jueves, 5 de marzo de 2009

Capítulo VIII - El Quijote (Versión actualizada)

Si D. Miguel de Cervantes Cortinas, conocido como Miguel de Cervantes Saavedra, hubiese vivido en esta época y por estas tierras y estos mares, sin duda el Capítulo VIII de El Ingenioso Hidalgo D. Quijote de La Mancha , podría haber sido como sigue:

(Los cambios incorporados están en este color.)

DEL BUEN SUCESO QUE EL VALEROSO DON QUIJOTE TUVO EN LA ESPANTABLE Y JAMÁS IMAGINADA AVENTURA DE LAS GRÚAS, CON OTROS SUCESOS DIGNOS DE FELICE RECORDACIÓN.

 

Culto al sol

"En esto, descubrieron treinta o cuarenta grúas que hay en aquel campo; y, así como don Quijote las vio, dijo a su escudero:

-La ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear, porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta, o pocos más, desaforados gigantes, con quien pienso hacer batalla y quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer; que ésta es buena guerra, y es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra.

-¿Qué gigantes? -dijo Sancho Panza.

-Aquellos que allí ves -respondió su amo- de los brazos largos, que los suelen tener algunos de casi dos leguas.

-Mire vuestra merced -respondió Sancho- que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino grúas, y lo que en ellos parecen brazos son los ejes, que, volteadas del viento, hacen andar los barcos de guerra.

-Bien parece -respondió don Quijote- que no estás cursado en esto de las aventuras: ellos son gigantes; y si tienes miedo, quítate de ahí, y ponte en oración en el espacio que yo voy a entrar con ellos en fiera y desigual batalla.

Y, diciendo esto, dio de espuelas a su caballo Rocinante, sin atender a las voces que su escudero Sancho le daba, advirtiéndole que, sin duda alguna, eran grúas, y no gigantes, aquellos que iba a acometer. Pero él iba tan puesto en que eran gigantes, que ni oía las voces de su escudero Sancho ni echaba de ver, aunque estaba ya bien cerca, lo que eran; antes, iba diciendo en voces altas:

-Non fuyades, cobardes y viles criaturas, que un solo caballero es el que os acomete..."

 

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La fotografía es de Luis Lorenzo y está sacada desde Caranza, estos días que tuvimos de buen tiempo. 
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Si queréis incorporaros a la lectura colectiva de El Quijote que se realiza todos los jueves, en el blog La Acequia, de Pedro Ojeda Escudero, pinchar aquí.
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miércoles, 4 de marzo de 2009

Confidencias

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Photo by  Justin Grant - Photo.net

 

- Sabes qué?

- No, pero presiento que me lo vas a contar.

- Tengo un lunar que creo que te gustará conocer.

- Bueno, tendré que verlo primero.

- De veras quieres que te lo enseñe?

- Pues claro, ahora me pica la curiosidad.

- Es que me da vergüenza.

- Por qué tonta?

- Porque está en un sitio un poco indiscreto.

- No olvides que más tarde o más temprano  voy a vértelo todo.

- Si te pones tan creído  igual no te lo enseño.

- Antes te mueres. Es más, creo que dentro de breves minutos vas a rogarme que te mire ese lunar. Asi que, venga... Si no, no haber empezado con el juego.

- Eres un demonio.

- Lo sé, pero te encanta. Y además, ahora no estamos hablando de mí sino de ti.

- Vale, allá voy. ¿Lo ves?

- Qué si lo veo?... Claro que lo veo.

- Y qué te parece?

- Es... es...  Está en el sitio perfecto. Me gustaría comérmelo. ¿Me dejas?

- Bueno, si  no me va a doler...

- Doler? Te va a encantar. Después de que te coma este lunar, vas a pedirme que siga con el resto hasta que te los coma todos.

- Podría ser... Ya hablaremos... Si te portas bien con éste pues...

 

 

martes, 3 de marzo de 2009

"Fallin"

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Foto: Jesús de Blas - Flickr

 

en los últimos espasmos,
hundo mi cara en el cuello de Congo,
con los ojos fuertemente cerrados,
retengo las lágrimas del miedo,
y me dejo caer por el túnel
para nacer una vez más.

 

domingo, 1 de marzo de 2009

El "Obradoiro literario", celebrado en Sargadelos el viernes 28.02.09.

