miércoles, 3 de septiembre de 2008

¿Qué te pongo?










Llueve a mares, a manos llenas, a cántaros, a raudales, con rabia. Llueve una canción monótona repicando en los cristales. Llueve sobre mojado, sin parar, como si hoy fuese la última vez.



Me gustaría que estuvieras a mi lado, mirando por la ventana como cae la lluvia en la calle ahora silenciosa, como se va acumulando en las hondonadas del asfalto formando pequeños charcos.



Me gustaría que…



¡Joder, tía, pero que patética y cursi te pones! Es que quien te ha visto y quien te ve. Se pone a llover unas gotas de ná y tú, ala, a decir ñoñerías. Me gustaría, me gustaría… ¡Dios! Lo que te tenía que gustar ahora es un buen copazo o un buen revolcón. Eso sí que es sano, joder y no mirar como cae la lluvia. Además eso no podemos permitírnoslo nosotras ¿No ves que se empieza así y luego se termina sufriendo por todo bicho viviente? Si es que no aprendes, joder. Claro que te gustaría que él estuviera a tu lado pero hay que ser fuerte y olvidarse del amor para que no te gane la partida. Mira que te lo tengo dicho.



Bueno, ya sé que intentaste en su momento pasar del amor y no funcionó. Ya sé que un día hace muchos años te acostaste con un tío sólo por el mero hecho de ver si tú eras capaz de tener sexo sólo por sexo, sin sentimientos. Y ya sé que fue un desastre emocional para ti y físico para él. Sí es que eres gafe mujer, porque hay que ser gafe para que una vez que te decides el tío sea eyaculador precoz. Bueno, es que me pinchan y no sangro, fíjate. Y eso que el gilipollas tenía un cuerpazo, todo hay que decirlo. Y después estuvo aquel tío pequeñajo, sí, aquel con cara de pekinés que aún encima se portó contigo como un cerdo. Y tú, imbécil, colgadita por semejante individuo. Si es que no tienes remedio Maritere, te lo digo yo. Estás bien jodida.



Por eso, claro, enamorada como estás hasta la médula, oyes llover y se te encienden las bombillas y se te disparan las hormonas. Háztelo mirar, eh, háztelo mirar porque a lo peor ya empiezas con los problemas menopáusicos. Por edad aún te faltan unos años pero igual tienes una de esas precoces, como la del tío gilipollas pero en menopausia.



Si es que no sé qué hacer contigo. Y por encima ahora te da con el insomnio ¿Pues sabes lo que te digo? Que si ayer te tomaste una valeriana y no te funcionó hoy te tomas 2, 3 o la caja entera si te hace falta. Pero déjate ya de sensiblerías y tírame pa la cama que mañana vas a volver a llegar tarde al trabajo ¿Qué dices que no? Que si no tienes sueño que es tontería que te vayas porque no te dormirás. Anda, anda, entonces prueba con la copita, mujer. Del polvo no te digo nada porque ya sé que estás más sola que la una pero una copita… Vamos a ver hay guinda, anís, licor de hierba luisa, licor de melocotón… ya ves que te nombro lo que te gusta porque las otras botellas… es que no sé para que tienes whisky, cinzano, ron… si no te gustan. Regálaselas a un pobre, mujer, haz una caridad. Incluso puedes regalar la botella de Ponche Caballero ¡Madre, madre, la de años que tendrá esa botella! ¿Te acuerdas? Te la regaló tu madre cuando te casaste y fíjate lo que son las cosas: El Ponche todavía está intacto y tu marido en cambio… Ahora que tuviste mucha suerte, eh, porque anda que no salió cabronazo el tipo ¡Que jodido! Te dio más guerra que 4 Bin Laden juntos.



Pero bueno, tú ahora estás divinamente enamorada de ese tal Congo hasta la médula. Mira que te avisé y lo peor es que ya no se puede hacer nada. Aunque… Bueno, para ser sincera me dais mucha envidia. A ti te veo más feliz que nunca y él ha mejorado mucho ¿verdad? Ya sé que cuando me pongo suelto muchas burradas juntas porque es que soy muy burra, mujer, pero ya sabes que en el fondo admiro la sensiblería, caramba. Sólo que reconocerlo me da miedo. Si es que además a ti se te ve en la cara que eres una panfila, que lo tuyo es querer y querer, hija, querer y querer hasta que tu corazón deje de latir. Y cuando una nace así hay que asumirlo. Y tú, Maritere, lo haces con mucho orgullo ¡Que coño! Te pones a tu amor por bandera y luchas por él con uñas y dientes y los demás que se jodan. Sí señor ¡Ea!



Y ahora sí que te me vas a dormir ya. Y nada de copas que no estás acostumbrada. Tanta botella desperdiciada… Anda, tira Maritere, tira pasillo palante, derechita pa la habitación. Tira, si no quieres que cuente lo de la “mantita”.





lunes, 1 de septiembre de 2008

Infancia rota





"Broken Chilhood" - Constantin Stefanescu


Había nacido para ser feliz.

Única hija de matrimonio joven con abuela materna incorporada. Niña ejemplar envidia de las otras madres del barrio: aplicada en el colegio, voluntariosa, sumisa más que obediente, mirada dulce y sonrisa franca.

¡Pobre niña! No sabía la factura que iba a tener que pagar en el futuro.

Su madre represiva, protectora, seria de más, no la dejaba ser niña y crecer en esa inocencia infantil que no se vuelve a dar nunca más en la vida. Con sus lecciones y moralinas de: ésto no se hace, ésto no se dice, ésto no se toca, la acongojaba continuamente, llenándola de miedos e inseguridades. Trabajaba.

Su padre honrado y eficiente obrero, más cariñoso que la madre, quería a su hija en la misma medida que adoraba las tabernas y las partidas de cartas. Trabajaba mucho.

