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lunes, 1 de agosto de 2011

Cotilleo







¡Vaya rollo de película!


Pues a mí me gustó.


Es que tú eres muy rarita, hija, a ti te gusta cualquier cosa.


¿No me digas que la música no era estupenda?


Sí, ¿y?


Y la estética vintage me encantó.


¿Y?


Pues eso. Que ya ha merecido la pena entonces.


Vale, vale, el duro para ti.


Podía haber estado mejor pero no siempre se puede dar al pleno.


Déjalo ya y cuéntame de Laura. ¿Entramos aquí a tomar algo?


Venga, te invito al café como quedamos.


No pensarías que te ibas a escaquear.


No, idiota.


Empieza a contarme.


Pues básicamente es muy simple. Laura está embarazada.


¿Embarazada? ¿Pero embarazada de tener barriga con bebé dentro?


Sí, hija sí.


¿Y quién es el padre, te lo ha dicho?


Pues básicamente también es muy simple. Un desconocido.


¿Un desconocido?


Bueno, lo era hasta el momento del acto.


¿Es un tío que se tiró?


No lo digas así, mujer.


¿Y cómo quieres que lo diga?


Ella me contó por millonésima vez lo que ya sabemos, que quería ser madre a toda costa. Resulta que la noche que tuvo la cena de la oficina entraron en un bar y se topó con el tipo en cuestión. Se miraron y sin mediar casi palabra se fue con él a su casa. Y lo hicieron sin condón.


¡Que irresponsable!


Es lo que yo le dije.


Laura dijo que ni lo había pensado. Que le pasó una cosa muy rara, algo irrefrenable.


Eso se llama calentón.


Que no, que no fue eso. Que sintió una llamada interior.


Además de embarazada, la nena se nos trastornó.


Ay, no seas así, mujer.


Es que no es para menos.


Tienes parte de razón pero también comprendo a Laura.


¿Y el hombre, lo sabe?


Pues ahora viene lo mejor. Al principio parece que no había feeling. Laura, antes de irse de su casa le dejó una nota contándole que igual se quedaba embarazada. Se cruzaron un par de llamadas con muy malas palabras pero quedaron para charlar y…


¿Y?


Resulta que se entienden. Al menos de momento parece que van a intentar ser amigos. Y después ya se verá.


¿Y Laura como está?


Está feliz. Su tono de voz, la forma de expresarse… Todo indica que está feliz.


La verdad es que su deseo de ser madre viene de lejos.


¿Y cómo es él? ¿A qué dedica el tiempo libre?...


No seas tonta. Te lo estás tomando a pitorreo.


Que no, que la verdad es que si yo fuera Laura estaría muertita de miedo. Tener un hijo sola no es nada fácil. No quisiera verme en su pellejo. Mañana la llamo, quiero que cuente conmigo por si necesita algo, su familia está lejos e imagino que se sentirá desvalida en algún momento.


Conmigo también puede contar, ya se lo he dicho. Y él parece que quiere apoyarla en su embarazo. Roberto, así se llama, trabaja de Informático en el Ayuntamiento, ya ves, bien situado. Y es soltero. Será su primer hijo y parece ilusionado, me dijo Laura. Y vive muy cerquita. Vamos que tiene muchas papeletas para que todo salga bien.


Pues ojalá que tenga suerte.


Si queréis leer los antecedentes de este relato, seguir los post de la Etiqueta "Laura y Roberto" por orden cronológico.





sábado, 16 de julio de 2011

Y entonces….

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la imagen la encontré aquí

 

Y entonces, ¿cómo surgió?

Pues verás, yo tuve un sueño.

Tú y tus sueños.

Sí, hija sí, yo y mis sueños. Freud se pondría las botas conmigo.

Venga, empieza.

Era un pueblo como de esos italianos de película antigua. ¿Te pones en ambiente?

Sí.

Todo el pueblo sabía que el hombre estaba apagándose por eso se convocaba a todas las mujeres que quisieran para ir a verle e intentar recuperarle. Había muchas mujeres mayores pero entre todas destacaba ella, una mujer joven y guapa, la única. En el sueño yo le preguntaba a ella por qué iba a ir a ver a ese hombre viejo y agotado. Y ella decía que no le importaba que fuera mayor, que no sentía asco ni nada parecido, que quería de verdad intentar vencer a su muerte.

¿Te imaginas que fuera así? Que a la hora de la verdad existiera todavía una última oportunidad.