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En la sala Sargadelos de Ferrol donde se celebró el Obradoiro Literario, que habitualmente se celebra en la casa de la Cultura del Concello de Fene, se está albergando estos días los poemas visuales de Igor Lugris,

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y la exposición fotográfica "Os veos da paixase" de Eduardo Estévez, con el mismo título que el libro que presentó el viernes (parte de las fotografías expuestas forman parte de la edición del libro).

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A Eduardo lo acompañaba para la presentación, su editor, Antonio Piñeiro que desde el verano del 2004, lleva a cabo la iniciativa editorial independiente Edicións Bourel, en la que el libro como objeto en si mismo cobra una importancia especial porque los volúmenes se elaboran de manera artesanal. Piñeiro tuvo el primer reconocimiento a su obra en el certamen del Centro Gallego O Penedo.

En la tarde del viernes, durante el acto, quedó expuesta al público una muestra de todos los libros que en la Colección Bourel se produjeron hasta el momento, amén de complementos, grabados y manuscritos

Antonio Piñeiro, que ejerce como profesor de historia en el Instituto Coroso de Ribeira, ha conseguido hasta la fecha diversos premios por sus trabajos literarios. Tiene publicadas numerosas obras.

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La obra que lleva por título Pequeno, es un volumen prospectivo que incluye doce relatos con siete dibujos del propio autor. En cada uno de los 148 ejemplares que se editaron hay ilustraciones diferentes, por lo que el total de dibujos asciende a 1.036, los cuales fueron reproducidos uno por uno a mano por Piñeiro. Son idénticos en el fondo e intencionalidad, pero singulares en el gesto y el trazo.

La temática y el tono de los cuentos que se incluyen en esta publicación son diversos, y aunque aparentemente no tienen relación, están unidos por el enfoque de las fragilidades humanas, de donde le viene una parte del título, según sus propias palabras.

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Una de las razones que llevaron a Piñeiro a desarrollar el proyecto editorial fue el carácter minoritario de la lectura poética. También le influyeron todas las manifestaciones que se están haciendo sobre los problemas por los que atraviesa el libro. Subrayó que la última de ellas es el pronóstico de Bill Gates sobre la desaparición de estas publicaciones en un plazo inminente. Piñeiro se suma así a los movimientos de resistencia a ese proceso, no para competir con lo que existe, sino como una alternativa.

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Piñeiro intenta revalorizar el libro impreso a través de una vuelta a lo artesanal, combinando la producción de series cortas con el hecho de que cada ejemplar tenga algo distinto que lo haga único.

Los propios autores tendrán que ver directamente con el proceso de materialización y, en el caso del editor, con la elaboración manual e individualizada de cada ejemplar. También recurrirán a la búsqueda de las calidades materiales y de la cualificación de cada libro y unirla a la creatividad artística en cada caso. En este sentido, tiene previsto hacer del uso de distintos materiales una seña de identidad de la colección.

La serie es una oportunidad de publicación para Piñeiro y otros autores que tienen dificultades para encontrar su hueco en el mundo editorial. Su carácter es experimental y ensayístico, pues su fin no es el comercial, sino la búsqueda de posibilidades estéticas y literarias.

 

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Antonio Piñeiro fue premiado el año pasdo por su obra "Seno de arena", ganadora del Primer Certamen Nacional Ibn Hazam de Poesía, organizado por la Universidad de Huelva y el Ayuntamiento de Gibraleón.

Bourel tiene en estos momentos en elaboración otros tres títulos, entre ellos, una obra combinada de artistas plásticos, músicos y poetas que se titula "As voces da musa".

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A continuación de la charla de Antonio Piñeiro, Eduardo nos presentó su libro. El de la izquierda es el ejemplar que adquirí. Todos los libros son diferentes.

Esta edición se compone de ochenta ejemplares cosidos y montados a mano, cada uno de los cuales lleva cinco fotografías originales.

"a paisaxe ocúltase
detrás da vaga néboa

a paisaxe ten sete veos
e no fondo
núa
aniña a memoria"

"El paisaje se oculta detrás de la vaga niebla. El pasiaje tiene siete velos y en el fondo, desnuda, anida la memoria."

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Eduardo es el de la izquierda y Antonio el de la derecha.

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A continuación hicimos un ejercicio de escritura. Eduardo nos ofreció unas postales con unas pequeñas fotos para que escribiésemos lo que nos sugiriese la visión pero sólo en tres versos, una especie de haiku.

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Esta fue la postal que yo escogí y lo que escribí en ella:

sé que estás ahí
detrás del azul noche
y me desnudo.

recorte

Y con la firma de Eduardo de ejemplares de "Os veos da paisaxe" dimos fin a charla, a la sesión de obradoiro y a la presentación.

