martes, 26 de octubre de 2010

Sueños por bandera

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Hoy me he levantado temprano para ponerme al día, de una vez por todas, con la lectura de vuestros blogs porque si no me pongo a ello decidida, me dejo llevar por las tareas caseras y por el punto (ya he terminado mi primer jersey que nos queda muy bien a Senia y a mí; bueno a ella le queda mejor, claro está, no se puede competir con sus 19 años, su estatura... ) y no me queda tiempo para vosotros, lo cual me produce cierta insatisfacción... Pero no doy para más, espero que sepáis perdonarme. Y eso que supuestamente tengo mucho tiempo porque todavía sigo de baja. Espero que en pocos días, el rehabilitador me dará el alta, porque si no me la pediré por mi cuenta, no aguanto más en casa sin volver a la rutina laboral. Tengo hasta miedo de haberme olvidado de todo.

Se han ido volando estos cuatro meses. El 25 de junio ya ha quedado lejos... aunque no dejo de olvidar aquel día: el dolor tan grande, mi angustia, los nervios... Me sentía morir y tan lejos de casa (¿recordáis que mi caída fue en Navarra?) que para mis adentros sólo pedía volver a ver a Senia, una vez más, saber que estaba bien, sentirla a mi lado.   

En fin. Hoy no quiero hablaros de ese momento, no sé por qué me ha salido.

Hoy sólo quiero hablaros de mis emociones. Y de los sueños. Porque leyendo el blog de Pequeña Abeja: mi pequeña hija ya mayor, Senia, se me han saltado las lágrimas de cuatro en cuatro, hasta que empezaron a caer ya al final, a borbotones. Y es que me he emocionado doblemente: por la historia que esboza en su pequeña entrada y porque es ella quien lo cuenta, es ella quien se ha conmovido. Os pido, por favor, que la leáis porque nunca viene mal que recordemos que hay personas, que de verdad de la buena, de la roja, siguen creyendo en sus sueños, a pesar de las mil y una dificultades. Pinchar aquí, sólo os llevará dos minutos. Y si queréis hacer algún comentario, dejarlo en su blog, me parece lo justo, yo los leeré allí.

(La foto la he robado de su blog, sé que me lo perdonará)

¡Ay, casi se me olvida! Senia está matriculada en el Ciclo Superior de Integración Social porque seguro que al leer la entrada os lo preguntaréis.

 

 

Por bandera esa persona que te espera,
por bandera las cosas que dejaste a medias
por bandera las tardes de risas y sin problemas,
por bandera ver atardecer
desde mi ventana en primavera,
desde mi ventana en primavera.

viernes, 22 de octubre de 2010

Una vez a la semana. V. El pasado siempre vuelve.

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Ana  A: (Paciente)
Raimon/Rai R: (Terapeuta)

A - Hola Rai, buenos días.
R - Hola Ana, ¿qué tal?

Ana se deja caer desmadejada sobre el sofá de cuero y le pide a Rai un cojín. Le dice que necesita sentirse agarrada a algo. Rai se lo acerca.

A - Pues... Estoy muy cansada, Rai. Agotada. Casi sin fuerzas para nada. Hoy es mi último día de vacaciones, ¿sabes?  
R - ¿Y qué tal han ido? ¿Lo has pasado bien con tus amigas?
A - La verdad es que al final no he estado mucho con ellas. Es que...

... (silencio)

A - En realidad quise ir con ellas porque en Santander, el lugar a donde  fuimos, vive Jaime. Nunca  te hablé de él. Jaime fue un amor de la facultad. Nunca hubo nada entre nosotros pero nos gustábamos mucho y nos queríamos, también. Él tenía novia y yo sabía que no iba a dejarla. Jaime es Jaime y es muy... como te diría, ¿tradicional? Llevaba algunos años ya con Elena y yo sólo era... Bueno, no sé muy bien qué era para él en aquel momento. Tal vez fuera un soplo de aire fresco, muy diferente a él, de otra clase social y muy loca. El caso es que hemos seguido manteniendo contacto, eso sí, en secreto. Elena jamás le dejaría mantener una relación con otra mujer. Nos hemos escrito correos, alguna postal, alguna llamada de teléfono y algún café de refilón en algún que otro viaje. Pero...

... (silencio)

A- En este viaje yo ya sabía que quería ir a por más.
R - ¿En qué sentido?
A - ¿En cual va a ser, Rai? ¿Es que no me conoces ya?
R - Puedo intuirlo pero quiero que me lo cuentes con tus palabras.
A - Eso pensaba. Dame tiempo...

... (Silencio)

A - Pues quería acostarme con él. Porque estoy harta de imaginarme una y mil veces como sería hacerlo con él, con Jaime, mi amigo de noches largas y charlas sobre todo lo divino y lo humano. ¿Sabes? Jaime era muy facha en la facultad y lo sigue siendo creo... y yo muy roja, y eso, aunque parezca una tontería siempre me producía mucho morbo. ¿Lo harían igual los de derechas que los de izquierdas? ¿Serían más recatados o más desaforados? Sé que es una chorrada, puedes reírte abiertamente, lo entenderé.
R - Sabes que respeto todo lo que decís en la consulta, no tengo porque reirme de nada ni de nadie, no soy quien.
A- El primer día que llegamos a Santander le envié un mensaje al móvil y le dije en que hotel estábamos. Como te imaginarás pedí habitación individual porque de antemano sabía que desde luego iba a intentar que pasase. Y Jaime me contestó en seguida, diciéndome que estaba libre al día siguiente. Así que obviamente, hablé con mis amigas y esa tarde me quedé en el hotel a esperarlo. Fue...

