miércoles, 28 de septiembre de 2011

Cuando era pequeña

SAM_1223

Este pequeño texto es principalmente  para el Sr. Kaplan, que dí no seu post titulado “Cando era pequeno”:

”Teño moita curiosidade por saber que historias nos van contar Zeltia, Aldabra, Noe Pastor, Paideleo, X de Esmelle, Jorge, Sigrid de Thule e Chousa de Cando eles eran pequenos...

 

Si pienso en mi vida de pequeña, pienso en el desván de la casa vieja. Un desván destartalado, con el piso de cemento, el tejado de uralita, la antigua habitación de castaño de mis padres, un aparador, la lavadora, la tabla de planchar, trastos variados y una pequeña claraboya a la que me gustaba asomarme aunque tan sólo se viese el cielo, nada más.

Muchas tardes el desván se convertía en mi mundo alegre. Allá que me subía yo con mi magnetofón y me ponía a bailar en frente de una de las puertas del armario que tenía espejo. Siempre me gustó tanto bailar que ya cuando era más mayor seguía soñando en ser una bailarina del ballet Zoom. Pero ni bailarina, ni ná. ¡No conseguí ser un montón de cosas!

Recuerdo incluso una de mis conversaciones de desván, jugando con mis amigas: Resulta que yo me pedía ser ama de casa y mi marido estaba en un bacaladero [uno de aquellos barcos que iban a pescar bacalao al Gran Sol durante varios meses], hablaba con él por teléfono y le contaba cosas de la casa y de los niños. Si nos ponemos a analizar todo tiene un porqué. Ya por aquel entonces soñaba con un marinero, sin saber que un día llegaría a convertirme en la sirena que soy ahora. ¡Qué curioso!

Pero el desván también tenía un lado oscuro: las noches en el desván y el ruido de algún ratoncillo que se colaba por los agujeros de la placa de la pared. Siempre temía aquella frase sentenciosa pronunciada por mi madre, a la hora de la cena: “Panchita, toma, coge el cubo y sube al desván a por patatas que se terminaron”.

Las dichosas patatas malvadas descansaban apiladas detrás de una cortina vieja que había que descorrer y yo, sugestionable y sensible desde el vientre de mi madre, me moría de miedo pensando en que al descorrer la cortina se me iba a aparecer un monstruo, un hombre desconocido, un intruso que venía a hacernos daños, una araña, un ratón… Los peligros eran tantos y tan variados que el corazón se me salía por la boca. De nada servían mis protestas, mi madre era implacable [entre nosotros, yo creo que ella tenía tanto miedo como yo y por eso me enviaba a mí, utilizando su poder].

Mi desván…

Hoy ya no existe ni la casa vieja, la tiraron hace un par de años para construir un nuevo edificio que no se llegó a hacer realidad: La crisis del ladrillo. Sólo permanece en pie la espantosa fachada de azulejos en color rosa y negra que tanto me mortificó de pequeña. Todavía puedo ver, desde el piso en el que vivo actualmente, una esquina de la fachada.

Sigo estando muy cerca de mis recuerdos.
Nunca lo había pensado de este modo.

SAM_1227

 

Cuando era pequeña, los dos hermanos de mi madre emigraron a Italia
y cuando volvían a casa me traían muchos discos italianos:
Nicola di Bari, Maximo Ranieri, Mina, Albano,  Gigliola Cinquetti, Sandro Giacobe...
Crecí con todos ellos. 
También mis tíos me regalaron el primer comediscos.
De color rojo.  

31 comentarios:

Milu dijo...

Preciosa entrada, me ha gustado que me dejaras compartir tus recuerdos. Esa cortina...
Mi primer comediscos también fue rojo.
Precioso, Sirena
Besos

mobtomas dijo...

Muy bonito Aldabra. Esos recuerdos, que además de miedos, juegos, obediencias y bailes, también evocan seguramente sonidos, aromas y hasta sabores. Me hiciste pensar en qué recuerdo yo de la infancia, y descubro que recuerdo más cosas que las hechas en años recientes. Un abrazo.

mobtomas dijo...

¡Ah!, casi lo olvido. No importa no haber conseguido ser un montón de cosas, porque lo que conseguiste lo compensa de sobra. Saludos.

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Yo no tuve desván. Quizá por eso...
Besos.