Entre los asistentes se encontraban: Dulce Mª López Rivera, autora del libro de poemas "A sombra das queirogas" y mis compañeras Bambú Blanco y Hadarosaura. Todos disfrutamos mucho.

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Parte de la información de este post está sacada de diferentes fuentes de la la red: La Voz de Galicia, Wikipedia...

Las fotografías las hice yo.

 

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sábado, 28 de febrero de 2009

Hoy he vuelto a pensar en ti

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Foto: smarlo - Flickr

Cando maxino que es ida,
no mesmo sol te me amostras,
i eres a estrela que brila,
i eres o vento que zoa
.”

Rosalía de Castro

Tiña o recordo cravado moi profundo, doente como unha coitelada no medio do peito. Estaba agochado nos buratos mais pequenos do seu corpo, suíño, á espreita. E non podía domealo. Cando lle petaba xurdía de súpeto para pegarlle lategazos no lombo, contraerlle a boca do estómago ou retorcerlle a gorxa ata casi afogar.

E foi ese mesmo recordo o que a obrigara esa mañá a erguerse moi cedo da cama. Espertouna sen piedade, dirixindo os seus pasos por toda a casa, ata o caixón do moble da sala, sen poder vencer o impulso que a levaba, unha e outra vez, a coller aquel xornal vello e volver a ver na foto, a proba evidente de que xa non voltaría xamais: a pequena zapatilla dourada no medio dos toxos:

Os restos do naufraxio nunha estrada comarcal.

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Tenía el recuerdo clavado muy hondo, doliente como una cuchillada en el medio del pecho. Estaba escondido en los rincones más pequeños de su cuerpo, ruín, a la espera. Y no podía dominarlo. Cuando le entraba en gana surgía de repente para pegarle latigazos en la espalda, contraerle la boca del estómago o retorcerle el cuello hasta casi ahogarla.

Y fue ese mismo recuerdo quien la obligara esa mañana a levantarse muy temprano de la cama. La despertó sin piedad, dirigiendo sus pasos por toda la casa, hasta el cajón del mueble de la sala, sin poder vencer el impulso que la llevaba, una y otra vez, a coger aquel periódico viejo y volver a ver en la foto, la prueba evidente de que ya no volvería jamás: la pequeña zapatilla dorada en el medio de los tojos

Los restos del naufragio en una carretera comarcal. 

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La canción que he dejado le gustaba mucho a Quela. Ella la descubrió para Senia y para mi.

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jueves, 26 de febrero de 2009

Las cosas que no se pueden contar




Photo by: El Porte-Bonheur (Photo net)


Eliana caminaba de regreso a casa, al anochecer, cuando se vio sorprendida por unos caballeros oscuros y de mirada torva. Venían de frente cogidos de la mano pero no tenían pinta de ser pareja. Raro. No había oído nunca a nadie algo semejante. Y menos en aquel pueblucho de mala muerte en el que vivía. Así que como correspondía a la situación se quedó perpleja. Por unos segundos no supo si continuar o darse la vuelta y salir del callejón rumbo a la avenida principal, que si bien era un camino más largo, ofrecía más seguridad.


Pero a Eliana le gustaba el riesgo. Había sido así desde pequeña. Su madre decía que era rebelde pero ella sabía que eso no era del todo cierto. El riesgo y la rebeldía podían ser parientes cercanos pero a veces no tenian nada que ver. Claro que a ver quién era la guapa que le discutía a su madre. Ella no sería desde luego. Le gustaba el riesgo pero no era tonta. Y con su madre tenía todas las de perder. Menos mal que hacía un par de años ya, que se había ido a vivir Benidorm. A un apartamento soleado.


Eliana siguió caminando y se puso a silbar. Siempre había oído que silbar calmaba los nervios. No lo hacía demasiado bien pero sería más que suficiente para la ocasión. Claro que la única canción que se le ocurrió fue aquella de misa: "Juntos como hermanos, miembros de una iglesia, vamos caminanado, al encuentro del señor". Normal después de todo. Porque esa canción fue la única de misa que consiguió aprenderse mientras se preparaba para la primera Comunión, que al final no llegó a hacer. Por miedo.


Pero al llegar a la altura de los caballeros oscuros y de mirada torva, le entró la carraspera. Y se atragantó fuertemente. Los tipos le dijeron: "Buenas noches", Uno y "¿Te damos un golpecito en la espalda", el Otro. Eliana se conmovió tanto por el gesto que se le pasó la carraspera de golpe y pensó inmediatamente en besarles pero como le pareció demasiado atrevido pues no los conocía de nada, se lo hizo saber primero: "Ese gesto se merece un beso, ¿puedo?". Los dos al unísono dijeron: "Somos tuyos".


