jueves, 13 de marzo de 2008

"Escenas de matrimonio" o Monólogo de una mujer insatisfecha.



Verán, voy a contarles.

Cuando hacemos el amor siempre me apetece hablar pero, claro, él se desconcentra. Y me digo yo: “¿Qué coño se va a desconcentrar si no da una?” Es que se cree que con entrar y moverse un poquito para aquí y otro poquito para allá… asunto concluído.

Pues no, señores. Es un error.

Porque a mí me gustan esos hombres de las películas que susurran palabras cariñosas al oído, que inventan historias exóticas, que llevan unos trajes que les quedan como guantes… Si es que Paco aún no se ha enterado que los orgasmos de las mujeres se fabrican en la cabeza. Es muy bueno, muy trabajador, muy honrado… una cosa no quita la otra pero es muy bruto…

Todas sus caricias se reducen a tocar un poco los pechos, acariciar un poco la espalda y ala, al asunto, directamente. Y cuando le pido algo en particular, expresamente, me dice todo lleno de razón: “Pero, Cari (abreviatura de cariño para que les quede claro) ¿es que no te gusta lo que estoy haciendo?” A lo que yo respondo con toda la paciencia de que soy capaz y así como para animarle: “Si que me gusta, Paco, pero también me gustan otras cosas”. Y como es tan bruto, va y dice algo sublevado: “¿Y tú por qué lo sabes?”.

Ahí ya me embalo, ya me pongo como una loca desaforada y le escupo: “Para el carro, para el carro, que el que tú no conozcas mi cuerpo no significa que yo no me lo conozca de pé a pá. Yo sé lo que me gusta Paco, cómo, dónde y cuándo. Así que ahora mismo ya te puedes ir a la otra esquina de la cama porque ya pasó tu momento Nescafé”. Me pongo la braga rápidamente, me bajo el camisón que a punto estaba de ahogarme y me acurruco en la esquina del colchón, herida y llena de rabia por dentro. Y él, como que no quiere la cosa, que se acerca cariñoso: “Anda, Churri, no seas boba. A ver, dime lo que le gusta a mi nena que se lo voy a hacer todo”.

Aprovechando la coyuntura y desafiando a la suerte le digo esperanzada: “Pues me encantaría que me dieses muchos besos pequeños y suaves por todo el cuerpo, despacio… y digo TODO el cuerpo, Paco”. Y responde él: “Joder, Ana, es que mira que me lo pones dificil ¿Tú has visto la hora que es? Son las 12 de la noche y llevo levantado desde las 6 y media de la mañana”.

Empiezo a irritarme de nuevo y digo para mis adentros: “Si es que la culpa es mía por pensar que voy a conseguir algo más … si es que de donde no hay no se puede sacar… si es que sabe dónde hay que meterla porque un día tuvo una iluminación y acertó a la primera… si es que es un pecado desperdiciar este cuerpo que Dios me dio….”. Y ya en alto le digo enrabietada: “Mira, vete a tu rincón de la cama y que tengas dulces sueños porque a mi no te vas a acercar en una buena temporada. Soy más feliz con mis fantasías sexuales”.

Él no puede reprimirse y herido contesta: “Pero Anita, ¿tú tienes fantasías de esas?”. Como no merece la pena le respondo: “Anda, Paco duérmete tranquilo. Te lo dije sólo para fastidiar”. Si le digo que hay veces que me estoy imaginando al nuevo vecino del 5º que está todo él totalmente aprovechable… pues acabo llamando al 061 del infarto que le pega.

