lunes, 14 de enero de 2008

El primer beso





Querido Congo:


Verás, ayer estuve dando muchas vueltas a una idea. Se me ocurrió pensar en los besos y en que tenía que contarte como eran los míos. No es una tarea sencilla pero intentaré hacerlo lo mejor posible para que tengas una idea aproximada sobre mi forma de pensar y cómo son.

Para mi todos los besos son importantes, por supuesto, siempre que cumplan una condición: Que sean sinceros. Y nunca, nunca, ningún beso es “corriente”. Cada uno es único e inigualable.

El primer beso siempre es el más esperado. Tal vez no sea el mejor teniendo en cuenta los nervios y la vergüenza del primer acercamiento pero, desde luego, es el más inolvidable. Antes de que tenga lugar solemos dibujar en nuestra mente una imagen visual del mismo. Soñamos con el lugar, con lo que diremos, lo que sentiremos… lo idealizamos, en resumen. Las cosas pocas veces suceden tal cual las imaginamos pero tampoco importa demasiado. La espontaneidad es hermosa aunque resulte torpe y atropellada.

Hace unos días soñé con nuestro primer beso. Supongo que será porque estoy deseando besarte, esa es la verdad, pero no se cómo decírtelo. ¿Se debe pedir un beso?. Decir, por ejemplo: “Me gustaría besarte”. Son tres palabras. No ha de resultar tan dificil decirlas de un tirón. ¿Es valiente pedir un beso corriendo el riesgo de una negativa por respuesta? Me arriesgaré. Te lo pediré la próxima vez que nos encontremos. Necesito saber lo que siento en ese instante, lo que pasa por mi cabeza y por mi cuerpo.

Pero no sé por qué me estoy torturando pensando en todo esto. Tus besos. Mis besos…

Después de todo, los que se me dan mejor son los virtuales porque… ¿Cómo se puede describir con exactitud un beso real? Voy a probar, hacer una composición de lugar y tal vez así…

Imaginemos una escena. Estamos en el coche. Te pido un beso. Te acercas despacio. Me muero de los nervios. Nuestros labios se acercan. Nos besamos con timidez. Me gustan tus labios. Repetimos el beso. Nos miramos a los ojos. Volvemos a acercarnos. Quisiera tocarte la cara, sentir tu piel en mis manos. No me atrevo. Tú sí, me acaricias la cara. Envidio tu gesto. Otro beso. Es tarde. No podemos alargar más el momento de la despedida. Porque es una despedida. Si no fuera así no me hubiera atrevido. O sí. Quisiera abrazarte, reposar mi cabeza en tu hombro. No hay tiempo a más.

P.D.: Y agradezco el regalo…

1 comentario:

Isaac González Toribio dijo...

Hola Aldabra. Me gusta mucho lo que cuentas y cómo lo escribes. Tienes la frescura y el talento de los grandes autores. Relatos que parecen sencillos, pero que se leen en un segundo y te atrapan el alma en un puño. Maravilloso el párrafo del abrazo a la carrerilla. Deberías pensar seriamente en recopilar tus textos para publicarlos. Un abrazo