domingo, 26 de octubre de 2008

Punta Frouxeira

 

faro

Irene llevaba semanas con la idea de ir hasta allí. Pero un día por otro no encontraba tiempo. Le apetecía un montón fotografiar el faro, el túnel y los acantilados. El mar tendría que estar impresionante con tanto viento.

Y por fin lo había decidido. Sería hoy. No iba a postergarlo más.

Al salir de la oficina de camino a casa iba haciendo cálculos de hora. Comería rápido, los cacharros al lavavajillas y el resto de cosas bien podrían esperar hasta su vuelta. Aprovecharía el poco sol que hacía para hacer las fotos. Tendría que salir aproximadamente sobre las cuatro si quería disfrutar del viaje con calma.

Tenía una pequeña duda. ¿Se atrevería a atravesar el túnel? Iba decidida. Tampoco era para tanto. Además siempre acostumbraba a haber gente. Era un lugar sumamente atractivo.

Y así hizo, tal como tenía planeado. Mientras se calentaba la comida que había dejado preparada de víspera se cambió de ropa. Tendría que ir abrigada porque allí el timepo siempre etaba revuelto, aún en verano.

Comió viendo las noticias en la tele. La deprimían. El mundo se había vuelto loco. Todo eran muertes violentas, accidentes, guerras, catástrofes. Aunque no era amante del deporte, al menos esas noticias le daban un descanso a su cabeza.

"No sé a donde vamos a llegar", dijo en voz alta, mientras se levantaba de la mesa camino del fregadero. Recogió la mesa y abrió la ventana de la cocina como de costumbre. Momento pitillo. Era incomprensible que le molestara el olor del tabaco en casa siendo fumadora, pero así era. Además, también es verdad, le gustaba fumar por la ventana, aunque fuese invierno e hiciese frío. Era reconfortante. Sobre todo después cuando cerraba y volvía al dulce calor de la cocina soleada.

Se lavó los dientes, fue al baño, se calzó las botas de montaña, se puso el chaquetón, cogió el bolso, la cámara de fotos y como una colegiala de excursión cerró la puerta de casa. Se acordó que había quedado de llamar a su amiga Laura para ir al cine. Volvió a abrir la puerta, se dirigió al teléfono y marcó los números. Salió la fría voz del buzón de voz del móvil de su amiga. Le dejaría el recado grabado.

"Hola Laura, soy Irene, me voy ahora mismo hasta Punta Frouxeira pero volveré con tiempo para ir al cine. Recógeme en casa a las ocho. Hasta luego".

Y volvió a salir al rellano. Cerró la puerta y bajó al garaje a coger el coche. Encendió la radio y se sintió como si fuese a vivir una aventura extraordinaria. No sé explicaba porqué tenía ese cúmulo de sensaciones. Trató de quitarle importancia y se puso a cantar.

Se tardaba media hora en llegar. Un suspiro cuando se disfrutaba del tiempo a cada minuto. Así que sin darse cuenta estaba en la estrecha carretera que conducía al aparcamiento del Faro. Tuvo que reducir la velocidad porque se encontró con otro coche delante. Un Seat Ibiza blanco con matrícula de fuera. Era normal en un lugar turístico como aquél aunque fuese durante la semana. Llegaron prácticamente juntos al aparcamiento. Y se bajaron los dos casi al unísono.

Del otro coche bajó un hombre. Puede que fuese de su misma edad o tal vez algo más joven. No se le daban muy bien esos cálculos. Se sintió un poco coaccionada para empezar a andar hacia el túnel. Como quiera que fuese el hombre era un extraño aunque tuviera buena pinta. Empezó a incomodarse, mientras daba vueltas por los alrededores del coche haciendo tiempo, mirando al mar. No quería entrar en el túnel con aquel hombre. Se dio la vuelta para volver a entrar al coche cuando el hombre se acercó a ella.

- Hola, buenas tardes. ¿Se puede pasar al túnel?

¿No conoces el lugar?

- Pues no. Me ha hablado un compañero del trabajo de este sitio y hoy me he decidido a venir.