... (Silencio)

A- Todo fue como había imaginado. Bueno, para ser más exacta fue todavía más inesperado. Nada más entrar en la habitación nos abrazamos. Era nuestro primer abrazo a pesar de nuestra amistad de años. Habíamos sido siempre muy cautelosos intentando no traspasar esas barreras que separan la amistad de algo más y así evitamos tanto como pudimos el contacto físico: un roce de manos, el abrazo o los besos cerca de la boca... Así que nuestro primer abrazo fue... te puedes imaginar, Rai. Nada más sentirme rodeada me puse a llorar como una estúpida. Supongo que mis lágrimas eran fruto de la emoción contenida tantos años. Pero nada más despegarnos empezamos a besarnos como lobos heridos, con pasión, con rabia, con prisa. A medio desnudar llegamos hasta la cama... pero en seguida me di cuenta de algo. Jaime ya no era el joven de la universidad. Estaba gordito, tenía entradas, barba con canas y algunas arrugas... A mí me parecía todavía uno de los hombres más guapos del mundo mundial  pero aún así le pedí que corriese las cortinas. Quería hacer el amor, más que con Jaime, con la imagen de Jaime que había en mi cabeza y para eso prefería no ver su cara mientras estábamos haciéndolo.

... (Silencio)

A - No fue ninguna maravilla, la verdad, no me voy a engañar. Una primera vez así nunca puede salir bien porque hay demasiados factores en juego pero aún con todo fue... El cuerpo de Jaime me quemaba como el fuego de siete volcanes. En todo momento sentía mi cuerpo como lava que se desliza montaña abajo. Y me sentía caer. Y caí. Y al llegar otra vez a la habitación del hotel fue cuando lo supe. Tuve la certeza de que aquello no tenía que haber pasado, Rai. O sí. Estoy hecha un lío.
R - ¿No era eso lo que querías?
A - Sí y no. Su amor por cumplir siempre estaba ahí en la recámara. Y ahora me siento vacía, Rai. Apagada. Triste. No tengo ya nada por lo que suspirar en mis momentos más bajos, esa esperanza ciega que era su amor, el que un día se realizaría porque tal vez llegara a separarse de Elena y vendría a por mí, vestido de caballero medieval y me diría que todo el tiempo pasado había pensado en mí y en lo nuestro y que por fin ya podíamos estar juntos.
R - Pero no te dijo nada de eso.
A - No Rai, no me dijo nada de eso. Cuando terminamos de hacerlo se separó de mi cuerpo y se puso a mirar al techo. Aunque la habitación estaba bastante oscura pude ver sus ojos fijos en la nada. No sabía que decirme, estaba claro. Yo sí le hablé. Le conté todo lo que había pasado por mi cabeza mientras me penetraba, mientras acaricicaba mis pechos, mientras lamía los lóbulos de mis orejas... pero Jaime no podía decir nada. No tenía palabras. Y le pedí que se fuera, que necesitaba estar sola, que le llamaría al día siguiente.
R - Pero no lo hiciste.
A - Tuve miedo, Rai. Y sé que él también lo tuvo. Todo aquel calor que sentimos nos desbordó...

... (Silencio)

A - Jaime estuvo llamándome cada día mientras estuvimos en Santander pero siempre obtuvo la misma respuesta: que no podía verlo, que estaba muy asustada. Y sin insistir me decía: Mañana vuelvo a llamarte... Al volver a casa tenía una carta suya en mi buzón de correo. Y me dice que... Me dice que siempre me ha querido, que ni un sólo día se ha olvidado de mí pero...
R - No puede estar contigo.
A - Sí, exactamente. No  puede estar conmigo ni ahora ni nunca. Dice que él sintió lo mismo que yo pero...
R - Está Elena.
A - Y yo no puedo dormir, Rai, ni comer, ni hacer nada de provecho. No paro de darle vueltas a la cabeza y estoy agotada. Dejo pasar las horas sentada en el sofá del salón, a oscuras y vuelvo a imaginarlo todo punto por punto... Jaime detrás de la puerta comiéndome a besos, Jaime dentro de mí, Jaime jadeando, Jaime susurrándome cuanto le gusta...
R - Todavía le quieres
A - Sólo sé que el pasado siempre vuelve, Rai y deja todo patas arriba, como cuando un elefante entra en  una cacharrería.
R - Así es Ana. Pero ten en cuenta que sólo tú eres la dueña de tu presente y de tu futuro y de decidir como encajar ese parte del pasado en tu vida actual. Sólo tú puedes decidir.
A - Lo sé, Rai pero tengo tanto miedo...
R - Lo harás bien, ya verás.

