sábado, 10 de septiembre de 2011

Ma petite princesse

Sin título

Vivíamos a 300 kilómetros. Y era mayor. De pelo blanco y barba blanca. Y bastantes arrugas. No sé cuántos años me sacaba pero era mayor, eso estaba claro. Tal vez alguna vez llegara a decirme su edad pero como a mí me daba igual ese dato, supongo que no le presté la debida atención.

Hay demasiadas cosas de él que no llegué a saber, ni averiguar, aunque lo intenté.

Lo que sí recuerdo, muy claramente, a pesar del tiempo pasado, es que la primera vez que me acosté con él, yo llevaba puesto un pijama de punto fino y manga larga, estampado con guirnaldas verticales de flores en tonos de color azul. Era uno de esos pijamas de estilo romántico, con cuellos bobos y bolsillos.

Cualquiera diría que no era el atuendo adecuado para irse a la cama con un hombre pero yo lo tenía todo pensado y planeado desde hacía un tiempo.

Un día me juré a mí misma, que amaría al primer hombre que fuera capaz de acostarse conmigo sin intentar poseer mi cuerpo, harta ya de encontrarme, más de una vez, perdida en camas que no tenían mi nombre grabado.

Y él fue capaz. Se durmió a mi lado sin intentar si quiera acercarse; lo oí roncar a los pocos minutos de que diéramos por terminada nuestra conversación. Tampoco dijo nada acerca de mi pijama. Tal vez porque era mayor y sus urgencias ya no eran tantas, fue capaz de vencer su deseo.

Porque él me deseaba. Eso me decía por carta [todavía se escribían cartas en aquella época]. Y también me lo decía por teléfono, cada noche.

Así que yo le amé, locamente, no sé si por mi juramento o porque él me decía al oído con la voz más sensual que había oído hasta entonces : Vous êtes ma petite princesse.

Y ahora que yo también soy mayor, lo entiendo. Yo era su “pequeña princesa”. La “grande”, si no la encontró, todavía andará buscándola.

Mentiroso. Todo en nuestra relación fue mentira. Las cartas, que ya se convirtieron en papel reciclado. Las disculpas. Los: “Pronto iré a verte”, “Te echo de menos”. Sus besos.

Hicimos el amor. No muchas veces. La distancia y el trabajo no nos permitieron vernos en muchas ocasiones, de todos modos, parece que aquella falta de urgencia del primer día, tenía continuidad. Pero como no era sexo lo que buscaba en aquel momento, tampoco le di demasiada importancia. Para todas sus patrañas buscaba una explicación lógica y consistente. Encajaba todas las piezas del rompecabezas a presión, con la paciencia de un relojero, para no darme de lleno con la realidad que sabía que me esperaba a la vuelta de la esquina.

Hasta que todo se desmoronó. Y lo que prometía ser al principio, una relación especial, se convirtió en una historia vulgar y corriente.

Espació sus cartas, sus llamadas, sus venidas a mi casa. Y todos mis intentos por retenerle fueron en vano. Se esfumó. Se diluyó. Pronto no hubo nada.

Y yo, como era lo propio, me quedé llorándole durante meses, buscando aquellas explicaciones que me había estado negando, venciendo las ganas, cada noche, de volver a oír su voz. Aquella voz sensual que produjera mi adicción.

El puzzle cambió.

Y la pequeña princesa que decía él que era, pasó a ser una mujer vulgar y corriente, la misma que, antes de él, seguía teniendo miedo a los hombres. A todos aquellos hombres que todavía podían hacerle daño.

Vivíamos a 300 kilómetros. Era mayor. Y se llamaba Antonio.

 

Sin título

28 comentarios:

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Excelente relato. ¿Escribirás la parte de Antonio, quizá él tenía una razón no vulgar para no atar a la princesa...?
Besos.

moderato_Dos_josef dijo...

Una historia muy inquietante. Me removió el corazón. quizá porque es real como la vida misma.
Besos.

mariola dijo...

Parece que prometía un amor verdadero en la primera parte, pero luego se diluyó en el tiempo... qué pena! Lo peor de todo es que ella no logró superar sus miedos, sino quizás acentuarlos aún más.
un beso.

PD-sabes algo de tonet?

mobtomas dijo...

A veces buscamor alargar las relaciones más de la cuenta. De muchas lo que hay que decir es "fue bueno mientras duró". Imagino que eso aplica a la vida misma. Saludos.

TORO SALVAJE dijo...

Me ha gustado mucho la historia.
Parece verídica.
Lo es?

