martes, 9 de junio de 2009

Margarita II. Principio y fin de un cuento.

DE CUANDO MARGARITA EMPEZÓ A DESEAR SER OTRA COSA

Margarita se supo distinta desde el momento en que abrió los ojos y sintió el primer soplo de brisa marina. Y lo supo instintivamente, no necesitó que su madre ni sus hermanos le dijesen nada. Cada vez que hablaba con su familia y con sus vecinos notaba las miradas extrañas que se clavaban sobre su cuerpo. Se expresaba con claridad, y con una espontaneidad que no observaba en el resto de sus congéneres. Por eso poco a poco se había ido aislando. En vez de jugar con las demás tortugas de su edad prefería irse a la orilla del mar a buscar conchas o esconderse entre las hierbas y observar como los caracoles y demás insectos realizaban sus quehaceres.

Un día mientras estaba escondida vigilando a una libélula vio a Lucrecia, una tortuga que según las habladurías, estaba muy enferma. Una de esas nuevas enfermedades raras. Iba a acercarse a hablar con ella, quería conocerla, cuando de pronto la sobresaltó un ruído. Era una gaviota que bajaba en picado. Intento correr para separar a Lucrecia de su trayectoria porque pensó que sería más efectivo que hablarle pero al ver que no llegaría a tiempo gritó con todas sus fuerzas:

- ¡Cuidado! ¡Cuidado!

No bien había terminado de decir el segundo “Cuidado”, ya vio como Lucrecia viajaba por el aire suspendida en el pico de la gaviota.

El caparazón de Margarita crujió estrepitosamente y empezó a picarle todo el cuerpo como si se cayera de lleno en un campo de ortigas. De ahora en adelante eses serían los síntomas que sufriría cada vez que algo la incomodase o entristeciera de verdad pero Margarita todavía no lo sabía.

Desarmada y confundida volvió al campamento. Tenía que contar lo sucedido a las demás. Cuando llegó al grupo nadie le hacía caso. Cada una estaba a lo suyo. Por eso, tuvo que empezar a chillar como una histérica para que dirigiesen su atención hacia ella:

- ¡Lucrecia! ¡Se han llevado a Lucrecia! ¡Ha sido una gaviota! ¡No llegué a tiempo de salvarla! ¡Intenté ayudarla pero no pude hacer nada!

Todas la miraron con algo de desprecio y reproche. Su madre para hacer menos tenso el momento le habló:

- Margarita, hija, ¿no te das cuenta de que es Ley de Vida? Los fuertes salen adelante y los débiles… Esa es nuestra primera lección, una lección que te enseñé hace tiempo y por lo visto, parece que no prestaste la debida atención.

- ¿Por qué era débil Lucrecia? -le respondió Margarita dolida y sin acabar de comprender.

- Estaba enferma, muy enferma -siguió diciendo su madre.

- No se podía hacer nada por ella -dijo otra tortuga que estaba más al fondo.

- Creo que es lo mejor que le podía pasar -dijo otra de ellas, con cara de haberse sacado un peso de encima.

- Eso es cruel, Mamá, ¿cómo podéis estar diciendo todas esas cosas? -dijo Margarita dirigiéndose a todas en general.

- Margarita, hija, ya te estoy diciendo que estaba enferma, parece que no quieres entender -contestando en un tono ya desafiante y queriendo dejar zanjado el asunto.

- ¿Y qué le pasaba exactamente? ¿Qué enfermedad tenía? -insistió terca Margarita.

- Estaba enferma y punto ¡Deja de dar la lata que pareces tonta! -le chilló su madre.

Las tortugas se miraron todas unas a otras. Empezaban a preguntarse a ver quién contestaba a la pregunta de Margarita, todas querían saber de qué enfermedad se trataba. Seguro que alguna sabía algo más sobre el asunto que el resto desconocía. Lo que le pasaba a Lucrecia tenía un nombre y alguna tendría que saberlo. Era lógico. Pero todas se equivocaban. La triste verdad es que nadie se había preocupado en ningún momento de hablar con Lucrecia para saber que le dolía, por qué estaba tan enferma.

