lunes, 2 de agosto de 2010

Gus y sus congéneres

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Los vibradores se crearon, originalmente, como herramienta exclusivamente terapéutica.

Los vibradores y su interesante historia (I)

 

 

 

 

 



El primero fue inventado en 1880 por el médico británico, Joseph Mortimer Granville, para combatir la llamada “histeria femenina”, que los griegos habían descrito como el “útero ardiente”.

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(Masajes de agua como tratamiento para la histeria. Alrededor de 1860)

Los síntomas de la histeria femenina incluían insomnio, retención de fluidos, desfallecimientos, irritabilidad y pérdida del apetito, entre otros. Quienes eran diagnosticadas, debían recibir un tratamiento conocido como “masaje pélvico”, que consistía en la estimulación manual de los genitales de la mujer por parte del doctor, hasta que ésta llegaba al “paroxismo histérico”, hoy conocido como orgasmo. La histeria se convirtió en una especie de plaga entre las mujeres de la época, al tal punto que a finales del siglo XIX era tal la cantidad de mujeres que acudían a la consulta, que los médicos empezaron a inventar todo tipo de artefactos que les ahorraran el trabajo de hacerlo manualmente. Así se inventaron diversos vibradores a pedales, con gas, con baterías y finalmente con corriente eléctrica.

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El primer vibrador eléctrico para venta comercial se lanzó al mercado en 1902. A finales del siglo XIX, los “tratamientos” con vibradores salieron de los consultorios y se convirtieron en uno de los servicios más populares ofrecidos por balnearios de lujo en Estados Unidos y Europa.

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(Anuncio de 1910)
Los vibradores empezaron a comercializarse a través de los periódicos y catálogos femeninos que los publicitaban como “instrumento para la tensión y la ansiedad femenina”, y aunque la mayoría estaban destinados al público femenino, se diseñaron también algunos vibradores para los hombres.

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Cuando la Asociación Americana de Psiquiatría declaró oficialmente en 1952 que la histeria femenina no era una enfermedad legítima, sino un mito anticuado, el vibrador dejó de ser considerado una herramienta terapéutica, perdió su status-quo de electrodoméstico y se transformó en objeto de deleite sexual.

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A raíz de ésto, comenzaron a desaparecer de las revistas femeninas, de los catálogos y estantes de tiendas populares que los habían vendido durante muchos años, quedando relegados al mundo de los sex shops.

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A mediados de los años 70, los vibradores regresaron de nuevo a algunas tiendas, cuando una sexóloga americana llamada Betty Dodson, los empezó a utilizar en sus talleres de salud sexual femenina. En 1986, el cirujano estadounidense Everett Koop, los reivindicó y los incluyó en una lista de prácticas de sexo seguro, a raíz de la crisis provocada por el sida.

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También su uso terapéutico fue nuevamente reivindicado, y empezó a recomendarse para tener una vida sexual activa y satisfactoria, en aquellas personas que tenían discapacidades.

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En la actualidad los avances en vibradores son notables y existe una variedad inimaginable (como podéis comprobar en las frotos). Entre las principales novedades, figura el llamado Tongue Dinger, un anillo vibrador para la lengua que funciona con baterías, y se usa en el sexo oral.

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Los consoladores (también conocidos en su forma inglesa como dildos) son un complemento sexual utilizado desde tiempo inmemorial para la masturbación, tanto de los hombres como de las mujeres, existiendo indicios de que eran utilizados desde hace unos 30. 000 años.

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Las referencias más antiguas que se conocen detallan su uso como elemento decorativo o escultórico durante celebraciones de fiestas de fertilidad o cosecha, en muchas ocasiones acompañados de vaginas, penes y testículos, en muchas culturas ancestrales.

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El consolador más antiguo del mundo es un falo de piedra muy pulida de 20 cm de longitud y 3 cm de diámetro, del 27 000 a. C. Fue encontrado en la cueva Hohle Fels, (Ulm, Alemania). Estaba roto en varios pedazos, en el 2005 (cuando se halló el trozo n.º 14 se pudo armar el rompecabezas. Actualmente se expone en el museo prehistórico de Blaubeuren.

En Dolní Věstonice se halló un consolador también del 27 000 a. C. Los arqueólogos decidieron que era una típica Venus paleolítica, pero estilizada (aunque no pueden explicar las estrías transversales).

En los arqueológicos y escritos se han encontrado pruebas de su uso por las culturas más adelantadas en su tiempo, incluyendo los egipcios, griegos, romanos y chinos.

