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sábado, 1 de junio de 2013

Las lecturas que vienen y algunas que ya se fueron


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Muchos de los que venís por este blog, ya sabéis que el profesor Pedro Ojeda, publicó su libro Esguevas, acompañando sus textos poéticos, sus reflexiones, con las fotos de su amigo Javier García Riobó.

Yo ya lo tengo en casa, recién llegado de la librería Sandoval de Valladolid y lo estoy saboreando poquito a poco.

“… Cuando oímos el rumor del agua y levantamos la cabeza de la mesa en la que escribimos, ¿cuánto tiempo hace que llueve? La vida entera se nos suspende un momento: llueve, llueve, llueve. Sobre todas las cosas y el corazón, llueve.”

”… Los ríos son espacios de melancolía al que arrojamos cosas que alguien nos arranca: recuerdos, alegrías, llantos, esperanzas, amores. Nos las arrancan con un descorazonador, hasta dejarnos vacíos, sin nada.

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El escritor ferrrolano Manuel J. Díaz Vázquez, gran amigo de años, presentó ayer en la Biblioteca Municipal de Ferrol, su última novela, la cuarta ya. Lo acompañó en este lanzamiento la Ex-diputada y profesora ferrolana Nona Inés Vilariño.

La novela es una ficción autobiográfica narrada con sentido del humor e ironía ingenua, sin dejar por ello de señalar el ambiente gris bajo el que se desenvuelve los últimos años de la dictadura franquista…

Las primeras experiencias escolares, la capacidad de observación y análisis, las relaciones con los demás: su madre, el señor Martín, los profesores, su admiración por el Quijote…

¡Qué tiempos aquellos cuando no teníamos reloj para saber la hora en la que vivíamos o moríamos! Nos guiábamos por la radio de forma hexagonal del abuelo: ¡Pi, pi! “Son las dos de la tarde, diario hablado de Radio Nacional”…, una vez solemne y  engolada que ordenaba atención y respeto.”

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El libro de relatos de Andrés C. M. Riveira, otro buen amigo de lecturas y tertulias, es otra muy buena opción para cualquier tarde en la que queramos pasar un buen rato y disfrutar de una escritura impecable.

No hace mucho que lo leí y me quedé realmente impresionada, aún sabiendo que Andrés escribía muy bien. Son unos relatos que enganchan y que te dejan tocado.

“La vieja loca y decrépita resbala sobre el tiempo –como todas las viejas locas y decrépitas-. La vieja loca y decrépita acaso está más allá del tiempo, o sobre el tiempo, o bajo el tiempo; tal vez el tiempo no existe, o la vieja loca y decrépita hace un poema –o un ovillo, lo mismo da- con el tiempo. En el invierno –este invierno- no demasiado frío, las nubes, desgarradas y algodonosas, corren veloces…”

Os recomiendo los tres, vivamente, y si queréis adquirir alguno, [me voy a permitir esta licencia porque merecen mucho la pena] os cuento:

El de Pedro Ojeda podéis adquirirlo contactando con él en su blog La acequia.
El de Manuel… me ofrezco a ser la mediadora, él os lo enviaría por correo.
El de Andrés lo podéis adquirir en Amazon.

jueves, 18 de octubre de 2012

El sentido del asombro

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“Una tormentosa noche de otoño cuando mi sobrino Roger tenía unos veinte meses le envolví con una manta y lo llevé a la playa en la oscuridad lluviosa. Allí fuera, justo a la orilla de lo que no podíamos ver, donde enormes olas tronaban, tenuemente percibimos vagas formas blancas que resonaban y gritaban y nos arrojaban puñados de espuma. Reímos juntos de pura alegría. Él, un bebé conociendo por primera vez el salvaje tumulto del océano. Yo, con la sal de la mitad de mi vida de amor al mar en mí. Pero creo que ambos sentimos la misma respuesta, el mismo escalofrío en nuestra espina dorsal ante la inmensidad, el bramar del océano y la noche indómita que nos rodeaba.

Una noche o dos más tarde la tormenta había desaparecido y llevé de nuevo a Roger a la playa, esta vez fuimos más cerca del borde del agua rompiendo la oscuridad con el cono amarillo de nuestra linterna. Aunque no había lluvia, la noche era otra vez ruidosa por el romper de las olas y el viento insistente. Claramente era un tiempo y un lugar donde lo importante y elemental prevalecía.”

Así comienza El sentido del asombro.

