domingo, 25 de marzo de 2012

La caracola verde

 

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Mamá era una mujer adusta pero de buen corazón.

Sé que siempre nos quiso, y mucho, pero nunca nos lo dijo en palabras y tampoco con abrazos o caricias o besos.

Mamá siempre estaba ocupada trabajando desde primera hora de la mañana, primero limpiando vagones de tren y luego en casa.

Mis hermanos y yo. Tres bocas que alimentar. Huérfanos.

Papá nos dejó pronto. Pronto y sin recursos. Yo tuve que dejar la escuela para cuidar de mis hermanos y que así mamá pudiera trabajar.

Papá no era un hombre seco y también tenía buen corazón. Muy buen corazón.

Sus años fueron breves pero intensos. Nos quiso mucho y nos lo dijo con palabras, y con abrazos, y con caricias y con besos.

Un día volvió a casa del trabajo muy excitado. Nos reunió a los tres en la cocina, sentando al más pequeño en sus rodillas y nos dijo:

- Niños, mirar que os he traído.

Y sacó de un trozo de papel de estraza una caracola.

- ¿Qué bicho es ese, papá?, dijo Choli, el pequeño.

- Es una caracola, hijo. Ya verás, es mágica.

- Bah, no tiene magia, dijo el mayor, Tinín.

- ¿Pero tú que sabrás, mocosillo?

- Es que sólo es un animal muerto, y además no huele muy bien, dijo Tinín apretándose la nariz.

- La magia llega después, cuando se queda vacía.

- ¿Sí? ¿Y qué le pasa?, repitió el mayor con cara de resabiado.

- Aprender de vuestra hermana, ¿véis como ella está callada escuchando?

- Es que no sé qué decir, papá, me parece una maravilla.

- Es que es una maravilla, hija, me alegra que sepas ver lo hermosa que es.

- Venga, cuéntanos cómo hace magia, papá, dijo Choli.

- Pues después de que nos la comamos, la limpiaremos muy bien y la dejaremos secar. Y después si la acercamos al oído, ¿sabéis que pasará?

- Noooo, dijimos los tres a coro.

- Pues oiremos el mar, hijos. Esta caracola tan pequeña puede encerrar el sonido de todas las olas del océano.

- Buahh!!, dijeron mis dos hermanos abriendo la boca de una cuarta.

- ¿Y cuándo la vamos a comer, papá?, dijo Choli revolviéndose en las rodillas.

- Pronto, hijo, cuando mamá venga de trabajar le preguntaremos cuándo va a cocinárnosla.

- Ajjj, a mí me da asco, yo no quiero comerla, dijo Choli.

- Y yo tampoco, añadió Tinín.

- Pues i no la queréis, nos la comeremos vuestra madre, vuestra hermana y yo.

- ¿Pero nos dejarás oír el mar aunque no nos la comamos, verdad?

- Pues claro.

Y comimos la caracola. Y la limpiamos, y la dejamos a secar. Y la pusimos al oído. Muchas veces.

Papá enfermó pronto. Cirrosis, dijo el médico. No duró muchos meses. La caracola dormía sobre la cómoda de la habitación. A él siempre le gustó tenerla cerca. Decía que el sonido del mar lo serenaba. Pero no le calmaba el dolor de los días finales.

Mamá lloró su pérdida. Nosotros también lloramos. Yo más, por algo era la mayor. Los niños en seguida olvidaron. Y yo, aunque nunca olvidé, también hice mi vida.

Mamá en cambio no olvidó, ni hizo su vida. Jamás volvió a casarse y eso que sólo tenía 36 años cuando murió papá. Tan joven. Tan viuda. Guardó luto muchos años y después del luto, como ya le daban miedo los colores, se pasó al alivio. Y así murió, vestida de gris, y con el pelo totalmente blanco… Abatida por una larga enfermedad. Pero adusta y sin dar señales de flaqueza, como cada día de su vida.

La caracola todavía sigue conmigo, como un pilar en mi vida. Y aunque Tinín y yo no nos hablemos desde que murió mamá, cada vez que miro la caracola recuerdo a papá. Y la dicha de aquel día. Y pienso en la vida que pudimos haber tenido los cinco juntos.

