
Abejita - “… Ahí las tengo, entre cristal y cristal, junto a geranios rojos y poco literarios.”
Yo le respondí con el siguiente comentario:
Aldabra – “ …¿cómo que son poco literarios los geranios, mujer?... no estoy de acuerdo, me encantan los geranios, el rojo geranio, el granate geranio... será que siempre los hubo en el patio de mi infancia...”
Mi cabeza siguió pensando en todas estas conexiones que se producen en los blogs y que me parecen siempre sorprendentes. Y por eso el otro día, que asistí a una churrascada en la finca de un compañero de trabajo, fotografié un precioso geranio

y se lo dediqué a Abejita (margen izquierdo del blog), porque viéndolo recordé su entrada y mi comentario.
Ella, a su vez, también siguió pensando y repensando y publicó en su blog una nueva entrada ¿Poco literarios los geranios?, haciendo alusión a mi comentario:
Abejita - “… a mi también me gustan mucho los geranios, los tengo de todos los colores y coloco todos los que puedo, los que caben, entre ventana y contraventana. Los he mostrado varias veces en el blog, incluso con un fondo de nieve.
“Los califiqué de "poco literarios" porque los escritores no suelen acordarse de tan humilde flor, muy agradecida y que requiere pocos cuidados. Los poetas son más de rosas, claveles, lirios o violetas…”
Y a mí me picó la curiosidad y me puse a buscar geranios por la red y descubrí estos tres poemas, que, humildemente, paso a recitaros a todos, pero en especial a Abejita:
¡Van por ti!

Retornos del amor en una azotea
- Rafael Alberti -
Poblado estoy de muchas azoteas.
Sobre la mar se tienden las más blancas,
dispuestas a zarpar al sol, llevando
como velas las sábanas tendidas.
Otras dan a los campos, pero hay una
que solo da al amor, cara a los montes.
Y es la que siempre vuelve.
Allí el amor peinaba sus geranios,
conducía las rosas y jazmines
por las barandas y en la ardiente noche
se deshacía en una fresca lluvia.
Lejos, las cumbres, soportando el peso
de las grandes estrellas, lo velaban.
¿Cuándo el amor vivió más venturoso
ni cuándo entre las flores
recién regadas fuera
con más alma en la sangre poseído?
Subía el silbo de los trenes. Tiemblos
de farolillos de verbena y músicas
de los quioscos y encendidos árboles
remontaban y súbitos diluvios
de cometas veloces que vertían
en sus ojos fugaces resplandores.
Fue la más bella edad del corazón. Retorna
hoy tan distante en que la estoy soñando
sobre este viejo tronco, en un camino
que no me lleva ya a ninguna parte.

Entre los geranios rosas
- José Mª Pemán -
Entre los geranios rosas,
una mariposa blanca!
Así me gritó la niña,
la de las trenzas doradas:
-corre a verla, corre a verla,
que se te escapa.
Por los caminos regados
del oro nuevo del alba,
corrí a los geranios rosas,
¡y ya no estaba!
Volví entonces a la niña,
la de las trenzas doradas.
«No estaba ya», iba a decirle.
pero ella tampoco estaba.
A lo lejos, ya muy lejos,
se oían sus carcajadas.
Ni ella ni la mariposa;
todo fue una linda trama.
El jardín se quedó triste
en la alegría del alba,
y yo solo por la sola,
calle de acacias.
Y esto fue mi vida toda:
una voz que engañó el alma,
un correr inútilmente,
una inútil esperanza…
¡Entre los geranios rosas,
una mariposa blanca!

“Huerto mio”
Miguel Hernández
Paraíso local, creación postrera,
si breve de mi casa;
sitiado abril, tapiada primavera,
donde mi vida pasa
calmándole la sed cuando le abrasa.
Yo, dios y adán, que lo cultivo y riego
por mi mano y conducto
de frescor artesiano, su sosiego
recojo, su producto,
sus dadivas de miel en usufructo.
De su interior de hojas, por sorpresa
bien logre esta mañana
el chorro de la luz primavera y tiesa
de la cigarra hispana,
y una breva a lo bolsa, luto y grana.
Adán por afición, aunque sin eva,
hojeo aquí mis horas,
viendo al verde limón como releva
de amarillo sus proras,
y al higo verde hacer obras medoras.
Aquí los venosos perejiles
extrañan sus carieles
parejas al azul de los astiles
de los altos claveles,
espigas injertadas en pinceles.
Mi carne, contra el tronco, se apodera,
en la siesta del día
de la vida, del peso de la higuera,
¡tanto!, que se diría,
al divorciarlas, que es de carne mía.
Propósitos de cánticos y aves
celan las frondas nidos
Entre las hojas brotan nubes, nave
espacios reducidos
que a ¡Cuánto amor! elevan mis sentidos
La hoja bien detallada por el cielo
y el cielo por la hoja
surten de gracia y paz el aire encelo,
que cuando se le antoja
arrecia ramos, luz de cielo afloja
Para acallar el grito del deseo
del sitio donde yerra,
el fruto chino, el árabe y guineo
da suicidado en tierra,
creciendo en paz y madurando en guerra
Oigo como se azuzan los corrales
los cantos de sus grillos.
Geranios, por los rojo, criminales,
de querer levantarme, y esta gana,
se tornaran terrena cobardía
Mi ilustre soledad de esquila y lana
de hoy, ha de hacer viciosas amistad
con el higo, la pruna y la manzana
¡Adiós, secreto de mis soledades!
¡Adiós mi voluntad y continencia!
¡Adiós miguel de las tempestades
con tu carne, tu alma y tu conciencia!
Evitare, señor, tu azul persona,
que dolencia quito quien puso ausencia.

También encontré estos otros geranios tan interesantes:
Bodas de sangre
Acto primero
- Federico García Lorca -
Madre: Cien años que yo viviera no hablaría de otra cosa. Primero, tu padre, que me olía a clavel y lo disfruté tres años escasos. Luego, tu hermano. ¿Y es justo y puede ser que una cosa pequeña como una pistola o una navaja pueda acabar con un hombre, que es un toro? No callaría nunca. Pasan los meses y la desesperación me pica en los ojos y hasta en las puntas del pelo.
Novio:(Fuerte)¿Vamos a acabar?
Madre: No. No vamos a acabar. ¿Me puede alguien traer a tu padre y a tu hermano? Y luego, el presidio. ¿Qué es el presidio? ¡Allí comen, allí fuman, allí tocan los instrumentos! Mis muertos llenos de hierba, sin hablar, hechos polvo; dos hombres que eran dos geranios... Los matadores, en presidio, frescos, viendo los montes...
El clavel:
la flor del matrimonio
y amor maternal asociado al niño (“duérmete clavel”)
El geranio:
la erección del hombre
símbolo de masculinidad (“dos hombres que eran dos geranios”)
P.D.: No podré olvidar ya nunca el verso de Alberti:
“Poblado estoy de muchas azoteas…”,
me parece sublime.