jueves, 30 de julio de 2009

Tapón

 

CONGO

Por fin había terminado de deshacer la última caja. Ya estaba cada cosa colocada en su sitio. Después de todo la casa había quedado bastante bien con los libros, las figuras, las plantas, las fotos... las cosas personales que ella se había llevado. Y hoy, puesto que era su primer día en aquella casa, el inicio de una nueva etapa, tampoco podían faltar las flores frescas. Había comprado tulipanes blancos y naranjas para la entrada, una pequeña rosa roja para el violetero del cuarto de baño y calas para la mesita situada al fondo del pasillo. Quizá se había excedido con los tulipanes, normalmente no gastaba tanto dinero en flores, pero era un día especial y era su particular manera de celebrarlo.

La casa tenía muchísima luz. Nada más abrir la puerta de la calle estaba la entrada que iniciaba el pasillo y justo en frente el salón, con un amplio ventanal. Con la misma orientación se encontraban la cocina y su habitación con su baño. Las ventanas daban a la playa. ¡Increíble!, pero así era, solo había que atravesar la carretera, unos jardines, el paseo marítimo y allí estaba aquella hermosa y larga playa. Lo que siempre había soñado. Levantarse por las mañanas y tomar su tazón de Colacao mirando el mar. Un lujo que al fin se podía permitir. Al otro lado de la casa había una habitación de invitados, el cuarto de baño grande que daba paso al tendedero y al patio de luces y un pequeño estudio. En éste estaban sus cosas más queridas y era allí donde pasaría la mayor parte del tiempo sin duda. Había instalado el escritorio con el ordenador, dos butacas con una mesa camilla, un mueble de pino donde estaba el equipo de música, una pequeña tele y casi todos sus libros colocados entre el mueble y estanterías situadas en la pared. También sus cuadros más queridos, aquellos que le habían regalado y tenían un significado diferente a los del resto de la casa.

Ahora ya podía concederse ese descanso que se tenía tan merecido. No era demasiado tarde, pero no eran horas de ponerse a cocinar algo para cenar, así que se tomaría un par de kiwis y un yogur, tampoco tenía mucha hambre. Y después subiría a la terraza del edificio. Después de la playa, aquella terraza fue lo que la hizo decidirse rápidamente por aquel piso. No podía dejar pasar aquella oportunidad. A ella se accedía desde el piso donde estaban situados los trasteros. Había un pequeño tramo de escaleras que comunicaba a través de una puerta con la terraza. Ésta comunicaba con el bloque de al lado pero si había suerte no subiría demasiada gente allí, sobre todo por las noches. Al lado de la puerta había una luz exterior que iluminaba una pequeña parte de la terraza y eso le ofrecía la posibilidad de leer un rato mientras se fumaba un cigarrillo. Hoy estaba demasiado cansada para leer así que simplemente se conformaría con asomarse a la barandilla mientras fumaba y ver todo cuanto su vista pudiese abarcar solamente con la luz de la luna.

Cogió sus cigarrillos, el encendedor, un cenicero, cerró la puerta de su piso y subió a pie. Su piso ya era el último, el 4º, y era justo hasta allí a donde llegaba el ascensor. Abrió la puerta de la terraza y no vio a nadie. Encendió su cigarrillo y se asomó a la barandilla. Su mente divagaba, pensaba en todo lo que había hecho en los últimos meses, en todas las decisiones que había tenido que tomar. La venta de su otra casa, la compra de este piso, la mudanza, dejar a la familia, los amigos, los compañeros de trabajo… tantos recuerdos. Otro lugar, otro clima. En realidad, a eso esperaba acostumbrarse pronto ya que allí el sol estaba garantizado la mayor parte del año. No iba a pensarlo más porque empezaría a tener miedo. Estaba absorta en todos estos pensamientos cuando sintió algo que se acercaba corriendo. Y de pronto una respiración agitada cerca de su pierna y un lametazo. Se giró para verle y era un cocker negro. Detrás aún casi cerrando la puerta que daba al otro bloque de pisos venía su dueño que cuando le vio empezó a gritarle:

- Tapón, vuelve aquí.

Se acercó a ella para disculparse.

- Te ruego que perdones la intromisión. Espero que no te haya dado un susto. Siempre sale como un rayo, ansioso por echarse unas carreras a pesar de que lo vengo avisando todo el rato. No suelo llevarlo atado porque normalmente aquí nunca sube nadie.

- No te preocupes. Me gustan mucho los perros. Y solo me asustan un poco los grandes. Una vez intentó morderme uno, todavía tengo una marca en la mano. Pero los pequeños me ofrecen más confianza, es más fácil defenderse en caso de ataque.

Tendiéndole la mano, le dijo:

- Me llamo Santiago y vivo en el otro bloque con “Tapón”. El ya se ha presentado a su manera. ¡Ah!, y jamás te mordería, es un buen perro.