Y así termina El sentido del asombro:

“Hace poco recibí en el correo una carta que guardaba un testimonio elocuente de la permanencia del sentido del asombro durante toda la vida. Era de una lectora que me pedía consejo para escoger una zona de la costa para ir de vacaciones, un paraje natural donde pudiera pasar los días entre playas vírgenes, explorando ese mundo que es viejo pero siempre nuevo.

Lamentablemente excluyó las playas escarpadas del norte. A ella le habían encantado las playas toda su vida, me dijo, pero trepar por las rocas de Maine podría resultar difícil para quien pronto llegaría a su ochenta y nueve cumpleaños. Cuando dejé su carta me sentí reconfortada por las llamas del asombro y el estupor que aún ardían intensamente en su mente y espíritu jovial, tal como debían de haberlo hecho hace ochenta años.

Los placeres que perduran al contacto con la naturaleza no están reservados para científicos sino que están al alcance de cualquiera que se sitúe bajo el influjo de la tierra, el mar y el cielo y su asombrosa vida.”

…ooo000ooo… …ooo000ooo…

El sentido del asombro fue escrito por Rachel Carson, una mujer que hizo historia en el mundo ambientalista con su libro La primavera silenciosa (1962), en el que denunció el uso indiscriminado del DDT.

La firmeza de su argumentación junto con su capacidad comunicativa desencadenaron la alarma social. Por este motivo, el Congreso de EE.UU, bajo el mandato de J.F.K., la llamó a comparecer ante una Comisión de Estudio acerca de los Pesticidas. Como consecuencia, la Comisión estableció la necesidad de comenzar Políticas de Protección de Salud Pública y de Conservación de la Naturaleza. En 1969 se firmó la Ley Nacional de Protección Ambiental [precursora de toda la legislación ambiental americana y más tarde de Europa] pero Rachel no llegó a conocerla, ya que murió de cáncer de pecho a los 56 años, en 1964.

Los movimientos ecologistas surgen, como explican la mayoría de los tratados de Historia de la Conservación, a raíz de la publicación de La primavera silenciosa.

El libro El sentido del asombro fue en origen un artículo que le encargó una revista y que se tituló Help your child to wonder (1956), Ayuda a tu hijo a asombrarse, y que fue publicado póstumamente en 1965.

El sentido del asombro es un libro de reflexiones y experiencias a lo largo de su vida cuidando a su sobrino Roger [a quien adoptó cuando quedó huérfano].

La capacidad de asombrarse se tiene desde muy niño. El asombro provoca lanzarse a descubrir un mundo porque fascina y el tiempo se percibe como algo que no es ajeno.

Rachel Carson no tenía ninguna pretensión de enseñar a su sobrino toda su ciencia, quería simplemente que surgiera el “wonder”. Esta palabra en inglés tiene una doble acepción; la de sorprenderse y la de preguntarse.

Rachel intuyó que este sentido natural, que todos poseemos, iba a mermarse ante el avance de una tecnología que tendía a separarnos del contacto con la naturaleza. Ella sospechó que aquella época que le tocó vivir, cuando se creía al aire libre, iba a tener los días contados [bañarse en el río, construir cabañas en los árboles, tumbarse en los campos de trigo…] Es por eso que vio imprescindible cultivar el sentido del asombro.

Más allá de revelar en su vida las agresiones a la naturaleza, su principal legado fue enseñarnos que no hay mejor manera de preservarla que experimentar su grandeza.

Palabras de Mª Ángeles Martín R-Ovelleiro, extraídas del Prólogo de El sentido del asombro. Ediciones Encuentro. 47 págs. 5€

martes, 2 de octubre de 2012

Después de un libro

 

veu visitarme o mar

Ese texto lo escribí después de la lectura de este libro de Rosa Aneiros, hace ya algunos años.
Todavía recuerdo con placer el paseo por sus páginas.

Y es que hay libros que dejan una marea inmensa dentro del corazón.

Después de acabar de leer un libro con el que he pasado buenos y malos momentos, siempre siento un vacío.

¿Qué tal le irá ahora a Alba que ha vuelto de nuevo con Marcos?

¿Podrá dejar de tomar Tranquimazín y beber ginebra?

¿Será la última marea negra de su vida?

El mar visitó a Alba un día y ella se quedó a su lado, a veces mirándolo con odio y otras como se mira a un hijo.

Por el camino dejó a familiares y amigos. No había otra opción para emprender su nueva búsqueda en solitario.

Las pérdidas no tienen vuelta atrás.