- Pues sí que se puede entrar al túnel. Hay varios justo debajo de donde estamos. Antiguamente eran puestos de defensa de la costa. Al final de éste hay un mirador que está ya encima del mar. Siempre me impresiona.

- ¿Te importa si vamos juntos?

- Pues no -dijo Irene un tanto dubitativa.

- Mi nombre es Raúl ¿El tuyo? -dijo Raúl tendiéndole la mano.

- Me llamo Irene.

 

túnel

Se dieron la mano cortésmente y se pusieron a andar hasta la entrada. El pasillo principal del túnel estaba despejado y las dependencias que había a los lados sólo contenían escombros. Estaba en bastante buen estado de limpieza y conservación.

- Casi iba a marcharme porque atravesar el túnel me da miedo.

- Sí, resulta un poco inhóspito.

- Pero merece la pena llegar al final, ya lo verás.

- Te creo.

- ¿De dónde eres?

- De Cuenca.

- No la conozco.

- Tiene su encanto, como cualquier ciudad.

- Sí. Pienso como tú. Las ciudades al igual que las cosas hay que apreciarlas para poder encontrarles el punto.

- Ya hemos llegado.

- Si damos otro paso más nos caemos al mar.

- Tenías razón. Es fantástico.

- ¿Quieres fumar? -dijo Irene sacando el paquete de tabaco del bolso.

- No, gracias. No fumo -dijo Raúl.

- ¿Te molesta el humo? -dijo Irene.

- No, en absoluto. Además con el aire que hace ni me enteraré.

- ¿Te importaría sacarme una foto? Te puedo sacar también alguna a ti. Si tienes dirección de correo luego te las envío.

- No es necesario. No me gustan mucho las fotos. Gracias de todos modos. Pero venga, trae la cámara que te saco alguna.

Irene le pasó la cámara y le explicó lo básico para enfocar alejando y acercando y como tenía que pulsar el botón unos segundos para que la foto saliese nítida.

- Eres muy guapa, Irene.

- Gracias.

- Sonríe un poco que sales muy seria.

- Eso va a ser complicado. Me pongo muy nerviosa porque no me gusta que me miren.

- Pues sin mirarte es imposible enfocar ¿no crees?

- Sí. Lo intentaré.

- Te puedo contar un chiste o algo.

- No, ya está. ¿Así?

- Perfecta.

Raúl terminó de hacerle la foto y le devolvió la cámara.

- Bueno pues si quieres nos vamos -dijo Irene invitando a Raúl a marcharse del balcón.

- Verás, me gustaría quedarme un rato -dijo Raúl cambiando el tono de voz.

- Vale, entonces no te molesto más. Ya me voy. Tengo unos recados que hacer al volver

-dijo Irene a modo de disculpa.

- No te preocupes. Ha sido muy agradable estar contigo aquí -dijo Raúl en tono contrito.

- Para mi también ha sido agradable -dijo Irene dándose ya casi la vuelta.

- Encantado de conocerte Irene -dijo Raúl tendiéndole la mano

- Lo mismo digo -dijo Irene, emprendiendo ya el camino, pensativa.

Dió dos pasos y se volvió.

- Verás, tal vez te apetezca que te espere y que tomemos algo al volver. Aún me queda tiempo para un café -dijo Irene.

- Lo siento, me encantaría pero yo también tengo cosas que hacer después. De todos modos gracias por la invitación. Dame tu número de teléfono y te llamo un día -dijo Raúl sacando su móvil del bolsillo para apuntarlo directamente en la agenda de direcciones.

- 656.23.15.58 -dijo Irene despacio.

- Bueno pues ya está, dijo Raúl guardando de nuevo el móvil en el bolsillo.

- Hasta otro día, entonces -dijo Irene satisfecha de si misma.

- Hasta luego y gracias por tu compañía.