No, no me lo imagino. ¿Sigo?

Venga, sigue.

El caso es que una hilera de mujeres desfilaba por la carretera rumbo a la casa del hombre mayor. Y entre todas aquella mujeres vestidas de luto (porque iban de luto, no te lo dije) resplandecía ella con su pelo rubio, su vestido ajustado a la cintura con cuello de solapa, estampado en flores pequeñas con el fondo blanco. Y zapatos de tacón, muy importante.

Vamos, una peli italiana a la antigua usanza. Digamos que era una especie de Sofia Loren o Ana Magnani, pero en rubio ¿no?

No me interrumpas, por favor. ¿Me dejas terminar el sueño?

Perdona… es que me sale sin querer.

Llega el momento de que la mujer espectacular se acerque a besarlo. En el sueño veo la boca del anciano sellada. Los labios secos y agrietados. Los ojos cerrados recubiertos por una especie de ceniza blanca, como si fuera polvo que se acumula en los muebles sin limpiar. [En mi sueño sentía una lástima infinita al mirarlo de cerca]. Total que la mujer se acerca despacio, amorosa. Se inclina y deposita el beso. Pero el hombre, seco, cansado ya de vivir, ni se inmuta. No hay nada que hacer. Se acerca el momento que nadie desea.

¡Me vas a hacer llorar!

Y en ese momento del sueño me desperté. Tan triste, tan triste que…

¿Quién era el hombre, era una cara conocida?

No. No sentí que conociera al hombre. Era un extraño.

Menos mal ¿no? ¿No preferiste que fuera así?

Sí, tal vez sí. Porque si fuese alguien conocido me hubiera quedado con mal cuerpo pensando que pudiera ser como una premonición.

¡Es que las cosas de la cabeza son la leche!

Indiscutible.

Oye, que ya es la hora, con tanto sueño casi se nos pasa la hora del cine. Ya pago yo, ¿vale? Tú pagas la de después de la peli, ¿ok?

Hecho.

Por cierto, ¿sabes quién me llamó ayer? No te lo vas a creer. Laura

¿Laura?

Vaya, por fin ha dado señales de vida.

Sí, hija, sí.

¿Y qué te contó?

Después de la peli te lo cuento porque es largo.

Ok.

lunes, 11 de julio de 2011

Y al final…

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la foto es de George Trakakis y la encontré aquí

 

Todavía no era muy mayor ¿verdad?

Pues no, 72 años no son tantos y estaba muy bien de salud pero…

¿Fue un cáncer?

Noooo, que va. En realidad no tuvo nada. Simplemente se dejó ir.

¿Cómo que se dejó ir?

Pues sí. Se dejó ir y la vida se lo llevó.

¿Querrás decir la muerte?

Bueno sí, la muerte, ¿qué importa el nombre que le pongamos? Se agota la vida, llega la muerte. La vida se nos lleva hasta que atravesamos el umbral y llega la muerte… Al final todo es lo mismo.

Visto así…

Primero fue su mujer. No pudo superar su pérdida. Toda la vida estuvieron juntos, desde la escuela. Poco a poco se fue encerrando en casa hasta convertirse en un mueble más, un apéndice del sillón. Adiós la partida de dominó con los amigos, los paseos los domingos por la mañana… Nosotros, los vecinos, lo intentamos todo para animarlo pero ya te digo… Se dejó ir. No hubo más.

¡Era un hombre tan bueno!

Sí que lo era. Y no lo digo porque ya esté muerto. Es que lo era. Cabal, honrado, franco, servicial, generoso… Dicen las malas lenguas que un día, ya casi al final, subió a verlo, Maribel… Maribel, ya sabes… aquella chica que trabajó en el puticlú de la carretera... Ahora dicen que ya no trabaja allí pero hay quien dice que todavía hace trabajitos… El caso es que se rumorea eso, que subió a verlo y que lo besó pero ni el beso surtió efecto. Él mantuvo los labios sellados, fiel a la que fue el amor de toda su vida…

¿Sería verdad?

Maribel contó que en cuanto lo besó ya supo que pronto iba a morirse. Y cuándo le preguntaron por qué, ella respondió: “Esas cosas se saben, sobre todo alguien que como yo ha besado miles de bocas perdidas.” Pero todo son rumores, ya sabes.

¿Ya han venido sus hijos de fuera?

Creo que llegan esta tarde. Eso es lo que dijo la cuñada y el hijo que tiene en la ciudad.

