miércoles, 16 de enero de 2008

Nieve



Querido Congo:

Hoy ha nevado. Me pareció increíble ver la nieve al salir esta mañana de casa. Ha hecho tanto frío que te salvas de no estar aquí ¡Que suerte la tuya que ahora estás disfrutando de sol y calor!

Lo he intentado, en serio. Pero es evidente que no soy capaz de no hablarte de mis sentimientos porque irremediablemente asaltan mis quehaceres diarios a cada momento. Hace un ratito que he terminado de cenar y todavía sentada en la cocina te vuelvo a ver en la plaza o contándome como te querías esconder del profesor en el colegio cuando eras pequeño.

Los días como hoy en los que nada me gustaría más que hacerte el amor son los peores. Tal vez pienses que todavía es un poco pronto para nosotros pero qué puedo hacer. Me dejo llevar por la corriente que fluye por mi cuerpo y me gusta el sabor de desearte.

Vuelves. Y no quiero.

No quiero imaginar la calidez de tus abrazos y la timidez de nuestras caricias descubriendo nuestros cuerpos por primera vez. Cierro los ojos para no ver. Fuerte. Pero dentro, en la oscuridad, vuelvo a encontrarte. La música me ayuda a andar el camino hasta la plaza que empieza a girar despacio como en una película. Y tú inmóvil, me esperas.

Ay, Congo!... Nos separan tantos mares que tengo miedo que no lleguen mis besos, que sean engullidos por los remolinos que forman todas las olas en su devenir o que la sal de la mar los abrase en su andadura.

Eso sí que me duele de verdad, que no sepas todo lo que tengo para darte.

P.D.: Te he escrito un poema.

2 comentarios:

Isaac González Toribio dijo...

Buenas noches. He pasado solo para saludarte. Solo he podido leer este último relato. Dejas un sabor a ternura, a verdad y silencio que me agrada. Descansa. Mañana prometo leerte el resto de los textos. Un saludo

Aldabra dijo...

Gracias por leerme y por tus halagos.
Un saludo también para ti.