Así que nadie dijo ni una sola palabra. Poco a poco, silenciosas y cabizbajas, el grupo se disolvió. Margarita se quedó sola varada en la arena, como un barco viejo abandonado. Hasta su madre y sus hermanos se habían marchado con todas las demás.

En ese mismo instante, viéndose tan sola y aturdida, comprendió lo terriblemente injusto que era toda la historia y que los demás, aunque fuesen todos menos ella, estaban equivocados. Lucrecia tenía un corazón y nadie se había acercado a él. Y ella… Margarita era demasiado pequeña. No crecía físicamente como las demás, otro hecho que la hacía sentir también diferente.

Se avergonzó entonces de ser tortuga y se juró a sí misma y le juró a Lucrecia, donde quiera que estuviese, que intentaría hacer algo. No sabía por dónde empezaría, ni las cosas que tendría que cambiar pero tenía claro que no quería vivir de aquel modo.

A partir de ese día su estancia en el grupo se hizo más difícil si cabe. Todos le hacían el vacío cuando se acercaba y hasta su madre, lo peor de todo, se avergonzaba de ella.

Pasaba todas las horas de su tiempo, excepto cuando dormía, pensando y pensando. Había oído hablar a algunas tortugas del grupo, las que tenían más fama de díscolas y revolucionarias, sobre no se qué de unas asambleas. Parece ser que todo era algo clandestino. Cuando hablaban sobre ello lo hacían cuchicheando y con gestos y hasta utilizaban un código en clave. Margarita podía ser pequeña, inocente y todo lo que se quisiera pero no tan tonta como para no darse cuenta de que había algo extraño en todo aquello, de que había otro mundo paralelo entre algunas tortugas, podía apostar la cabeza. Y decidió averiguar algo más sobre el asunto.

Una noche montó vigilancia. Hizo esfuerzos terribles para no quedarse dormida así que cuando casi todas estaban ya abandonadas a Morfeo ella seguía con los ojos entreabiertos. Así fue como comenzó a escuchar lo que decían algunas tortugas en sueños ¡Era increíble! Tenían una verdadera organización. Hablaban por turnos y se respetaban unas a otras. Y parece ser que se trasladaban a esa dimensión desde una de las fases del sueño. Atenta a las conversaciones dedujo que el denominador común de todos aquellos “sueños en alto” era que todas deseaban ser otra cosa. Por los motivos más diversos y extravagantes habían renunciado a la condición de ser de una tortuga. En aquellas reuniones nocturnas se buscaban a sí mismas. Buscaban dentro de lo más profundo de su ser en qué querían convertirse.

Margarita no salía de su asombro.

- Entonces todo eso que se rumoreaba por ahí era cierto. Nada de Leyendas Urbanas, como le decía su madre. Resulta que después de todo ella no era tan rara. Resulta que había más como ella. ¡Vaya, vaya! -se decía Margarita a sí misma.

Y tratando de digerir todo aquello, Margarita se echó a dormir.

A la mañana siguiente salió como de costumbre a dar su paseo por la playa. Y tan entretenida estaba mirando al mar que no oyó llegar al cazador de tortugas. Cuando vio que se acercaba con su truel no tuvo miedo, no escapó como las demás. Se dejó coger mansamente porque nada de lo que le pasase en adelante podía ser peor que aquel aislamiento en el que vivía. Y lo más importante, estaba preparada para empezar una nueva vida. Lejos. Muy lejos.