... (Silencio)

A - Se ha terminado el tiempo. Nos veremos la semana que viene.
R - Y me contarás algo de Santander.
A - Todos los sitios son parecidos, Rai, con sus rincones acogedores, los feísmos, los paisajes... lo que los hace diferentes es nuestra visión.
R-  Supongo que tienes razón.
A - Pues nos vemos la semana que viene. 
R - Cúidate, intenta descansar, ¿de acuerdo? Creo que has adelgazado.
A - Sí, un poquito. Haré lo que me dices. Nos vemos.

 

 

Os invito a escuchar esta estupenda canción.
La he descubierto esta semana en el blog Caxigalines de Rubo,
un amigo virtual de los primeros,
que escribe relatos y micros buenísimos.

Si queréis ver el vídeo de la canción pinchar aquí.

sábado, 16 de octubre de 2010

Viajes

girasol seco

Vamos, y volvemos, por los mismos paisajes y caminos, escapando de una rutina que después de un par de días, se torna añorada. Las pieles comienzan a echarse de menos y nuestros besos, hartos de jugar al escondite, amenazan con salir a la palestra durante los postres.

A la ida, la muerte de un amigo de tiempos ha, me entristece por los Campos de Castilla.

"Señores -dijo don Quijote-, vámonos poco a poco, pues ya en los nidos de antaño no hay pájaros hogaño. Yo fui loco, y ya soy cuerdo: fui don Quijote de la  Mancha, y soy agora, como he dicho, Alonso Quijano el Bueno. Pueda con vuesas mercedes mi arrepentimiento y mi verdad volverme a la estimación que de mi se tenía, y prosiga adelante el señor escribano...

Cerró con esto el testamento, y, tomándole un desmayo, se tendió de largo a largo en la cama. Alborotáronse todos y acudieron a su remedio, y en tres días que vivió después deste donde hizo el testamento, se desmayaba muy a menudo. Andaba la casa alborotada; pero, con todo, comía la sobrina, brindaba el ama, y se regocijaba Sancho Panza; que esto del heredar algo borra o templa en el heredero la memoria de la pena que es razón que deje el muerto.
En fin, llegó el último de don Quijote, después de recebidos todos los sacramentos, y después de haber abominado con muchas y eficaces razones de los libros de caballerías. Hallóse el escribano presente, y dijo que nunca había leído en ningún libro de caballerías que algún caballero andante hubiese muerto en su lecho tan sosegadamente y tan cristiano como don Quijote; el cual, entre compasiones y lágrimas de los que allí se hallaron, dio su espíritu: quiero decir que se murió.
Viendo lo cual el cura, pidió al escribano le diese por testimonio como Alonso Quijano el Bueno, llamado comúnmente don Quijote de la Mancha, había pasado desta presente vida y muerto naturalmente; y que el tal testimonio pedía para quitar la ocasión de algún otro autor que Cide Hamete Benengeli le resucitase falsamente, y hiciese inacabables historias de sus hazañas.
Este fin tuvo el Ingenioso Hidalgo de la Mancha, cuyo lugar no quiso poner Cide Hamete puntualmente, por dejar que todas las villas y lugares de la Mancha contendiesen entre sí por ahijársele y tenérsele por suyo, como contendieron las siete ciudades de Grecia por Homero."

A la vuelta es Sara Quiroga la que me mantiene con los ojos pegados a su historia.

"No la dejé acabar. Ella había sido sencera conmigo y me había expuestos su historia sin tapujos: había llegado el momento de que yo hiciera lo mismo. Tal vez no le gustara la versión de mi vida que iba a contarle; quizá que era muy poco glamurosa comparada con las aventuras a las que ella estaba acostumbrada. Posiblemente decidiera que a partir de aquel momento nunca más iba a compartir pink gins conmigo ni a ofrecerme viajes a Tánger en su Dodge descapotable, pero no pude resistirme a narrarle con detalle mi verdad. Al fin y al cabo, era la única que tenía.

- Mi familia somos mi madre y yo. Las dos somos modistas, simples modistas sin más patrimonio que nuestras manos. Mi Padre nunca ha tenido relación con nosotras desde que nací. Él pertecene a otra clase, a otro mundo: tiene dinero, empresas, contactos, una mujer a la que no quiere y dos hijos con los que no se entiene. Eso es lo que tiene. o lo que tenía, no lo sé: la primera y última vez que le vía aún no había empezado la guerra y ya presentía que le iban a matar..."

Congo conduce atento a la carretera y a la radio. Me interrumpe y me comenta cosas sueltas. Yo le acaricio el brazo izquierdo para decirle que voy bien. Y a intervalos nos miramos rápido, para evitar un mal despiste que podría acabar, con nuestra historia de amor, en una cuneta cualquiera.

Ya sólo nos quedan 444 Kms para cruzar la puerta de nuestro universo particular, el único lugar en el que los dos somos de verdad los que somos, Congo y yo. Desnudos. Sin ambages.

 

I don't know what you've done to me,
But I know this much is true:
I wanna do bad things with you.
I wanna do real bad things with you.

Esta magnifica canción da comienzo a la serie "True Blood",
que si no la conocéis os recomiendo.
Historias de vampiros, de amor, de cambiantes,
todas muy entretenidas y con una Banda sonora fantástica.

viernes, 8 de octubre de 2010

Una vez a la semana. IV. Diga?