Milu dijo...

Ha desaparecido mi comentario...lo vuelvo a intentar.

Me ha encantado tu relato y te doy las gracias por compartir tan bello recuerdo.
Esas cortinas...Mi abuela ten´ñia un desván donde detrás de las cortinas guardaba las patatas y los ajos.

Un beso

Asun dijo...

La de historias que nos podrían contar los desvanes. Daría para escribir más de un libro.

Besos.

Myriam dijo...

Gracias por esta joya, Aldabrita. Besos

El Drac dijo...

Cuando los blogueros me acercan sus recuerdos, sus semblanzas es para mí, como descubrir tesoros de las personas que más aprecio. Un fuerte abrazo . A mí me gusta tu fachada. (aunque no mucho)

TORO SALVAJE dijo...

Panchita, esta noche vendré a verte!!!

Fdo.

El Ratón Vengativo.

Merche Pallarés dijo...

Entrañables recuerdos de la niñez. Yo también quise ser bailarina... Besotes, M.

P.D. ¡Qué pena que Jero falló en el 51! Lloré.

Abejita de la Vega dijo...

Yo tenía una buhardilla donde guardábamos carbón. Nunca subía allí, me daba miedo...

Los miedos infantiles se nos quedan en el disco duro. Ahora nuestros miedos son distintos, pero haberlos haylos.


Biquiños

MucipA dijo...

Los miedos de pequeños siempre se recuerdan. Yo recuerdo que de pequeña subía con un amigo de la infancia al campanar de la iglesia de mi pueblo a tocar las campanas y más de una vez soñaba por las noches que me caía desde arriba. Eso nunca lo olvidaré.

BELLOS RECUERDOS, ALDABRA!!

Ah! Yo también comparto esa debilidad por los discos italianos.

Biquiños!

A nena do paraugas dijo...

Hai cousas das que contas que me lembran a miña infancia. Hai outras que non teñen nada que ver. Pero o dos ratos e o de ir buscar as patacas de noite... Mi madriña! Aínda que a min mandábanme por leña, pero para o caso, tanto ten.

O SuSo dijo...

Sensato? Comprometido? Hombre? ai Aldabra pocas veces me habían llamado esas cosas...no será que me idealizas,ja,ja,ja.

Enamorado de la vida, contradictorio y persona buscando ser humano puede que se hacerque más, sólo puede.
De todas formas gracias, eres un sol.

Por cierto, conseguiste ser un montón de cosas, y las que están por venir!!

Abrazos.

beker dijo...

Pero nos llevamos los recuerdos pegados a la piel; la casa de mi abuela ya no existe físicamente, pero esta grabada en un montón de sitios de mi cuerpo.

Besos

Milu dijo...

Tu recuerdo me inunda de olores. La cortina del desván de miedos. El comediscos rojo (el mio era igual) de guateques...
Precioso recuerdo
Besos

mariola dijo...

Un final estupendo desde mi punto de vista. Tiene mucha fuerza. Y todo el relato en sí. Parece mentira que anécdotas como ésta sigan perviviendo a lo largo de los años, la infancia marca muchísimo. Para mí, los primeros seis años de mi vida han marcado toda mi existecia, mira si tienen poder! Pero me alegro, porque sino no seríamos nosotros, no creceríamos como personas y mira en qué sirena más hermosa te has convertido.
un abrazo.

zeltia dijo...

panchita?

:-)

Parece una infancia feliz, pese a la cortina temida. Eso es lo que deja ver el relato de tus recuerdos, como si nunca hubiese existido una ruptura, como si en el fondo continuases siendo la misma.
Me produce ternura. Como tú, la de ahora, también.

Unha aperta fonda (e felicidades por ter de novo a Senia na casa -mellor miralo así, eh?- cada cousa ten o seu momento)

Paco Cuesta dijo...

Creo que los miedos infantiles surgen para que no olvidemos ese tiempo vivido.

DANI dijo...

Derribarán casas, desguazarán coches, quemarán libros, pero por suerte la música no nos la pupdrán quitar porque se nos grava en el corazón.

Yo también tuve un comediscos pero era verde oscuro :)))


Besazos enormes

pancho dijo...

