Me has oído canturrear mientras hacía la cama, todavía con el pijama granate de snoopy y el pelo revuelto, achicando los ojos porque todavía no llevo puestas las gafas.
Pero me has oído cantar. Y no has podido resistirte a venir y darme los buenos días. Sabes que hoy todas las horas serán blancas y de algodón, como las nubes de verano.
Te presiento en la habitación porque de repente ha entrado ese aire inusual por la ventana. El de siempre. Y se agolpan las imágenes mientras aliso la manta. Tu camisa de pana, tu barba de dos días, tu vaquero desteñido, tus botas de explorador. Y tus manos de mármol, que se posan en mis mejillas.
El mismo frío de la despedida.
Se me deslizan dos lágrimas.
Siento que me veas llorar.
No estoy tan mal después de todo.
Ya ves, sigo teniendo el mismo edredón azul puesto en la cama. Sé que necesitaría un cambio pero todavía no estoy preparada. También sé que ahora tienes que marcharte. Sólo te conceden unos segundos.
Antes de irte me soplas en la oreja izquierda y me dices cariñosamente: "Boba", nuestra palabra clave. Y te vas, por la ventana que está abierta tras nosotros, con otro golpe de brisa. Las cortinas se quedan balanceando.
Derrotada,
me siento sobre la cama hecha
y como una boba triste
me quedo mirando las nubes.
La imagen está sacada de Internet.