 

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Quiero resaltar que esta parte final del cuento surgió de una de mis sesiones del taller literario. Una tarde llevé la primera parte del cuento (y la única por entonces) al taller literario, para que mis compañeros opinaran sobre ella. Dersu, unos de mis compañeros que alguna vez al principio participó en mi blog y que durante un breve espacio de tiempo escribió el suyo propio, inventó posteriormente una historia, explicando su versión de porqué una tortuga iba a querer ser un ciprés. Se le hacía raro pensar en ello. Una vez que leí su cuento hice mi propia versión (la que os acabo de presentar), y la hice sobre todo porque él me pidió que la escribiera, llevado de la curiosidad por indagar en la psíque de humanos y tortugas :-))

Me regaló su cuento impreso (que voy a conservar siempre) con una dedicatoria:

"A la creadora de tortugas. A mi tortuga favorita, de una tortuga más antigua en la asamblea. Con cariño.

P.D.: Todos somos tortugas"

Sé que continúa leyéndome de vez en cuando y que le gustará  leer que valoro y reconozco su participación en este cuento, más que eso, de seguro que sin su insistencia no hubiera escrito esta parte, principio y fin de la historia. Gracias mil, Dersu.

 

 

sábado, 6 de junio de 2009

Margarita, la tortuga que surgió de un sueño

Emulando el título de la novela del inglés John Le Carré: "El espía que surgió del frío", da comienzo esta historia.

Hace un par de años, un sueño extraño me mantuvo varios días desconcertada. En cualquier momento, da igual lo que estuviese haciendo,  la tortuga de mi sueño (que todavía no tenía nombre) hacía su aparición en mi cabeza y trataba de decirme algo, sin llegar a identificar del todo qué podría ser lo que quería decirme. Hasta que caí en la cuenta de que debía escribir su historia.

Y le di nombre a la tortuga: Margarita.

Y convertí el árbol sin especificar del sueño en un ciprés, una elección meditada por toda su simbología. Muchos pueblos consideran al ciprés un árbol sagrado, llamándolo también: el árbol de la vida.  En otras culturas simboliza la unión entre el Cielo y la Tierra y en otros lugares es el Árbol de la Muerte.

Meses después de escribir mi cuento "infantil" se lo envié por correo a una amiga para que me diese su opinión. Ella me respondió, señalándome que se había acordado de un libro que tenía en casa y que me pasaría en cuanto nos viésemos. Se titulaba: "Aldabra" de Silvana Gandolfi.

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Sinopsis: Elisa tiene una abuela envidiable, capaz de inventar nuevos juegos cada día y de crear un universo mágico en torno a la casa, el huerto, y el cobertizo, repleto de telas y pinceles. El truco para darle con la puerta en las narices a la muerte consiste en transformarse, dice la abuela a su nieta al inicio de esta novela. Pero, ¿de qué clase de transformación habla? Y, sobre todo, ¿qué quiere decir cuando afirma que lo mejor es ser muy duro por fuera y bien blando por dentro? ¿A qué tendrá que enfrentarse Elisa si quiere ayudarla?

Cuando terminé de leer el libro sentí curiosidad por Aldabra y busqué por internet. Aldabra es un atolón de coral en el océano Índico con una gran riqueza natural en lo referente a flora y fauna autóctonas, lo que le ha valido ser catalogado por la Unesco en 1982 como Patrimonio de la Humanidad. Entre su fauna endémica destaca la tortuga gigante de Aldabra. También destaca una importante población de tortuga verde y tortuga carey.

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Hace un par de semanas Eifonso Lagares, del blog Islas Cíes Blog (un espacio personal para la reflexión, comunicación, opinión y expresión libre), que edita desde Vigo, me hizo llegar un correo con un enlace, en donde se hablaba de Aldabra: 101 Lugares Increíbles, una  sección del Blog Visión Beta (cosas que ni te imaginas).

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Tengo que decir que el hecho de que Eifonso se acordara de mi blog me hizo una ilusión enorme y me ofreció así la oportunidad de hablar del porqué de mi nombre en el blog y de porqué me gustan las tortugas y lo que significan para mí. Porque desde que existe Margarita, todas cuantas tortugas veo (también las de Senia) son un poco ella (aunque parezca un desvarío).

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Desde aquí, mil gracias a Eifonso, al que os invito a visitar pinchando en los enlaces. Su blog abarca temas de lo más variado y siempre que lo visitéis vais a poder aprender o recordar cosas realmente  interesantes.