Su abuela viuda desde muy joven, dura de carácter y encerrada en su mundo amargo, la quería aunque no se lo demostraba casi nunca. Trabajaba.

Todos los adultos de la casa (así se llama a los padres y abuelos) trabajaban, así que no había tiempo para mimos y zalamerías.

¡Pobre niña! No sabía la factura que iba a tener que pagar en el futuro.

Conforme fue creciendo, más cuenta se iba dando de lo que sucedía en su familia. Su padre llegaba tarde a casa un día sí y otro también. “Y no llegaba solo”, como decía su madre, sino que volvía borracho de alcohol y resentimiento. Nunca hubo golpes, es verdad pero sí muchos gritos, silencios amargos y lágrimas.

Nunca, nunca pudo dormirse antes de que su padre llegara a casa. A cada golpe de reloj se levantaba de la cama a vigilar por la ventana si regresaba. No importaba si volvía tambaleante o sereno, era lo de menos, lo importante es que llegara sano y salvo. Porque a lo peor tenía un accidente en el coche, o atropellaba a alguien o si había salido a pié se caía por cualquier acera y se golpeaba en la cabeza o lo atropellaba algún conductor porque borracho cruzaba la calzada sin mirar. Aunque había veces que a la pobre niña le entraban deseos de: “Ojalá se muera y nos deje tranquilas”. Pendar eso le dolía mucho, tanto que le provocaba un dolor agudo en el pecho, aunque nunca le dijo nada a nadie. A los padres hay que quererlos, cualquier niño lo sabía. Sólo ella que era mala podía pensar tal cosa. Y seguro que dios la iba a castigar y por ser tan mala le iba a pasar algo malo porque la muerte no se le podía desear a nadie.

Doce de la noche. Ventana. Cama. Llanto sobre la almohada. Doce y media de la noche. Ventana. Cama. Llanto sobre la almohada… Así hasta que sentía la llave en la cerradura del portal. Después discusión violenta. Amenazas. No grites que vas a despertar a la niña. Ronquidos de borrachera. Más lágrimas. Y mañana es otro día. ¡Que bueno que viniste!

Y fue así como empezó a romperse la pobre niña. Porque la niña rota no nació rota. La vida la hizo así. Como un cristal se fue resquebrajando haciéndose cada vez más débil, hasta deshacerse por completo.

Ahora la niña rota ya es una mujer madura pero todavía conserva mucho de aquella niña que fue. Y es que hay cosas, que por muchos años que pasen, no pueden olvidarse.


...ooo000ooo... ...ooo000ooo... ...ooo000ooo...

Ayer, después de leer en el blog de Torosalvaje su poema: "Los niños rotos" esta historia empezó a pugnar dentro de mí para salir a la luz. Gracias Toro porque tus palabras siempre provocan a mis sentimientos. Espero que no te disguste que haya escrito esta historia.


sábado, 30 de agosto de 2008

Apurando el tiempo





"Red red rose" - Sondra Kicklighter



Hoy ya comenzó el último día.


La nueva etapa que llevábamos largo tiempo esperando, ha llegado. Mañana te irás lejos, como al principio, cuando nos conocimos. Aunque quiera sabes que no podré evitar echarte de menos, Congo. De nuevo toca: Viajes, Llamadas de teléfono, Deseos insatisfechos, La cama vacía, Esperas, Días grises... Aunque también habrá: Reencuentros, Besos que llegan en torrentes, Caricias febriles, Días apurados al máximo...


Para celebrar el tiempo que nos resta(no hay motivo para la tristeza) nos amaremos. Más que siempre. Mejor que nunca.


Yo me entregaré de color rojo pasión.
Tú me recibirás sobre un fondo anaranjado.
Con los brazos abiertos.





viernes, 29 de agosto de 2008

Cuando llegue el momento...





"Prisoner in Paradise" - Virgiliu Narcis




Vivo prisionera en una lujosa celda.

Las paredes están empapeladas en tela de seda granate y oro. La cama tiene un dosel de encaje blanco roto y hay cojines de múltiples colores por toda la estancia. Cómodos y mullidos sofás acogen mi cuerpo desganado como si fueran vientres maternos. Luces estratégicamente situadas hacen que mi cárcel parezca un palacio de oriente en miniatura. Y la única ventana de mi pequeño mundo da a un patio interior con un maravilloso jardín. El ruido de la fuente es el que me adormece cada noche antes de rendirme por completo al sueño.

En la puerta de mi celda, cada día a las horas de las comidas, encuentro suculentos manjares preparados con ricas especias traídas desde todos los confines del universo y los más tiernos y apetitosos frutos.

También me obsequian cada día con tisanas y bebidas espiritosas y adornan mi habitación con flores bellas. Podría ser una mujer muy dichosa. Más nada satisface mi hambre y mi sed.

Porque sólo quiero alimentarme de Congo, renunciando así a todos los demás placeres que me pueda ofrecer el mundo. Por eso mi cuerpo se niega tenaz y rotundamente a abrir la boca sino es para recibir sus besos y beber de su saliva.

Sí, sólo quiero alimentarme de sus susurros lentos recorriendo los lóbulos de mis orejas, de su lengua sigilosa y húmeda dibujando un camino sinuoso por mi espalda, de sus manos fuertes acariciando mis mejillas arreboladas…

Sí, quiero alimentarme con el aroma que se desprende de su cuerpo cálido cuando entra en contacto con el mío, mirarme en sus ojos como en un espejo y emborracharme hasta el orgasmo con toda la savia que emana de sus entrañas.

Por eso aquí, en estra cárcel de abrazos y soles anaranjados es donde quiero exhalar mi último suspiro. No tengo ninguna duda.