Eliana vió el cielo abierto. La frase ésta le parecía una tontería pero tanto la había oído de pequeña, en boca de su abuelo materno, que terminó por decirla continuamente para sí misma. Así que se metió en medio de los dos caballeros que ahora ya no parecían tan oscuros y de mirada tan torva y les cascó un beso en la boca. El Uno dijo: "Uhmmmm!" y el Otro, que parecía mucho más expresivo por el lunar que tenía en la frente, dijo: "¡Caray! A lo que Eliana respondió: "Jobas, que fuerte!


Y así, cogidos los tres del gancho decidieron irse de copas o lo que surgiera. Que para eso era la noche. Para disfrutarla. A fin de cuentas a Eliana sólo la esperaba en casa un gato viejo. De angora, eso sí. Y lavado con Perlán, todas las semanas, sin faltar una. Mucho mejor la compañía de aquellos dos hombres claros y de mirada azul como el mar. Porque ahora ya los veía de otro modo. Es más empezaba a tener fantasías. Bueno, para ser sincera consigo misma se los estaba imaginando… Era su secreto. Siempre había soñado con hacer un trío.


La rebeldía es lo que tiene.



miércoles, 25 de febrero de 2009

as voces da casa

obradoiro

Para visitar el blog pincha aquí

El Viernes 27 de febrero, a las 17:30 horas, en la Galería Sargadelos de Ferrol (C/ Rubalcava 30-32, Ferrol) tendrá lugar la sesión del “obradoiro“ semanal que se celebra habitualmente en la casa de la Cultura del Ayuntamiento de Fene. Este viernes la sesión será abierta para todas las personas que quieran asistir, y a continuación tendrá lugar la presentación de la edición en papel d'os veos da paisaxe (Eduardo Estévez), en la edición que hizo Antonio Piñeiro en Bourel.

El editor estará presente para contarnos como es este asunto de hacer ediciones artesanales, habrá un pequeño recital poético y los asistentes que deseen podrán participar de un pequeño ejercicio de escrita poética a partir de las fotografías de la exposición.

En la galería Sargadelos de Ferrol se puede ver también, la exposición "os veos da paisaxe" de Eduardo Estévez. Las imágenes del proyecto fotográfico nacieron en 2004 durante una serie de viajes periódicas que realizó el escritor por el Ayuntamiento de Xermade (aún que después siguió desenvolviéndose por otros espacios de Galicia).

Eduardo Estévez nació en Buenos Aires donde residió hasta 1990. A la edad de 16 anos empieza a frecuentar el taller literario del periodista e escritor Daniel Arias. En 1990 publica su primer libro de poemas. Ese mismo año se traslada a Caracas, Venezuela.

Participa do taller literario do Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, coordinado polo poeta Harry Almela.

En 1994 ve la luz su segundo título, fruto de su primer encuentro con la poesía en gallego.

En 1995 se traslada a Galicia instalándose en la zona de Santiago de Compostela. Comienza a frecuentar actos literarios y traba relación con varios poetas de las nuevas generaciones.

Inicia su producción en gallego que ve la luz por vez primera en 1998.

Además coordina talleres literarios en centros educativos y bibliotecas municipales a lo longo de la geografía gallega y participa en la fundación de dos editoriales: Letras de Cal y Retagarda Edicións.

Colabora también en publicaciones periódicas y es responsable de algunos blogs sobre temas literarios y de actualidad.

Desde 2006 reside en A Coruña.

A súa obra

  • Catedrales de perfil
  • Ya tan deshabitado
  • só paxaros saíron desta boca (Accésit del Premio Miguel González Garcés 1997 - A Coruña, Diputación provincial, 1998)
  • lúa gris (Finalista del premio Tivoli Europa - Vigo, Edicións Xerais 1999)
  • os veos da paisaxe (Retagarda Edicións, 2001, Edicións Bourel, 2009)
  • caderno apócrifo da pequena defunta (XV Premio de Poesía Eusebio Lorenzo Baleirón 2002 - Sada-A Coruña)
  • derrotas (VI Premio de poesía Ayuntamiento de Carral, A Coruña 2004)
  • Postais (texto escrito en colaboración con Caro Erlich) (edición web, 2005, en luagris.net)
  • mapas para describir a ausencia (edición web, 2005, en luagris.net)
  • itinerarios (antología coral de textos de Eduardo Estévez realizada por Estevo Creus, Marta Dacosta, Celso Fernández Sanmartín, María Lado, María do Cebreiro, Antía Otero, Baldo Ramos, Rafa Villar e o propio autor- Santiago de Compostela, El Correo Gallego-Ayuntameinto de Santiago-Asociación de Escritores en Lingua Galega, 2005)
  • en construcción (proceso de producción publicado en la web, 2006, en en construción e luagris.net)
  • construcións (Edicións Positivas, 2008).

