martes, 9 de junio de 2009

Margarita II. Principio y fin de un cuento.

DE CUANDO MARGARITA EMPEZÓ A DESEAR SER OTRA COSA

Margarita se supo distinta desde el momento en que abrió los ojos y sintió el primer soplo de brisa marina. Y lo supo instintivamente, no necesitó que su madre ni sus hermanos le dijesen nada. Cada vez que hablaba con su familia y con sus vecinos notaba las miradas extrañas que se clavaban sobre su cuerpo. Se expresaba con claridad, y con una espontaneidad que no observaba en el resto de sus congéneres. Por eso poco a poco se había ido aislando. En vez de jugar con las demás tortugas de su edad prefería irse a la orilla del mar a buscar conchas o esconderse entre las hierbas y observar como los caracoles y demás insectos realizaban sus quehaceres.

Un día mientras estaba escondida vigilando a una libélula vio a Lucrecia, una tortuga que según las habladurías, estaba muy enferma. Una de esas nuevas enfermedades raras. Iba a acercarse a hablar con ella, quería conocerla, cuando de pronto la sobresaltó un ruído. Era una gaviota que bajaba en picado. Intento correr para separar a Lucrecia de su trayectoria porque pensó que sería más efectivo que hablarle pero al ver que no llegaría a tiempo gritó con todas sus fuerzas:

- ¡Cuidado! ¡Cuidado!

No bien había terminado de decir el segundo “Cuidado”, ya vio como Lucrecia viajaba por el aire suspendida en el pico de la gaviota.

El caparazón de Margarita crujió estrepitosamente y empezó a picarle todo el cuerpo como si se cayera de lleno en un campo de ortigas. De ahora en adelante eses serían los síntomas que sufriría cada vez que algo la incomodase o entristeciera de verdad pero Margarita todavía no lo sabía.

Desarmada y confundida volvió al campamento. Tenía que contar lo sucedido a las demás. Cuando llegó al grupo nadie le hacía caso. Cada una estaba a lo suyo. Por eso, tuvo que empezar a chillar como una histérica para que dirigiesen su atención hacia ella:

- ¡Lucrecia! ¡Se han llevado a Lucrecia! ¡Ha sido una gaviota! ¡No llegué a tiempo de salvarla! ¡Intenté ayudarla pero no pude hacer nada!

Todas la miraron con algo de desprecio y reproche. Su madre para hacer menos tenso el momento le habló:

- Margarita, hija, ¿no te das cuenta de que es Ley de Vida? Los fuertes salen adelante y los débiles… Esa es nuestra primera lección, una lección que te enseñé hace tiempo y por lo visto, parece que no prestaste la debida atención.

- ¿Por qué era débil Lucrecia? -le respondió Margarita dolida y sin acabar de comprender.

- Estaba enferma, muy enferma -siguió diciendo su madre.

- No se podía hacer nada por ella -dijo otra tortuga que estaba más al fondo.

- Creo que es lo mejor que le podía pasar -dijo otra de ellas, con cara de haberse sacado un peso de encima.

- Eso es cruel, Mamá, ¿cómo podéis estar diciendo todas esas cosas? -dijo Margarita dirigiéndose a todas en general.

- Margarita, hija, ya te estoy diciendo que estaba enferma, parece que no quieres entender -contestando en un tono ya desafiante y queriendo dejar zanjado el asunto.

- ¿Y qué le pasaba exactamente? ¿Qué enfermedad tenía? -insistió terca Margarita.

- Estaba enferma y punto ¡Deja de dar la lata que pareces tonta! -le chilló su madre.

Las tortugas se miraron todas unas a otras. Empezaban a preguntarse a ver quién contestaba a la pregunta de Margarita, todas querían saber de qué enfermedad se trataba. Seguro que alguna sabía algo más sobre el asunto que el resto desconocía. Lo que le pasaba a Lucrecia tenía un nombre y alguna tendría que saberlo. Era lógico. Pero todas se equivocaban. La triste verdad es que nadie se había preocupado en ningún momento de hablar con Lucrecia para saber que le dolía, por qué estaba tan enferma.

Así que nadie dijo ni una sola palabra. Poco a poco, silenciosas y cabizbajas, el grupo se disolvió. Margarita se quedó sola varada en la arena, como un barco viejo abandonado. Hasta su madre y sus hermanos se habían marchado con todas las demás.

En ese mismo instante, viéndose tan sola y aturdida, comprendió lo terriblemente injusto que era toda la historia y que los demás, aunque fuesen todos menos ella, estaban equivocados. Lucrecia tenía un corazón y nadie se había acercado a él. Y ella… Margarita era demasiado pequeña. No crecía físicamente como las demás, otro hecho que la hacía sentir también diferente.

