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martes, 1 de junio de 2010

Un martes cualquiera

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La mañana está neblinosa y apagada. No hay ni un resquicio en las nubes que indique que puede salir el sol más tarde. Así que después de degustar la comida que dejé medio preparada para hoy: “Espaguetti a la putanesca”, tal vez me eche una siestecita en el sofá, bien pegadita a Congo, y con el sonido de fondo del Documental de la 2.

¿Habéis probado alguna vez estos espaguetti?

La primera vez que oí hablar de esa receta y vi como se preparaba fue en una de esas películas malas de fin de semana, que ponen después de comer y que por supuesto, no me acuerdo ni de cómo se titulaba.

Según decían en la película y según lo que he leído también por la red, el origen de este plato es incierto y está sujeto a disputas entre diferentes expertos culinarios, pero sin datos ni hechos concluyentes. No obstante su nombre puede dar pistas "Espaghetti al estilo de las prostitutas". Algunos cocineros dicen que es posible que fuera costumbre de las prostitutas de Nápoles preparar este sencillo y rápido plato entre cliente y cliente.

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Después de leer varias recetas para preparar la salsa (los espaguetti me imagino que ya sabéis todos como se cuecen), me quedé con ésta:

Para tres personas: Congo, que come como una lima: Senia, que come como un pajarito; y yo que, digamos, como normal.

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Pongo en una sartén un buen chorro de aceite de oliva en el que dejo a pochar una cebolla mediana y dos dientes de ajo bien triturados (la picadura Moulinex es un buen invento). Cuando está lista la cebolla, añado una lata de anchoas bien picadas en trozos pequeños. A continuación, cuando está hirviendo la mezcla añado medio vasito de vino blanco seco y cuando se evapora un poco, añado, bien tomate natural en trozos o bien tomate de lata triturado (casi una lata grandota). Remuevo un poco y por último añado dos cucharadas de alcaparras y un buen puñado de aceitunas negras cortadas en láminas (en su defecto aceitunas verdes). En cuanto rompa a hervir todo dejar hacer 15´. Después ya, según gustos, una vez emplatados, regar con queso rallado.

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¿A qué es muy sencilla? A mí me gusta preparar recetas cuanto más facilitas y gustosas mejor porque cuando se quieren repartir las horas del día en muchas actividades, todas las economías son pocas.

¡No puedo pedir hoy un placer más grande! Y es que cuando uno se conforma y se deleita con las cosas pequeñas la vida siempre tiene mucho que ofrecer.

¿Os vais a animar a prepararlos y luego me lo vais a contar? ¿Sí?

P.D.: Se me olvidaba. Si acompañáis el plato con un Lambrusco y una canción tan maravillosa como la del vídeo, casi casi pensaréis que estáis en la mismísima Italia.

Sorrento es una pequeña ciudad de Campania, Italia, con unos 16.500 habitantes. Es un popular destino turístico. Se llega a ella fácilmente desde Nápoles y Pompeya, y está al sureste del fin de la línea férrea Circumvesuviana. Tiene vistas al golfo de Nápoles, y es un lugar clave de la Península Sorrentina, con muchos miradores desde donde ver Nápoles (visible a través de la bahía) y el Monte Vesubio.

Surrentum. Dice la leyenda que el nombre de Sorrento deriva de las míticas sirenas, que eran mitad mujeres y mitad peces, que forzaban a los navegantes a naufragar contra sus rocas. Ciudad cuyo probable origen sea griego

- Por eso debe ser que me encanta esta canción -

A Sorrento le fue dedicada una de las canciones napolitanas más célebres, Torna a Surriento ("Regresa a Sorrento".) La canción fue compuesta para la visita a Sorrento de Giuseppe Zanardelli, por entonces presidente del consejo de ministros, el 15 de septiembre de 1902.

Existen muchas versiones de esta famosísima canción italiana, conocida en el mundo entero. Aquí os dejo ahora la versión en español que realizó Danny Daniel, que nada tiene que ver con la otra, desde luego, aunque sobre gustos no hay nada escrito.

Viendo el mar y su belleza, siento tantos sentimientos que me viene al pensamiento cuando yo te conocí.
Viendo el mar que hay en Sorrento, yo recuerdo aquel momento que mis ojos y tus ojos, se miraron sin querer.

Veo tu jardín de flores, pienso cosas tan hermosas, que una bella mariposa me parece que eres tú.
Y aunque sé que te marchaste no te has ido para siempre porque guardo en mi mente, el recuerdo de tu amor.

No me olvides, no. No me des más tormento.
Vuelve a Sorrento y quédate.

Viendo el mar que hay en Sorrento siento tanto amor por dentro como cuando te besaba una y otra y otra vez
Y aunque sé que te marchaste no te has ido para siempre porque guardo en mi mente el recuerdo de tu amor.

No me olvides, no. No me des más tormento. 
Vuelve a Sorrento y quédate.

 

Todas las fotografías son mías; la primera fotografía es de la playa de Barrañán, en Arteixo - A Coruña.  La parte derecha de la playa (foto inferior), es la parte Naturista. Escuchando la canción ("Viendo el mar y su belleza, siento tantos sentimientos...") y pensando en el mar de Sorrento, recordé que tenía estas imágenes y me dije: Aprovéchalas ahora que ya llevan mucho tiempo en el baúl de los recuerdos.

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miércoles, 29 de octubre de 2008

GAlletas de coco

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Esta tarde he estado de cocinillas, mañana estoy invitada a una comida y mi madre me enseñó que no se debe ir a los sitios con las manos vacías. Y lo que más se me apetecía preparar era: Cocadas, entre otras cosas porque el coco me gusta mucho. El coco rallado, quiero decir. Es que como estamos ya cerca de la noche de Hallowen, a ver si alguien se va a pensar que me gusta el coco que da miedo...