¡Qué diferente hubiera sido todo!

La mujer de la fotografía es mi madre, se prestó amablemente a hacerse la foto después de que le leyese el relato [se emocionó mucho], que está escrito desde su voz, como si fuese ella quien lo escribió. Está basado en la historia de su vida, si bien no todo se atañe estrictamente a la realidad.
La canción se la dedico a mi abuela [mi segunda madre]. A ella le gustaban mucho las habaneras y María Dolores Pradera.
Mi abuela fue una mujer muy fuerte y luchadora. Y mi madre le sigue sus pasos, también es una gran mujer. Las dos tienen todo mi respeto y toda mi admiración. Aunque mi abuela nos dejó  hace años, me visita mucho en sueños y mi madre y yo nos vemos a diario. Tenerlas a mi lado cada día siempre ha sido y es un gran apoyo.

29 comentarios:

TORO SALVAJE dijo...

Es una historia muy emotiva.
Admiro tu transparencia y también tu extraordinaria sensibilidad.

Besos.

xenevra dijo...

Preciosa historia narrada cunha grande sensibilidade. Tamén gustei moito da foto... e da música.
Noraboa por este compendio entrañable.

Chela dijo...

¡Por fin la historía de la caracola, hermosa y tierna!
Me alegra que tengas cerca a tu madre y puedas besarla muchas veces ¡sienta muy bien!

Lo de las habaneras es muy ferrolano. Tambíen están muy enraizadas en mi familia y cantarlas en las reuniones familiares es un ritual.

Un fortisimo abrazo.

Francisco Mendez dijo...

Me emocionó esta historia, muy bien relatada, como el padre les enseña la magia de una caracola a sus hijos.
Recuerdos que nunca se olvidan.


Besos

Dilaida dijo...

Preciosa. Cuando comencé a leerla ya me imaginé que era aquella histora de las que nos hablaste en días pasados. Te ha queda estupenda.
Disfruta de tu madre, a veces nos olvidamos cuando aun la tenemos y después ya es demasiado tarde.
Bicos

Luisa Horno D dijo...

Precioso y emocionante, Aldabra. Cuanto me gustaría tener una caracola. Besos

zeltia dijo...

ya decía yo que me sonaba esto de la caracola.
saber que el relato está bassado en la vida de real de tu madre le confiere una gran emoción.

un beso para ti y para tu mamá

Asun dijo...

Preciosa y muy emotiva esta historia, Aldabra. Me ha emocionado.

Una caracola con mucho significado en vuestra familia.

Besos

pancho dijo...

Las olas subirán el tono de sus bramidos de enfado o suspiros de morriña para que lleguen nítidos a la caracola verde.

Tus mujeres mayores estarán bien agradecidas con el regalo de la habanera, con Carlos Cano haciéndole la segunda voz.

Un abrazo.

Pedro Sánchez Negreira dijo...

Una historia tan dura como emotiva.

Qué coraje para enfrentar la vida.

Un abrazo.

A nena do paraugas dijo...

A verdade, non sei que dicir. Soamente que me chegou fondo. Ata eu podo escoitar o que rosma a caracola!

Bicos.

El Pinto dijo...

Me ha gustado, quiero decir emocionado, tanto el relato como ese complemento final aclaratorio. La vida cargada de sencillos detalles inolvidables son la realidad de quienes han sufrido la crisis permanente y, el esfuerzo de sus trabajo para seguir adelante. No seríamos lo mismo sin ese pasado que ha forjado un presente distinto pero igualmente complicado. Las mejoras sociales por las que ellos se esforzaron ahora se cuestionan, pero algunos no se dan cuenta de la fortaleza que se hereda tanto con los genes como por esos pequeños detalles que resuenan en nuestras vidas.
Un fuerte abrazo

Paco Cuesta dijo...

El mar, el mismo mar que escuchó la familia el primer día, sigue encerrado en la caracola.

Soros dijo...