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Ana  A: (Paciente)
Raimon/Rai R: (Terapeuta)


R - Diga?
A - Hola Rai, soy Ana. 
R - Hola Ana, ¿va todo bien?
A - Sí, Rai, verás... es que me ha surgido algo y no voy a poder hacer terapia esta semana.
R - Vale, pues no pasa nada, cambiamos la cita y ya está.
A - No sabes como te lo agradezco. Es que se van unas amigas de vacaciones y me han propuesto que vaya con ellas. A mí me apetece mucho ir, así que me he pedido unos días de vacaciones en el trabajo y allá que me voy.
R - Pues me parece estupendo.
A - Entonces nos vemos a la vuelta y ya te cuento con más detalle.
R - Te va bien el viernes que viene, a la misma hora?  
A - Sí, perfecto.
R - Pues entonces hasta la semana que viene.
A - Muchas gracias Rai.
R - Pásatelo bien.
A - Gracias.

Congo y yo, al igual que Ana,
nos vamos unos días 
pero volveremos muy pronto.
Os echaré de menos.
Biquiños,

sábado, 2 de octubre de 2010

Una vez a la semana. III. Decisiones.

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Ana  A: (Paciente)
Raimon/Rai R: (Terapeuta)

A - Hola Rai.
R - Hola Ana, pasa. Ya ha empezado a hacer un poco de frío ¿verdad?
A - Sí, el otoño ya está aquí.
R - ¿Qué tal la semana?
A - Lineal. Plana. Vacía.
R - ¿Vacía?
A - Bueno, sí, es que no ha pasado nada digno de mención. No he vuelto a saber nada de Sergio. Y eso... eso me está deprimiendo porque yo pensé que después de todos esos años él... bueno, yo creía que él pelearía un poco más por mí. Sí, ya sé que te dije que nuestra relación estaba muerta pero... Supongo que estaba acostumbrada a las rutinas compartidas y le echo de menos.
R - Somos animales de costumbres y ahora mal que te pese estás pasando un pequeño luto, da igual que ya no estuvieras enamorada de él porque una ruptura siempre deja un vacío.
A - Sigo rara, Rai, no puedo quitarme esa sensación de la cabeza pero a pesar de todo esta semana sí que tuvo algo de productivo.
R - Así me gusta, que aprendas a destacar las cosas positivas.
A - He tomado una decisión importante.
R - ¿Sobre qué?
A -¿Recuerdas lo que te conté sobre mi amiga? Bueno, sobre la que fue mi amiga. Ruth. Te hablé una vez de ella, justo cuando empecé a sentir que ya no éramos las amigas de antes y empecé a sufrir por ello. ¿Recuerdas que te conté que no hacía más que soñar con ella?
R - Sí, lo recuerdo. La querías mucho y estuviste muy dolida sobre todo porque no acababas de entender qué os había pasado.
A - Es que no nos pasó nada, Rai, al menos desde mi punto de vista. Hasta ahora no he encontrado explicación a todo aquello. Nos distanciamos, dejamos de contarnos nuestras cosas y...
R - ¿Y qué es lo que has decidido?
A - He decidido que voy a hablar con ella, a las claras. En cuanto vuelva  de las vacaciones voy a pedirle que quedemos. No quiero seguir teniendo dentro de mí todas estas dudas de qué hice o dejé de hacer. Esta semana volví a soñar con ella. Lloraba por su rechazo. Y siempre es igual. Quiero por fin zanjar este asunto. ¿Qué te parece?
R - Lo importante es qué te parece a ti y por lo que veo, tomar esa decisión te hace sentir positiva porque consideras que es algo que te beneficiará.
A - Sí, así lo creo, Rai.

Los dos permanecen unos minutos en silencio, mirándose.

A - Esta tarde te veo diferente. ¿Te has cortado el pelo?
R - Sí, un poco.
A - Y tienes unos zapatos muy bonitos. A mí siempre me ha gustado mucho el ante.
R - Muchas gracias.

Otro silencio. Rai mira a Ana. Y Ana baja la mirada.      

A - Casi se me olvida. Mira lo que he traído.

Los dos se incorporan para acercarse a medio camino. Rai toma  de la mano de Ana unas fotografías.