¡Era un hombre tan bueno!

¡Y que sólo murió!

Sí, muy solo.

 

esta canción me tiene abducida.

si te gusta la canción tanto como a mí y quieres escucharla por segunda vez,
te recomiendo que la escuches 
aquí y así podrás ver también a sus intérpretes.

martes, 14 de junio de 2011

Dos en la carretera

dos en la carretera. coche

(La imagen y la música pertenecen a esta película)

R - ¿Laura?

L – ¿Roberto? Creo que acordamos que era mejor que habláramos en otro momento.

R - Sí, tienes razón, por eso quería decirte si podríamos vernos esta tarde. No creo que todo esto sea para hablarlo por teléfono.

L - De acuerdo, siempre y cuando sea para no discutir [en la medida de lo posible] y dialogar. ¿A qué hora te viene bien?

R - ¿Qué te parece a las cinco? No sé dónde vives así que dime tú dónde te queda más cómodo.

L - Vivo a tres calles de tu casa . ¿Te parece bien si quedamos en el Derby, a medio camino para los dos?

R - Perfecto. Hasta las cinco, entonces.

L -Nos vemos.

…….

L - ¿Hace mucho que esperas?

R - No, que va, acabo de llegar.

L - Es que justo salía por la puerta, me llamó mi madre por teléfono y me entretuve dos minutos.

R - No te preocupes, no hay problema.

L - No sé por dónde empezar. Aunque lo primero que debo decirte es que te comprendo Roberto, entiendo que me odies, que me desprecies… todo lo que quieras añadir.

R - No te equivocas, es verdad que tengo todos esos sentimientos hacia ti pero también tengo una pequeño rayo de… a ver cómo te lo digo… Creo que me estás ofreciendo una oportunidad. Es verdad que hasta ahora no había pensado seriamente en ser padre pero ante la posibilidad de que en este momento esa posibilidad exista… En realidad creo que me gustaría mucho.

L - Es una buena noticia. Como te he dicho por teléfono, económicamente no quiero nada de ti, pero sí que me gustaría que si me quedo embarazada, mi hijo tuviera un padre de referencia. Creo que es importante.

R - ¿Cuándo tendrás la regla?

L - Pues en 14 días más o menos. Soy bastante regular así que no habrá que esperar mucho.

R - ¿Por qué yo, Laura?

L - Me he planteado muchas veces ir a un banco de semen, de hecho ya he preguntado en un par de ocasiones cómo iba el tema pero me parecía tan frío… Y me daba miedo.

R - ¿Miedo? Miedo es lo que has hecho conmigo. No sabes qué tipo de persona soy, si puedo tener alguna enfermedad…

L - Perdona pero tú has hecho lo mismo conmigo. Yo también podía haberte transmitido alguna enfermedad. ¿Por qué te has acostado conmigo sin poner una barrera?

R - No dejo de preguntármelo. No soy un hombre descuidado, Laura, jamás antes lo había hecho.

L - Y yo tampoco. Así que estamos empatados.

R - No tengo ninguna enfermedad.

L - Yo tampoco, Roberto, puedes estar tranquilo.

R - Supongo que es un alivio para los dos.

L - Sí, supones bien.

R - Bien, ¿qué te parece si nos conocemos un poco? Primero me cuentas tú cosas de tu vida y luego te hablo de mí. Si al final no pasa nada, si no te quedas embarazada pues tal vez podamos ser amigos.

L - Me parece una buena idea.

R - Antes de empezar qué te parece si pedimos.

L – Me vendría genial un té.

R - ¿Te gustan las infusiones?

L – Sí, mucho.

R - Yo antes era más de café pero llevo un tiempo que estoy aficionándome a ellas.

L - Sí, es cuestión de empezar.

………..

R - Por favor, ¿nos pone un té y una menta poleo?

Camarero – Ahora mismo.

R – Gracias.

L – En esta cafetería tienen unas infusiones muy buenas.

R - Sí, lo sé, vengo a menudo.

L - Ya lo sé, te he visto varias veces.

R - ¡Vaya!... Bueno, ¿qué tal si empezamos?

L - Pues vamos a ello. Me llamo Laura y tengo 41 años…

 

martes, 7 de junio de 2011

Laura y Roberto

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[las ilustraciones de hoy son de Sandra Conejeros y las encontré en su blog]

Hola.

¿Laura?

Sí, soy yo.

Hola, soy Roberto.