Por último, deciros que el cuento que os dejé ayer: Margarita "La verdadera historia de la tortuga Margarita que más que tortuga quería ser otra cosa", tiene una continuación que os mostraré en unos días, aunque más que continuación debería decir regresión. Espero que no os defraude.

 

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Las fotografías del atolón de Aldabra están sacadas de:  101 Lugares Increíbles y las de las tortugas de Aldabra son de diferentes páginas de internet. Las dos tortuguitas pequeñas son las de Senia y la fotografía la saqué yo. Espero no haberos aburrido mucho porque el post es un poquitín largo. Y si todavía queréis más información pinchar los diferentes enlaces.

 

viernes, 5 de junio de 2009

Margarita I. (Un cuento en dos partes)

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LA VERDADERA HISTORIA DE LA TORTUGA MARGARITA QUE MÁS QUE TORTUGA QUERÍA SER OTRA COSA

Margarita era una tortuga pequeña. En realidad, era la tortuga más pequeña de toda la tienda de animales. Tan pequeña, que cuando Tom la compró para regalársela a los gemelos, tuvo serias dudas de que sobreviviera. Pero después de algunas indecisiones optó por ella porque le dio algo de pena. Casi no se veía dentro de la bolsa de plástico en la que la depositó el vendedor para hacer el viaje desde la tienda a casa.

Cuando la vieron los gemelos, sufrieron una decepción; pero como era mejor una tortuga que nada, se conformaron. Y cada día, antes de irse al colegio, tomaron la rutina de darle de comer comida de tortugas, especial crecimiento, la que le había recomendado a Tom el vendedor.

Margarita estaba como loca de contenta en su nuevo habitáculo: una hermosa pecera azul con piedras amplias para descansar y palmeras. Todo cuanto tenía que hacer era comer, pensar y dormir.

Y pensando, pensando, un día decidió que ella no quería ser tortuga. Ella lo que de verdad quería, era ser otra cosa. Había visto un árbol precioso en la finca de la casa de Tom. Tan alto que parecía llegar al cielo y con una sombra tan alargada que su silueta casi se perdía en el horizonte. Sería hermoso ser algo así.

Así que se puso manos a la obra.

Cada día devoraba la comida con un ansia inusual en las tortugas. Tom se acercó de nuevo a la tienda donde la había adquirido para consultar al vendedor y preguntarle si aquello era normal. El vendedor le dijo que no, que efectivamente, él nunca había tenido una tortuga que comiese tanto.

Margarita empezó a engordar y crecer tanto que ante la mirada atónita de Tom y los gemelos, su caparazón empezó a resquebrajarse. Decidieron entre los tres que habría que buscarle otro lugar para vivir porque ya no cabía en su hermosa pecera azul. En la finca había un lavadero que ya no se usaba y a Tom se le ocurrió que allí podría estar bien. Estaba techado, lo que la abrigaría de la lluvia, del sol y del rocío de las noches. Así que allí la depositaron. Pusieron el tapón al lavadero y lo llenaron con un poco de agua.

Margarita no tardó en acostumbrarse a su nueva vivienda. En realidad, estaba encantada. Por la noche podía mirar la luna y divertirse espantando a los mosquitos que se acercaban a importunarla.

Y seguía y seguía creciendo hasta que el caparazón cedió por completo al empuje de su cuerpo. Y se partió. Margarita quedó libre de ataduras. Se notaba muy rara.

Era la mañana de un sábado cuando Tom salió de casa con los gemelos para darle de comer. Asombrados, descubrieron que el caparazón había desaparecido del cuerpo de Margarita. Estaba hecho añicos en una esquina del lavadero. Y también observaron que del cuerpo de Margarita brotaban unos pequeños rabillos que tenían todo el aspecto de ser raíces de planta. Desconcertados, se la llevaron a la consulta del veterinario más cercano. Su diagnóstico fue claro y contundente: Margarita pronto dejaría de ser una tortuga. En qué se convertiría, nadie lo sabía pero pronto tendría lugar la transformación.

