que se había consumido en unos instantes, tal como había llegado. Pero estaba segura de que había algo más. Y no estaba dispuesta a guardarlo, siguiendo sus recomendaciones, sin averiguar qué sentimientos se producirían en el reencuentro. Quería arriesgarse y experimentar todas aquellas sensaciones ya olvidadas desde hacía mucho tiempo.

De pie ante el espejo, se desnudó despacio y se acarició los pechos con las yemas de los dedos. Sus pezones se endurecieron por el escalofrío de la desnudez y el tacto de sus manos.

Lentamente se tendió sobre la cama, relajó su cuerpo y su mente, cerró los ojos y dejó que el beso avanzase por el camino señalado. Incansable realizaba círculos, piruetas y saltos mortales sin apenas hacer ruido.

Logró alcanzarlo a la altura de la rodilla derecha para llevarlo hasta su vientre. Allí, indeciso y perezoso rozaba la piel suave, bajando y subiendo lentamente, mientras Elena se sentía morir en cada caricia. Ya no recordaba lo que eran el abandono y la entrega.

Se incorporó con cuidado de no asustarlo para susurrar en su oído: “Debes irte ya”. Obediente y sumiso se alejó de allí y reptó hasta su boca para sellar las palabras que se le estaban escapando. Y extendió sus brazos como alas de libélula para rodearla por entero y decirle: “No permitas que me aleje de ti”.

Conmovida por la sinceridad de la declaración, lo colocó con mimo en la palma de la mano y lo sopló hasta el ombligo, el lugar que de ahora en adelante se convertiría en su hogar.

Con el beso a resguardo se levantó, guardó la cajita vacía dentro del armario y de nuevo se acostó para acurrucarse entre las sábanas, segura de si misma.