La gente que no conoció el mar, la mar de ellos gente de otro tiempo, pudieron imaginar al mar por su sonido, imaginarle por su aliento y mecerse en sus olas, soñándolas desde sus secas tierras tierra adentro, durmiendo sobre una caracola.
Bicos.

susana moo dijo...

Qué bonito homenaje, te juro se me han saltado las lágrimas imaginándome a tu madre leyendo el texto.
Qué mujeres!

Abejita de la Vega dijo...

Yo le digo a mi sobrina ponte así o asao...para el blog. También a mi hermano, hace poco su canas fueron las de Bradomín. No siempre tienen paciencia, a veces me llaman frikie.

Tu madre se prestó pacientemente para la foto de la caracola, el resultado es muy bueno, muy de acuerdo con el texto. Buen relato.

Besos, biquiños.

O SuSo dijo...

Esa concha encierra mucha magia, como magia encierra este texto, en las dos últimas entradas me has sorprendido metiendote en la piel de otras personas de una manera colosal, totalmente sentida, me encanta...

Un abrazo

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Yo también tengo una caracola.
Besos.

Alma en el verso dijo...

¡Precioso relato!... tu madre sabía muy bien a quien encargaba escribir la historia de esa caracola. Me ha encantado, felicidades.
Un cariñoso saludo

mobtomas dijo...

muy bella historia, y la forma en que la cuentas lo atrapa a uno hasta el final. Muy bonita. Un abrazo Aldabra. Y gracias por tu relato.

Merche Pallarés dijo...

¡Bellísimo! Beijinhos, M.

Tesa dijo...

Una historia muy bien contaba Aldraba, dosificando la emoción y la ternura hasta el final.

No tengo la certeza que mi madre me qusiera. Así que estas historias de madres, siempre me tocan el corazón de una manera especial.


Como madre soy de las que digo montones de veces a mis hijos que los quiero y a la mínima que se descuidan los achucho y los beso, y eso que ya son más altos que yo.


Un beso, Aldraba

Myriam dijo...

¡Qué historia ésta tan tierna y.... a la vez dura la de ambas!

Si, me di cuenta de que era tu madre la de la foto.

Gracias, Aldabra. Besos a ti y a tu madre y a tu abu donde quiera que se encuentre.

violeta dijo...

Qué regalo hermoso has dejado hoy , sirena. Gracias
Preciosa historia donde la sensibilidad arrastra cada una de tus palabras.
Qué especial mirada la tuya. Qué especial.

Un beso a las dos.

mariola dijo...

Una historia muy emotiva y hermosa.
Sensibilidad por todos los rincones del texto.
Dura, triste, pero con un gran corazón. BESOS para ti y mamá.

Maripaz Brugos dijo...

Me ha encantado este relato entrañable que nos traes hoy. Está lleno de la sensibilidad que te caracteriza, y es un bonito homenaje a esas dos mujeres tan importantes en tu vida.
Bicos

Gelu dijo...

Buenas tardes, Aldabra:

Estupendos fotografía y relato. Y tu madre, y sus manos cogiendo suave la caracola, y aunque no se le ve el rostro con esperanza de escuchar el mar y cumplir de la mejor forma lo que le dices y deseas.
¡Qué valioso el trabajo de las mujeres de antes, dándose a su familia por entero!.
¡Cuántos talentos se perderían en el trabajo rutinario!.
¡Qué difícil, para una mujer sola, sacar una familia a flote sin ayuda!. Tu abuela tuvo que ser una mujer magnífica. Todo se hereda.

Un abrazo.


P.D.: Ah, y segurísimo que su madre quería a Tesa. ¿Cómo no iba a ser así?.
Pero, ¡qué importante y necesario es demostrar los quereres!

Juanjo Montoliu dijo...

Una historia emocionante y muy bien escrita. Sencilla pero contundente. Muchas mujeres y muchos hombres luchan así, en silencio, contra todo para mantener sus familias. Y, a veces, se dejan el afecto por el camino.

Pero merecen un homenaje como el que tú les has hecho.

Besos.

Misón dijo...

Qué orgullosa tu madre de tí que has sabido escribir su historia de una manera tan bella. Esta es la historia que ibas a contar, a la que aludiste en otro post, no?