martes, 24 de febrero de 2009

Confusión

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"Confusión" - Ángel M - flickr

 

¿Os ha pasado alguna vez?

¿Alguna vez habéis tomado tanto zumo de pera, como para estar hablando con alguien pensando en que era otra persona y no os habéis dado cuenta de ello hasta que pasaron varias horas?

Pues eso, justamente, es lo que me ha pasado a mí esta mañana. Todavía no he salido de mi asombro ¿Pero cómo puedo estar tan "empanada"?

Resulta que esta mañana, como estamos en Carnaval, salimos antes de la oficina, cosa que aproveché para pasar por el gimnasio antes de regresar a casa. Hice mi media hora de ejercicio y a continuación me metí en la ducha. Cuando salí vi una cara conocida. No sé dónde estaba mientras me estuve desvistiendo porque no había reparado en ella. El caso es que... lo típico:

- Cuanto tiempo hace que no te veía.

- Sí, bastante.

- Te estaba mirando ahora y se me hizo una cara conocida y...

- A mí también me estaba pasando lo mismo

- ¿Así que también estás en el Curves?

- Pues sí, desde marzo. Vengo siempre por las mañanas mientras mi madre se queda con el niño.

- ¿Ya no trabajas? (Primera confusión)

- No, mientras el niño es pequeño quiero estar con él.

- ¿Has tenido otro niño? (Segunda confusión)

- No, es el primero.

- Anda, juraría que ya tenías un niño mayor (Tercera confusión)

- No, sólo tiene 18 meses.

- ...

- ...

- ...

- ...

Todavía hablamos un ratito más. No recuerdo exactamente de qué. Y yo, sin caer del guindo.

Hasta que esta tarde, No sé qué andaba haciendo por casa, cuando caí en la cuenta de quien era la mujer con la que estuve hablando en el gimnasio. Desde luego no era la persona con la que creí estar hablando. Me quedó claro. Aunque a decir verdad tengo tengo una pequeña disculpa porque las dos son peluqueras, tienen el pelo rizo... son morenas...

En fin... ésto no me pasaba con 45 años. Ya sabía yo que los 46 se me iban a notar.

Cuando se lo cuente a Congo se va a morir de risa y de Senia, ya ni hablemos.

Estoy consternada.

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lunes, 23 de febrero de 2009

Trato de no pensar en nada

 

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Pincha aquí para escuchar una canción de la película: You needed  me

 

Me gusta como entra la luz del sol del atardecer por la ventana del dormitorio. Desde una esquina de la habitación sentada en la butaca me arrullo con el calor que se cuela por los cristales y la música relajante que llega desde la sala.

Trato de no pensar en nada.

Miro a las casas, los tejados, las antenas de televisión, las torretas de luz del aparcamiento del Centro Comercial, hasta llegar a la línea del horizonte. Allí, está el verde, oscuro por la distancia y unas nubes que asoman tímidas por encima de los pinos. Y envolviéndolo todo como si la tierra fuera un gran regalo, el cielo despejado. Esta tarde de un azul intenso.

Trato de no pensar en nada.
Tarea imposible.

A pesar de que hoy mi cabeza está un poco aturdida pienso en cuanto me gustaría emprender un viaje. Sin rumbo. Hacia cualquier lugar. Solas. Como en la película "Thelma y Louise". Tan sólo vivir unos días sin saber que sucederá mañana, sin tener nada programado. Tú quieres ver Salamanca, me lo has dicho y yo quiero conocer este pueblo de La Mancha donde hay tantos molinos. Nunca recuerdo su nombre, ¡que cabeza la mía! Podríamos hacerlo esta Semana Santa. Olvidarnos de los problemas y partir. "Es la hora de partir. ¡Oh abandonado!", como decía Neruda en su canción desesperada. Se me vino a ahora a la cabeza.

Trato de no pensar en nada.
Tarea imposible.
Miro el reloj.