Besos.

Merche Pallarés dijo...

Ay, que me parece que Antonio estaba casado con su "grande princesse"... Besotes, M.

Abejita de la Vega dijo...

Me gustan esos pijamas románticos para acostarme...sola.

Biquiños

Paco Cuesta dijo...

La correspondencia romántica hizo estragos en una época. La portadora del pijama, acorde con el momento fue víctima propiciatoria de alguien que sabía demasiado

Juanjo dijo...

Visto con la edad, 300 km. y un puñado de años son bastante frío para que cualquier pasión se enfríe. Aunque uno se resista a creer que siempre tiene que ser así.

En esta historia hay mucho desequilibrio entre lo que sienten los dos. Y el final es tan previsible como doloroso.

Me ha gustado el relato.

Besos.

pancho dijo...

El de los ronquidos era un enemigo. De ninguna manera merecía el juramento a su favor de la narradora que tardó demasiado en descubrir el embuste.

Un abrazo.

zeltia dijo...

Todas las historias terminan siendo vulgares cuando le quitamos los adornos emocionales con que previamente las vestimos.

Asun dijo...

Ella pensó que su relación con ese hombre le ayudaría a superar sus miedos, sin embargo se volvió a sentir utilizada, lo que contribuyó a todo lo contrario.
Triste pero cierto.

Un beso

Myriam dijo...

Me gustó mucho tu relato y sería interesante, como te dice Pedro, escuhar las razones de Antonio. Quizás el tema sea solucionable y hablando se entiendan.

Besos querida (y cada vez falta menos...)

Maca dijo...

La verdad es que el desengaño amoroso forma parte de la vida,y sobre todo si uno es joven.
de todas formas yo creo que los hombres siempre buscan algo más superficial, sobre todo si hay tánta distancia por medio. Sólo espero que la pettite princesa encontrara por fín a su grán principe azul.
Besos

Belén dijo...

La gente mayor ya sabe cómo enfrentarse a las relaciones, o al menos eso espero...

Besicos

Kaplan dijo...

Lamentablemente, as cousas en materia de amores van por libre e teiman en desmoronarse, québrannos o corazón como os puzzles nos quebran a cabeza.
Afortunadamente, hai máis puzzles.

claudia dijo...

La distancia no ayuda mucho, solo da un poco de misterio.


Besos.

Carlos dijo...

Aún las pequeñas princesas, viven expuestas al doloroso y real devenir de la vida.

Algunas salen indemnes.

Un beso.

carapuchiña dijo...

Tan maravillosa y real que me puso los pelos de punta.

Tonet dijo...

Y se quedó dormido?!!!!!! Sirenita, creo que el final estaba cantado...jejeje

Me ha gustado mucho la idea de "una prueba de amor" y ese pijama que lo dice todo de la protagonista, es genial.
Precioso relato.

Besito

Silvia dijo...

Se me ha puesto la carne de gallina, porque hace poco yo he vivido una historia parecida. Y lo que dices: lo que empezó siendo algo especial se convirtió en vulgar, y todas sus promesas fueron falsas, y dejó de llamarme y decirme cosas bonitas. Y también mi miedo a los hombres, me siento totalmente identificada. Me ha encantado tu relato. Un abrazo

beker dijo...

Si no vuelve es que no merece esperar, pero antes tiene que haber alguna razón para partir.

Un abrazo

Concha López Fernández dijo...

Unha entre moitas relacións que se acaban perdendo na distancia, difuminada tralas guirnaldas verticais de flores en tono azul dun pixama...

David C. dijo...

Una historia muy bien contada.

Chus dijo...

Me gusta tu relato, hace algo más de un año leí un relato parecido, pero más profundo, solo que a la inversa el fue el que sufrió el desengaño y se convirtió solo en un objeto de deseo y de una mera necesidad,no consigo recordar el titulo del libro por más que lo he intentado. es la vida de dos personajes distintos, que se cruza solo unos intantes, recuerdo que fue uno de esos libros que lees con gusto , ameno, lo buscaré cuando llegue a casa,
Besiños

Chus dijo...

Cuando termine de escribir mi camino de Santiago, creo que podrás comprender la relación entre el texto y el poema, y si no ya te lo contaré yo
http://caminandonasalasdovento.blogspot.com/

David C. dijo...

Respecto a tu pregunta en el blog, no he visto la película "El amor y otras cosas imposibles". Saludos.

Chus dijo...

El libro al que me refería es Las horas subterráneas (Delphine de Vigan)