La receta es muy sencilla: para estas 36 galletas empleé 6 huevos, taza y media de azúcar y aproximadamente 300 grs. de coco. Primero se baten los huevos, luego se añade el azúcar y por último se va añadiendo el coco poco a poco hasta que se va formando una masa que se despegue de los bordes del bol. A continuación se van haciendo las galletas con dos cucharas y se van depositando sobre la bandeja del horno, previamente untada con mantequilla. Y con el horno a 180º se dejan hornear hasta que adquieran un color morenito.

Senia ya las ha probado y ha dicho que estaban buenas. Su opinión es de fiar porque siempre protesta por todo. A mí también me gustaron pero claro, mi opinión no sirve tanto como la suya porque hoy tengo por las galletas "amor de madre".

Me encantaría que vosotros también las probaráis así que como lo que tiene la "internete" es que es mágica, venga, por favor, no seáis tímidos y coged una al menos, ¿qué tal? ¿os ha gustado?

 

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Aprovecho para despedirme hasta el lunes. Mañana estaré muy ocupada y el viernes nos vamos de ruta motera a Valdepeñas. Ya os contaré a la vuelta. Si puedo leeros lo haré, lo que no creo que tenga es tiempo para dejaros comentarios, os ruego que me perdonéis.

Espero que seáis buenos y que no me seáis infieles. Feliz fin de semana a todos. Biquiños muy dulces.

domingo, 10 de agosto de 2008

"Con las manos en la masa" o "Cuanta más masa mejor se pasa"





"The naked shef" - Miriana


Estaba todavía en la cama, somnolienta, disfrutando de la pereza de los domingos cuando se me vino a la cabeza la idea de preparar un bizcocho ¿Por qué no? Soy mujer y por lo tanto puedo conseguirlo.

Todavía en pijama me dirigí a la cocina llena de energía. Busqué en la alacena la libreta de las recetas caseras y me puse manos a la obra, no sin antes hacer una llamadita telefónica a mi madre para aclarar unos conceptos que tenía algo confusos. Nada importante. Además a ella le gustaba sentirse útil.

Fui echando los ingredientes en el bol uno a uno como indicaba la receta: 2 yogures, 4 huevos, 3 vasos de azúcar, 4 vasos de harina, 2 sobres de levadura Royal y las raspaduras de un limón. Pasé todos los ingredientes por la batidora, embadurné el molde con mantequilla, volqué en él la mezcla y lo metí al horno. A continuación me dediqué con entusiasmo a chupetear con los dedos los restos de la mezcla del bol y de la batidora. Siempre que lo hago recuerdo cuando era pequeña y estaba con mi madre en la cocina y le pedía que me dejase pasar los dedos. A mi madre le encanta cocinar y sobre todo la repostería. Esa parte de los genes no la heredé, evidentemente ¡Una lástima! La cocina, en todas sus dimensiones, se me resiste.

Hasta aquí todo había ido bien y me las prometía muy felices. Mientras se cocía mi postre en el horno me dispuse a planchar para no perder el tiempo. De vez en cuando me acercaba a la cocina para echar una ojeada. Parecía que todo iba sobre ruedas hasta que en una de aquellas excursiones el bizcocho ya llegaba al borde del molde.

¡Horror!

Miraba y miraba para él calculando e intentando adivinar si se desbordaría o no, cuando de repente la masa empezó a bajar molde abajo cual lava de un volcán.

No podía pasarme eso a mí. Ya no tenía remedio. Sólo podía rezar y ver en qué quedaba el objeto de toda mi ilusión mañanera.

El bizcocho terminó de cocerse. Lo desmoldé mal como pude y comencé la ardua tarea de limpiar los pegotes de la masa que quedaron en el horno, el molde, la parrilla… Más de una hora me llevó devolver la cocina a su estado habitual de limpieza inmaculada.

La casa quedó impregnada de un agradable olor a bizcocho quemado que me delataría inmediatamente al abrir la puerta para recibir a mis amigos que vendrían por la tarde a merendar y ver una película.

Con lo bien que hubiera estado en la cama leyendo tranquilamente y escuchando música que era el plan B, en vez de someterme con premeditación y alevosía a tanto estrés. Aunque al menos lo había intentado. La próxima vez tendría que buscar otra receta porque indudablemente algo había fallado.



viernes, 8 de febrero de 2008

Carne picada con lágrimas




Apoyada en la vitrocerámica, aprovecho para escribir mientras doy vueltas a la carne picada. También de cuando en cuando me acerco a mirar por la ventana. De hecho, sólo tengo que dar un paso a la izquierda . Por eso me gusta tanto esta cocina, porque mientras preparo las comidas alcanzo a ver un trocito de cielo, anaranjado y lánguido, en esta tarde que está próxima a terminar. O tal vez sea yo la que está hoy lánguida y melancólica y no el atardecer.

Tengo ganas de llorar.

A pesar de que hace un par de días le dijese a Amaro que llorar me resultaba dificil a causa de las pastillas. Ladrones de lágrimas. Eso les llama él a quienes las recetan. Por eso sólo tengo ganas de llorar pero no mucho. Sólo un poco.

Ya es hora de añadir el tomate. También, aprovechando, voy a dejar caer unas cuantas lágrimas, en vez de la sal. Puede que Congo y Senia no se dén cuenta ¿Y si dicen que está muy rica la comida y se acostumbran al aderezo de lágrimas? Siempre no podré llorar aunque lo intente. Todos los días no van a ser como hoy. Lo sé.

En fin.

Voy a cerrar ya la olla a presión, colocar la válvula de escape y dejar hacer a fuego lento. Recoger las tortugas de la ventana y salir de la cocina.

Por hoy ya he tenido bastante.