lunes, 1 de septiembre de 2008

Infancia rota





"Broken Chilhood" - Constantin Stefanescu


Había nacido para ser feliz.

Única hija de matrimonio joven con abuela materna incorporada. Niña ejemplar envidia de las otras madres del barrio: aplicada en el colegio, voluntariosa, sumisa más que obediente, mirada dulce y sonrisa franca.

¡Pobre niña! No sabía la factura que iba a tener que pagar en el futuro.

Su madre represiva, protectora, seria de más, no la dejaba ser niña y crecer en esa inocencia infantil que no se vuelve a dar nunca más en la vida. Con sus lecciones y moralinas de: ésto no se hace, ésto no se dice, ésto no se toca, la acongojaba continuamente, llenándola de miedos e inseguridades. Trabajaba.

Su padre honrado y eficiente obrero, más cariñoso que la madre, quería a su hija en la misma medida que adoraba las tabernas y las partidas de cartas. Trabajaba mucho.

Su abuela viuda desde muy joven, dura de carácter y encerrada en su mundo amargo, la quería aunque no se lo demostraba casi nunca. Trabajaba.

Todos los adultos de la casa (así se llama a los padres y abuelos) trabajaban, así que no había tiempo para mimos y zalamerías.

¡Pobre niña! No sabía la factura que iba a tener que pagar en el futuro.

Conforme fue creciendo, más cuenta se iba dando de lo que sucedía en su familia. Su padre llegaba tarde a casa un día sí y otro también. “Y no llegaba solo”, como decía su madre, sino que volvía borracho de alcohol y resentimiento. Nunca hubo golpes, es verdad pero sí muchos gritos, silencios amargos y lágrimas.

Nunca, nunca pudo dormirse antes de que su padre llegara a casa. A cada golpe de reloj se levantaba de la cama a vigilar por la ventana si regresaba. No importaba si volvía tambaleante o sereno, era lo de menos, lo importante es que llegara sano y salvo. Porque a lo peor tenía un accidente en el coche, o atropellaba a alguien o si había salido a pié se caía por cualquier acera y se golpeaba en la cabeza o lo atropellaba algún conductor porque borracho cruzaba la calzada sin mirar. Aunque había veces que a la pobre niña le entraban deseos de: “Ojalá se muera y nos deje tranquilas”. Pendar eso le dolía mucho, tanto que le provocaba un dolor agudo en el pecho, aunque nunca le dijo nada a nadie. A los padres hay que quererlos, cualquier niño lo sabía. Sólo ella que era mala podía pensar tal cosa. Y seguro que dios la iba a castigar y por ser tan mala le iba a pasar algo malo porque la muerte no se le podía desear a nadie.

Doce de la noche. Ventana. Cama. Llanto sobre la almohada. Doce y media de la noche. Ventana. Cama. Llanto sobre la almohada… Así hasta que sentía la llave en la cerradura del portal. Después discusión violenta. Amenazas. No grites que vas a despertar a la niña. Ronquidos de borrachera. Más lágrimas. Y mañana es otro día. ¡Que bueno que viniste!

Y fue así como empezó a romperse la pobre niña. Porque la niña rota no nació rota. La vida la hizo así. Como un cristal se fue resquebrajando haciéndose cada vez más débil, hasta deshacerse por completo.

Ahora la niña rota ya es una mujer madura pero todavía conserva mucho de aquella niña que fue. Y es que hay cosas, que por muchos años que pasen, no pueden olvidarse.


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Ayer, después de leer en el blog de Torosalvaje su poema: "Los niños rotos" esta historia empezó a pugnar dentro de mí para salir a la luz. Gracias Toro porque tus palabras siempre provocan a mis sentimientos. Espero que no te disguste que haya escrito esta historia.


21 comentarios:

Eva Luna dijo...

Siento haberte metido en este sueño sin tu permiso. Si te molesta no tienes mas que decirmelo y lo cambiare.
Si te atreves a seguir soñando, espera a mañana.

Un abrazo

Aldabra dijo...

Todo lo contrario Eva Luna, me encanta. Muchas gracias.
Aldabra.

Lobadiz dijo...

Un texto muy currado, muy sentido. te entiendo...

Yo también soy un poco una niña mala, que a veces pienso que debo quererlos más, pero estoy tan bien sin sufrimiento dentro de mi caparazón... cáscara de perro, hermano y amigo...

Gracias por ese comentario en la entrada depresiva que escribí , de verdad, no te preocupes, siempre salgo de los baches, y si es bache constante, evito la depresión (de terreno! ja! ) mirando al cielo. A que sí? porque siempre nos queda soñar para estar tranquilos.

Un abrazo de tortuga :)
:D

Enredada dijo...