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A - La semana pasada después de salir de la terapia, me fui pensando en todo lo que me dijiste, en que me ayudarías a abrir las puertas que fuera necesario y todo eso, pues... tan pronto como llegué a casa me dediqué a abrir... pero no abrí ninguna puerta, comencé por destapar mis cajas de lata llenas de fotografías y rebusqué... porque pensé que las fotografías podían ser un comienzo. Mi padre y yo juntos.
R - Me parece un buena idea.
A - Y topé con estas fotos. Verás, a mi padre le encantaban los animales y cuidar la huerta. En realidad ya te dije que mi padre era un buen hombre, muy humano, sólo que lo que hacía era lo que vio de pequeño en su casa, y tampoco era siempre, sólo algunas veces.
R - No tienes porque disculparlo ante mí, no lo estoy juzgando, Ana.
A - Lo sé, sólo que me duele que pienses que no era bueno y que no le quería nada.
R - Nunca he dicho eso. Y además recuerdo que tú dijiste que sólo era malo en algunas ocasiones, cuando bebía.
A - En la huerta había unas pequeñas bodegas donde mi padre cuidaba gallinas, conejos y según las ocasiones: cerdos o un ternero. A mí me encantaban los conejos. Son unos animalitos preciosos, sobre todo cuando son crías. Pues una vez, resulta que una madre se murió en el parto y entre mi padre y yo los alimentamos las crías con una jeringa. Me preguntó si le ayudaba a crirarlos y por supuesto le dije que sí. Al principio la leche se caía casi toda por fuera porque no sabían chupar pero después de un par de tomas en las que se fueron espabilando, no veas como bebían. Fue una experiencia muy bonita que no habría sido posible sin él.
R - Sí, sin duda debistéis de pasarlo bien.    
A - Y seguro que encuentro más cosas, Rai. Esto es sólo el principio ¿verdad?
R - No puedo decirte si sí o si no, Ana. Ya te he dicho que tú tienes la llave. Pero no te presiones, deja que te sorprendan los recuerdos y si surgen los malos por el medio, les haremos frente.
A - Estoy contenta con este pequeño adelanto, Rai. Muy contenta.
R - Pues eso es lo importante.
A - Es ya la hora. Aquí siempre se me pasa el tiempo volando. Es tan facil hablar contigo, Rai. Me siento bien.
R - Me comentaste por teléfono que necesitabas cambiar la hora para la semana que viene. ¿Es así?
A - Sí, tengo un compromiso.
R - Vale, pues entonces te llamo yo una vez que mire la agenda, confirmamos la cita, ¿de acuerdo?
A - Pues perfecto.
R - Te llamaré el lunes posiblemente y ya nos vemos la semana que viene.
A - Hasta la semana que viene Rai.

(la foto del sofá está quitada de la red
las fotos de los gazapos son mías)

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Adicciones

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La otra noche,
Congo,
esnifó todas las rayas de mi cuerpo,
las horizontales,
las verticales
y las oblicuas.

Contagiada de su pasión,
me dejé hacer,
sumisa,
plena.

Después,
nuestros cuerpos,
más listos que nosotros,
se ataron
con un nudo gordiano
y sorprendidos
por lo avanzada de la hora,
se quedaron
dormidos.

(La imagen está sacada de internet)

 

E melhor ser alegre que ser triste
Alegria e a melhor coisa que existe
E assim como a luz no coracao
Mas pra fazer um samba com beleza
E preciso um bocado de tristeza
Senao nao se faz um samba nao

viernes, 24 de septiembre de 2010

Una vez a la semana. II. La puerta cerrada.

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Ana  A: (Paciente)
Raimon/Rai R: (Terapeuta)

A - Hola Rai.
R - Hola Ana, ¿qué tal la semana, cómo estás?
A - Sigo estando rara pero bueno, supongo que eso ya va con mi carácter, ¿no crees?
R - ¿Y qué crees tú?
A - La verdad es que siempre me he sentido un poco así. No es nada nuevo.
R - ¿Y eso te incomoda?
A - Pues a veces sí y a veces no. En muchos momentos quisiera ser como las demás, como la mayoría, o lo que yo imagino que es la mayoría, que igual tampoco lo es. No siempre son las cosas como las vemos. Hay que rascar y rascar bajo la persona hasta llegar a lo profundo, al alma, que es donde reside la esencia del personaje que estamos analizando.
R - Estoy de acuerdo con tu reflexión. Solemos hacer juicios de valor con mucha rapidez, sólo fijándonos en rasgos superficiales que nada indican realmente.
A - Quería hablarte de lo que estuve pensando desde que nos vimos, la semana pasada.
R - Sabes que aquí puedes hablar de lo que quieras.
A - Lo sé pero es que me cuesta.
R - Sí, supongo que cuanto más importantes son los asuntos a tratar más nos cuesta sacarlos a luz, por la mucha implicación emocional que nos supone.
A - Es sobre mi padre.
R - ¿Sobre tu padre? ¿Le ha pasado algo?
A - No, bueno, está algo pachucho pero no le pasó nada. Toco madera.

Ana toca la mesa de madera que está en frente de ella y Rai se sonríe.

A - Pues... estuve pensando en imágenes del pasado. Cada día intenté encontrar imágenes agradables, que hubieran sucedido entre mi padre y yo y no encuentro, Rai. No encuentro ninguna. Y eso no puede ser ¿no crees? Porque han tenido que pasarme cosas buenas, además de las malas, que esas sí que las recuerdo. Pero no me llegan. Busco y rebusco y nada. Por ejemplo, supongo que habrá sido él quien me enseñó de pequeña a andar en bicicleta y vale, pongamos que no lo recuerdo porque era muy pequeña pero él también me enseñó a andar en vespino, con 16 años y tampoco lo recuerdo. Me estoy volviendo loca de tanto pensar. Antes no pensaba en ello pero ahora...

Ana se queda callada mirando al suelo.

R - ¿Qué diferencia hay ahora, Ana?
A - (Con lágrimas en los ojos, responde) Es que ahora ya puedo querer a mi padre. Antes no lo quería aunque me duela reconocerlo. Antes todo era diferente. Él era "malo"... no mala persona, eso no, pero no se portaba bien... 