Se avergonzó entonces de ser tortuga y se juró a sí misma y le juró a Lucrecia, donde quiera que estuviese, que intentaría hacer algo. No sabía por dónde empezaría, ni las cosas que tendría que cambiar pero tenía claro que no quería vivir de aquel modo.

A partir de ese día su estancia en el grupo se hizo más difícil si cabe. Todos le hacían el vacío cuando se acercaba y hasta su madre, lo peor de todo, se avergonzaba de ella.

Pasaba todas las horas de su tiempo, excepto cuando dormía, pensando y pensando. Había oído hablar a algunas tortugas del grupo, las que tenían más fama de díscolas y revolucionarias, sobre no se qué de unas asambleas. Parece ser que todo era algo clandestino. Cuando hablaban sobre ello lo hacían cuchicheando y con gestos y hasta utilizaban un código en clave. Margarita podía ser pequeña, inocente y todo lo que se quisiera pero no tan tonta como para no darse cuenta de que había algo extraño en todo aquello, de que había otro mundo paralelo entre algunas tortugas, podía apostar la cabeza. Y decidió averiguar algo más sobre el asunto.

Una noche montó vigilancia. Hizo esfuerzos terribles para no quedarse dormida así que cuando casi todas estaban ya abandonadas a Morfeo ella seguía con los ojos entreabiertos. Así fue como comenzó a escuchar lo que decían algunas tortugas en sueños ¡Era increíble! Tenían una verdadera organización. Hablaban por turnos y se respetaban unas a otras. Y parece ser que se trasladaban a esa dimensión desde una de las fases del sueño. Atenta a las conversaciones dedujo que el denominador común de todos aquellos “sueños en alto” era que todas deseaban ser otra cosa. Por los motivos más diversos y extravagantes habían renunciado a la condición de ser de una tortuga. En aquellas reuniones nocturnas se buscaban a sí mismas. Buscaban dentro de lo más profundo de su ser en qué querían convertirse.

Margarita no salía de su asombro.

- Entonces todo eso que se rumoreaba por ahí era cierto. Nada de Leyendas Urbanas, como le decía su madre. Resulta que después de todo ella no era tan rara. Resulta que había más como ella. ¡Vaya, vaya! -se decía Margarita a sí misma.

Y tratando de digerir todo aquello, Margarita se echó a dormir.

A la mañana siguiente salió como de costumbre a dar su paseo por la playa. Y tan entretenida estaba mirando al mar que no oyó llegar al cazador de tortugas. Cuando vio que se acercaba con su truel no tuvo miedo, no escapó como las demás. Se dejó coger mansamente porque nada de lo que le pasase en adelante podía ser peor que aquel aislamiento en el que vivía. Y lo más importante, estaba preparada para empezar una nueva vida. Lejos. Muy lejos.

 

 tortugas cartel para salvarlas

 

 

Quiero resaltar que esta parte final del cuento surgió de una de mis sesiones del taller literario. Una tarde llevé la primera parte del cuento (y la única por entonces) al taller literario, para que mis compañeros opinaran sobre ella. Dersu, unos de mis compañeros que alguna vez al principio participó en mi blog y que durante un breve espacio de tiempo escribió el suyo propio, inventó posteriormente una historia, explicando su versión de porqué una tortuga iba a querer ser un ciprés. Se le hacía raro pensar en ello. Una vez que leí su cuento hice mi propia versión (la que os acabo de presentar), y la hice sobre todo porque él me pidió que la escribiera, llevado de la curiosidad por indagar en la psíque de humanos y tortugas :-))

Me regaló su cuento impreso (que voy a conservar siempre) con una dedicatoria:

"A la creadora de tortugas. A mi tortuga favorita, de una tortuga más antigua en la asamblea. Con cariño.

P.D.: Todos somos tortugas"

Sé que continúa leyéndome de vez en cuando y que le gustará  leer que valoro y reconozco su participación en este cuento, más que eso, de seguro que sin su insistencia no hubiera escrito esta parte, principio y fin de la historia. Gracias mil, Dersu.

 

 

16 comentarios:

Manuel de la Rosa -tuccitano- dijo...

Bueno...mientras no cayese en manos de un cocinero...a lo mejor en casa de unos niños, en un tortuguero...

El destino es el destino, nadie puede cambiarlo...besos

TORO SALVAJE dijo...

Claro, yo esperaba el después del ciprés, por eso no lo entendía al principio, ahora si lo entiendo.

Mejor cazada que como estaba.

Besos.

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

Y aún podría haber tercera parte...
Besos.

Belén dijo...

Los diferentes no son raros :)

Y eso, que vivan las tortugas!

Besicos

Verbo... dijo...

Busco un café, para nos. dos, y regreso.