Y es muy duro pensar que tal vez no exista un mañana. Claro, que mejor no dejarse abatir con esta idea.

Sí. Para mí habrá un mañana y un pasado mañana. Quiero hacer muchas cosas todavía. Aprobar unas nuevas oposiciones. Ver como caen de nuevo las hojas este próximo otoño. Ir a mi faro una noche de invierno y sentir como el miedo a la oscuridad rodeará el coche que se bamboleará con el viento…

Divago,
sola,
en esta casa que me arropa
como un chal de lana.

Mis ojos se mueven ahora hacia el faro azul y blanco de cera. Reposa en la mesita auxiliar, al lado de la butaca donde estoy sentada. Nunca me sentí capaz de encender su luz. No soportaría ver como la cera derretiría sus ventanas.

Me comparo con Alba. Ella, como yo, también iba a pensar al faro; yo a mi faro [Punta Frouxeira] y ella al suyo [Faro de Fisterra], sobre todo cuando quería resistirse a la ginebra y al Tranquimazín. Yo también tomé pastillas. Con otro nombre, con otro color.

Allí, en el Faro de Fisterra, Alba recordaba los besos de Marcos. El calor del cuerpo de Marcos entre sus sábanas. Y en las noches de niebla oía el ulular de la sirena.

Alba.

Marcos.

Yo.

Él.

Marea Negra.

Nunca máis.

 

Sinopsis del libro:

“Alba es una joven cordobesa afincada en Galicia desde hace diez años. Está pasando por un momento delicado en su vida. Su novio, Marcos, acaba de abandonarla y ella está sumida en una profunda depresión. Hace años que no hablaba con su amiga Isa y ahora comienza a escribirle, recordando cuando hace ya una década, ambas decidieron ir a la Costa da Morte para ayudar en las tareas de limpieza de las playas, debido a la marea negra que produjo el buque Mar Egeo.

Alba, bióloga de profesión, vuelve a enfrentarse ahora a la misma situación de antaño, esta vez con un nuevo barco, el Prestige.”

Leer más aquí.

jueves, 28 de junio de 2012

Tres geranios para ti

 

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El otro día, Abejita de la Vega, publicó en su blog La arañita campeña, la entrada ¿Tienen azules campanillas?, y decía así:

Abejita - “… Ahí las tengo, entre cristal y cristal, junto a geranios rojos y poco literarios.”

Yo le respondí con el siguiente comentario:

Aldabra…¿cómo que son poco literarios los geranios, mujer?... no estoy de acuerdo, me encantan los geranios, el rojo geranio, el granate geranio... será que siempre los hubo en el patio de mi infancia...”

Mi cabeza siguió pensando en todas estas conexiones que se producen en los blogs y que me parecen siempre sorprendentes. Y por eso el otro día, que asistí a una churrascada en la finca de un compañero de trabajo, fotografié un precioso geranio

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y se lo dediqué a Abejita (margen izquierdo del blog), porque viéndolo recordé su entrada y mi comentario.

Ella, a su vez, también siguió pensando y repensando y publicó en su blog una nueva entrada ¿Poco literarios los geranios?, haciendo alusión a mi comentario:

Abejita - “… a mi también me gustan mucho los geranios, los tengo de todos los colores y coloco todos los que puedo, los que caben, entre ventana y contraventana. Los he mostrado varias veces en el blog, incluso con un fondo de nieve.

“Los califiqué de "poco literarios" porque los escritores no suelen acordarse de tan humilde flor, muy agradecida y que requiere pocos cuidados. Los poetas son más de rosas, claveles, lirios o violetas…”

Y a mí me picó la curiosidad y me puse a buscar geranios por la red y descubrí estos tres poemas, que, humildemente, paso a recitaros a todos, pero en especial a Abejita:

¡Van por ti!

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Retornos del amor en una azotea
- Rafael Alberti -

Poblado estoy de muchas azoteas.
Sobre la mar se tienden las más blancas,
dispuestas a zarpar al sol, llevando
como velas las sábanas tendidas.
Otras dan a los campos, pero hay una
que solo da al amor, cara a los montes.
Y es la que siempre vuelve.
Allí el amor peinaba sus geranios,
conducía las rosas y jazmines
por las barandas y en la ardiente noche
se deshacía en una fresca lluvia.
Lejos, las cumbres, soportando el peso
de las grandes estrellas, lo velaban.
¿Cuándo el amor vivió más venturoso
ni cuándo entre las flores
recién regadas fuera
con más alma en la sangre poseído?
Subía el silbo de los trenes. Tiemblos
de farolillos de verbena y músicas
de los quioscos y encendidos árboles
remontaban y súbitos diluvios
de cometas veloces que vertían
en sus ojos fugaces resplandores.
Fue la más bella edad del corazón. Retorna
hoy tan distante en que la estoy soñando
sobre este viejo tronco, en un camino
que no me lleva ya a ninguna parte.