Aldi, ayer lo leí a Toro, y me provocó tantas emociones.
Hoy te leo a vos, y completás las historia.
Infancias rotas, llenas de duros recuerdos, de maltratos que van más allá de lo físico, esas vidas marcadas.
me voy con un nudo en la garganta, un beso enorme!

P.D VOLVIO ELBIIIIIIIIIIIIIIIIIII!!!!!!
ESTAMOS TODOS! MENOS ALEX!!!!
TE QUIEROOOOOOOOOOOOOOOO!!!!!!!!!

Gittana dijo...

hola, yo para decir verdad, soy niña buena!!!! ha ha ha ha!!! y si no me creen, entren a mi blog!!!

TOROSALVAJE dijo...

Cómo me va a molestar?

Al contrario. No sé si es cierta o no esta historia pero que podría serlo, seguro.

Demasiada infancia rota.

Besos.

Juan Luis dijo...

Lo peor de las infancias rotas es que muchas veces se convierten en una cadena. A aquellos a los que les rompieron la infancia pueden acabar rompiendo la de sus hijos.

Saludos.

Ale en renovación dijo...

me hiciste acordar de algun momento de mi infancia

muy lindo tu blog

besos infantiles
Alejandra

Abedugu dijo...

Triste pero muy bien relatada, aunque no sea más que una historia inventada, en la vida real hay demasiadas niñas como esta.
Un abrazo

Victor dijo...

Dura historia, pero real como la vida misma. Me ha conmovido.

aunqueyonoescriba dijo...

es terrible, que esta historia sea la historia de algunos niños...

martin dijo...

de más de los que nos creemos...

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

Hay muchas infancias rotas que son pesadas cargas cuando se crece.
Excelente texto.

Juanjo dijo...

Es una putada tener una infancia así, pero el ser humano tiene una capacidad asombrosa para vencer todo tipo de dificultades. Incluso ésta. Es el único consuelo que nos queda.

Un beso.

Elena dijo...

Uf, vaya historia, guapa...
Lo más duro de todo, es que es real... como la vida misma.
Yo conozco a una chica, cuya protectora madre y despótica abuela, le han arruinado la vida.... Es una historia durísima, sobre la que alguna vez puede q escriba.
Un besazo y sigue así

nandara dijo...

Infancia rota... ha de quedar atrás, mirar hacia delante. Rompieron la infancia, no tienen el porqué romper la madurez...
Que cicatricen las heridas, de una vez por todas. :)

Aldabra dijo...

Esta historia es real por eso lo que más me ha gustado de vuestros comentarios es que nadie la haya puesto en tela de juicio.

Muchísimas gracias y muchísimos besos.
Aldabra,

horabaixa dijo...

Hola Aldabra,

Cruda y bonita historia a la vez. Que dificil eso de demostrar los sentimientos. Que dificil enderezar cuando uno se sale del camino.

Cuantas niñas, con unos cuantos años de más, siguen siendo esas niñas.............

A veces parece que siempre todo se repite.

Muy bueno tu escrito

Bicos

Titajú dijo...

Tengo una amiga, hija de padre borracho, que ha sobrevivido entre paliza y paliza, hospitalización de la madre y de los hermanos.
Marta es abogado, es madre, está casada y es feliz. Sus padres, aún no se sabe muy bien porqué, han vuelto a vivir juntos después de mil peleas.
Y Alicia, superviviente de todas las torturas familiares del mundo, tiene un restaurante, es feliz, no sé si se ha casado o no. ¿A quién le importa?
A veces es más sencillo echarle la culpa a la vida, que construir una propia.

Aldabra dijo...

Titajú: bienvenida a mi blog y gracias por tus comentarios con los que estoy de acuerdo al 100%. ES verdad que es necesario que cada uno construya su vida, a pesar de los pesares pero reconocerás conmigo que no es lo mismo haber tenido una infancia llena de recuerdos felices que tenerla llena de lágrimas. No es lo mismo.
Además lo que quise dejar patente en este texto es que las vivencias, da igual la edad que se tenga (aunque sin duda las de lainfancia son muy importantes para el desarrollo de la futura personalidad de la persona) marcan, y marcan tanto que pueden cambiar tu forma de ser y convertirte en una persona que de no haber tenido esas experiencias sería de otra manera, más o menos feliz, no lo sé, pero distinta. Y no todas esas infancias rotas corren la misma suerte que Marta y Alicia, no todas esas infancias son igual de fuertes y consiguen superarlo.
Me alegra que hayas disentido porque está bien oír todas las perspectivas.

Horabaixa: es terrible que haya personas que no sepan expresar y hacer valer lo que sienten ¿verdad?, también quise dejar constancia de eso en este texto. El padre, la madre y la abuela querían a esta niña pero no de la forma adecuada y que ella necesitaba. Bueno, ella y cualquier otra chiquilla.

Biquiños.
Aldabra

jg riobò dijo...

La vida es duras y maduras.
Todo sirve para subir un peldaño.