(Tiempo en blanco)

A - Bebía... bebía bastante... y cuando estaba...  se convertía en alguien extraño y despreciable. No podía quererlo porque me hacía sufrir. Y a mi madre. Pero ahora él ha cambiado. Y además es mayor y está enfermo. Ahora ya le he perdonado, he podido hacerlo después de tantos años. Ha sido un alivio, créeme. Ahora me produce ternura y tengo que encontrar esos recuerdos, Rai. Tienes que ayudarme, por favor. Es muy importante para mí. Tengo que abrir esa puerta en mi cabeza y dejar que salgan esas imágenes que se me resisten.
R- Antes has obviado una palabra, ¿todavía te hace sentir mal decirla?
A - Sí, Rai, todavía me duele decirla pero... voy a decirla ahora. Borracho.
R - ¿Lo has visto borracho muchas veces? En realidad más que verlo, que sí lo vi, oía sus pasos por las escaleras, las discusiones, su hablar torpe, los gritos... Y luego, los días de silencios entre él y mi madre. Había tanta tensión... Quería morirme. Siempre quería morirme.

Ana se echa a llorar. Y Rai le acerca la caja de pañuelos.

A - Gracias.

(Se suena despacito)  

R - Verás, Ana, a veces no es bueno forzar. Durante muchos años, en tu cabeza ha primado lo negativo sobre lo positivo y digamos que cada imagen negativa, se engrandece o multiplica en nuestro cerebro  por tres o por cuatro, dejando a las imágenes positivas tan pequeñas que se habrán perdido por cualquier rincón. Así que no te preocupes, tus recuerdos están ahí e irán saliendo poco a poco. A medida que vaya creciendo el amor por tu padre te irán asaltando, ya verás. No debes agobiarte por ello porque si no estarás entorpeciendo el proceso natural.
A - Es un consuelo saberlo.
R - ¿Cómo es tu relación actual con él?
A - Pues normal. Hablamos poco porque nunca hemos compartido mucho. Bueno, en realidad no compartimos nada más que los lazos familiares. Es un buen hombre y ha tenido él también, una vida difícil.
R - Has dicho: Él también. ¿Consideras que tu vida ha sido difícil?
A - ¿No lo crees así?
R - Te estoy preguntando a ti, Ana. Quiero oírtelo decir a ti.
A - Sí, Rai, mi vida ha sido difícil. Así es como lo siento.
R - Aceptar eso debe ayudarte a reconocer que las dificultades por las que has tenido que pasar han influído en ti, de tal modo que todo lo que has logrado hacer con tu vida tiene el doble de valor, que el de una persona a la que la vida ha tratado un poco mejor. Ciertas cosas no deben ser vividas por una niña pequeña, Ana. Tú no eras culpable de nada, los adultos son siempre los responsables y no los niños.
A - Me sentía impotente porque no podía hacer nada... yo...
R - ¿Y tu madre?
A - Ahora no puedo hablar más de ello, Rai. Lo dejamos para otro el próximo día, ¿te parece?
R - Además ya es la hora.
A - Sí, el tiempo pasa deprisa.
R - Bueno, pues nos vemos la semana que viene. Y no te preocupes, abriremos esa puerta y todas las puertas que nos salgan al paso. Quiero decir, abrirás esa puerta, Ana, porque aunque yo te guíe y te ayude, tú, en última instancia serás las que meta la llave y la haga girar.
A - Gracias, Rai.
R - Hasta la semana que viene.

Ana salió de la consulta, después de atravesar el pequeño jardín que estaba pegado a la casa, salió a la calle. Rai se quedó observando como se iba,  por detrás de la cortina, examinándola un poquito más, si aquello era posible.

 

Oh, this is what my heart needs to feel.
Satisfy my soul, take away this pain,
something has to end,to begin again.
Satisfy my heart, it's so good to feel,
love is all around, and all the hurt will heal

      

viernes, 17 de septiembre de 2010

Una vez a la semana. I. Sensaciones.

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En Terapia, me tiene totalmente enganchada y por eso, imagino, se me ha dado por escribir este capítulo, que creo, continuará. Tengo algunas ideas, ya veremos.

Ana  A: (Paciente)
Raimon/Rai R: (Terapeuta)

A - Hola Rai.
R - Hola Ana, ¿cómo estás?
A - No lo sé.
R - ¿No lo sabes o no quieres saberlo?
A - Es que no tengo ninguna sensación en concreto y tengo muchas sensaciones

(...) Tiempo en blanco

A - Es que me siento rara. Es como si no  me encontrase entre las personas, como si éste no fuese mi mundo. De pronto, voy por la calle y las otras mujeres que  van y vienen con bolsas en la mano, con cara de felicidad, de estar en la onda, con sus tacones y sus uñas pintadas, sus melenas al viento... y miro mi pelo y... No tengo nada que ver con ellas. Nada.
R - ¿No te gusta tu pelo?
A - ¿Estás de broma, verdad? Míralo bien. Tengo poco pelo y he tenido que cortarlo porque no es ni liso ni rizado ni ná de ná, siempre en el medio de todo.
R - ¿Por qué dices siempre?
A - Porque siempre ha sido así, Rai. Ni alta ni baja, ni gorda ni flaca, ni fea ni guapa, siempre en un término medio más bien indefinido.
R - Estás olvidando que existen los términos medios.
A - Puede que así sea pero la sociedad, Rai, te exige una etiqueta definida. Y yo siento que no encajo, Rai, ni siquiera me identifico con mi cuerpo.