Irene comenzó de nuevo el camino de vuelta. Esta vez definitivamente. Se sentía contenta. Raúl le había caído bien. Le gustaría volver a verlo. Llegó afuera y corrió hasta llegar al coche. Lo abrió, se sentó y metió la llave en el contacto. Se le vino a la cabeza el número que le había dado dándose cuenta que había equivocado el último número. Algo habitual. Estaba duada con su madre y solía equivocarse con frecuencia. Salió del coche para volver hasta Raúl y decírselo. Cerró de nuevo el coche y emprendió el camino otra vez.

"Parece que no voy a irme nunca de aquí", dijo Irene, resignada, en voz alta.

Al entrar al túnel no vio a Raúl. Tal vez había salido por la parte de arriba. Había un pequeño caminito y seguro que lo había descubierto. Llegaría hasta el final y lo llamaría. Conforme se iba acercando vio un bulto en el pequeño muro de la balconada, donde hacía pocos minutos habían estado sentados conversando. Al acercarse pudo comprobar que se trataba de la ropa de Raúl, doblada impecablemente. Se asomó al vacío y empezó a gritar su nombre

- Raúl, Raúl, Raúl...

Tardó unos segundos en descubrir su cuerpo aplastado contra una roca. Desnudo y frío.

 

balcón

 

 

 

 

 

17 comentarios:

manuel de la rosa dijo...

Me loestaba viendo venir...solo en un moemnto pensé que llegaría a tiempo...que mla deben ir las cosas para quitarse la vida...a pesar de que digan que es de cobardes...hay que tener mucho valor para hacerlo. saludos

TOROSALVAJE dijo...

Jo, me he quedado casi como Raúl, aplastado...

Vaya.

Besos.

toñi dijo...

Jo , que pena no se que decir me he quedado sin aliento, espero no vivir jamás una situación así. Un beso

entrenomadas dijo...

Excelente, querida.
Eso sí, me he quedado espachurrada total.


Besos,

guillermo elt dijo...

Raul, Raul... Quién te llamó??? No supiste apreciar a Irene.
Besicos.

Paco dijo...

pero llegaste al final del tunel.

saludos...

^ Anti-Yo ^ dijo...

quizás no era el mejor final, o el que tú querías... pero al menos lo intentó.
(aunque no estoy muy convencida de que eso ayude a llevarlo mejor)

Me gusto mucho aunque no ha tenido un final feliz.
Salu2

Carlos dijo...

Nunca es fácil la vida, pero cada día nos regala una nueva esperanza, tener esta convicción, casi, casi como un mandamiento, es la mejor arma para enfrentar el tedio de las cosas.

(escuché las versiones de verde que te quiero verde, muchas gracias)

jg riobò dijo...

Unos se acercan para tener instantaneas del tiempo, otros para clausurar su tiempo.

Belén dijo...

Hija, que frío me has dejado la espalda...

Besicos

Kapi dijo...

Ahhhhhh... como si lo hubiese visto...

No me gusta el tipo: le crea unas expectativas que sabe que no va a cumplir. No me gusta ese tipo de personas, que de pronto desaparecen.

Besos.

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

"Desnudo y frío"... qué final más cierto.
Besos.

Elbereth dijo...

Sólo quería darte las Gracias, y un fuerte abrazo, muy grande y un beso. Nada más que eso.

horabaixa dijo...

Hola Aldabra,

Una triste historia. En éste momento está lloviendo, llevo varias llamadas hechas a un movil que no me responde. Y ese final, que personas que nos rodean lo tienen presente, hacen angustioso su encuentro.

Bicos

Fortimbras dijo...

Has logrado una historia bien redactada, cargada de intriga y con final inesperado. ¿Que mas se puede decir? Que merece ser publicada.
Enhorabuena.
Bicos

Aldabra dijo...

Gracias a todos por vuestros comentarios.

Ahora recuerdo, Elbereth, algo que leí en tu blog y con lo que estoy de acuerdo... algo así como: "muchos pensamos en la muerte y hemos querido morirnos más veces de las que confesamos" y algunos lo llevan a cabo.

biquiños a todos y que mañana tengáis un buen día.

Juanjo dijo...

Un relato impresionante. Se queda un sabor amargo al final que me gusta.

Besitos.