Hola Roberto.

Supongo que la nota que me has dejado es una broma de mal gusto, ¿no?

No. No se trata de una broma.

¿Pero tú de qué vas? ¿De qué guindo te has caído? ¿Te crees que me chupo el dedo?

Roberto, verás, deja que te explique…

Tú me has visto cara de imbécil y has decidido que yo seré el pinzo que pagaré tus marrones, pues que sepas que no, que de imbécil tengo muy poco. Tengo muchos defectos pero no me chupo el dedo, sí eso es lo que has pensado.

No has entendido nada Roberto.

Ah, claro, tú sí, tú has entendido lo que te ha dado la gana y has decidido hacer lo que te ha salido del chirri. Y nunca mejor dicho. No suelo ser mal educado, lo siento, pero es que lo de la nota parece un mal sueño, ¡joder!

Tienes razón en ponerte así, no creas que no te comprendo pero si me dejaras explicarte…

Es que esto es de traca, ¡joder! Y tenía que pasarme a mí. Parece una inocentada. ¿Es eso? ¿Es una cámara oculta?

Me estás hartando, Roberto. Como te decía en la nota, si no quieres saber nada de este asunto, no tenías porque haberme llamado. Creí que quedaba claro pero parece que no.

Me da igual lo que tú pensaras o dejaras de pensar. El caso es que ya me has metido en tu “asunto”. Que ya te vale, ¡joder! ¿Desde cuándo un hijo es un asunto? Tú estás loca, tía. Pero que muy loca.

Mira, voy a colgarte. Ya te he dicho que no quería nada de ti que tú no quisieras. Así que olvídate de mí.

¿Olvidarme? ¿Pero tú que te crees tía? ¿Quién te crees que soy yo?

No lo sé, Roberto, no sé quién eres. Sólo nos acostamos ayer.

Y no sabes cómo lo lamento.

Perdóname Roberto. Me dejé llevar. Tú no me conoces de nada tampoco pero yo… Hace tiempo que quería ser madre, y no sé, pensé que tú podías…

¡Esto es una puta mierda, joder!

Voy a colgar Roberto, creo que ahora no podemos seguir hablando.

Me has jodido, tía. Me has jodido. Y bien.

Perdóname, Roberto. Y no te preocupes demasiado. Igual no pasa nada.

Ya ha pasado, Laura. Ya ha pasado. ¿No te das cuenta?

….

¿Laura? ¿Laura?

[no pude resistirme a esta sirena]

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desde hace un mes escucho y escucho esta canción,
tenía el cd por casa desde hace mil años, ni siquiera sabía que lo tenía,
y ahora no puedo parar de escucharla [aunque no es mi estilo pero... ¡misterios tiene la ciencia!
la pongo por las mañanas cuando en el coche… muy alto… y canto… canto… 

“que no cabe en mi pecho,
que me cala los huesos,
que se ahoga en este mar de dolor;
que me quema la carne,
y que me hierve la sangre,
que me está partiendo en dos la razón,

¿qué voy a hacer sin su amor? ¿qué voy a hacer con mi amor?…”

miércoles, 1 de junio de 2011

Laura

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Ya hace media hora que he abierto los ojos y no sé qué hacer.

No sé si debo levantarme y prepararle el desayuno [creo que eso es lo que él podría esperar de mí, seguro que tengo pinta de ser de esas] o largarme rápidamente del apartamento sin hacer ruido [algo difícil, soy torpe por naturaleza y seguro que acabaré tropezando con algo].

Todavía es temprano. Voy a esperar un poco más. Y pensar qué hago mientras tanto.

No quiero cocinar para este capullo. Eso está claro.

Porque fue ponerse encima de mí, babeando esas frasecitas de peli mala, para darme cuenta de que era un arrogante.

¿Te gusta así cariño?

Quise decirle: Cállate y sigue, gilipollas. Pero me callé.

Estoy tan acostumbrada a callar que hasta pronunciar un monosílabo me supone un gran esfuerzo. Pero tenía que habérselo dicho.

No voy a perdonármelo en mucho tiempo. Y ahora ya nada puedo hacer.

¿Cómo pude permitir que este engreído depositase su semen dentro de mí? Y sin condón. Si es que hay que ser descerebrada. Aún tiene remedio la cosa pero…

Puede ser mi oportunidad, ya que por fin me he decidido.

Pero claro, una cosa es querer tener un hijo y otra muy diferente dejarse follar por el primero que se me pone a tiro.