Al cabo de un mes las raíces eran ya tan grandes que Tom decidió sacarla del lavadero y dejarla en el campo. Margarita casi no podía desplazarse por la hierba porque las raíces abultaban ya más que su cuerpo. Ahora, además de la comida de tortugas, comía todo cuanto estaba a su alcance: moscas, escarabajos, orugas… Parecía un saco sin fondo.

Los gemelos estaban pensando en llevársela a un programa que se emitía por la televisión y que iba de mascotas. Los niños acudían con sus mascotas y cada día ganaban un premio los tres niños que llevasen las mascotas más originales. Le contaron la idea a Tom. Y Tom les dijo que no era prudente. Tom sabía, aunque no le dijo nada a los niños, que Margarita era un ejemplar poco común por todo lo que había investigado en Internet. Es más, sospechaba que era un caso único en todo el mundo. No sería buena idea exponerla a los ojos de personas que podrían querer llevársela a un laboratorio para pincharla, medirla y observarla sin dejarla vivir en paz. No; eso no era lo que quería para Margarita.

Mientras unos y otros elucubraban con el futuro de Margarita, ella, seguía erre que erre, en convertir sus deseos más profundos en realidad. Así que una noche cuando ya todos dormían, buscó por el jardín un hueco donde depositar todas sus raíces y elevarse. No fue una tarea difícil. Tom había estado sacando unos bulbos de tulipán para guardarlos en el garaje y que no se pudrieran en la tierra para poder ser plantados al año siguiente. Y Margarita aprovechó esta oportunidad.

Fue introduciendo una a una sus raíces y cuando éstas entraban en contacto con la tierra húmeda por el rocío de la noche, se iban endureciendo al tiempo que su cuerpo se iba convirtiendo en un tronco. Los brazos y las piernas se convirtieron en hermosas ramas y la cabeza formó una copa que miraba a la luna retadora. Lo había conseguido. Atrás quedaban sus días de tortuga pequeña. Por fin era lo que siempre había querido ser: un ciprés. Un ciprés alargado, con una sombra tan alargada que casi se perdía en el horizonte. Ahora, ya era totalmente feliz.

A la mañana siguiente de este suceso, cuando Tom y los gemelos salieron de la casa para buscar a Margarita y darle de comer, descubrieron con estupor que no estaba por ninguna parte. Tom enseguida se dio cuenta de lo que había sucedido porque descubrió el nuevo ciprés en un lugar donde antes sólo había un agujero. Y lo mejor que pudo, explicó a sus hijos que a veces las cosas no son lo que parecen ser.

Los gemelos no estaban convencidos con las explicaciones de Tom. Todavía eran un poco pequeños para entender el alcance de los acontecimientos. Y como era de esperar, protestaron, lloraron y le hicieron prometer a Tom que pondrían un anuncio en el periódico para que si alguien la encontrara se la devolviera. Y Tom, en su interior, se sintió orgulloso de haber sido el vehículo para que Margarita, por fin, se hubiera convertido en lo que de verdad quería ser: un ciprés, un ciprés alto y hermoso.

 

martes, 2 de junio de 2009

Arriba vs Abajo

 

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Cuando llegamos a la cima
siempre pienso en el regreso,

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en el vértigo que se me produce
en la boca del estómago,
conforme vamos descendiendo
por la ladera frondosa.

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Pero después, Congo,
cuando llegamos abajo,

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al río,

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pienso en que todo lo que me sucede:
los nervios, el miedo, el sudor,
el cuerpo tenso, el vértigo,

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han merecido la pena,
porque me siento más llena de vida
que cuando iniciamos el ascenso.

 

Y en la calma

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a tu lado, Congo

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vuelvo a disfrutar del campo,

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del olor de las flores,

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del silencio del valle,

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del líquido elemento,
que nos recuerda de donde venimos.

 

Las fotografías las hice el sábado en Aranga, un municipio de la provincia de La Coruña (Galicia) a donde fuimos a pasar el día. 