- Yo me llamo Alicia y vivo también en el otro bloque, con “mis cigarrillos”.

Se echaron a reír.

Alicia le dio la mano y acercó su mejilla. Se dieron cortésmente un par de besos, lo habitual en las presentaciones. Le hizo un rápido repaso: unos 50 años, delgado, canoso, bien parecido... no estaba nada mal, pensó.¿Viviría solo? En ese mismo instante, Santiago dijo:

- Bueno, yo he de confesar que también vivo con “mis cigarrillos”, sólo que se me han quedado en casa con las prisas.

- Si quieres Ducados...

- Gracias, acepto tu ofrecimiento.

- Me parece increíble que no suba aquí casi nadie, como tú dices. Esta vista es impresionante.

- Se nota que eres nueva aquí, ¿verdad?

- Hoy es mi primer día. Al fin hoy terminé con mi última caja. Mientras duró la mudanza me alojaba en el hotel que hay al final de esta calle.

- ¿De dónde vienes?

- De muy lejos, contestó secamente.

- Perdona la indiscreción. No era mi intención molestarte.

- No es nada, solo que hoy no tengo ganas de hablar de lo que dejé atrás. Pero quizá haya otro día para contártelo.

- Seguro. Venga hagamos un inciso y corramos un tupido velo. ¿Qué tal si hoy para inaugurar tu primer día aquí y para ejercer de buena vecindad, te invito a tomar una caña en la terraza del bar de abajo? Mira, todavía hay gente. Si no te apetece, lo comprenderé.

- Lo siento por ti, pero esta vez no te libras.

Se echaron a reír de nuevo.

- Te doy cinco minutos, los mismos que yo tardo en dejar a Tapón en casa. Ni uno más.

- Trato hecho –dijo Alicia.

Cuando llegaron al bar comprobaron que la terraza estaba casi llena. Quedaban un par de mesas libres y en una de ellas se sentaron. Saborear las cañas en aquella terraza, con el rumor de las olas de fondo era... La cerveza sabía de forma diferente, era un sabor indescriptible. Para Alicia todo era nuevo, así que Santiago la puso al día en un plís-plás de todas las costumbres locales. Era un hombre muy agradable. Su primer día no podría haber empezado mejor. Santiago podría ser un buen amigo con el que compartir alguna charla. Y era lo que más necesitaba por encima de cualquier cosa. Allí estaba completamente sola, no conocía a nadie. Él era la primera persona con la que entablaba una conversación, así que se merecía un brindis:

- Quiero brindar por nosotros. Afortunadamente, debo decirlo, el destino ha querido que tú seas la primera persona que yo conociese aquí y ojalá que éste sea sólo el principio de una buena amistad –dijo Alicia.

- Un brindis muy bonito, gracias. Me siento halagado por la parte que me toca. Espero ser merecedor.

- Me vas a poner colorada. Venga, estamos poniéndonos demasiado ceremoniosos, ¿no crees? Así que hagamos otro inciso, corramos otro tupido velo y apuremos las cañas porque creo que ya es hora de que nos retiremos. No quiero llegar tarde en mi primer día de trabajo. Y he de reconocer que soy muy perezosa para salir de la cama y más cuando no dedico las suficientes horas de sueño.

- Bueno pues yo no me quiero sentir responsable. Ya nos veremos otro día. ¿En qué piso vives?

- En el 4º G –dijo Alicia.

- Yo en el 4º A. Hasta mañana y que tengas un buen día –dijo Santiago.

- Hasta mañana, gracias por la caña y sobre todo por la compañía.

Se dieron un par de besos de despedida, y cada uno entró en su portal. Alicia estaba rendida, así que no le llevó mucho tiempo desnudarse y meterse en la cama. Hoy dormiría sin echar las cortinas. Desde la cama podría mirar el mar, las luces de los faros que señalaban la entrada de la bahía, las luces de los barcos faenando en la noche... Y se dormiría así, con todas esas sensaciones agradables en su cabeza, sin pensar en nada más y soñaría con otros mundos lejanos. Más allá de su ventana, más allá del mar.

 

(Os animo a que escuchéis la música porque creo que encaja muy bien con lo que quiero transmitir en el texto. Recién acabo de descubrir a esta mujer con esta voz tan particular.)

 

(La fotografía la tomó Congo y yo le di unos cuantos retoques. El nombre del perro no lo puedo decir, porque él, que es muy suyo, quiere seguir permaneciendo en el anonimato, ser simplemente un perro más del montón, sin un nombre que lo identifique. Bueno, eso es lo que dice él, porque lo que yo creo es que simplemente lo hace para fastidiarme. Así que "Tapón" es un nombre ficticio.)  

21 comentarios:

horabaixa dijo...

Hola Aldabra,

Sugerente. Casa nueva, nueva vida.

Que tengas un buen verano

Bicos

Adolfo Payés dijo...

todo nuevo. la vida que recomienza en otro lugar del tiempo..