En mi casa también había desván, nosotros lo llamamos "sobrao" y también se usaba para guardar las patatas, el grano antes de llevarlo al molino, y la fruta de las viñas, sobre todo uvas y unas manzans "verde doncella" que duraban casi hasta las navidades, cuyo sabor no lo he vuelto a encontrar. No sé que habrá sido de aquel manzanero porque la viña la vendió mi padre hace bastantes años, y se llamaba la "viña de la mala sombra" o de "los Infiernos".

Todos esos cantantes los escuché de adolescente, antes de la Universidad y los cantantes protesta de la época.

Precioso relato. En línea de los que nos tienes acostumbrados.

Un abrazo.

maría dijo...

q bonito, a mi me pasa q cuando voy a los sitios q iba en mi niñez me parecen pequeños, creoq antes los veia muy grandes, supongo q es asi... un bezaso

EL SUEÑO DE GENJI dijo...

A veces voy a Monforte, tal vez una vez cada dos o tres años. Y visito la casa donde nací. Aún sigue allí. Sencilla y humilde, apostada a escasos metros de un paso a nivel.

Millones de veces escuché la campanas del paso a nivel anunciando la llegada del tren. El expreso de Barcelona, El ter, El rápido de León. El mercancías de madrugada...

Y aún ahora, cuando escucho en cualquier lugar del mundo una campana, la asocio sin quererlo a aquella mi casa, a mis ilusiones, y a mis recuerdos...En suma a mi vida.

Porque los recuerdos tan sólo morirán con nosotros y eso, amiga mía ni tan siquiera aún nadie me lo ha demostrado.

Un biquiño amiga y cuida de Ron de mi parte¡¡

Belén dijo...

Recuerdo un viaje que hice a Teruel y vi el solar de la casa de mis abuelos... dios, como dolía verlo vacío

Besicos

LittlePan dijo...

Los recuerdos siempre están ahí, mucho más cerca que la propia casa.
Besos!

Lunática Shop dijo...

Me ha encantado y me ha hecho pensar en cuando a mí me mandaban, en este caso a la trastienda, a apagar las luces y me cagaba literalmente de miedo...aún me sigue dando repelús la oscuridad...
Por cierto yo también tuve un comediscos...qué pena haberlo tirado, lo que daría yo por tenerlo ahora jjjj. El mío era blanco ;)

Kaplan dijo...

Non entrei até agora, así que non puiden felicitala antes por este magnífico post. Son impresionantes as fotos da casa en ruínas: dentro dos muros aínda latexan aqueles xogos e os ecos das voces doutrora.
Outro día podemos facer un meme de faiados lugares de xogos, se lle parece.
(Eu morría de ganas de ter un comediscos coma os que anunciaba María Luísa Seco)

Misón dijo...

la canción me ha transportado. Que preciosa música, qué recuerdos, qué melancolía me ha entrado.

Chela dijo...

¡Que risa! También en mis memoriasde infancia hay un desván, donde nos gustaba jugar cuando llovia, entre los muebles y cosas viejas que allí se guardaban. Y también había patatas.
En una ocasión, dormiamos todos, cuando nos despertó un ruido en el desván. Mi padre se levantó y fué a avisar a mis tios, que vivian en los otros pisos, y subieron todos, "armados", pensando encontrar a algún intruso. Pero no había nadie, eran ratones que se habían avalanzado sobre las patatas haciendo que rodasen. La casa, también en tu ciudad, sigue en pie y espera ser demolida (tiene más de cien años) cuando algún constructor se anime, si pasa la crisis, a reedificar.

También esa música italiana de tus recuerdos está en mi memoria.

Un fuerte abrazo lleno de nostalgias.

Myriam dijo...

Como me gustó pasear contigo por el barrio, recorrer tus rincones y ver lo que hoy queda de esta casa.

No tengo palabras para agradecerte lo bien que la pasé con uds que me dieron tanto cariño.

Me quedaron muchas cosas por charlar contigo. El tiempo se hizo, de verdad muy breve. Una de ellas es haberte dicho lo mucho que me gusta tu blog, por eso te lo digo ahora.

Muchos besos

Raúl Urbina dijo...

Las casas en las que hemos vivido son una de nuestras señas de identidad. Si, además, son la casa de nuestra infancia, son, de algún modo también el lugar donde nacieron nuestros sueños. Habrá tiempo –más tarde– para las pesadillas.