(...) Ana mira al suelo y hacia las estanterías.

He engordado tres kilos, seguro que tú también lo has notado porque se me ha puesto cara de pan. Y no me vengas ahora con todas esas teorías de que tenemos que querernos a nosotros mismos, bla, bla, bla... Porque yo no me quiero. No me quiero, Rai. Mis pechos se han caído, uno lo tengo más o menos a su altura y el otro ya va por libre. Se han ensanchado mis caderas, tengo celulitis en las piernas y no me gusto. Creo que hasta tengo ya sofocos menopáusicos. ¡Como odio esa palabra, Rai! En realidad me aterra. Me mire por donde me mire veo fealdad.
R - Creo que estás siendo muy injusta. Estás sana, la salud es más importante que el aspecto físico.
A - ¿Pero en que mundo vives? ¿Sales alguna vez de este cuarto, Rai? No me vengas con esas, por favor. Ya me sé toda esa mierda de memoria y me cabrea. A una no la paran por la calle y le dicen: Hola, Ana, pero que sana se te ve.
R - Touché, tienes razón.  Hay que educar a la sociedad e inculcarle los valores que son buenos. De todos modos, sin desviarnos del tema principal, todo lo que has descrito no es motivo para que no te quieras y te pongas así.
A - Me parece... me parece que nada funciona. Vale que tal vez el aspecto físico sea lo de menos pero lo de encajar o no, sí que importa ¿verdad? A veces miro a todas esas personas que me hablan y me digo por dentro: Si supieras que estoy deseando llegar a mi casa y esconderme de vosotros...
R - ¿Esconderte? ¿Por qué quieres esconderte? Recuerdo que las primeras veces que hablamos hiciste hincapié en que eras una mujer muy sociable. ¿Ya no es así?
A - Sí y no, Rai. Lo que pasa es que me han decepcionado tanto que me da igual estar sola, no echo de menos a la gente, ¿entiendes?

Ana baja los ojos porque siente que se le escapan las lágrimas. Rai se percata de ello y le acerca una caja de pañuelos.

A - Gracias, Rai.
R - ¿Por qué lloras Ana?
A - ¿Te dije que había roto con Sergio?
R - No, ¿cuándo ha sido?
A - Hace dos semanas.
R - ¿Por qué no me lo has contado?
A - Pues porque no tiene importancia. Tú y yo sabemos que lo nuestro estaba muerto desde hace tiempo.
R- ¿Quieres contarme cómo ha sido?
A - Estábamos en la cama. Echamos un polvo de pena y al terminar,  todavía dentro de mí, va Sergio y dice: Ha sido estupendo, ¿verdad cariño? No pude soportarlo más. Lo más delicadamente posible me escabullí de su cuerpo y me fui a la ducha. Empecé a restregarme con el guante de crín hasta que mi piel se enrojeció tanto que pensé que iba a hacerme alguna ampolla ¡Como lo odié en aquel momento! Sus manos torpes, sus besos babeantes... Le he dicho y explicado mil veces como me gusta que me acaricie y que me bese y que me diga las cosas pero él, venga, a la suya. Y no pude más. No pude. Cuando terminé en el baño, volví a la habitación y hablé con él. Le dije que era el momento dejarlo. Primero se hizo el sorprendido pero creo que llevaba tiempo esperándolo. No es ningún estúpido. En realidad, Sergio es un hombre estupendo, tiene sus cosas pero es bueno. Recogió algunas de sus pertenencias y se fue. Dos días después volvió a por el resto. Hablamos por teléfono y eso pero... Todo se acabó. 
R - ¿Y cómo te sientes ahora?
A - Me siento como una mierda, Rai, sinceramente. Sin ganas de nada... de volver a empezar.

(...)

A - Bueno, es la hora Rai, he de irme. Nos vemos las semana que viene.
R - Cuídate Ana y si necesitas algo ya sabes que puedes llamarme.
A - Gracias. 

        

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Son las cosas del querer

RIA_012

pasado  
veinte años juntos,
ilusión de continuidad,
un hogar, hijos.

presente
sólo tengo sueños rotos,
una batalla por ganar
y mi vida en un trastero.

futuro
una hoja en blanco,
por llenar.

                    …ooo000ooo… …ooo000ooo… …ooo000ooo… …ooo000ooo…

Este pequeño poema en tres partes, que escribí hace ya la friolera de unos 8 o 9 años, a raíz de una historia que sucedió en la familia, bien podría ser el resumen de “La Comedia de la vida” que tan bien ha contado Chus, o de otra historia similar, hay tantas a nuestro alrededor que es imposible mirar hacia otro lado.

Chus llegó a Congo y yo porque un amigo le habló de mí, al saber que ella escribía como yo, un blog, De colores. Ella me visitó. Yo la visité quedando prendada de sus fotografías, de las cuales es una  buena muestra la que preside este post. Y así comenzó una historia más.

El otro día me envió un correo electrónico con su relato, “un cuadro ficticio creado a partir de dos o tres frases oídas al azar”, según sus propias palabras. Me decía si me gustaría enlazarlo en mi blog y por supuesto le dije que sí. A continuación se me ocurrió encadenarlo con mi pequeño poema, así quedaba simbolizaba nuestra unión bloguera.

