martes, 22 de enero de 2008

Urgencias



Son las 18:10 horas y llevo en Urgencias con Senia desde las 16:30 horas. Todavía no nos han atendido. Está atestado de gente.

Después de comer acerqué a Senia al Centro de Salud porque se aquejaba de un dolor por la zona del apéndice. Llevaba varios días con el mismo “punto”. No le hice mucho caso porque siempre tiene miles de dolencias inexplicables pero al insistirme y a pesar de que no quería nos acercamos. La vio una doctora y nos dio un volante para que la atendiesen en la Residencia y descartar una posible apendicitis.

Ella se encuentra tranquila sentada en su silla de ruedas y no tiene mucho dolor. Yo me muero de sueño. El ambiente está cargado. Mi silla de madera es incómoda y necesitaría estirarme. Hay un pitido ensordecedor que no deja de sonar.

Todo es frustrante y seguro que aún tenemos para largo. Mejor ni lo pienso. Al menos tengo un libro para leer.

Son ya las 20:00 horas y aún no nos vio ningún médico pero nos han pasado a un box. Urgencias está animado. Una pareja de drogadictos jóvenes: chico y chica, están montando un jolgorio de película. El Vigilante de Seguridad está a la puerta del box donde los han ubicado. Él tiene un brazo ensangrentado. Al fin parece que los van a atender o la emprenderán con alguno de nosotros. Están justo en el box siguiente al nuestro.

Los hospitales son odiosos y fríos. Uno siempre se siente solo aquí dentro.

Senia está en la camilla esperando al médico. Le han mandado recoger una muestra de orina, mirado la fiebre, tomado la tensión… lo típico. Yo sigo leyendo en otra silla incómoda de madera en una esquina del box. Estoy muy cansada. Senia dice tener hambre.

El médico ha venido a las 20:30 horas y ha descartado apendicitis, sólo queda descartar una posible infección de orina. Seguimos en el box.

Son las 21:00 horas y le han puesto una inyección para el dolor. Así que volvemos a la Sala de Espera. Los drogadictos ya se han marchado también. Sólo queda esperar el resultado de los análisis.

El tiempo pasa con una lentitud desesperante. Parece que el oxígeno fuera a terminarse de repente.

En la Sala de Espera hay más personas que antes. Las caras de los ancianos, la mayoría de los enfermos, me estremecen. Es triste hacerse viejo. Hay una señora mayor que está en una camilla llorando. Cuando llegamos a primera hora ya estaba en la Sala de Espera y también me pareció que lloraba. Decido acercarme a ella. Está sola. Le pregunto si tiene familia y me dice tener hijos. Le recomiendo que los llame porque está muy nerviosa. Dice que no quiere molestarlos. La convenzo y llama a su hija pero casi no puede hablar. Me pongo al teléfono y le cuento como está su madre. Vendrá enseguida. Se queda más tranquila. Me enseña su pierna. Está negra, debe ser falta de circulación. Tiene muy mal aspecto.

Vuelvo a sentarme al lado de Senia. Tengo ganas de echarme a llorar. Se me están resbalando unas lágrimas. ¡Mierda!.

Escribir me ayuda a pasar el tiempo y desahogarme. Son ya las 22:00. Han pasado cinco horas y media.

Pienso en ti, Congo y me gustaría que me abrazaras.

Se acercó mi madre un rato por si necesitábamos algo. Le digo que se marche porque no puede hacernos nada y estamos bien. Sólo tenemos que tener paciencia y esperar. Estamos más tranquilas las dos solas.

A las 23:00 horas viene el médico a traer los resultados. Ni si quiera hay un box libre para tener un poco de intimidad con los pacientes. Los enfermos están por todos lados. Es realmente increíble. Los resultados dan infección de orina. Antibióticos siete días y control por su médico de cabecera.

Se tiene que cambiar de ropa en unos servicios porque no hay nada libre. Y tenemos que irnos ya. No aguantamos más.

A las 23:10 horas abandonamos Urgencias, después de casi siete horas. Destrozadas. Agotadas. Deprimidas. Todavía nos queda ir a la Farmacia de Guardia antes de volver a casa.

Ha sido un día duro pero al menos Senia no tiene nada de importancia.

1 comentario:

zeltia dijo...

uff,
me recordaste horas "mias" pasadas en urgencias del hospital,
horas de "acompañante",
horas de tremenda ansiedad mientras veían que le pasaba a mi hijo.

y luego, como tú comentas:
ver todos los enfermos, los viejos,
el dolor, el miedo.

a mí me da miedo hacerme vieja. y todo lo que conlleva.
pero... la alternativa es morirse,
y tampoco apetece mucho.