miércoles, 18 de febrero de 2009

Las cosas que no se pueden explicar




Photo by: El Porte-Bonheur (Photo net)

Mariana no sabe en qué momento se convirtió en una amante descarada.

Sólo sabe que, poco a poco, empezó a confundir los objetos cotidianos hasta cambiarles por completo el fin para el que habían sido creados. Así la mesa del salón se convirtió en escenario y lecho de amor y el sofá en lugar de culto, adornado con velas multicolores. Con las cortinas se hizo vestidos de noche y con las toallas, mantas para dormir. En la lavadora instaló un volante y con el ruido del centrifugado conseguía imaginar que se iba de viaje a las Antípodas, si era sábado y domingo porque durante la semana se iba a Cornualles. Siempre había querido ir allí desde que había leído una novela de Rosamund Pilcher. Bueno, eso y tener una oveja. Una oveja con una lana muy muy blanca.

Mariana no sabe en qué momento empezó a coleccionar amantes.

Sólo sabe que, poco a poco, fueron llegando cada día a casa, hombres diferentes. La única condición era esa: no repetirlos. Más que nada porque no se pusieran pesados. Porque los hombres (los de antes) eran así, en seguida empezaban a querer poseerte y eso ella no podía soportarlo. Por eso los amaba con fiereza y desespero, a sabiendas de que sería la primera y la última vez. Se dedicaba a ellos como una madre entregada. No dejaba de lamer ni uno sólo de sus rincones. Algunos, asustados de que les chupara el dedo meñique del pie izquierdo, se ponían a llorar. Todavía recuerda ese momento con ternura. Tuvo que hacer un esfuerzo para no ablandarse y decirle al primero que lloró que se quedara para siempre.

Mariana no sabe en qué momento empezó a mutarse en una mujer de verdad.

Sólo recuerda el momento exacto en qué fue a comprar la cuerda a la ferretería. Era lunes. Y llovía. Llovía con resignación. Unas gotas monótonas y transparentes. El dependiente le dio los buenos días pero ella no le contestó. Para qué. Así que se limitó a envolver la cuerda y dársela a Mariana, que educadamente le contestó con un gracias sincero. Después Mariana pagó y salió a la calle. Quería volver a su casa del tirón pero de repente tuvo otra idea. Un último amante más. Haría con él algo que no había hecho nunca. Le dejaría entrever su alma. Si el tipo soportaba la visión Mariana se haría suya para siempre. Pero si el tipo cerraba los ojos Mariana seguiría adelante con su plan. Porque inconscientemente sabía que había un plan, aunque las cosas nunca salieran como una pensaba.

Mariana no sabe en qué momento se fijó en el hombre que vestía gabardina beis.

Sólo recuerda que le llamó la atención porque era el mes de Agosto. Irremediablemente pensó: Es el pervertido de la gabardina. Le diré Hola y el hombre abrirá su gabardina y me enseñará su pene deprimido. Porque aquel tipo tenía que tener un pene deprimido. Sus ojos estaban llorosos y los brazos colgaban a los lados de su cuerpo desgarbado, con parsimonia. Pero no, le dijo Hola y el hombre sonrió. Sus dientes eran blancos y relucientes. Y el aliento le olía a naranja. Toda una sorpresa. Porque en todos sus años como recolectora de amantes nunca había encontrado a ninguno con esas características. La cosa no pintaba bien porque a Mariana aquel tipo le despertaba cosas. Nada concreto, sólo cosas en general. Así que después de dudar unos instantes le invitó a comer a su casa. Comieron una tortilla de patata encima de la cama, cubierta con un mantel de cuadros verdes.

Mariana no sabe en qué momento su mundo se volvió a poner del derecho.

Sólo recuerda una habitación. Blanca. De paredes acolchadas. Y una música dulce. Envolvente. Cálida. Y a un hombre. Un hombre de bata blanca. Con la cabeza rasurada. Y unas manos suaves. Y sus gestos mientras habla. Y su sonrisa. También recuerda un campo, con un banco de madera. Y palabras. Recuerda palabras que se suceden unas a otras como cuentas de un rosario. Y la voz susurrante del hombre que dice su nombre: “Mariana… Mariana, despierta. Ya estás bien”. Ya pasó todo.