El río de las fotos es el Mandeo, que drena los ayuntamientos de Sobrado dos Monxes, Aranga, Curtis, Irixoa, Oza dos Ríos, Cesuras, Coirós, Paderne y Betanzos, a lo largo de sus 56 kilómetros.

Los principales atractivos del municipio de Aranga son los que proporciona su paisaje montañoso surcado por encajonados valles. Los cazadores y pescadores, o simplemente excursionistas aficionados a la marcha por el monte, encuentran aquí un auténtico paraíso. El Mandeo es uno de los pocos ríos de Galicia que todavía mantiene una pequeña población de salmón atlántico además de reo, anguila o trucha.

 

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viernes, 29 de mayo de 2009

¿Te acordarás cuando seas mayor?






Cuando llenábamos la bañera.

Una enfrente a la otra llenábamos la boca de agua con la cebolleta de la ducha y jugábamos a escupirnos. La que atinaba en la cara de la otra hacía un punto.




Cuando dormíamos juntas.

Al despertarte te decía: ¿qué prefieres un beso de vaca, de esquimal o de mariposa? Siempre escogías los de vaca. Entonces te daba lengüetazos por la cara y te desternillabas de risa.




Cuando veíamos la tele en el sofá de la casa vieja.

Te estirabas a todo lo largo y yo me sentaba en una esquina. Reposabas los pies sobre mi regazo y decías: “Anda, mami, tócame los pies”. Yo te los masajeaba, incansable, hasta que te adormecías.



Cuando hiciste la primera comunión.

Fuimos a comprar el vestido. En el comercio estabas encantada probándotelos todos. Y cuando viste el de la falda de tul te enamoraste a primera vista. Parece que había sido hecho para ti. La ceremonia fue muy hermosa y en el banquete lo pasaste en grande. Cuando llegamos a casa, ya muy tarde, te tumbaste en mi cama y dijiste casi llorando: “Mamá, hoy es el día más feliz de mi vida. No quiero que se acabe”.



Cuando fuimos en avión por primera vez.

A ti te daba miedo volar pero se veía todo tan bonito… las nubes, los colores del cielo, el sol rojo, el puente de Rande… Estábamos emocionadas. Al volver lloraste porque te daba pena que el tiempo se acabara.




¿Te acordarás cuando seas mayor de esos momentos especiales que compartimos?




martes, 26 de mayo de 2009

Eume

Eume puede referirse a:

  • Eume, comarca española perteneciente a la provincia de La Coruña.
  • Eume, río gallego que da nombre a la Comarca del Eume (La Coruña).
  • Fragas del Eume, parque natural que comprende parte del curso del río Eume.
  • Eume, embalse artificial en el curso del río Eume

 

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Follas sobre
follas,
gotas sobre
gotas,
pasos sobre
pasos.
Todo é camiño perdido.

(Hojas sobre hojas, gotas sobre gotas, pasos sobre pasos. Todo es camino perdido).

 

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Xunto ás ruínas do muíño de auga
agardarei a ver que camiño toma a miña alma
aínda que, probabelmente,
como escribiu Böhme,
a alma non vai cara parte ningunha

(Junto a las ruínas del molino de agua esperaré a ver qué camino toma mi alma aunque, probablemente, como escribió Bohme, el alma no va cara a ninguna parte).

 

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Pesco troitas no Eume.
Ráspolles as escamas.
Ábroas, arráncolles as espiñas,
córtoas e cocíñoas.

Canta sede despois?

A dos peixes e a miña.

(Pesco truchas en el Eume. Les raspo las escamas. Las abro, les arranco las espinas, las corto y las cocino. ¿Cuánta sed después? La de los peces y la mía).


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A sombra da vía láctea
esconde baixo chave
o teu traxe de noiva.
Entrada xa a noite
desmaiáronse as promesas.
O Eume zigzagueante
esvaraba transparente
polas nosas veas de doce
salitre.