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Entre los geranios rosas
- José Mª Pemán -

Entre los geranios rosas,
una mariposa blanca!

Así me gritó la niña,
la de las trenzas doradas:
-corre a verla, corre a verla,
que se te escapa.

Por los caminos regados
del oro nuevo del alba,
corrí a los geranios rosas,
¡y ya no estaba!

Volví entonces a la niña,
la de las trenzas doradas.
«No estaba ya», iba a decirle.
pero ella tampoco estaba.
A lo lejos, ya muy lejos,
se oían sus carcajadas.

Ni ella ni la mariposa;
todo fue una linda trama.

El jardín se quedó triste
en la alegría del alba,
y yo solo por la sola,
calle de acacias.

Y esto fue mi vida toda:
una voz que engañó el alma,
un correr inútilmente,
una inútil esperanza…

¡Entre los geranios rosas,
una mariposa blanca!

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“Huerto mio”
Miguel Hernández

Paraíso local, creación postrera,
si breve de mi casa;
sitiado abril, tapiada primavera,
donde mi vida pasa
calmándole la sed cuando le abrasa.

Yo, dios y adán, que lo cultivo y riego
por mi mano y conducto
de frescor artesiano, su sosiego
recojo, su producto,
sus dadivas de miel en usufructo.

De su interior de hojas, por sorpresa
bien logre esta mañana
el chorro de la luz primavera y tiesa
de la cigarra hispana,
y una breva a lo bolsa, luto y grana.

Adán por afición, aunque sin eva,
hojeo aquí mis horas,
viendo al verde limón como releva
de amarillo sus proras,
y al higo verde hacer obras medoras.

Aquí los venosos perejiles
extrañan sus carieles
parejas al azul de los astiles
de los altos claveles,
espigas injertadas en pinceles.

Mi carne, contra el tronco, se apodera,
en la siesta del día
de la vida, del peso de la higuera,
¡tanto!, que se diría,
al divorciarlas, que es de carne mía.

Propósitos de cánticos y aves
celan las frondas nidos
Entre las hojas brotan nubes, nave
espacios reducidos
que a ¡Cuánto amor! elevan mis sentidos

La hoja bien detallada por el cielo
y el cielo por la hoja
surten de gracia y paz el aire encelo,
que cuando se le antoja
arrecia ramos, luz de cielo afloja

Para acallar el grito del deseo
del sitio donde yerra,
el fruto chino, el árabe y guineo
da suicidado en tierra,
creciendo en paz y madurando en guerra

Oigo como se azuzan los corrales
los cantos de sus grillos.
Geranios, por los rojo, criminales,
de querer levantarme, y esta gana,
se tornaran terrena cobardía

Mi ilustre soledad de esquila y lana
de hoy, ha de hacer viciosas amistad
con el higo, la pruna y la manzana

¡Adiós, secreto de mis soledades!
¡Adiós mi voluntad y continencia!
¡Adiós miguel de las tempestades

con tu carne, tu alma y tu conciencia!
Evitare, señor, tu azul persona,
que dolencia quito quien puso ausencia.

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También encontré estos otros geranios tan interesantes:

Bodas de sangre
Acto primero
- Federico García Lorca -

Madre: Cien años que yo viviera no hablaría de otra cosa. Primero, tu padre, que me olía a clavel y lo disfruté tres años escasos. Luego, tu hermano. ¿Y es justo y puede ser que una cosa pequeña como una pistola o una navaja pueda acabar con un hombre, que es un toro? No callaría nunca. Pasan los meses y la desesperación me pica en los ojos y hasta en las puntas del pelo.

Novio:(Fuerte)¿Vamos a acabar?

Madre: No. No vamos a acabar. ¿Me puede alguien traer a tu padre y a tu hermano? Y luego, el presidio. ¿Qué es el presidio? ¡Allí comen, allí fuman, allí tocan los instrumentos! Mis muertos llenos de hierba, sin hablar, hechos polvo; dos hombres que eran dos geranios... Los matadores, en presidio, frescos, viendo los montes...

