Ana A: (Paciente)
Raimon/Rai R: (Terapeuta)
A - Hola Rai, buenos días.
R - Hola Ana, ¿qué tal?
Ana se deja caer desmadejada sobre el sofá de cuero y le pide a Rai un cojín. Le dice que necesita sentirse agarrada a algo. Rai se lo acerca.
A - Pues... Estoy muy cansada, Rai. Agotada. Casi sin fuerzas para nada. Hoy es mi último día de vacaciones, ¿sabes?
R - ¿Y qué tal han ido? ¿Lo has pasado bien con tus amigas?
A - La verdad es que al final no he estado mucho con ellas. Es que...
... (silencio)
A - En realidad quise ir con ellas porque en Santander, el lugar a donde fuimos, vive Jaime. Nunca te hablé de él. Jaime fue un amor de la facultad. Nunca hubo nada entre nosotros pero nos gustábamos mucho y nos queríamos, también. Él tenía novia y yo sabía que no iba a dejarla. Jaime es Jaime y es muy... como te diría, ¿tradicional? Llevaba algunos años ya con Elena y yo sólo era... Bueno, no sé muy bien qué era para él en aquel momento. Tal vez fuera un soplo de aire fresco, muy diferente a él, de otra clase social y muy loca. El caso es que hemos seguido manteniendo contacto, eso sí, en secreto. Elena jamás le dejaría mantener una relación con otra mujer. Nos hemos escrito correos, alguna postal, alguna llamada de teléfono y algún café de refilón en algún que otro viaje. Pero...
... (silencio)
A- En este viaje yo ya sabía que quería ir a por más.
R - ¿En qué sentido?
A - ¿En cual va a ser, Rai? ¿Es que no me conoces ya?
R - Puedo intuirlo pero quiero que me lo cuentes con tus palabras.
A - Eso pensaba. Dame tiempo...
... (Silencio)
A - Pues quería acostarme con él. Porque estoy harta de imaginarme una y mil veces como sería hacerlo con él, con Jaime, mi amigo de noches largas y charlas sobre todo lo divino y lo humano. ¿Sabes? Jaime era muy facha en la facultad y lo sigue siendo creo... y yo muy roja, y eso, aunque parezca una tontería siempre me producía mucho morbo. ¿Lo harían igual los de derechas que los de izquierdas? ¿Serían más recatados o más desaforados? Sé que es una chorrada, puedes reírte abiertamente, lo entenderé.
R - Sabes que respeto todo lo que decís en la consulta, no tengo porque reirme de nada ni de nadie, no soy quien.
A- El primer día que llegamos a Santander le envié un mensaje al móvil y le dije en que hotel estábamos. Como te imaginarás pedí habitación individual porque de antemano sabía que desde luego iba a intentar que pasase. Y Jaime me contestó en seguida, diciéndome que estaba libre al día siguiente. Así que obviamente, hablé con mis amigas y esa tarde me quedé en el hotel a esperarlo. Fue...
... (Silencio)
A- Todo fue como había imaginado. Bueno, para ser más exacta fue todavía más inesperado. Nada más entrar en la habitación nos abrazamos. Era nuestro primer abrazo a pesar de nuestra amistad de años. Habíamos sido siempre muy cautelosos intentando no traspasar esas barreras que separan la amistad de algo más y así evitamos tanto como pudimos el contacto físico: un roce de manos, el abrazo o los besos cerca de la boca... Así que nuestro primer abrazo fue... te puedes imaginar, Rai. Nada más sentirme rodeada me puse a llorar como una estúpida. Supongo que mis lágrimas eran fruto de la emoción contenida tantos años. Pero nada más despegarnos empezamos a besarnos como lobos heridos, con pasión, con rabia, con prisa. A medio desnudar llegamos hasta la cama... pero en seguida me di cuenta de algo. Jaime ya no era el joven de la universidad. Estaba gordito, tenía entradas, barba con canas y algunas arrugas... A mí me parecía todavía uno de los hombres más guapos del mundo mundial pero aún así le pedí que corriese las cortinas. Quería hacer el amor, más que con Jaime, con la imagen de Jaime que había en mi cabeza y para eso prefería no ver su cara mientras estábamos haciéndolo.