Mi tiempo de relax se acaba. Pronto volverás del colegio y he de prepararte el bocadillo y el zumo de frutas natural: una naranja, una pera, una manzana. Me encanta mirarte cuando lo saboreas. Ver como te queda un bigote de espuma.

Trato de no pensar en nada.
Tarea imposible.
Miro el reloj.
Comienzo a desperezarme.

Cerraré la cortina y dejaré que el mundo afuera siga de largo. Oigo el ruido del ascensor en el rellano. Ya estás llamando a la puerta.

 

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Este texto lo escribí hace ya algunos años mientras esperaba que Senia volviese del colegio. Parece que fue ayer y ya pronto va a cumplir 18.

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viernes, 20 de febrero de 2009

A la sombra de un gigante

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Faro Punta Frouxeira - flpazos - Flickr

 

Al despertarse aquella mañana como tantas otras se sintieron invadidos por un deseo urgente. Y sin prisa, pues era domingo, hicieron el amor. Un hecho intrascendente si no fuera porque a veces el destino juega malas pasadas.

- ¡Mierda! No puede ser.

- ¿Qué es lo que no puede ser?

- Mira. No está.

- ¡Oh, mierda! No, por favor. Voy a buscarlo.

- Venga, no te pongas nerviosa ¿Quieres que lo intente yo?

- No, espera.

- Vale, relájate. No pasa nada. No te preocupes.

- Es que no puedo. No lo encuentro.

- Deja que pruebe yo. Tiene que estar.

- Inténtalo tú. Es mejor.

- Ya está ¿ves? Ha habido suerte.

- Menos mal. Es un alivio. No es el final que esperábamos pero nada es perfecto .¡Mierda! ¡Mierda!

- Ven, dame un abrazo. Son cosas que pasan y además tienen solución.

- Ya, pero…

- Venga, vamos a vestirnos. Y no le des más vueltas.

Blanca se duchó rápidamente y Guillermo hizo otro tanto. Apenas se dirigieron la palabra al cruzarse en los trayectos al baño, a la habitación, a la cocina… Casi terminaron al unísono. Iban ya a salir por la puerta cuando a Blanca, por efecto del nerviosismo casi seguro, le entraron ganas de ir al baño.

- Lo siento, tengo que hacer un pis.

- Bueno, sacaré el coche del garaje mientras tanto. Te recojo ya fuera.

- Son dos minutos.

- No hay prisa, no seas tonta.

Nada más cerrar la puerta Blanca se echó a llorar unas cuantas lágrimas. Tampoco podía permitirse más. No era el momento. Hizo pis lo más rápido que pudo y bajó por las escaleras para no tener que esperar al ascensor. Guillermo ya estaba en frente al portal con la puerta del coche semiabierta. Al entrar Blanca al coche le preguntó:

- ¿Estás bien, cariño?

- Sí. Supongo que sí.

- No puedes mentirme. Has llorado.

- Sólo un poco, de verdad. No pude evitarlo.

- Entiendo como te sientes.

- Anda, vamos que el tiempo se echa encima.

Guillermo arrancó el coche y se incorporó a la vía sin problemas. Los domingos siempre había poco tráfico por la zona. Predominantemente era un área comercial así que apenas circulaban coches.

- Escucha, deja que hable yo ¿vale? Ya verás como no nos ponen problemas.

- Cruzo los dedos para que no nos toque un quisquilloso. Si se niegan a darme las pastillas tendré que esperar a mañana y habrá más peligro.

- Mujer, seguro que ponen pegas a los jóvenes pero a nosotros…

- Ya.

- Son cosas que pasan. Y seguro que es más habitual de lo que nos pensamos.

- Bueno, tienes razón. Habla tú. Siempre acabo enredándolo todo y más cuando no puedo pensar con claridad.

- Ya llegamos.

Aparcaron un poco más adelante de donde estaba situada la rampa de acceso y bajaron del coche. Guillermo cerró y se apresuró a coger de la mano a Blanca. Entraron al ambulatorio y el celador de guardia los atendió enseguida. Pasaron a la Sala de espera. No había nadie esperando.

Desde la consulta que estaba situada en el pasillo se oyó:

- El siguiente, por favor.

Guillermo le dijo a Blanca:

- Vamos.

Entraron para ser recibidos por un médico de mediana edad con gesto agradable:

- Buenos días. Siéntense, por favor.

- Gracias – respondieron Blanca y Guillermo al unísono.

- Bien, ustedes dirán.