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(Gran parte de la información está recogida aquí,
en la Wikipedia
y en diferentes páginas de la red,
al igual que las fotos.

sábado, 31 de julio de 2010

Walking by myself

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Gus es pequeño,
tranquilo y manejable.
Original.
Ágil si se lo propone.
No es sofisticado,
ni elegante,
pero resulta atractivo 
y blandito,
al tacto.  

Gus se vuelve loco
entre mis manos.
Pero no es como tú.

Gus no sabe besar.
No me acaricia,
ni me dice palabras cariñosas.
No sabe hacerme reír.
Y no me abraza,
después de alcanzarte…

Porque es a ti a quien deseo,
todas las veces 
que me consuelo con él.

 

Dime, ¿quién es Gus?

miércoles, 28 de julio de 2010

Las cosas que parecen cotidianas pero no lo son tanto.

              Dos macetas. 0

Sara se despertó por la mañana, bastante temprano para lo habitual y tan envuelta entre la sábana que parecía un bocadillo de mortadela. Y en lugar de seguir con el proceso habitual de convertirse en una persona normal y corriente, simplemente abrió la persiana de la habitación, cerrada para pasar la noche, y de nuevo se volvió a la cama y se puso a leer porque leyendo siempre se borraban los sueños nocturnos que no tenían explicación en la vida normal y corriente.

Esa noche, por ejemplo, Sara había soñado con un muerto, un hombre joven, estaba tirado en la calle, medio despedazado y sin cabeza, eso era lo más notorio, como si lo hubiera atacado un animal. Sobra decir que Sara había tenido miedo de esa visión tan descabellada. Pero también había soñado que estaba curioseando en unas estanterías del Carrefour, en las que había copas de cristal para servir helado, tazones, platos y escurridores de verdura de todos los colores.

Porque Sara soñaba en colores, no sabía si eso tenía algún significado especial pero así era.

Cuando llevaba un rato leyendo, Sara pensó que sería delicioso volver a cerrar la persiana, acurrucarse, encogerse y no preocuparse por sus sueños ni por nada. Vacío absoluto. Una imagen blanca. O negra.

Algunos días Sara tenía deseos así. Esconderse, esa era la palabra. Quería esconderse, olvidarse del mundo real con sus obligaciones y sus normas estúpidas. Sobre todo los domingos.

Porque Sara comía todos los domingos con sus padres, con sus hermanos, con sus hermanas, con sus cuñados y cuñadas, todos sus sobrinos, aún pequeños y su abuela materna. Bueno, aunque para ser honrada, Sara no debía incluir en esa lista a su abuela porque ella era diferente. Sí, la borraría, a ella no tenía que aguantarla, todo lo contrario, era un placer estar con esa mujer, la única de sus abuelos y abuelas que se había resistido todavía a dejar este mundanal ruido.

Pero sólo lo pensó.  

Lejos de eso cerró el libro, anotando mentalmente el capítulo por el que iba. ¡Que tontería! Siempre hacía eso cuando no tenía un marcapáginas a mano, aún sabiendo que siempre, siempre, se olvidaba del número en cuestión. A continuación puso los pies en el suelo de madera y se incorporó. Comenzó a andar hacia el baño. Si alguien la viera por unos prismáticos se reiría o simplemente se quedaría confuso, porque los días que Sara se despertaba así, sin querer ser una persona normal y corriente, se iba caminando hacia el baño muy lentamente, arrastrando los pies como si fuese una autómata porque en el fondo no quería levantarse.

Almudena      Inés      Alejandra      Tonet      Nieves 

Y es que Sara no podía evitar sentir dolor al imaginar la sobremesa con sus padres, con sus hermanos y hermanas, con sus maridos y sus mujeres, con todos sus sobrinos, aún pequeños y con su abuela, la madre de su madre.  Porque Sara quería tener hijos. En realidad cuando se escondía pensaba siempre en eso, en la maternidad, en su bebé que sería gordochito con rosquitas en las piernas que ella mordería mientras lo cambiaba de ropita, y olería como huelen los bebés, y lo acercaría muchas veces a su rostro para darle besitos amorosos, y le echaría talco en el culito para que no se le irritara y le pondría colonia Nenuco para peinarle la pelusilla de la cabeza y...

Al pasar por el espejo de la cómoda, se paró, se miró fríamente y con toda la rabia de la que fue capaz, escupió:

-Vete a la mierda, imbécil.