El clavel:

la flor del matrimonio
y amor maternal asociado al niño (“duérmete clavel”)

El geranio:

la erección del hombre
símbolo de masculinidad (“dos hombres que eran dos geranios”)

P.D.: No podré olvidar ya nunca el verso de Alberti:

“Poblado estoy de muchas azoteas…”,

me parece sublime.

viernes, 4 de mayo de 2012

Digo

 

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Digo niebla,

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águila,

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calles desiertas.

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Digo luto,

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plaza, luz,

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ayuntamiento.

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Digo motos,

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ruta,

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concentración.

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Digo almuerzo,

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en mantel blanco,

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digo pulpo á feira,

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Digo música,

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digo fiesta.

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Digo hórreo,

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acantilados,

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mar.


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Digo puerta,

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digo faro,

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digo puerto.

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Digo muralla.
Digo Lugo.

Digo “Alén”.

Cando
           nos abrazamos
                                 imos
a outro mundo
                  onde
nos abrazamos
                  e marchamos
a un trasmundo
                  onde
nos abrazamos
                  e onde quizáis só
nos abrazamos.

[Más allá: Cuando nos abrazamos vamos a otro mundo donde nos abrazamos y marchamos a un transmundo donde nos abrazamos y donde tal vez sólo nos abrazamos.]

Claudio Rodríguez Fer
De "Tigres de ternura", 1981

La crítica coincide en señalar a Claudio Rodríguez Fer (Lugo, 1956) como el padre de la poesía erótica escrita en nuestro idioma vernáculo, el gallego. Ciertamente, hasta que el vate lucense publicó su ópera prima, Poemas de amor sen morte (Poemas de amor sin muerte, 1979), la lírica galaica parecía reacia a la voluptuosidad y al espíritu libertario. Esto se debe a que la cadenciosa lengua no había sido agitada por un vendaval de vanguardia... Leer más aquí.

Hice las fotos en Lugo ciudad, Ribadeo, Playa de las Catedrales, Nadela y Begonte.

martes, 13 de marzo de 2012

Un pueblo, una señal y Sara


PaulJaneBowlesMorante 
Hace unas semanas Congo hizo un pequeño viaje. Se fue a Valladolid a visitar a una amiga, una amiga a la que yo también conozco y a la que quiero mucho. Y juntos se fueron a Urueña [Villa del libro], un pueblo del que yo jamás había oído hablar hasta ese momento.

La Diputación de Valladolid erige en Urueña la primera Villa del Libro de España; lo que sin duda, le da un valor añadido en su proyección nacional e internacional.

Este ambicioso proyecto cultural tiene inspiraciones en el modelo aportado por otras villas del libro existentes en Europa: Hay-on-way, en el País de Gales –la más antigua-, Montolieu en Francia, Bredevoort en Holanda y hasta una veintena de pequeñas localidades rurales cuyo denominador común es la dinamización económica, cultural y turística a partir de la recuperación de los espacios públicos no sólo como lugar de compraventa de libros, sino como núcleos importantes de celebración de eventos ligados a la literatura.

La Villa del libro de Urueña se ordena en torno a dos ejes: Librerías y E-Lea [en denominación abreviada, Espacio para la Lectura, la Escritura y sus Aplicaciones].

Establecimientos para el ejercicio privado de la actividad comercial de libros, preferentemente antiguos, raros, viejos, descatalogados o de temas específicos y una librería institucional. Alguno de estos establecimientos se orienta hacia otras actividades relacionadas con el mundo del libro, tales como caligrafía, ilustración, encuadernación, papel artesanal, mapas, grabado, etc.

Congo me conoce.
Sabe lo que me gusta.
Sabe hurgar dónde más me duele, en caso de que quiera herirme.
Y, al contrario, acariciar el lugar exacto para producir más placer.

Congo me conoce.
Sabe mis preferencias.
Sabe presentir lo que más necesito en cada momento.
Y regalarme lo que más feliz me hace.

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De allí, de Urueña, me trajo esta maravilla:

“Señal” de Raúl Vacas, ilustrado por Sara Morante.

Al ver los dibujos del libro sentí que había en ellos algo conocido, familiar, y buscando y rebuscando, por fin recordé que había visto esos trazos en el blog de Patricia Esteban Erlés.

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Las niñas novias.

