Los vibradores se crearon, originalmente, como herramienta exclusivamente terapéutica.
El primero fue inventado en 1880 por el médico británico, Joseph Mortimer Granville, para combatir la llamada “histeria femenina”, que los griegos habían descrito como el “útero ardiente”.
(Masajes de agua como tratamiento para la histeria. Alrededor de 1860)
Los síntomas de la histeria femenina incluían insomnio, retención de fluidos, desfallecimientos, irritabilidad y pérdida del apetito, entre otros. Quienes eran diagnosticadas, debían recibir un tratamiento conocido como “masaje pélvico”, que consistía en la estimulación manual de los genitales de la mujer por parte del doctor, hasta que ésta llegaba al “paroxismo histérico”, hoy conocido como orgasmo. La histeria se convirtió en una especie de plaga entre las mujeres de la época, al tal punto que a finales del siglo XIX era tal la cantidad de mujeres que acudían a la consulta, que los médicos empezaron a inventar todo tipo de artefactos que les ahorraran el trabajo de hacerlo manualmente. Así se inventaron diversos vibradores a pedales, con gas, con baterías y finalmente con corriente eléctrica.
El primer vibrador eléctrico para venta comercial se lanzó al mercado en 1902. A finales del siglo XIX, los “tratamientos” con vibradores salieron de los consultorios y se convirtieron en uno de los servicios más populares ofrecidos por balnearios de lujo en Estados Unidos y Europa.
(Anuncio de 1910)
Los vibradores empezaron a comercializarse a través de los periódicos y catálogos femeninos que los publicitaban como “instrumento para la tensión y la ansiedad femenina”, y aunque la mayoría estaban destinados al público femenino, se diseñaron también algunos vibradores para los hombres.
Cuando la Asociación Americana de Psiquiatría declaró oficialmente en 1952 que la histeria femenina no era una enfermedad legítima, sino un mito anticuado, el vibrador dejó de ser considerado una herramienta terapéutica, perdió su status-quo de electrodoméstico y se transformó en objeto de deleite sexual.
A raíz de ésto, comenzaron a desaparecer de las revistas femeninas, de los catálogos y estantes de tiendas populares que los habían vendido durante muchos años, quedando relegados al mundo de los sex shops.
A mediados de los años 70, los vibradores regresaron de nuevo a algunas tiendas, cuando una sexóloga americana llamada Betty Dodson, los empezó a utilizar en sus talleres de salud sexual femenina. En 1986, el cirujano estadounidense Everett Koop, los reivindicó y los incluyó en una lista de prácticas de sexo seguro, a raíz de la crisis provocada por el sida.
También su uso terapéutico fue nuevamente reivindicado, y empezó a recomendarse para tener una vida sexual activa y satisfactoria, en aquellas personas que tenían discapacidades.
En la actualidad los avances en vibradores son notables y existe una variedad inimaginable (como podéis comprobar en las frotos). Entre las principales novedades, figura el llamado Tongue Dinger, un anillo vibrador para la lengua que funciona con baterías, y se usa en el sexo oral.
Los consoladores (también conocidos en su forma inglesa como dildos) son un complemento sexual utilizado desde tiempo inmemorial para la masturbación, tanto de los hombres como de las mujeres, existiendo indicios de que eran utilizados desde hace unos 30. 000 años.
Las referencias más antiguas que se conocen detallan su uso como elemento decorativo o escultórico durante celebraciones de fiestas de fertilidad o cosecha, en muchas ocasiones acompañados de vaginas, penes y testículos, en muchas culturas ancestrales.
El consolador más antiguo del mundo es un falo de piedra muy pulida de 20 cm de longitud y 3 cm de diámetro, del 27 000 a. C. Fue encontrado en la cueva Hohle Fels, (Ulm, Alemania). Estaba roto en varios pedazos, en el 2005 (cuando se halló el trozo n.º 14 se pudo armar el rompecabezas. Actualmente se expone en el museo prehistórico de Blaubeuren.
En Dolní Věstonice se halló un consolador también del 27 000 a. C. Los arqueólogos decidieron que era una típica Venus paleolítica, pero estilizada (aunque no pueden explicar las estrías transversales).
En los arqueológicos y escritos se han encontrado pruebas de su uso por las culturas más adelantadas en su tiempo, incluyendo los egipcios, griegos, romanos y chinos.
(Gran parte de la información está recogida aquí,
en la Wikipedia
y en diferentes páginas de la red,
al igual que las fotos.