Y de la cuerda, ni rastro.



lunes, 16 de febrero de 2009

grAnde, grAnde, grAnde

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te ríes de mí porque, para dormirme,
enrosco los dedos de las manos en una mantita
de cuando Senia era pequeña

y a veces, para hacerme rabiar,
me la escondes, antes de meternos en la cama,
o me la quitas cuando ya hemos apagado la luz 

te burlas como un niño travieso
y yo finjo que me enfado,
aunque sé que hay candidez en tu sonrisa

sabes que eres el único que conoce mi secreto
y eso te hace sentir grande, grande, grande

 

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Foto: Aldabra

domingo, 15 de febrero de 2009

Having a rest






Mis pensamientos se dispersan y no consigo centrarme en el Present Perfect for giving news.


Levanto la vista de los apuntes y mientras mis ojos se van ligeros tras una gaviotas que vuelan distantes, en esta tarde soleada de domingo, recuerdo nuestra última conversación telefónica, hace apenas una hora, y tu voz se cuela por mi ombligo, despertando un deseo dormido.


Esta mesa. Otras tardes.


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Foto: Aldabra



sábado, 14 de febrero de 2009

Congo, hoy quiero decirte que...

¡que tonto eres!

¿te lo has creído?

si tú ya sabes...

que yo no te quiero tanto.

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Foto: Aldabra

¿la reconoces, Congo?

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viernes, 13 de febrero de 2009

La estación de las lluvias

 

 

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La ilustración es de Nicoletta Ceccoli

 

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Julio Llamazares




Fotografía Luís Polo - Julio Llamazares en la charla, ayer - Diario de Ferrol del día de hoy.


Con motivo del 10º aniversario de la muerte de Torrente Ballester, se han programado en Ferrol un ciclo de conferencias que trae a reconocidos escritores, además de especialistas en la obra del autor.


Estos ‘Diálogos Literarios’, celebrados en años anteriores como cursos, pretenden crear un espacio de comunicación e interacción en torno al trabajo del homenajeado, desarrollando temas y claves de su novelística.

Esta actividad es posible gracias a la colaboración entre el Concello de Ferrol, la Asociación Amigos da Universidade do Campus de Ferrol y la Fundación Caixa Galicia

Ayer 12 de febrero, en la Sede de la citada Fundación, tuve el placer de asistir a uno de esos diálogos entre Julio Llamazares y Manuel Candelas (profesor de la Universidad de Vigo.

Julio Llamazares ha sido un gran descubrimiento ya que hasta hace poco de él sólo sabía su nombre. Una amiga con la que comparto afición por la lectura y el arte me habló de su último libro “Las rosas de piedra”, que ya he empezado a leer y a degustar. Todavía voy por la página 70 de un total de 600 pero lo que puedo decir desde ya es que cuando lo leo siento tranquilidad, sosiego, además de que aprendo un sinfín de cosas interesantes.


El viajero, el protagonista del libro (Julio Llamazares), emprendió el viaje de las catedrales en el tiempo y en la geografía cuando empezaba el tercer milenio, viaje que espera acabar algún día después de haber recorrido todas las catedrales de este país (según palabras del autor en el prólogo del libro).


Mientras nos firmaba los ejemplares a mi amiga y a mí, le pregunté a Julio si ya había empezado a escribir la segunda parte y me dijo que sí, que hacía tan sólo unos días que terminara con las catedrales de la Comunidad de Madrid.


En su charla, Julio nos habló a todos los presentes (unas 60 personas) de su infancia en el desaparecido pueblo leonés Vegamián, antes de que el pueblo quedase inundado por el embalse del Porma, del inicio de su vocación literaria, haciendo luego un pequeño itinerario a través de sus libros, haciendo hincapié en los primeros de poesía: “La lentitud de los bueyes” (1070), “Memoria de la nieve” (1982), y en los de narrativa más conocidos como: “Luna de lobos” (1985), “La lluvia amarilla” (1988), “Escenas del cine mudo” (1994) y “El cielo de Madrid” (2005).


También nos habló Julio, respondiendo a una pregunta de una mujer del público, de su visión acerca del periodismo actual, que me pareció acertada con lo que muchos pensamos. Su opinión es que el periodismo tiende a hacerse subjetivo, ya que alega que la verdad objetiva no existe puesto que 3 personas o más visionan un hecho y las 3 lo contarán o lo vivirán de diferente modo. Así pues las noticias serán versiones individuales del periodista o el informador en cuestión y así es como deberemos leerlas y luego sacar nuestras propias conclusiones, sin tomar absolutamente por certero lo que esa persona nos está contando en tal o cual periódico.