Las niñas novias se querían tanto que comían el mismo número de cucharadas de sopa con el mismo rictus complacido y sufriente que le habían visto poner a Juana de Arco en una película. Se hacían las mismas heridas en forma de corazón con la misma llave en la misma rodilla, y hasta pensaban lo mismo a las siete de la tarde: que nada les gustaría más en el mundo que ser la otra niña novia. Las dos niñas novias juraron que se casarían con el mismo vestido blanco, en la misma iglesia. Bajo la misma lluvia de pétalos párpado. También acordaron, entre otros detalles sin importancia, que sería con el mismo apuesto joven.

Texto: © Patricia Esteban Erlés
Ilustración © Sara Morante

En el blog de Patricia Toditos los días, ya me quedé prendada de Sara Morante.

clip_image006   MargueriteDurasMorante

Al igual que también me quedo ahora prendada de los poemas de Raúl Vacas.

Y es árida la noche y yo te busco,
extraño de tu piel, débil te busco
entre los restos de las papeleras,
en los arroyos blancos de la luna

Sola, por los océanos baratos,
pero tú nunca estás, al frío huyes
como cadáver sin apenas sangre
y años, no vendrás jamás, mujer,

a devolverme al mundo con un beso
si también yo soy hijo de la muerte
que nutre las arrugas de mi piel.

Vuelve una vez si acaso por mis páginas,
moja tus manos blandas en mis ojos
que es árida la noche y yo te busco.

“Señal”, un libro para mirar, y leer, y remirar, y releer, y acariciar.

Duermen las moscas en los prados verdes
sobre las heces tristes de las vacas.
Las margaritas sueñan indecisas
con las abejas dulces y el membrillo.

Cosen las golondrinas en el aire
la telaraña oculta del amor.
Tendidas a secar están las prendas
íntimas, el musgo del invierno,

el chándal rojo del espantapájaros.
Ríe en lo alto el soy y abre su yema
de infinitos ríos. Pasan despacio,

como ovejas muertas, las nubes blancas.
Fui tan feliz aquella primavera
que casi se extinguieron las perdices
.

Dice Raúl en el prólogo del libro:

«Cada poema nace de una cicatriz. Cada ilustración de otra. Ambos, poemas e ilustraciones, deletrean las circunstancias del hombre y la mujer, hechos para el amor y la vida, para el odio y la muerte. La afirmación y la negación, la pasión y el miedo, la intuición, la advertencia, la certeza, la duda se entretejen de manera visible con dos madejas de color rojo y negro, con dos códigos de lenguaje».

martes, 21 de febrero de 2012

E l e f a n t i a s i s: Relatos en vena

 

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Esta preciosa foto es de aquí

“Cuentan que en la boda de Evaristo Cienfuegos y Rosaura Lapeña, hubo más sangre que vivas”

- Tus relatos son cortantes, Raúl, como una bofetada inesperada, o como una sopa fría en el estómago. ¿Te molesta que te tutee?

Le dijo la lectora al autor.

Pero se lo dijo mentalmente, claro. El autor se encontraba a mil años luz de su cama.

Y es que la lectora siempre leía sus relatos por la noche, antes de dormirse, mientras apretaba su mantita entre los dedos de la mano que le quedaba libre. A veces tenía vergüenza de seguir con este gesto tan infantil pero tenía vergüenza de tantas cosas, que apenas le duraba el incomodo por la mantita, un par de minutos. Había cosas mucho peores.

La lectora ya no recuerda cuando empezó a hablar con los autores, no sabe si fue aquel sábado de invierno en la casa rural, después de tomar una copa de oporto, o si fue sentada en el wáter cualquiera día de por semana. Tal vez fue lo segundo. Por estadística.

Y siguió con su diálogo.

- ¿Sabes?, si no hubiera conocido tu blog “El alma difusa”, jamás habría comprado tu libro. Eso creo. O sí, soy un poco imprevisible para estas cosas. Bueno, a lo que iba… Es que el título… Elefantiasis… Si te digo la verdad el título no me gusta nada. Igual es eso lo que pretendías provocar: rechazo. Ese tipo de rechazo morboso que, aún sin querer, nos lleva a abrirlo, y a curiosear entre sus páginas para quedarnos enganchados. Pero ahora que lo tengo, no me arrepiento de haberlo comprado, ya te lo digo. Aunque tus relatos sean como pedradas.

“Apunten. Prosigue el sargento con el macabro ritual, cuando, de pronto, y ante el estupor de la concurrencia, la voz del joven maniatado rompe entre lágrimas el respetuoso silencio que acompaña a la justicia. Pepe, se le oye decir entre balbuceos. Pepe, coño. Eres tú. Soy yo. Juan. Tu hermano.”