El cuento de la semillita fue lo que me confundió. Me pareció un tipo sano [a pesar de ser todo lo que ya he dicho]. Y bastante bien parecido.

Vale, sí, está muy bueno.

Y tiene una buena…  Está muy bien dotado, todo hay que decirlo. Pero eso no debería bastar, ¡demonios! Yo no soy así de superficial.

Siempre dije que cuando por fin me decidiera, buscaría a un buen tío, una buena persona y todo eso. El físico sería lo de menos.

Pero olía tan bien e iba tan bien vestido.

Si es que no hay más que mirar este apartamento. Se ve que se gana bien la vida. Buen gusto en los muebles.

No hay libros. Pero seguro que es porque no tiene tiempo para lecturas. Entre la vida laboral y la caza… El día sólo tiene 24 horas. Y el hombre tiene que dormir algo también.

Digo yo.

Pensé en unos segundos en mi oportunidad y quise cogerla al vuelo.

Y tal vez no me quede embarazada. Si es así, mejor. ¿Cómo le hablaría a mi hijo el día de mañana acerca de su padre? ¿Qué le diría? Pues nada, hijo, que salí un día con unas amigas y me dio la tontería de la maternidad y del reloj biológico, por millonésima vez, y uno en la barra me puso ojitos de cordero y decidí que me lo tiraría. Así, sin aspavientos. Y su semillita fecundó. Y todo lo demás.

¡Si no fuera por lo de “cariño”! ¿Cómo puede ir por ahí llamándole a las  tías “cariño”? ¿Pero de qué película ha salido? ¡Si no me conoce de nada!

No folla mal. Bueno, folla muy bien, la verdad.

Y en realidad no babeaba.

Y tampoco se ve engreído ni arrogante.

Sólo quiero pensarlo para echar balones fuera.

Es más, casi parece que es de esos tipos buena personas y todo eso.

¡Hace tanto tiempo que no tenía un orgasmo! ¡Qué gusto¡

¿Y a él, le habrá gustado? A mí me parece que sí, pero claro, hace tanto que no lo hacía que… Ya no sé qué decir.

Todo estaría perfecto sí…

Y en realidad tampoco me importaría prepararle el desayuno. Tostadas. Zumo. Me pareció ver en la cocina que tenía Nespresso.

Como una pareja normal.

¿Debería decirle que es mentira que me tome anticonceptivos?

Tal vez si no es un mal tipo, igual quiere ser padre. Se conserva bien pero… Se le notan los años. Esas canitas cuarentonas…

Sin compromisos, por supuesto. No tendrá que encargarse de nada.

Sólo que si quiere podrá ver al bebé y luego seguir viéndolo crecer. Y eso.

Podría intentarlo. No sé.

¿No sería lo justo?

Con su edad igual… y dijo que no tenía hijos. Que nunca había estado con una mujer el tiempo suficiente como para planteárselo.

Una oportunidad para los dos.

Estoy hecha un lío. Mejor que lo piense con calma.

¡En que lío me he metido yo solita!

Bueno, lío no. Hace tiempo que deseo ser madre y mi hombre no llega… y…

Pues que no quiero esperar más. Ojalá que me quede embarazada.

Eso es. 

Voy a levantarme despacito y marcharme sin dejar rastro.

Mejor no. Le dejaré una nota.

“No tomo anticonceptivos, Roberto, lo siento, así que es probable que me haya quedado embarazada. Si quieres tener algo que ver con nuestro futuro hijo, llámame. Si no, déjalo correr. No te buscaré, no quiero nada de ti económicamente, no lo necesito. Sólo buscaba un poco de semen pero se me complicaron las emociones. Perdóname.”

Te dejo mi móvil: 656.55.56.56

Laura,

 

la ilustración (igual que las sirenas de la izquierda) es de Terry Taylor

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Hoy me enteré de una noticia que me provocó mucha alegría:
“Leonard Cohen, Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2011”

La voz profunda de Leonard siempre me ha inspirado muchas cosas.
Reconozco que me inflamaba el corazón, sobre todo cuando era más joven.

Cuando me casé [1986, hace mil años]
le pedí a un amigo que me grabase una cassette con sus canciones
para llevármela en el viaje de novios.
Años más tarde me la robaron del coche y sentí mucho su pérdida.
Hoy llevo toda la tarde escuchándolo.
Y por eso quiero dejaron una de sus canciones.

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