Rai - Terapeuta
Ana - Paciente
- Ya puedes pasar, Ana, siéntate por favor.
- Gracias
- ¿Cómo estás? Ya pasó mucho tiempo desde la última vez.
- Sí, es verdad, todo este tiempo he estado muy bien, la verdad.
- ¿Y entonces?
- He vuelto a subir a las Tierras Altas.
- Tus Tierras Altas, ¿sigues llamándole así después de tanto tiempo?
- Sí, ya me conoces. Soy muy literaria y me gusta disfrazar las cosas. No sé, así es como si me hicieran menos daño.
- En algunos casos los disfraces están bien, por ejemplo, en Carnaval… Pero eso de tus disfraces ya lo hablamos muchas veces y ya sabes que hay que enfrentar los problemas abiertamente. Y llamarle a las cosas por su nombre.
- Pero yo no quiero.
- Pero has de hacerlo, Ana.
- Vale, si te hace feliz… ya sabes que soy muy generosa, así que voy a decirlo.
- Venga, Ana, dilo, no pasa nada.
- Es que es una mierda, joder. Perdona mi lenguaje pero es que…
- No importa.
- Pues eso, que he tenido una recaída en mi ansiedad. Ha sido leve, lo reconozco, pero me he asustado mucho. Y es muy frustrante.
- ¿Cómo ha sido?
- Pues nada, de repente. Me levanté por la mañana el miércoles. Saqué de paseo a León y justo al salir a la calle sentí el primer sofoco en el estómago. Tuve arcadas. Y a continuación empezaron los pensamientos negativos.
- ¿Los mismos de siempre?
- Sí, ya sabes que en eso soy monotemática. Muy aburrido. No voy ni a contártelos.
- Claro que vas a contármelos.
- Vale… Porque me lo pides así… que si no. Pues eso, que me voy a volver loca, que me voy a quedar sola, que todos van a pensar que soy débil, cobarde, que valgo menos que los demás, que estoy haciendo algo mal…
- ¿Y estás haciendo algo mal? ¿Te pasó algo que provocara esa recaída?
- Bueno, algo hice mal, sí. He estado reduciendo mi pastillita.
- ¿Y en qué habíamos quedado respecto a eso?
- En que mi pastilla era como cualquier otra. Como el que toma una pastilla para el colesterol, o como el que toma una pastilla para la tensión…
- ¿Y entonces?
- Es que no es igual, Rai. No es igual.
- Eso lo dices tú y sabes que no estás siendo racional.
- Lo sé. Y es una jodida mierda.
- Ahora, ¿cómo te encuentras?
- Mejor. Volví a mi dosis antigua y me ha recetado el médico de cabecera un ansiolítico muy muy flojito sólo durante un mes y luego ya lo voy retirando poco a poco. La verdad es que ahora es como si no me hubiera pasado nada pero es que me siento vulnerable. Tengo miedo.
- ¿De qué tienes miedo?
- De retroceder.
- ¿Por qué crees qué si fue una recaída muy leve, como dices, te afectó tanto?
- No lo sé. Me lo pregunto y lo único que se me ocurre es que tengo miedo de que mi mundo vuelva a desmoronarse.
- Es que tu mundo nunca se ha desmoronado, Ana, ¿no te das cuenta? Es verdad que puede que haya estado un poquito patas arriba alguna vez pero siempre has tenido las riendas de tu vida, siempre te has enfrentado al problema y siempre le has ganado la batalla.
- Dicho así, hasta vas a convencerme.
- Tienes que convencerte tú misma, yo sólo puedo ayudarte a tener siempre los ojos bien abiertos y a diferenciar tus pensamientos buenos de tus pensamientos erróneos.
- Tienes razón… y mira que me da rabia dártela
Risas
- ¿Sabes por qué creo que te afectó tanto?
- ¿Por qué?
- ¿A qué tú pensabas que ya nunca más ibas a tener ansiedad?
- Sí, así es. Yo pensé que como llevaba unos años muy buenos, ya la había vencido para siempre.
- Y yo, ¿cuántas veces te expliqué que la ansiedad forma parte de nuestra vida? Todos tenemos ansiedad, solo que hay personas que, por el motivo que sea, se les descontrola, se les desequilibra; es tu caso, pero tiene solución, afortunadamente.
- Lo sé… pero es que es una mierda.
- Comprendo que es difícil, que cuesta, pero tú ya tienes mucho terreno ganado. Tú misma has dicho que ahora estás bien y que fue leve.
- Es verdad.
- Pues ahora vamos a trabajar en esa idea, en reforzar esas fuerzas para que, si vuelve a pasar –porque le puede pasar a cualquier persona, recuérdalo- no te asustes tanto, ¿qué te parece?
- Ya sabes que confío en ti.
- Bien, entonces el próximo día que vengas vamos a empezar con algo que quiero proponerte. Toma este tríptico y te lo vas leyendo. Si tienes dudas me envías un correo electrónico que te las iré resolviendo, así en la próxima consulta ya estarás preparada.
- Ok, Rai.
- No sé qué haría sin ti.
- Te las arreglarías, Ana. Eres una mujer muy capaz. Sólo que eres incapaz de verte desde fuera con objetividad.
- A veces también te oído.
- No espero menos de ti.
- Cuídate y nos vemos pronto.
- Lo haré. Y tú también cuídate.
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