martes, 19 de febrero de 2013

Bye, bye, Goyito


De Goyo, ni rastro. Como lo estás leyendo, cariño. Se marchó. Esta mañana, al levantarme, lo busqué por toda la casa y no está. Apareció una nota en el sofá del salón. En sus breves palabras de despedida, nos dice que siente no poder esperar a conocerte y que fue feliz entre nosotras pero que tiene que seguir su camino. Que no le guardemos rencor pero que él tiene que seguir ayudando a las princesas de los cuentos. Que le perdonemos.

Violeta hasta lloró del disgusto.

En fin, supongo que hay que aceptarlo. Era una historia muy bonita para ser cierta, ¿verdad?

¡Qué nervios, amor! Ya quedan pocos días para que regreses de nuevo. Como en anteriores ocasiones, no sé cuántos, ya sabes que nunca los cuento. Me gusta más recibir la sorpresa cuando me dices ¿Me puedes venir a buscar?

Al principio de tu marcha todo es más fácil. Te vas y me concentro en no pensar en ti, ni en el tiempo que voy a estar sin verte. Pero poco a poco conforme se acerca la fecha de volver a vernos mi cabeza se va relajando y los instantes de deseo llegan con más frecuencia y más fuertes. Y en ese deseo incluyo todo, no sólo la parte física. Como hoy, por ejemplo. Estaba leyendo el periódico cuando descubrí que habían estrenado una película que me gustaría ver. Podría ir esta tarde, no tengo ningún plan previsto pero me encantaría que la viéramos juntos para comentarla, para que te burles de mí si lloro… para que nos peleemos por las palomitas… Esperaré a que llegue esa ocasión en que podamos compartirla.

Este fin de semana me estoy sintiendo un poco rara. Pero no te preocupes, estoy bien, de verdad, sigo encontrándome tranquila y animada. Rara es sólo distinta. No te vas a creer por qué se me ha dado. Me han entrado unas ganas terribles de tener un perro. Creo que podría hacerme pasar muy buenos ratos. Nos daríamos compañía y cariño mutuamente. Hasta he ido a ver una tienda de animales a ver si tenían algún perrito en el escaparate. Sólo había dos pequeños gatos dormidos: uno negro y otro a pintas negro y castaño. Estaban de foto. Tal vez sólo quiero aliviar mi “soledad” y lo escribo entre comillas porque ya sabes que amigos para salir no me faltan. Pero no es eso. Seguro que entiendes lo que quiero decir. Aunque si algún día tuviera un perro, adoptaría, por supuesto. Que hay muchos perrillos abandonados y necesitados de mucho cariño.

Ains!... Y es que Violeta está con un carácter muy complicado. A veces la siento muy cerca y otras a mil años luz. No consigo saber, por más que lo intento, lo que pasa por su cabeza, lo que le preocupa. Supongo que sólo tengo que tener paciencia y esperar a que crezca y madure. Entonces imagino que podremos ser buenas amigas. Al menos lo intentaré.

Ahora estoy haciendo la sobremesa, y fumando un pitillo, después del helado de rigor. Ya sabes cómo me pierden los helados, tanto en verano como en invierno. Y voy a prepararme tan pronto acabe una infusión para ir a zapatearme en el sofá ¿Te preparo una y vienes a tomártela conmigo? ¿Qué dices? ¿Qué sí?

Estupendo.

P.D.: Esta carta es muy sosa, cariño. Lo siento. Es el invierno. Y lo mucho que te echo de menos.

11 comentarios:

TORO SALVAJE dijo...

De sosa nada.
Una carta hermosa y entrañable.

Besos.

Paco Cuesta dijo...

Yo diría que es una carta a corazón abierto.
Un abrazo

pluvisca dijo...

Es tierna Aldabra y desprende mucho amor.

Goyo vino a mi cas a decirme que se marchaba a la Bretaña...

Besos

Myriam dijo...

Una carta muy tierna, muy tierna... pero que pena que Goyito se fue :-)

Un beso

Rebeca dijo...

Así que tratando de llenar huequitos con un perro, y todo porque Goyito se ha marchado y él aún no ha regresado. Cada vez estoy más enganchada a tanto romanticismo, y a esa soledad que describes de estar sola sin estarlo.Que continúe el cuento.

Chela dijo...

Ando un poco desconcertada contigo, con Goyito, con Violeta, con las idas y las esperas...Y por ese corazón tierno y anhelante que muestras.
Me desconcierta también, que me dejaras un comentario desde otro de tus blogs, el cambio de "foto"… Te he buscado en el de siempre y me encuentro esta página que me desconcierta, porque sin quererlo siempre hago una segunda lectura, a sabiendas de que puedo equivocarme en el "mensaje".
Una cosa me hizo sonreír, y es la de compartir tu afición por los helados. En mi caso más que afición es vicio, sin distinguir estaciones ni horarios, me apetecen a cualquier momento y tengo debilidad por los de sabor a café. Ahora estoy a régimen (en plan serio) y ya no hay ninguna tarrina en mi nevera.

Bueno, deseo lo mejor para ti, y deseo que la espera tenga premio.

Un abrazo fuerte, muy fuerte.

mariola dijo...

Y yo que quería que Goyo se quedase!
Pero bueno, así es la vida, hay que aceptar lo que se nos presenta.
Quizás algún día regrese.( je je...es que me gustan estas historias que cuentas).
La carta entrañable.
un besito.

zeltia dijo...

sabes? esta carta tendría que estar escrita en un papel lindo con caligrafía preciosa.

:-)

Abejita de la Vega dijo...

Tres bolas y nueces...hummmm, qué rico.

Goyo estará en otro sueño.


Biquiñoa

Pedro Ojeda Escudero dijo...

precisamente en estas cartas sosas es en donde están las emociones.
Besos.

Tesa Medina dijo...

Normal que Goyito se haya ido, añoranza de aventuras y espacios abiertos.

Seguro que a él no le parece sosa esta carta de amor, y también estará deseando decirte las palabras mágicas: "ven a buscarme" con todas la emociones a flor de piel.

Un beso,