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Estas son algunos de los pequeños regalos que he estado bordando estos días
para hacer llevadera mi convalecencia.
Las dos macetas con flores y la P, ya han sido debidamente enmarcados.
Y los nombres son todos marcapáginas.
No está incluído el mío por si alguien se pone a pensar.
Las fotografías las hizo Senia. 

lunes, 26 de julio de 2010

At home

Holly

Recostada sobre la cama, observo como Congo, entusiasmado, prepara las maletas, un verano más. El sol del Sur y el calor de su gente lo esperan con los brazos abiertos.

Cuando termine la tarea, sé que se tumbará a mi lado y dejará que me acurruque en su pecho desnudo. Sabe que así se disipan las pequeñas nostalgias que me sobrevienen en su ausencia.

Y es que la vida sigue más allá del sofá anaranjado en el que vivo últimamente, rodeada de mi maleta de mimbre llena de hilos de colores, de los teléfonos, de los libros, del ordenador… viendo películas antiguas que me hacen soñar, que busco con Congo, a un gato sin nombre:

- Gato, Gato… Gato… Gato

 

La imagen está quitada de este vídeo,
de la película “Desayuno con diamantes”.

jueves, 22 de julio de 2010

Viaja con nosotros II. Reflexiones

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Mientras os dejo más fotos de la Transpirenaica, quisiera reflexionar sobre algo en lo que pensé ayer.

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Ayer me acosté agitada. Andaba yo pensando en la muerte y en “la insoportable levedad del ser” (siempre me ha parecido un título sublime). Y a pesar de que Congo me rodeaba con sus brazos amorosos y que su respiración acompasada me acunaba, tardé mucho tiempo en dormirme. Y la agitación se coló en mis sueños.

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Antes de montar en nuestro caballo grís, siempre pienso también en la muerte. ¿Cómo no hacerlo? Igual que “el algodón no engaña”, las estadísticas no mienten. Y los accidentes tienen lugar, lo queramos o no, y una vez producidos, no somos quiénes de comprender o explicarnos ni cómo pasaron, ni por qué.

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Los días previos a comenzar la Transpirenaica tuve en cuenta la posibilidad de que pudiera ser que no volviéramos a casa. Tanto es así que dejé apuntada en el corcho de la salita, la contraseña del blog, para Senia, por si me pasara algo. Y no es que esta prevención por mi parte haya sido un pálpito, una premonición, cosa de meigas, o algo parecido; más bien seguía el consejo refranero de mi abuela y de mi madre: “Mujer prevenida, vale por dos”. Sólo estaba teniendo en cuenta la cuestión del porcentaje.

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Pero volvimos a casa salvos y sólo con dos huesos rotos. Una menudencia comparada con algunas noticias del periódico.

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Desde hace tiempo no me asusta la muerte.
Sí me asustan, en cambio, la Enfermedad, el Dolor, la Tristeza, la Pobreza.

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Por un lado, siento que mi misión en la vida (digamos la más importante) ha concluído: Senia ya es mayor de edad. Y si bien me echaría de menos si faltara, saldría adelante. Creo que le he inculcado las suficientes referencias como para que pudiese seguir madurando sin mí.

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Y por otro lado, desde que Congo llegó a mi vida, siento que ya he conseguido alcanzar ese amor con el que tanto tiempo llevaba soñando. Desde que tengo uso de razón, puedo añadir.

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Es decir, soy muy feliz; y no es una frase hecha.

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Cuando me acuesto en la cama cada noche, aún los días en que estoy agitada, como ayer, siento que he aprovechado mi vida y que si tuviera que morirme ya, lo haría con la sensación del trabajo cumplido y bien hecho (al menos de la mejor forma que sé).

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Pero no quiero morirme todavía. Todo lo contrario. Quiero vivir muchos años disfrutando esta sensación recién conseguida, sobrellevando las adversidades que se me presenten con optimismo y resignación y disfrutando, si es posible…

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… de más viajes como éste,

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y con personas como éstas.

Congo y yo
Porque nosotros lo valemos.

 

Gracias a P.P., a Mª Carmen y a Tuchy por las fotos.

Viajar es una buena forma de aprender y de superar miedos
Luis Rojas Marcos

Si al franquear una montaña en la dirección de una estrella,
el viajero se deja absorber demasiado por los problemas de la escalada,
se arriesga a olvidar cual es la estrella que lo guía.
Antoine De Saint-exupéry