- A veces, cuando termino de leer alguno de tus relatos, me quedo como sin respiración, muy muy quieta, pidiendo a ese dios en quien no creo, que jamás me pase a mi algo así. Son tal reales que hacen daño. Me dan escalofríos.

“Mientras baja las escaleras, se promete que no tardará demasiado en decirle a su marido que se ha enamorado de otro. Al fin y al cabo es el padre de su hija y no le desea mal alguno.”

- Pero te envidio, que lo sepas. Envidio tus frases sinuosas que me obligas a leer dos veces para entenderlas mejor. Y tu vocabulario preciso..

“La mujer se debate en su propia dejadez. Deambula por la habitación fumándose su desmadejada existencia, y es envuelta en ella donde vive ahumada y espesa. Se cree vieja, y se sabe desgastada y rendida.”

- Hasta ahora, no he encontrado ni un solo relato que diga: “Pues parece que le falta algo”. No, todos son redondos. Certeros.

“Su hija insiste en alegrarle. Le ha prometido que cuando menos se dé cuenta todo habrá pasado, y le ha aconsejado que lo acepte lo antes posible porque la vida continúa. Él, sin embargo, ayer mismo, por primera vez en sus setenta y cinco años, pensó seriamente en matarse.”

- (… … …)

- ¿Dices que si no me estaré pasando? No, mi queridísimo autor. No. Leerte es todo un placer. Y no digo más. Ahora, márchate, por favor, es tarde y quiero dormir.

“Raquel encendió la luz de la mesita, le dedicó una fugaz sonrisa, y le pidió que se marchara. No es nada personal. Le dijo. Pero es que mañana madrugo, y sería incómodo despertarte y encontrarte en mi cama.”

…oooOOOooo… …ooo000ooo… …ooo000ooo…

Y ahora, a todos los que queráis una dosis de relatos de alta calidad, os invito a que visitéis el blog de Raúl Ariza “El alma difusa” y a mayores, que os hagáis con su libro “Elefantiasis” [lo tenéis para descargar en ebook en La casa del libro]. Ambas cosas merecen la pena. De verdad.

Y como he visto en la página del libro algo sobre buscar una banda sonora para sus letras:

Un lector de ELEFANTIASIS y, a pesar de eso amigo, lanzó una pregunta al autor, de lo más curiosa (y puñetera) durante la presentación del libro en Barcelona, el pasado 29 de octubre. ¿Cuál es la banda sonora de tu libro? Se atrevió a preguntar ante la sorpresa de la concurrencia.

Pero ya una vez masticada, la cosa resultó que tenía la suficiente miga como para que otros lectores se apuntaran al carro de encontrarle sonido a las texturas que se advierten en las historias que comprenden este libro…

me voy a aventurar también a dejar alguna música para sus relatos:

miércoles, 12 de octubre de 2011

Negro sobre blanco

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La foto es de aquí

 

En invierno la casa sudaba y los cristales lloraban a mares. En sentido metafórico, claro. La verdad era otra.

Mamá decía que era todo fruto de la condensación pero a mí tanta agua me inquietaba.

Lo primero que teníamos que hacer al levantarnos era secar. Secarlo todo con un montón de trapos, retales de sábanas y almohadones viejos. El algodón era lo mejor para absorber el agua. Eso decía Mamá, que lo sabía todo. O casi. 

Si eso ya era bastante penoso e insano, lo peor era lo que llegaba después: Los techos se teñían de manchones negros.

Esta vez Mamá decía que era por la humedad, consecuencia de la condensación.

Y eso que ella se preocupaba de airear la casa. Hiciera frío o calor, abría todas las ventanas de parte a parte para que el aire lo secara todo pero no había aire que fuera capaz de volver el techo a su color blanco original, así que a Mamá no le quedaba otra opción que proveerse de escalera, guantes, cubo, estropajos, lejía… y ponerse a frotar.

Frotaba hasta casi intoxicarse. Y eso que bebía leche a sorbos para que la lejía no le hiciera daño en la garganta. Yo no soportaba aquel olor tan penetrante pero Mamá decía que era necesario limpiar las manchas negras para que no agarraran en la pintura, año tras año.

Y era verdad, al final ella conseguía su propósito y el techo volvía a ser, no blanco blanco del todo, pero si casi blanco. 

Lo que ella no sabía, [ni siquiera se le ocurrió pensarlo, seguro] era que cada vez que abría las ventanas, mi alma se iba impregnando poco a poco de aquella corriente fría y cortante, que me acompañaría siempre, como una segunda piel.