Saludos fraternos
un abrazo muy grande

Aldabra dijo...

¿Os cuento un secreto?

Pero no reiros, por favor. Bueno, vale, podéis sonreiros un poquito.

El caso es que "Tapón" iba a ser el principio de una novela, conseguí escribir otros 7 capítulos más además de "Tapón" pero ahí me paré y le dí un punto y final. Entre nosotros creo que me quedó muy "rosa, cursi, ñoño", no sé, esa fue la impresión que me quedó aunque por supuesto que le tengo mucho cariño a estos pequeños relatos que unidos forman un todo. A mí madre y a sus amigas de la playa les encantó pero claro, ya conocéis a mi madre, y ya sabemos como somos muchas para el romanticismo :-)

En fin, pues eso: que no se os escape el secreto.

Besitos a discreción y buenas noches.

Titajú dijo...

Yo también tuve un perro que le lamía las piernas a todo quisque, pero era un pastor alemán.
Daría lo que fuese por tener la playa a tiro de piedra.

mariona. dijo...

empezar...


eso quisiera yo hacer ahora...

TORO SALVAJE dijo...

O sea que reciclaste la novela.
Muy bien. Una decisión muy ecológica.
Me gusta como ha quedado.

Besos.

EL Pinto dijo...

Roma mi perra tiene la costumbre de besar a su manera, si alguien llama su atención la respuesta son esos lametazos afectivos. Aquel que la quiere, cuando se encuentre con Roma, encontrará su afecto, sus lametazos su alegría.
El relato ha recordado ese poema de Mario Benedetti, “Los formales y el frió”, que viene a recordar que en la vida siempre hay un comienzo.
La música, acariciadora.

PMM dijo...

Pues a mí me ha gustado mucho este principio de novela, quizás Tapón merezca una continuación.

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

Habría que dormir siempre sin echar las cortinas... Besos.

TORO SALVAJE dijo...

Si que lo entendí.
Se quedó en 8 capítulos en vez de nosecuántos si hubiera sido una novela larga.
Reciclaste tu idea original.

Besos.

Silvia dijo...

Qué maravilla comenzar de nuevo haciendo nuevos amigos. Los comienzos son duros, pero también esperanzadores. Cuando comencé en ávila fue menos duro gracias a mis amigos. Hoy, Ávila es mi segunda casa y siempre la llevaré en el corazón. Precioso texto y preciosa canción.
Un abrazo, guapisima

Chousa da Alcandra dijo...

Pois para poñerlle un nome ficticio elexiches ben abondo!

(Trouxen "cojones del anticristo"!. Agora tes que contarme o teu soño... ;-)

Labrega dijo...

:)
^ ^
_

mua

Carlos dijo...

Hum, ahora nos dejas con la intriga de como hubiera continuado la historia de Tapón, Santiago y Alicia. :)

Seguramente hubieran pasado de la amistad al amor, y luego conviviendo en una de las dos casas, alquilando la otra, con ese dinero hubieran viajado por distintas partes del mundo, ahh, la vida de las novelas, quien las pudiera vivir. :)

Entre nos, nadie le puede recriminar a Tapón haber ido directamente hacia las extremidades de ella, todos conocemos las piernas de Alicia. :)

Beso desde el cuarto "C".

Albino dijo...

Un bonito principio de historia, porque tal y como la planteas tendrá continuidad. La vecindad no es suficiente entre un hombre y una mujer que se sienten solos y posiblemente necesitados de compañía. El perro no es suficiente y los cigarrillos tampoco.
Bicos.

BIPOLAR dijo...

Pensé que se iban a acostar juntos porque ha ido todo muy rápido, y luego resulta que él es un asesino...

a mí me resulta difícil describir los minutos.

fonsilleda dijo...

Bueno pues, ya que Tapón es el primer capítulo, lo que creo que debes hacer, es, si quieres poco a poco, a pesar de lo cursi o ñoña que pueda parecerte, seguir compartiendo con nosotros, el resto.
Ya ves, quedas obligada.
Bicos veraniegos sin verano

Belén dijo...

Hay que cerrar página, y abrir nuevas cajas...

Besicos

Mari Carmen dijo...

Un precioso relato, un lindísimo comienzo, frente al mar, con ganas de seguir con la vida, a pleno rendimiento.

Me ha gustado mucho. Seguirá viniendo por aquí.

Un abrazo :)

iliamehoy dijo...

Un delicioso paseo por una noche de verano. Vistas al mar, puertas que se cierran al tiempo que permiten abrir otras...
Por cierto, sin "tapón" como excusa, a ellos les hubiera costado inicar la conversación. Fijo.
Una sonrisa y más verano.

Aldabra dijo...

muchísimas gracias a todos por vuestros comentarios y a los que os pasáis por primera vez, bienvenidos.

mañana empieza una semana nueva, la primera de agosto, ojalá que sea buena para todos.

biquiños y buenas noches.