Y con esta argumentación se dio por terminada la charla, provechosa, amena y hasta divertida en algunos momentos.


miércoles, 11 de febrero de 2009

No sé qué título ponerle a esta carta

 

 

 

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"Virginidad" . Foto de memo.michel - Flickr

En el Norte
29-10-05

 

Querido Congo:

 

Llevo un montón de tiempo en la cama intentando conciliar de nuevo el sueño que ya no vendrá. Y es que todos los fines de semana sucede lo mismo: el ruído de los vecinos de abajo me sobresalta al amanecer y ya no hay forma de volver a cerrar los ojos. Siempre me digo que un día les voy a llamar la atención a este respecto pero al final me freno y me muerdo la lengua. Se me hace violento. Ya deben de saber que ponerse a gritar a horas intempestivas es molesto. Sigue habiendo gente, por desgracia, que no piensa en los demás y vive igual que si lo hiciese en un descampado.

Sumida en este nerviosismo mañanero que se me produce recupero algunos de mis delirios oníricos. Y digo, delirio, porque menuda semanita que llevo. Tengo que decir algo parecido a lo que dice el niño del “Sexto Sentido”: A veces sueño con muertos. Esta noche fue mi amiga de la infancia. No sé porqué su muerte causó en mí un impacto emocional tan grande. Hacía muchos años ya que no manteníamos contacto. Pero a pesar de eso, su recuerdo me persigue constantemente.

Nos conocimos en 5º de EGB. Ni siquiera existe ya ese plan de estudios. Y fuimos inseparables hasta su segundo año de Universidad. ¡Tantos secretos! Fue la primera en saber que había perdido la virginidad. Aparte del interesado, claro está. Aunque pensándolo bien al “canalla” en cuestión, que en gloria esté, mi virginidad le importaba una mierda, como quedó demostrado. No lo digo por decir.

Ahora que ya soy mayor puedo decir gritando a los cuatro vientos que odio la palabra virginidad. La odio. Reivindico que la saquen del diccionario. Que la borren de nuestras conciencias. Es que los hombres lo tienen mucho más claro. Imaginemos la escena. Dos amigos que se reúnen. Empiezan a hablar de sus cosas: la ropa de temporada, los kilos de más, la última exclusiva de la Panto... hasta que en un momento dado uno le suelta al otro:

- Y qué tío, ¿ya te la has tirado?

Jamás he oído decir a un hombre: Y tú, ¿has perdido ya la virginidad? Si dejamos la hipocresía a un lado la mayoría de los hombres, que no digo todos los hombres, Congo, a las mujeres: se las tiran, se las pasan por el aro, se las meriendan, se las cepillan… se las… Y ya está, dejo este tema que no me lleva a ningún sitio a estas alturas de mi vida. Pero claro, tengo una hija.Yo para Senia pido que llegado ese momento no lo pase tan mal como yo. Espero que tenga la suerte de toparse con un hombre que sepa tratarla como cualquier mujer se merece. Los padres tenemos que hacer mucho al respecto con la educación que damos a nuestros hijos. Es el pilar fundamental para que algunas cosas mejoren.

Vaya perorata que te he soltado sin pensar, Congo. Se me ha ido la olla y el tiempo. Tengo que levantarme a toda prisa para ir a comprar el pescado. Después hay unas colas enormes.

Acaba de sonar el despertador. Te dejo. Es la hora.

Ah!, me olvidaba de enviarte besos. Los de hoy son de cuadros, como tus zapatillas.

P.D.: ¿Por qué no te habré conocido antes, Congo? Al principio.

 

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Pues como dije al principio no sé cómo titular esta carta.
¿Os animáis y me proponéis un título?

Se ofrece recompensa.
Gracias anticipadas, Aldabra


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lunes, 9 de febrero de 2009

El día en que lo quiso de los piés a la cabeza

 

 

amantes 24

Una vez le había robado una tarde a la semana para convertirla en la primera del año de ocho días.

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Esa misma noche, soñando, aprendió a multiplicar las horas por cinco ballenas. Todas en total sumaban treinta y ocho.

rumor de llanto

Un fenómeno así no ocurría desde hace siglos por eso sus ojos derramaron lágrimas que cayeron como cristales rotos mientras los susurros del viento llegaban hasta la boca de su estómago para luego hacerle cosquillas en los piés que se deslizaban sobre musgo frondoso y mullido.

 el viaje secreto de la mirada
Los dibujos de las sábanas, cuadrados de color rojo, naranja y azul, revoletaban a la altura de sus ojos chocándose sin querer, al colocarse de nuevo en sus lugares de origen.