Hasta hoy.

¡Pobre Mamá, si ella supiera!

 

Pensando en el título que daría a este texto me llevó a pensar en un libro que leí hace tiempo pero que es de esos que deja huella y por eso nunca lo olvido:
Blanco sobre negro, del autor y protagonista de la narración Rubén Gallego.

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La foto de Rubén es de aquí

 

En otro orden de cosas:
Tenéis que perdonar mi ausencia de los blogs; ocupaciones personales me han mantenido alejada del ordenador. Ahora que parece que vuelvo a estar más desocupada empezaré de nuevo a visitaros, aunque me temo que no podré ponerme a leer todas vuestras entradas antiguas porque ya llevo mucho retraso [aunque lo intentaré]. Biquiños y hasta muy prontito.

miércoles, 3 de agosto de 2011

La piel afilada

la piel afilada - portada

¿Y tú, qué tipo de amante eres? Si me lo cuentas no se lo diré a nadie. Será un secreto entre los dos.

Introducción

“Después del sexo ya no eres igual, ya nada puede ser lo mismo.”

Victoria

 

Leo

“Éste es un catálogo de amantes. Desde los exploradores a los que aman a oscuras; de las mujeres submarinas a los coleccionistas; ajenos, suicidas, invisibles, enfermos, pornógrafos, santos o sonámbulos, todos son abducidos por el mismo y común denominador: el deseo.”

 

Berlineses

“Lúbricos y lúdicos, discursos amorosos y confesiones de invierno, La piel afilada ofrece grandes posibilidades de viajar.”

Los que graban

“Cada pocos textos cabría respirar hondo, pensar, puede que cerrar el libro. Y esperar a otro día.”

Los que juegan

“Un experimento literario con ecos de Borges, Calvino, Lee Masters, el que Josan Hatero en escogidas y precisas –afiladas- palabras nos hace disfrutar tanto como a los amantes que retrata.”

Los que prometen

 

Y aquí puedes leer una pequeña entrevista al autor, Josan Hatero 

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jueves, 21 de julio de 2011

Estoy leyendo un libro

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A veces te sorprende un párrafo, una frase, dos versos, cinco palabras… y sólo por eso, te dices: “Ya ha merecido la pena la lectura”.

En El año de Saeko de Kyoichi Katayama, me han golpeado de lleno un par de párrafos, tal vez porque mis últimos posts  tratan de la muerte, o tal vez porque esta semana [como otras muchas a lo largo del año] pienso en Quela.

El día 25 hace ya cuatro años. ¡Maldita sea!

Pero La vida es así, no la he inventado yo… que cantaba Sandro Giacobbe, en aquella canción tan cacareada: El jardín prohibido.

¡Que tiempos aquellos! Yo estaba febrilmente enamorada de Sandro [todavía conservo una carpeta forrada con su cara] y no pensaba en la muerte ni remotamente.

Ahora sí, ahora pienso en ella a menudo y por eso me golpean ciertas lecturas, directamente en el corazón.

 

“ El ser humano nace, se hace adulto, enferma alguna vez y muere. Por más que lleguemos a odiarlo, por más que lo temamos, por más apego a la vida que mostremos, cuando llega la hora, morimos. La evidencia es tan clara que está fuera de toda consideración. Además, considerarlo tampoco nos conduce a ninguna parte. Pero aun las cosas que nos conducen a ninguna parte es preciso, con todo, tomarlas en consideración. “La muerte es algo excesivo”, pensó Shun´ichi.

Desde el instante en que has tomado consciencia de la muerte, vivir centrado en ti mismo lleva consigo, inevitablemente, la soledad. Tal como dicen los filósofos, si partimos de la premisa de que la génesis del espíritu del hombre se halla en el miedo a la muerte, la soledad forma parte de la naturaleza intrínseca del ser humano. Auspiciado por el espíritu, el hecho de que el hombre, como especie, necesite un compañero y deje descendencia conlleva un valor añadido que se opone a la soledad hasta igualarla. Si a esto lo llamamos amor, el amor y la soledad quizá sean las dos caras que conforman el ser humano. En ambos casos, son un amor sin razones y una soledad sin razones. Shun´ichi amaba a Saeko. Tenía la sensación de que la amaba más que nunca. Al mismo tiempo, se sentía asaltado por una soledad terrible y anormal.”  

 

Si os gusta leer  algo diferente que golpee vuestros esquemas, tenéis que leerlo.

¿No hace mucho ya que no os digo que os quiero?