domingo, 2 de marzo de 2008

El beso


"Mujer desnuda tumbada" - Modigliani

Elena apagó el ordenador, la luz de la sala y se dirigió a su habitación, dispuesta a seguir, punto por punto, las instrucciones que le había remitido por correo. Cuanto más pensaba en ellas menos ganas tenía de llevarlas a cabo. No sentía el menor deseo de guardar, en aquella cajita de madera que ahora reposaba sobre la cómoda, el beso que Él le había enviado la noche pasada.

Su primer contacto con el beso, tal vez por recibirlo inesperadamente, le había provocado un deseo súbito que se había consumido en unos instantes, tal como había llegado. Pero estaba segura de que había algo más. Y no estaba dispuesta a guardarlo, siguiendo sus recomendaciones, sin averiguar qué sentimientos se producirían en el reencuentro. Quería arriesgarse y experimentar todas aquellas sensaciones ya olvidadas desde hacía mucho tiempo.

De pie ante el espejo, se desnudó despacio y se acarició los pechos con las yemas de los dedos. Sus pezones se endurecieron por el escalofrío de la desnudez y el tacto de sus manos.

Lentamente se tendió sobre la cama, relajó su cuerpo y su mente, cerró los ojos y dejó que el beso avanzase por el camino señalado. Incansable realizaba círculos, piruetas y saltos mortales sin apenas hacer ruido.

Logró alcanzarlo a la altura de la rodilla derecha para llevarlo hasta su vientre. Allí, indeciso y perezoso rozaba la piel suave, bajando y subiendo lentamente, mientras Elena se sentía morir en cada caricia. Ya no recordaba lo que eran el abandono y la entrega.

Se incorporó con cuidado de no asustarlo para susurrar en su oído: “Debes irte ya”. Obediente y sumiso se alejó de allí y reptó hasta su boca para sellar las palabras que se le estaban escapando. Y extendió sus brazos como alas de libélula para rodearla por entero y decirle: “No permitas que me aleje de ti”.

Conmovida por la sinceridad de la declaración, lo colocó con mimo en la palma de la mano y lo sopló hasta el ombligo, el lugar que de ahora en adelante se convertiría en su hogar.

Con el beso a resguardo se levantó, guardó la cajita vacía dentro del armario y de nuevo se acostó para acurrucarse entre las sábanas, segura de si misma.

7 comentarios:

Isaac González Toribio dijo...

Los besos como seres vivos, independientes, con anhelos y sentimientos... Ummm no está nada mal, pero que nada mal. Bicos

Akicage dijo...

Attention!

Elbereth dijo...

Hola Aldabra...¡muy original la idea! y cálida... me gusta que su hogar sea el ombligo, y que tenga vida propia y un deseo único.

Muy bueno.

Un abrazo.

Aldabra dijo...

Un beso Isaac... Un beso Elbereth... pero un beso puro y casto, no como el de mi relato que era un poco más revoltosillo... je je je.

Me alegra que os haya gustado.

Enredada dijo...

besosossoosososooosssss
como sean pero besos!

Ary dijo...

Que buen desnudo y un muy buen texto, lo de los besos me hace acordar unas cajas para guardar nada que hacemos nosotros:

Arte en cajonado

Anónimo dijo...

"recuerdos"

Guillermo