Ahora, os invito a visitar el blog de Chus, no sólo para leer el relato completo, del que os dejo aquí un pequeño extracto, sino para refrescaros con sus imágenes.

“… Ella, treinta y tantos, de buen ver, bien vestida, está nerviosa. Ha venido sola. Se la ve desenvuelta y decidida. Quiere que S.Sª dicte una medida de alejamiento para que su esposo no pueda acercarse a ella, manifiesta tenerle miedo ya que las discusiones y las amenazas son el pan de cada día.
¿Cual es realmente su historia?. Ya ha estado aquí antes, se dictó una medida y a los pocos días volvió para suplicarle a la Sra. Jueza que la dejase sin efecto, alegando que todo había sido a causa de un arrebato de celos, que él era un buen hombre que la quería y la respetaba y no podían vivir el uno sin el otro…”

 

Gracias Chus por confiar en mí,
por la fotografía que te he tomado prestada…
y por estar ahí, al otro lado.

domingo, 12 de septiembre de 2010

Tú pregunta que yo contesto

encuestas_3 
Mis estimados blogueros Kaplan del blog Robinson en Ítaca y Chousa del blog Chousa de Alcandra, me han elegido para hacer este Meme. No soy muy amiga de este tipo de encomiendas pero viniendo de quien viene no podía negarme, sobre todo porque Kaplan, con la publicación de su Meme, cumplió nada menos que las 1.001 entradas.

Cuánto tiempo llevas como blogger?
Este próximo 28 de diciembre hará tres años. 533 entradas. ¡Y parece que fue ayer!

Como te enteraste de la existencia de los blogs?
Pues curioseando por la red, como muchos de vosotros, imagino. En realidad antes de este blog tuve uno en una página (que ya no recuerdo el nombre) pero que no llegué a sacarle ningún rendimiento. Simplemente me limité a colgar unos textos, unos poemas y ahí se quedó. Se llamaba Tras la ventana. No recuerdo ni la dirección, ni la contraseña, ni ná de ná.

Nombra cinco blogs que sigas diariamente o con mucha frecuencia.
Es que ya sabéis que cinco es un número muy pequeño para mí. Sigo lealmente muchos blogs porque me gustan y porque me he encariñado con las personas que los escriben.

Eres lector anónimo de algún blog?
No, puede que a veces visite algún blog y ese día no comente, pero más tarde o más pronto acabo dejando algún comentario.

Algunos autores que te provoquen especial simpatía.
TODOS, y no  lo digo por quedar bien, de verdad, es que me he encariñado con todos vosotros. De todos modos no puedo dejar de mencionar a los que llegaron al principio o casi, los primeros que me mostraron su cariño, su aliento y su respeto:

Isaac del blog Redeyes, Guiller del blog Guillermo el Travieso, Pedro de La acequia, Carlos del blog Apenas Penas, Toro del blog Toro Salvaje, Rubén del blog Caxigalines, Belén del blog Belén In Red, Bipolar del blog No digas que sólo fue un sueño, Juanjo del blog La voz del silencio, Silvia del blog El filandón, Miguel de Relatos d2, Marta de Entrenómadas, Iliamehoy del blog La sonrisa imaginada, Elbereth del blog Apenas una palabra, Roxana del blog Enredarte, Horabaixa del blog Horabaixa, Titajú del blog Un baño de espuma, Begoña de Animadores Xograr, Manuel Tuccittano del blog La distancia no es el olvido, Javier del blog Poética, L. F. Comendador del blog Diario de un Savonarola, Genji del blog La tierra de Genji, Martín del Blog Bitáctora de cuadritos, Froiliuba del blog Paseos por la vida, Esteve Gallardo del blog De tot un poc, Santiago de Fotos Brujas, Guillermo Pardo de Migramundo, Albino Mallo del blog Los días de mi vida, … Todos los demás hasta el último de mi lista.

Con que cinco bloggers irías de copas?
Pues si pudiera ser haría una gran fiesta a la que estaríais todos invitados. Me encantaría conocer en persona a muchos de vosotros.

Con que blogger pasarías una noche de locura sexual?
Pues ya sabéis que el único dueño de todas mis locuras sexuales es Congo.

Te enamoraste alguna vez de algún blogger?
Pues no.

Estás satisfecha con tu blog?
Sí, me gusta tal cual es. A veces tengo ganas de cambiar de plantilla y todo eso pero luego me doy cuenta que estoy tan encariñada con él que lo prefiero así. Es que soy una sentimental, ya lo sabéis.

Escoge entre 3 y 5 bloggers para que respondan estas preguntas en sus blogs.
Pues voy a pensar en 5 blogueros que creo que no les importará hacer este meme, no obstante si deciden no hacerlo a mí no me parecerá mal.

Lemaki del blog  Aventuras para mejorar el alma
Llonxana del blog Lo que no te dije
Álex del blog En mi armario empotrado? No, ya no, lo abrí
Alegría del blog Íntimo y personal
Fonsilleda del blog Cajón de Sastra
Eva del blog El diario de Eva

¡Uy!, me han salido 6.

 

Gracias a TODOS. Biquiños,