... (Silencio)
A - No fue ninguna maravilla, la verdad, no me voy a engañar. Una primera vez así nunca puede salir bien porque hay demasiados factores en juego pero aún con todo fue... El cuerpo de Jaime me quemaba como el fuego de siete volcanes. En todo momento sentía mi cuerpo como lava que se desliza montaña abajo. Y me sentía caer. Y caí. Y al llegar otra vez a la habitación del hotel fue cuando lo supe. Tuve la certeza de que aquello no tenía que haber pasado, Rai. O sí. Estoy hecha un lío.
R - ¿No era eso lo que querías?
A - Sí y no. Su amor por cumplir siempre estaba ahí en la recámara. Y ahora me siento vacía, Rai. Apagada. Triste. No tengo ya nada por lo que suspirar en mis momentos más bajos, esa esperanza ciega que era su amor, el que un día se realizaría porque tal vez llegara a separarse de Elena y vendría a por mí, vestido de caballero medieval y me diría que todo el tiempo pasado había pensado en mí y en lo nuestro y que por fin ya podíamos estar juntos.
R - Pero no te dijo nada de eso.
A - No Rai, no me dijo nada de eso. Cuando terminamos de hacerlo se separó de mi cuerpo y se puso a mirar al techo. Aunque la habitación estaba bastante oscura pude ver sus ojos fijos en la nada. No sabía que decirme, estaba claro. Yo sí le hablé. Le conté todo lo que había pasado por mi cabeza mientras me penetraba, mientras acaricicaba mis pechos, mientras lamía los lóbulos de mis orejas... pero Jaime no podía decir nada. No tenía palabras. Y le pedí que se fuera, que necesitaba estar sola, que le llamaría al día siguiente.
R - Pero no lo hiciste.
A - Tuve miedo, Rai. Y sé que él también lo tuvo. Todo aquel calor que sentimos nos desbordó...
... (Silencio)
A - Jaime estuvo llamándome cada día mientras estuvimos en Santander pero siempre obtuvo la misma respuesta: que no podía verlo, que estaba muy asustada. Y sin insistir me decía: Mañana vuelvo a llamarte... Al volver a casa tenía una carta suya en mi buzón de correo. Y me dice que... Me dice que siempre me ha querido, que ni un sólo día se ha olvidado de mí pero...
R - No puede estar contigo.
A - Sí, exactamente. No puede estar conmigo ni ahora ni nunca. Dice que él sintió lo mismo que yo pero...
R - Está Elena.
A - Y yo no puedo dormir, Rai, ni comer, ni hacer nada de provecho. No paro de darle vueltas a la cabeza y estoy agotada. Dejo pasar las horas sentada en el sofá del salón, a oscuras y vuelvo a imaginarlo todo punto por punto... Jaime detrás de la puerta comiéndome a besos, Jaime dentro de mí, Jaime jadeando, Jaime susurrándome cuanto le gusta...
R - Todavía le quieres
A - Sólo sé que el pasado siempre vuelve, Rai y deja todo patas arriba, como cuando un elefante entra en una cacharrería.
R - Así es Ana. Pero ten en cuenta que sólo tú eres la dueña de tu presente y de tu futuro y de decidir como encajar ese parte del pasado en tu vida actual. Sólo tú puedes decidir.
A - Lo sé, Rai pero tengo tanto miedo...
R - Lo harás bien, ya verás.
... (Silencio)
A - Se ha terminado el tiempo. Nos veremos la semana que viene.
R - Y me contarás algo de Santander.
A - Todos los sitios son parecidos, Rai, con sus rincones acogedores, los feísmos, los paisajes... lo que los hace diferentes es nuestra visión.
R- Supongo que tienes razón.
A - Pues nos vemos la semana que viene.
R - Cúidate, intenta descansar, ¿de acuerdo? Creo que has adelgazado.
A - Sí, un poquito. Haré lo que me dices. Nos vemos.
Os invito a escuchar esta estupenda canción.
La he descubierto esta semana en el blog Caxigalines de Rubo,
un amigo virtual de los primeros,
que escribe relatos y micros buenísimos.
Si queréis ver el vídeo de la canción pinchar aquí.