El centro comercial vacío,
los maniquíes miran fríos
desde los escaparates.
Apenas circulan coches
por la carretera mojada de lluvia.
En el edificio se oyen
sólo pequeños ruidos
comedidos familiares:
un grifo,
la puerta del ascensor,
un murmullo de voces.
Perrito acostumbrado,
descansa manso
atado a su cadena.

Y yo,
atrapada,
en este silencio de domingo,
como una rosa en el verde frondoso,
consigo serenar
a duras penas,
mi deseo enjaulado.
Y le pongo un poco de música a este domingo de mayo.
No lo entiendes, no comprendes cielo, que yo no soy un campeón. No te empeñes, no lo intentes, me aburre la competición.
Sintiéndolo de verdad, yo no soy como los demás, a la hora de la verdad, que tú me quieras me basta, baby.
Suerte es tenerte cerca, corazón, para mí suerte fue sólo conocerte.
Los creyentes y pudientes dicen: la suerte la reparte Dios, otra gente, en sus trece creen sólo en la superstición.
Sintiéndolo de verdad, yo no soy como los demás, a la hora de la verdad, que tu me quieras me basta, baby.
Suerte es tenerte cerca, corazón, para mí, suerte fue sólo conocerte.
Ni la casa, ni el motor, para mi tienen valor, a la hora de la verdad, te quiero cerca.
Sintiéndolo de verdad, yo no soy como los demás, sólo quise poderte amar, tuve mucha, mucha, mucha...
Suerte es tenerte cerca, corazón, para mí, suerte fue sólo conocerte.
Suerte es tenerte cerca, corazón, para mí, suerte fue sólo conocerte.
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Las fotos las saqué esta mañana desde la ventana de la cocina.
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