Beso.

Verbo... dijo...

Que maravilla y qye genialidad. Somos tortugas, y que rico es compartir el arte la creatividad con compañeros que tienen el mismo ánimo y sentir.

Yo entro a un seminario de creación literaria (cuentos) la semana próxima, espero que algo se me ocurra,

Un beso.

Froiliuba dijo...

A veces me siento como Margarita y otras como Lucrecia, debe ser que soy rara...

Me gustó mucho esta segunda parte.

Mil besos

toupeiro dijo...

También a mi me gustan las tortugas, nos gustan a todos en casa, como todo tipo de animales y plantas.

Te enviaré alguna foto de nuestra tortuga cuando la saquemos para el estanque si es que llega el verano.



pd. las fotos que te envié no son de nuestra tortuga.

BIPOLAR dijo...

Pues yo creo que en esta segunda parte hablas de muchas cosas crueles que vivimos en esta sociedad, la marginación, la diferencia y la indiferencia.. pero ya sabes que soy una gamberra y he pensado que la pobre tortuga va a acabar hecha sopicaldo.

Salvemos las tortugas... y toda la fauna en peligro de extinción y que está siendo espoliada... :(

(Estoy deseando ver tu autorretrato, te quitarás la cola de escamas ¿no?)

irene dijo...

Es mejor pensar, de otra forma, casi no merece la pena vivir, una linda tortuga, precioso cuento.
De todas formas debemos cuidar las tortugas, sería una pena que desaparecieran.
Un beso, Aldabra.

Juanjo dijo...

Pensaba que te había comentado y veo que no.
Tu cuento me parece una alegoría de la evolución, del triunfo de lo diferente. Son esos seres únicos los que determinan el rumbo de las especies en la naturaleza. En el caso de los humanos, con mayor rapidez.

Un beso.

Carlos dijo...

Me gustó mucho el cuento, por su creatividad y su mensaje, aquello de que podemos ser lo que deseamos ser, pero también me gustó mucho, la formar en que lo terminaste de articular, esto de empezar por el final del cuento y cerrarlo por el principio.

Beso de quelonio que sigue soñando.

EL SUEÑO DE GENJI dijo...

La verdad es que me ha gustado mucho la historia de la tortuguita, aunque yo si te soy muy muy muy franco, no les tengo ningún cariño a estos animalitos. Tuve durante muchos años dos tortugas, las crié con amor, les daba de todo, les puse el acuario mas cojonudo que les pude poner con su superfiltro, sus piedritas, su terraza, sus plantitas, etc....Allí crecieron hasta que las tuve que dar a la Protectora de animales porque ya sobrepasaban el palmo de grandes.....Y sin embargo cuando me despedí de ellas llorando, ellas.....ni se dignaron en mirarme...¡Desagradecidas!!!.

Ahora estarán en un estanque gigantesco lleno de verdín, cañas, barro y otras delicatessen pasándoselo bien, mientras yo tengo aun el acuario en el rocho...

Dura es la vida¡¡

A mi si que me gustaría convertirme en arbol, pero no aquí, en una isla desierta del caribe, allí al menos sólo tendría que preocuparme de los huracanes, pero de nada ni nadie más...

Como me enrollo - debe ser mi lado más político de mi personalidad cuadripolar....

Bicos

Aldabra dijo...

Muchísimas gracias por leer este cuento y por dejar vuestros comentarios que siempre me ofrecen una visión nueva de lo que yo he escrito.

En este cuento aparentemente infantil trate de escribir sobre cosas que me preocupan:

- la "enfermedad de Lucrecia": a veces damos cosas por sentado sin saber que hay detrás, sin parar a analizar las cosas desde diferentes puntos de vista... los humanos somos dados a juzgar a la ligera (y hablo generalizando, hay de todo, faltaría más)

- la renuncia de Margarita a seguir siendo una más de su especie... ¿no os avergonzáis a veces de pertenecer al género humano?, yo sí, cuando veo tantas miserias por el mundo adelante me siento tan impotente y con tanta rabia que me gustaría ser otra cosa... tal vez una tortuga que no piensa.

- la incomprensión de la madre de Margarita.

- los sueños, lo que nos empeñamos en ser y los esfuerzos que hacemos para conseguirlos.

- el amor de los niños por los animales.

...

Pues todo eso, nada más y nada menos.

:-))

biquiños a todos.

entrenomadas dijo...

Un cuento sobre la evolución y la vida y tantas cosas....

MU bello.

Anda,vente para aquí a perturbarte un ratico.



Kisses,


Marta

horabaixa dijo...

Hola Aldabra,

Curiosas las tortugas. De pequeña tenia. Pero....siempre se me morian. Me entristecia el no saber porque.

Bicos