- Verá. Esta mañana mi mujer y yo hemos mantenido relaciones y… Nos ha pasado algo con el preservativo. Se le ha quedado dentro aunque conseguimos sacarlo. Es un poco embarazoso a nuestra edad pero así ha sido –dijo Guillermo azorado.

- No se preocupen. Tendrá que tomarse unas pastillas que le voy a recetar .

- ¿Les ha sucedido alguna que otra vez?

- No, es la primera –dijo Blanca

- Bien. Entonces les explicaré como deben administrarse. Son dos pastillas. La primera debe tomarse lo más pronto posible desde el momento de haber mantenido la relación y la segunda a las doce horas. Si vomita o tiene diarrea vuelven por aquí. Tendría que empezar de nuevo el proceso ¿Es alérgica a algo?

- No.

- Pues entonces, tranquila que todo irá bien. No obstante, debe visitar a su ginecólogo. Tal vez sería conveniente que empleasen otro método de anticoncepción.

- Estamos en ello – siguió diciendo Blanca.

- Pues yo ya he terminado -dijo el médico con ademán de empezar a levantarse para despedirse.

- Gracias –respondieron los dos.

- ¿Me pueden avisar por favor al siguiente?

- Sí.

- Hasta luego.

- Hasta luego.

Guillermo se acercó a la Sala de Espera para avisar al próximo paciente que en este caso era una pareja jovencita. Y dejaron el ambulatorio. Mientras caminaban por la acera para ir a una cafetería cercana Guillermo agarró a Blanca por los hombros y le dijo, al mismo tiempo que la besaba en la frente:

- ¿Ves? Ya te decía yo que no íbamos a tener problemas.

- Tengo hambre –dijo Blanca cambiando de tema.

- Y yo.

- La ansiedad siempre me aviva las ganas de comer.

- Pues vamos a ello.

- Por cierto, no me había dado cuenta de que lloviznaba.

- Hoy empieza el otoño ¿recuerdas?

- Es verdad. Se me había pasado por completo.

La puerta de la cafetería estaba abierta. Como era temprano todavía no había mucha gente desayunando. El local siempre estaba bastante concurrido porque gozaba de un prestigio más que merecido por los dulces y tartas que servía. Todo tenía una pinta extraordinaria. Pena que aquél día no fuesen a degustar tales delicias como correspondía.

Se sentaron en la mesa del fondo y pidieron el desayuno al camarero que estaba en la barra:

- ¿Qué van a tomar?

- Para mí un Cola Cao con tostadas –dijo Blanca.

- Y para mí un café cortado con un croissant –dijo Guillermo.

Blanca estaba algo nerviosa y no podía parar quieta:

- Voy a coger el periódico.

- Ya me levanto yo, deja.

- Así podremos mirar la Farmacia de Guardia.

- Blanca, desayuna como si no pasara nada. No te agobies.

- Es que…

- ¿Qué piensas?

- Nada, es una tontería.

- Seguro que no lo es. Cuéntamelo, anda.

- En otro momento.

- Como quieras. Sabes que puedes decírmelo cuanto te apetezca.

- Lo sé. Venga, coge el periódico.

- Ya, ya.

Al volver a la mesa y mientras que el camarero colocaba todo sobre la mesa, Guillermo ya buscaba la página en cuestión.

- Es justo la que hay un poco más abajo.

- Pues casi me acerco corriendo y así yas la tomo ahora.

- Si te vas a quedar más a gusto…

- Sí.

- ¿Voy yo?

- No. Échame el sobre de Cola Cao en la leche que tardo dos minutos.

- Tú y tus dos minutos –dijo Guillermo sonriéndose.

Blanca soltó un beso zalamero en la mejilla de Guillermo y salió a la carrera. Al llegar a la farmacia entregó la receta, pagó y salió con la caja de pastillas. Efectivamente había tardado más de dos minutos pero tampoco mucho más. Se sentó de nuevo al lado de Guillermo y desayunó en silencio. Cuando iba a ingerir la primera pastilla, Guillermo le preguntó:

- ¿Estás segura de que quieres hacerlo?

- Ya lo hemos hablado muchas veces. No puedo tener un hijo ahora. No es el momento.

- Tal vez ya no tengas muchas oportunidades. Lo sabes.

- Sí, lo sé. Pero no puedo afrontar un embarazo en las circunstancias actuales. Tú no quieres tener hijos y siempre lo he respetado.

- ¿Y tú que quieres Blanca?

- No importa lo que yo quiera. Y todavía tengo tiempo. Así que cuanto más pronto tome la pastilla, mejor.