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Y la risa siguió al llanto ante tanto desconcierto de imágenes descontroladas que no lograba identificar.

  una lágrima furtiva

Despertó desnuda. Empapada en sudor frío.

El elegido le musitó suavemente: “Se te hace tarde. Has de irte ya. Te esperan en casa.”

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Se pintó los labios en el espejo del ascensor.

incertidumbre

En el portal encendió un cigarrillo para quemar los últimos instantes que todavía se negaban a abandonarla y salió a la calle dejando atrás un montón de palabras prohibidas.

y es tan fragil

 

Todas las imágenes son de Nicoletta Tomas.

 

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sábado, 7 de febrero de 2009

Los amantes




"Los amantes" - René Magritte - 1928


Anoche soñé con Congo.

Congo llegaba hasta mi cama
y me tocaba la cara con sus manos frías,
para despertarme,
mientras me susurraba al oído que había vuelto,
para llevarme con él a la isla donde las ranas bailan el hula-hop.

Con mis brazos atraía a Congo
hacia mi cuerpo,
sin abrir todavía los ojos.
También yo quería susurrarle
cuanto lo había echado de menos,
cuanto tiempo llevaba esperándolo.

Y Congo,
el Congo que a mí me gusta,
empezaba a acariciar mi cuerpo ,
desnudo cálido, entre las sábanas,
y me besaba,
me llenaba de besos
pequeños húmedos,
por el cuello
por los hombros
por los brazos
en los pezones
por mi vientre
en el ombligo…
y me lamía,
como se lame un perro herido,
y me abrazaba
y me quería.

Congo me quería
y entraba en mí,
despacio lento
para llevarme a esa isla donde las ranas bailan el hula-hop
y los días tristes siempre son azules
y se movía,
se movía dentro de mí
despacio lento
y yo pedía,
le pedía a Congo,
lo agarraba fuerte con mis manos,
le clavaba las uñas en los brazos,
y se movía
y me lamía
y me quería.

Congo me quería.



jueves, 5 de febrero de 2009

Las naranjas


Me gusta el olor de las naranjas recién peladas. Si lo imagino se me espiga la piel y siento en la boca ese característico sabor entre dulce y amargo.
Ven, Congo, vayamos a comprarlas.

Comeremos una sentados en un banco del parque. Hoy hace sol. Dejaremos que su jugo refresque nuestros cuerpos, como un chapuzón en el mar una tarde de verano. Compartiremos cada gajo. Los iré metiendo uno a uno en tu boca como si fueses un niño pequeño y goloso, querrás morderme hasta la yema de los dedos. Dejaré que lo hagas mientras estrujas los gajos contra mi mano y el zumo resbala veloz por el brazo dejando surcos en la piel.Terminaremos de comer la naranja con los sentidos inundados.
Con mis manos húmedas, acercaré tu cara para besarte y tú pondrás un dedo en mis labios y dirás: Espera.

Me cogerás de la mano y me llevarás corriendo detrás de un árbol. Me apoyarás sobre su tronco y buscarás mi boca con ansia.

Y me susurrarás: Sabes a Naranja.

"Naranjas y limones" - 1928. Julio Romero de Torres

En la primavera de 1928 Romero de Torres no se encuentra bien de salud y, creyendo que es debido al cansancio, deja de pintar. Para distraerse, sale a pasear muchas tardes, pero su salud no mejora. Se pone en manos de los médicos, diagnosticándosele una grave dolencia hepática, posiblemente cirrosis, debido a su afición a la bebida. Entre las obras realizadas este año destaca Naranjas y limones, una peculiar representación del tradicional bodegón. Frente al frío bodegón de frutas y flores, Romero nos presenta una representación mixta de figura humana y naturaleza muerta. La modelo profesional de origen francés Asunción Boue aparece con el torso desnudo, sosteniendo entre sus manos y su pecho unas naranjas, formando parte así la fruta del protagonismo de la composición. Los limones que dan título a la obra serían los pechos de la mujer. De esta manera, el maestro representa el erotismo femenino, insinuante, con las frutas tapándose o tratando de taparse el pecho, sugiriendo más que mostrando...