(La sombra de la vía láctea esconde bajo llave tu traje de novia. Entrada ya la noche se desmayaron las promesas. El Eume zigzagueante resbalaba transparente por nuestras venas de dulce salitre).

 

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Mírote como me mirou meu pai.
Mírote como miro a miña filla. 
Mírote como ela me mirará.
Mírote como se todos fósemos príncipes de Dinamarca.

(Te miro como me miró mi padre. Te miro como miro a mi hija. Te miro como ella me mirará. Te miro como si todos fuésemos príncipes de Dinamarca).

 

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Cargado de anos retorno.

Uns nenos que xogan ás carreiras de caracois,
pídenme que aposte por algún deles.
E ao perder con todos pregúntanme:
"De onde é vostede, señor?"

(Cargado de años regreso. Unos niños que juegan a las carreras de caracoles, me piden que apueste por alguno de ellos. Y al perder con todos me preguntan: ¿De dónde es usted, señor?).

 

Estos versos son del libro "Eume" de César Antonio Molina,  cuyo único libro de poemas en gallego hasta el momento databa de 1982 (A noite no crátere). Le costó tres años escribir sobre el Eume en la lengua vernácula (ya está traducido y editado en castellano), escrito con el corazón y no con la razón.

"En este poemario, el autor desarrolla una idea metafísica del río, como lugar de iniciación, como elemento sagrado y lugar de todos los lugares, y un nombre, el Eume, que sirve para todos los nombres fluviales porque siempre será el mismo río que corre por nuestro interior."

 

RUTA DE SENDERISMO: A Capela - Mosteiro de Caaveiro - Pontedeume

Iniciamos la Ruta en A Capela.

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Y continuamos hasta hacer nuestra primera parada a tomar un tentempié en el Monasterio de Caaveiro. Lo divisamos a lo lejos escondido entre la vegetación.

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El Monasterio de Caaveiro se estableció en el año 934 en las Fragas del Eume, (Provincia de La Coruña), Comunidad Autónoma de Galicia, España, para acoger a los numerosos anacoretas que vivían dispersos en la zona.

Los restos más antiguos son del siglo XII, destacando la iglesia que se levanta sobre un montículo muy escarpado que obligó a sus constructores a salvar los desniveles del terreno por medio de altos muros con contrafuertes y estancias subterráneas. Del templo románico se conserva en buen estado la cabecera y buena parte de la nave. Queda también en pie un hermoso campanario barroco del siglo XVIII, obra de la escuela de Simón Rodríguez. La casa de los canónigos y las cocinas del monasterio también se conservan aceptablemente.

El conjunto fue declarado en 1975 Monumento Histórico Artístico por su importancia arquitectónica.

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Seguimos descendiendo por la Fraga del Eume por el sendero marcado hasta llegar a la zona de la Alameda, donde comeremos y donde iniciaremos después el resto del recorrido por el río en kayak, auxiliados en todo momento por el Club Náutico Firrete de Pontedeume.

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Completamos la Ruta y llegamos a la meta, sanos, salvos y sin lluvia (lo más importante porque el día amenazaba). Congo y yo paseamos por Pontedeume que tantas veces recorrimos ya, mientras esperamos el bus de vuelta a casa. 

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Pontedeume es un municipio costero ubicado entre La Coruña y Ferrol y muy próximo a estas ciudades, tiene, por tanto, un buen número de playas, calas y acantilados en sus inmediaciones.

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La villa fue fundada ex novo por carta puebla de Alfonso X el Sabio en 1270. El emblema de la villa es el río Eume que pasa a través de ésta y desemboca en el Océano Atlántico . Sus calles estrechas con suelos y fachadas de piedra, balcones y galerías de madera forman un conjunto declarado "Monumento Histórico-Artístico". Sus plazas y calles acogen cafés y bares con terrazas y una zona de vinos y tapas con animación durante todo el año.

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Si queréis ampliar información pinchar en los enlaces y si queréis ampliar las fotografías pinchar sobre las mismas.

Las fotografías las hice el domingo y la información está sacada de Internet.