Y lo más triste es que antes no era así. Antes todo era diferente. Yo también cambié algo, lo admito públicamente. La culpa la tiene el matrimonio que todo lo transforma. Cuando nos veíamos sólo el fin de semana follábamos como locos y por aquel entonces todo nos parecía bien. Procuraba esmerarse y yo estaba feliz y enamorada. La excitación de toda la semana y la fogosidad de la juventud eran los ingredientes perfectos para que nuestra relación fuese sobre ruedas. Y no como ahora, que tenemos todo el tiempo del mundo para querernos y nos aburrimos soberanamente. Aunque bien pensado, el tiempo no es tanto porque hay que descontar: las siestas, los partidos de tenis en el club, los días de pesca, los partidos de football en la tele, el viernes que quedamos con los amigos en el centro comercial a tomar unos cubatas y llegamos a casa tan rendidos que el cuerpo ya no está “pa ná”…

En fin…

Quizá debiéramos separarnos y vernos solamente los fines de semana, tal vez así recuperaríamos la ilusión, las ganas de estar juntos, los paseos por el puerto… en resumen, lo que nos llevó a casarnos, lo que nos hacía tan felices.

Porque ahora, ahora soy un ama de casa frustrada, depresiva e insatisfecha. Y todo junto es demasiado. Ya no puedo aguantar más. Mañana por la mañana, tan pronto me levante le diré: “Paco, quiero la separación. No te preocupes por las maletas que ya te las envío yo a casa de tu madre que todavía te está esperando con los brazos abiertos desde que te marchaste de casa para casarte conmigo. Ya verás que contenta se va a poner”.

No sé si tendré valor. De momento tengo que marcharme porque ya habrá vuelto de pescar y tengo que preparar la cena.

Gracias por escucharme y que sean felices.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

y es que llega una época en la vida, que es inicio de cariño y sexo, donde este último es consecuencia del primero. entonces, el mete-saca es secundario... a veces, solo a veces.

Guillermo

Aldabra dijo...

Feliz Semana Santa, Guillermo.

Bicos,
Aldabra

Carlos dijo...

Mi querida Aldabra, si la ves a Anita, dile que le dé al Paco una segunda oportunidad.

(niña no sabía que eras tan prolífica escribiendo, "En Lira y jugando" me parecieron excelentes)

Bicos para ti.

Aldabra dijo...

Buenos días, Carlos. No te preocupes que le diré a Anita lo de la segunda oportunidad.

Y respecto a lo de ser prolifica... muchos de los textos llevan ya algunos años escritos aunque otras cosas son recién horneados, como por ejemplo, jugando...

Feliz Semana Santa... no sé si por esos lares se celebra como aquí.

Bicos,
Aldabra,

Elbereth dijo...

jjajajajjaja Hola Aldabra...eres sencillamente genial. Te lo digo muchas veces: disfruto contigo, disfruto leyéndote.

Bueno...creo que la realidad común, la que la mayoría de los mortales disfruta es esta...las relaciones duraderas tienen muchas ventajas, y también alguna que otra desventaja como está.

Me gusta mucho, Aldabra. Un abrazo.

Romek Dubczek dijo...

wow, qué entrada más fuerte. Seguramente los hombres somos más básicos, fla, fla, fla y a dormir. Debe de ser frustrante. A mí que me calienten los oídos no me gusta porque yo invento mis propias cosas en la cama y si me hablan me sacan de eso. Pero si estoy con alguien con disposición sí que soy de los que besan, dicen cosas, inventan historias. Lo malo es que las personas en general son muy aburridas y van directos al orgasmo.
También es verdad que la rutina todo lo cambia. Por eso siempre digo que el sueño no hay que despertarlo (casarse es una manera de despertarlo, de convertirlo en realidad y la realidad es fea).
Si yo fuera tú haría una visitita al vecino ejejej, así, como el que no quiere la cosa. Primero un poco de sal, luego, ay, puedes bajar a cambiarme una bombilla...Tu parte la has cumplido: le has dicho cuales son tus necesidades y lo has pedido a gritos. Si aún así no las satisface hay que buscar solución. Hay que apostar por lo que nos hace felices, no?
Oye, qué curioso lo de la foto. La misma foto en relatos diferentes.
Un besazo,

Romek