Sin demorarlo más sacó la pastilla del envase y la ingirió con un sorbo de Cola Cao. Ya estaba decidido.

- Guillermo, hay algo que quiero pedirte. Quiero ir a nuestro faro –comenzó a decir Blanca.

- ¿Ahora? –dijo Guillermo sorprendido.

- Sí.

- ¿Y eso?

- No sé. Siento necesidad de ir allí. Nos dará tiempo antes de que vayamos a comer con tus padres.

- No es por el tiempo. Es que me parece raro. Pero venga, vamos.

Pagaron la cuenta y se dirigieron de nuevo al coche. Iniciaron la marcha en silencio hasta que Blanca comenzó a hablar como si lo hiciese con ella misma

- ¿Sabes? Es que a veces me suceden cosas extrañas. No voy a saber explicártelo muy bien. Hace ya muchos años, todavía no te conocía, un día fui allí. Era de noche. Siempre había tenido ganas de ver el faro iluminado de cerca. Aquél día estaba muy triste. Intenté bajar del coche pero fui incapaz. El viento invernal casi me arrancó la puerta. Por aquella época me gustaban mucho los Bee Gees y sonaba una de sus canciones en el radio cassette. En realidad aquel día quería morirme. Viendo la luz como giraba y giraba comprendí que también mi vida daba vueltas. No quiero contarte ahora porque estaba tan triste, no viene a cuento. Pero sentí algo en el faro. De repente lo vi todo claro. Ahora mismo estoy muy confusa. No sé porque he tomado la pastilla. En realidad quiero ser madre y mi reloj biológico está completando su ciclo. Tienes razón. Tal vez allí comprenda lo que quiero, qué debo hacer. Como aquel día. Ya sé que te está sonando todo a chino. Es que se me ocurrió de repente que todavía tengo una posibilidad porque siento algo dentro de mí. 

- Blanca, no sigas. Estás diciendo tonterías.

- No son tonterías, Guille –dijo Blanca al borde del llanto.

- Te estás dejando llevar por tus fantasías.

- Puede ser. Pero también podría resultar que tengo razón.

- No llores, por favor. Me duele verte así. En realidad no soporto verte llorar.

- Pues para el coche. Ya estamos llegando. Puedo ir a pié el resto del camino.

- ¿Ves como dices tonterías? Ahora no te encuentras bien.

- Para el coche. Tengo ganas de vomitar.

- Ya casi llegamos, ¿no puedes aguantar?

- Lo intentaré.

- Baja la ventanilla para que te dé el aire.

- Me estoy mareando Guille –dijo Blanca, lívida.

- Ya llegamos, relájate.

- Quiero tener ese hijo. Tiene que ser ahora o nunca.

- Está bien. Lo hablaremos con calma pero tranquilízate.

Nada más aparcar el coche Blanca abrió la puerta abruptamente y sin tener tiempo de poner los pies en el suelo se puso a vomitar como si escupiese todas sus frustraciones, sin dejar de llorar. Guillermo le acariciaba el pelo sin saber muy bien que hacer ni como consolarla.

- Venga, cariño, ya pasó.

Blanca, como un volcán en erupción seguía arrojando fuera aquella papilla que le llenaba toda la boca impidiéndole hablar. Las arcadas se sucedían unas a otras sin dejarle un respiro hasta que de pronto cesaron. Las lágrimas seguían resbalando por su cara.

- Blanca, cariño…

- Estoy bien, Guille. Ahora estoy bien. Quiero tener ese bebé, contigo o sola. Lo quería antes y el destino juega en este momento a mi favor.

- No sé que decirte. Ya sabes lo que pienso.

- Sí y no te pido nada. Todavía tendrás algún tiempo para decidir qué hacer. Entenderé cualquier decisión que quieras tomar. Te quiero.

- Siempre has sido muy valiente pero tengo que pensarlo.

- Lo comprendo.

- ¿Quieres bajar?

- No. Llévame a casa. Discúlpame con tus padres. No iré a comer con vosotros. Necesito descansar.

- Me quedaré contigo.

- No, necesito estar sola y empezarían a hacer preguntas. Es mejor que vayas.

- Quiero decirte algo, pequeña. No lo tengo claro pero lo intentaré. Sin promesas. Es todo cuanto puedo decirte. Ahora sé lo importante que es para ti.

- Es más que suficiente.

Blanca desvió la mirada y dijo en alto:

- ¿Está bonito el faro con la luz de esta mañana, verdad?

- Si que lo está –dijo Guillermo mientras encendía de nuevo el coche para regresar a casa.

 

 

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